MI VIDA DESPUÉS DEL DESASTRE.

1476 Words
—Annia Romanov — Despertar después del accidente me dió la oportunidad de ver que mi vida valía más que pensar en un hombre que no me quería a mí ni a mi bebé. Había sido tan ciega e ilusa, ¿cómo se me ocurrió pensar que Lau se arrepentiría de casarse y se iría conmigo? Verlo tan serio y negando que nuestro hijo fuera suyo y ofreciéndome deshacerme de él como si fuera un pedazo de basura me dolió, pero lo que terminó de matar mi tonta ilusión fue ver a su novia, ella también estaba embarazada y él se veía contento. Claro, la chica era de su clase social, lo transmitía por sus poros, ambos me veían como si fuera una escoria que podían pisar con el zapato, pero no me quedaría así. Con la frente en alto salí de ese lugar y como siempre en mi vida me vi al borde de la muerte, sólo sentí el chirrido de las llantas y luego oscuridad. Desperté, nuevamente, en una cama de hospital. Mi cuerpo dolía a mares y lo primero que pensé fue en mi bebé, lo que no me esperaba era encontrarme con esos ojos azul cielo que me recordaban a mi amiga Katarina. De verdad que debo ser muy tonta, ¿cómo no me dí cuenta que quién ayudaba a Marine era Olej? El hijo del jefe de mi papá. Eran demasiadas cosas las que estaban pasando y cuando me habló lo único que quería que me dijera era sobre mi hijo. Él, al parecer lo entendió y me confortó al saber que mi pedacito de cielo seguía con vida y que él no nos desamparía. Estaba cansada y luego de nuestra conversación y la llegada de Marine me quedé dormida. Ahora, más tranquila porque tenía personas que estarían a mi lado. Pasaron los días y Olej no se separaba de mi lado, era tan loco verlo ya con su barba casi blanca y su cabello despeinado que me hacía reír, recordamos los viejos tiempos de paz y tranquilidad en Ucrania y me contó lo que le pasó a su madre y a mi amiga. Yo le conté de que mis padres murieron en la huída y que había viajado hasta acá con mi abuela, ambos lloramos por nuestros seres queridos y a la vez reímos al pensar que estábamos más cerca de lo que pensábamos. —Annia... —¿Qué pasa por esa cabeza loca? —Jajaja, como me conoces маленький диявол (pequeña diablilla) —Digamos que crecemos, maduramos, pero no podemos cambiar ciertos gestos y eso que estás haciendo ahora es uno de aquellos que me dice que estás tramando algo, a ver dime Romanov, ¿qué estás tramando? —Está bien, me has ganado. Ya sabes que debo viajar a Rusia para asumir en el nuevo orden y, no me mires feo Annia—él también me conoce —, lo que pasa es que no quiero que tú y tu bebé estén desprotegidos y por eso. —¿Estás titubeando, Romanov? Eso no es digno del nuevo Pakhan —le digo medio en broma, medio en serio, pero el se ruboriza y se atraganta con las palabras. —Casémonos, Annia— dice en forma abrupta tomando mis manos—. Seamos la familia que le de amor a ese pequeño que viene en camino, no te ofrezco amor y nada por el estilo, te ofrezco la seguridad de que nada ni nadie les podrá tocar un solo pelo y tendremos el hogar que nos arrebataron cuando niños. Las palabras de Olej me dejaron pasmada, él al igual que yo soñaba con tener una familia y ambos estábamos solos en este mundo. Con una sonrisa afirmé a lo que me pedía y vi sus ojos cristalizados por la emoción. —Acepto, Romanov. Acepto formar esa familia para nosotros y nuestro bebé. —Gracias mi маленький диявол (pequeña diablilla), gracias. Con la suavidad que lo caracterizaba dejó un dulce beso en mis labios y se levantó corriendo. —¿Qué haces? —Hay que preparar una boda, futura señora Romanov. Y así fue que en menos de una hora y con nuestros queridos Dante y Marine nos uníamos en matrimonio. Volvía a tener mi verdadero nombre, pero con el apellido Romanov, al igual que mi amiga, quien aceptó ser nuestra hermana. Ese día hicimos un pacto de sangre. Llevaríamos a nuestra familia a lo más alto y, en un futuro no muy lejano, haríamos pagar a todos aquellos que algún día nos despreciaron... Seis años después... —Gala Romanov ¿Qué hiciste? —Mami, lo siento, pero Dante se burló de mi cabellera.