Eso que llevas en tu vientre no es mío.

1926 Words
Eso que llevas en tu vientre no es mío. Laurent Llevo una maldita semana sin saber nada de mi cuervito, fui a su trabajo y los chicos me dijeron que estaba enferma y había presentado una licencia. Eso me preocupaba porque no podría mover mis piezas, estaba a sólo unas horas de casarme con Anna y tenía que hablar con Natalie de mis planes y hacerle firmar el contrato de sumisa y dejarla viviendo en mi duplex, pero no tenía cómo comunicarme con ella. Así que hoy me decidí ir a Dreame, sería algo así como mi despedida de soltero ya que los imbéciles de mis amigos me lo habían preparado. En realidad mataría dos pájaros de un tiro, celebraría mi pronta llegada al poder y hablaría con la amiga de mi cuervito para saber de ella. —Estás listo, compadre.—me dice Robert. —Si, vámonos, tengo que sacarme todo el estrés que tengo acumulado. —Y la falta de sexo que tienes, por que se te nota en la cara que Anna no te ha dado ni una mamadita. —Ya, cállate. Imbécil. Salimos de mi departamento rumbo a Dreame y cuando llegamos al lugar me tenían preparado un privado donde estaban todos los que concideraba de mi círculo, el que no era menor porque estaban los hijos de los más potentados de la ciudad, entre esos Olej Romanov, el que me miraba como si quisiera matarme. —Hermano, felicidades por tu enlace. La hiciste de oro, te llevaste al premio mayor, la inalcanzable Anna Cohen, se lo tenían calladito eh..— me dije George Logan, hijo de Ernest Logan, uno de los magnates de las comunicaciones en la ciudad. —Pues ¿qué quieres que te diga? Con Anna, nos entendemos y hacemos un gran equipo. —A ver Scott, pero eso que dices es como hacer un negocio y no un matrimonio por amor—me asalta Olej con sus palabras. —¿Esos son celos Romanov?— Robert lo contraataca y yo lo miro esperando una respuesta. —Obviamente, Anna es una chica hermosa e inteligente, no creo que sea tan tonta para casarse con este idiota. —Jajaja, Olej, pues ya ves. Me escogió a mí para ser su compañero. —O su socio comercial—masculla entre dientes y a mí se me retuerce el estómago por haberle contado toda la mierda del testamento a este imbécil. Será mejor ponerlo en rieles para que se deje de decir burradas —Pues no mi buen amigo Romanov, con Anna tenemos una relación bastante cercana, si a eso te refieres, mi dulce novia es la mejor sumisa que pude encontrar, que ustedes babosos de porquería no lo sepan no es mi problema, porque lo que pasa en mi cama y con mí mujer no tengo porqué andarlo divulgando. Un sonoro Oh se instaló en la habitación y luego todos se calmaron al llegar las estripers. —¿Quién es el del entierro señores? — exclamó una de las putas que habían contratado y todos me indicaron, pero no veía a Marine y eso me molestaba, le dije explícitamente a Robert que la quería para esta noche. —¿Y dónde está Marine?— pregunto. —Oh, lo siento cariño, Marine está indispuesta y no podrá hacerte tu despedida —me responde en son de burla Romanov, lo que me molesta y hace que pierda las ganas de seguir aquí, intento ponerme de pie, pero las putas se me acercan y comienzan a tocarme. Me llevan al centro del privado y me sientan en una silla, así que me dejo llevar por el espectáculo, que tanto otro día más para esperar saber de mi cuervito, ella me esperaría... La castaña que hizo de jefa del grupo le indicó a las demás que se fueran a hacer disfrutar a mis amigos y a mí me tomó de la mano y me llevó hacia la pequeña habitación que estaba contigua al privado. Todos sabíamos que en Dreame además de disfrutar de un buen porro, podíamos aprovechar de tener unos buenos polvos. Eso debía agradecerle a Romanov. El tipo se preocupaba de tener un buen lugar y a las mejor putas de Chicago. Cuando entramos en el lugar, tomé a la puta de la cintura y la apreté a mi ya creciente erección. Robert tenía razón, dos semanas sin sexo ya era mucho, pero entre tanta parafernalia con el matrimonio y tener a Anna pegada casi las veinticuatro horas del día junto a mí no me daban tiempo de desfogarme. Y menos con ella, pues su embarazo la tenía con un genio de los mil demonios, no me dejaba ni siquiera tocarla. Así que me dejé llevar. Lancé a la puta al camastro y busqué la fusta que había en el cajón de la mesa, también tomé las correas y otras cosas que podría usar para liberarme, la muy caliente me miraba con deseo y eso me prendía, dejé las cosas a un lado de la cama y me lancé sobre ella, nos besamos con desenfreno y la desnudé rompiendo toda la porquería de latex que llevaba puesta. —Oh, quieres sexo salvaje cariño. —Para eso te pagaron ¿No? —Y aunque no me pagaran, quería probar al futuro dueño del imperio Scott, ya sabes, todas hablan de tí — me lanza una mirada lasciva a mi entrepierna y se muerde el labio inferior y siento como mi m*****o crece dentro de mis pantalones. —Oh, preciosura, atente a las consecuencias. La até las manos a la cabecera de la cama y las piernas a los topes de la misma, dejándola totalmente expuesta hacia mi, comencé a dibujar su cuerpo con la fusta y di pequeños golpes en su senos que la hicieron jadear y pedir más, luego bajé hasta su sexo y lo estimulé con la punta haciendo que se lubricara y pidiera más. —¿Tienes palabra de seguridad? —Manzana...