— chillaba corriendo por toda la sala de nuestro hogar. —No seas mentirosa, pequeña diablilla, sólo te dije que te parecias a la ricitos del cuento de los tres osos.— refutaba mi bello sobrino, escapando de las garras de mi pequeña. Nuestra vida en Rusia había sido una vorágine de locos, que nos había cambiado desde el momento en que Gala llegó. Olej era un padre maravilloso y me ponía contenta que mi hija fuera rubia, pues nadie discutiría que era su hija. Los primeros meses acá, nos costo sangre, sudor y lágrimas, más sangre que todo, pues aún había personas que no querían a Olej como Pakhan, pero mi ángel engador los había eliminado uno por uno. Ahora, era un jefe respetado y amado por ser benevolente con quién se lo merecía y despiadado ccon aquél que osara ir en contra de la Bratva. En estos años de convivencia, había logrado mucho con nuestro pequeño imperio y sobre todo, se había adueñado de mi corazón. Olej, era el hombre más tierno y dedicado del mundo y cuando me dijo por primera vez "te amo" logró derribar todas mis barreras. No negaré que en un principio me resistí a sus encantos, pero con su amor por nuestra hija y pequeños detalles se impuso ante mis temores de volver a querer a alguien. Ahora, el era dueño de mi alma como yo de la suya. —Pero ¿Qué pasa aquí? Perqueños diablillos. — ¡Papi!— mi pequeña se avalanzó a sus brazos y mientras el la tomaba ella le daba besitos en su cara cubierta por esa barba casi blanca que había dejado crecer porque le dije que me gustaba. —Deja de pelear con Dante, mi pequeña diablilla y discúlpate, no puedes querer golpearlo por cada vez que te diga ricitos de oro, si de verdad que te pareces a ella mi pequeña Goldy. —Papito, perdón. Pero es molesto. —Lo sé, pero no todo en la vida se resuelve con los puños, a veces las palabras son una mejor arma de defensa. ¿Entendido? Ahora, vayan con Olga que les estaba preparando unas ricas galletas. Mi pequeña Gala asintió y tomó de la mano a su primo mientras le respondía a su padre. —Entendido, Dante ¿Me perdonas? —Obvio primita hermosa, yo siempre estaré para tí. Ambos niños, se fueron a ver como olga les preparaba galletas y nos dejaron solos en nuestra sala. —Algo te pasa a tí, tienes esa cara de... —Jajaja, como me conoces mujer. —Por supuesto, soy quién más te ama, bueno después de Gala. Reímos un poco y Olej se sentó a mi lado y me pidió recostarme en su pecho, comenzo a dar leves caricias en mi cabeza y suspiró, esto no era nada bueno, algo había sucedido y le costaba contarme. Hasta que dió un fuerte respiro y me soltó lonque quería decir. — Las cosas en Chicago no están bien y Lenko sin Marine no está dando abasto. —¿Sabes cuándo ella volverá? —Le quedan por lo menos dos meses en Italia, hasta que los negocios con los Di Rossi estén terminados. —Esa familia ha sido un verdadero incordio, mira que pedirle a Marine que implementara los clubes y no tener como zafarse de eso. —Es un buen acuerdo entre ambas mafias mi preciosa y espero que todo termine y pronto, lo que me preocupa es que hay un grupo en Chicago que ha estado haciendo de las suyas y queriendose aprovechar de nuestro territorio. —¿Es necesario?—ya sabía a lo que iba esta conversación, pero esperaba no hacerlo o seguir prolongando más nuestra estadía aquí. —Lo siento, pero sí, lo es... —Pues entonces, que no se diga más, armaremos las maletas y volveremos a Chicago. Que no se diga que el gran Pakhan le teme a nada ni a nadie, soy tu esposa, tu amante y tu mujer y dónde quiera que vayas ahí estaré. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2404227717969
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