—respondió, entre jadeos. —Okey, manzana será, ahora déjame disfrutar de tu cuerpo. Me desvestí rápidamente y me coloqué el condón, me encantaba meterlo, pero sólo lo haría piel con piel con mi cuervito, ella era la única a la que le daría esa satisfacción. Con Anna había sido un verdadero error producto de la coca que habíamos consumido y eso me molestaba, pues no recordaba absolutamente nada de esa orgía, pero si había algo de Anna que creía era que ella jamás me mentiría y si decía que esa vez quedó embarazada me sacaba del problema de tener el heredero en el año que me pidió mi abuelo. En fin, necesitaba sacarme todo esto y así lo hice, me coloqué frente a mi presa y la agarré dejándola inmovilizada para penetrarla de una sola estocada, la muy bandida exclamó de la sorpresa y pronto me siguió, nuestros movimientos no eran sutiles ni amorosos, era sexa bruto y con desenfreno la hice gritar de placer varias veces y paraba cuando la veía estar a punto de llegar, eso me gustaba, dominarlas y que sólo se corrieran cuando yo lo quería. Cuando ya me estaba aburriendo, aceleré las estocadas y llegué a mi propia liberación, dejando a la puta tirada en esa cama, casi en estado de coma, la había tomado por el cuello y lo había apretado demás, creo que dijo su palabra de seguridad, pero no la escuché. Me percaté si respiraba y al ver que sí, tomé mis cosas y dejé unos cuantos dólares en el velador. Me vestí y me fuí. Mañana sería mi boda. Llegué a mi casa y me acosté muerto. A las diez de la mañana mis hermanas correteaban en mi habitación pqra despertarme. —Lau... Despierta... Hermano te buscan en la entrada.— dice mi hermana y yo salgo de mi dulce sueño con mi cuervito. —¿Qué? —Hay una chica, que te busca. Dice que necesita hablar contigo. —Mierda, te dijo algo ¿Quién es? —No, yo no fuí quién la recibió, fue Anna. —¿Anna? —Sí y dejame decirte que tu futura esposa está furiosa, no la ha dejado entrar. Con el leve presentimiento de que esto no es nada bueno me coloco lo primero que encuentro y salgo disparado a la entrada de mi casa, el día de hoy estaba particularmente frio, cuestión rara para fines de agosto, pero este año las inclemencias del tiempo habían hecho de las suyas. Cuando llegué a la puerta me quedé de una pieza, ahí frente a mí se encontraba mi hermosa cuervito con sus ojos rojos y lágrimas que caían por sus mejillas. —Nat... —Así que es cierto que se conocen.—Lanza Anne con su lengua viperina. —Se lo dije señorita, conozco a Laurent y sólo quiero hablar unos minutos con él. —Déjanos solos, Anna. —Bramé y por primera ella no me hizo caso, se puso a gritar como loca que era un mal nacido y que mi cuervito era otra de las tantas putas que me conocía. Veía de ella a mi pequeña y sentía que ahora lo que había planeado se había ido a la mierda, lo que no me esperé fue que mi cuervito hablara y me dejara sin palabras. —Lau, yo solo venía a desearte felicidad en este día y a decirte que... —Le vas a decir que el bastardo que llevas en tu vientre es suyo ¿a eso vienes? Las palabras de Anna calaron hondo en mi ser. ¿Otro bebé? Esto no podía ser cierto. Me acerqué a Natalie y la miré a los ojos esperando que lo que acababa de decir Anna no fuera cierto, pero ella bajó su cara, era verdad. — Eso que llevas en tu vientre no es mio cuervito, si quieres, como tu amigo que soy, puedo ayudarte a que te deshagas de él.— le dije suavemente, esperando a que aceptara, ella me amaba ¿no? haría lo que fuera por mí. Era más fácil eso y sabría que aceptaría, pero su rostro me demostró lo contrario. Limpió sus lágrimas y nos miró de frente. —Este hijo que llevo en mi vientre es sólo mío, no tiene padre y Laurent, como dice es mi buen amigo, lo siento si los incomodé en este día y nuevamente felicidades. Se dió la media vuelta y me dejó con un nudo en la garganta, sentía que algo se había roto dentro de mí. Anna por su parte, esbozó una sonrisa casi diabólica y entro en la casa como si nada hubiera pasado. Yo, me quedé estático en la entrada, mientras una fina lluvia comenzó a caer en la cuidad, es como si el día augurara un mal presagio. Cuando escuché el sonido de un auto chirriar y luego un golpe seco. salí corriendo a ver y me quedé estático, un camión había chocado con un árbol en la esquina y escuchaba a la gente gritar. — Dios mio, hay una chica debajo del camión... Gritó una mujer y como nunca mis pasos se aceleraron, ví la sangre y los cabellos negros de aquél cuervo bajo el vehículo y supe que era ella. Me dí la vuelta y retomé mis pasos, hoy celebrana mi boda y el ascenso al poder de Scott y asociados, eso era lo más importante. Ella ya se había ido. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2404227717969
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