El reencuentro
Laurent
Estos años han sido más que satisfactorios, sentía al mundo a mis pies, mi matrimonio fue épico, teníamos a toda la crema innata de Chicago y Anna como la digna incubadora de mi heredero se lució.
Lo que no me esperaba era que aquél accidente marcara el rumbo de mi vida de una manera distinta, tuve que cambiar mis planes cuando la estúpida de Marine me dijo que mi cuervo había muerto, ya no tendría lo que quería para mí, lo que en cierta forma me tranquilizaba, pues un bastardo no estaba en mi ecuación perfecta.
Con el pasar del tiempo, me olvidé de ella y ahora Judith cumplía esos requisitos, la exquisita colorina que había conocido en mi matrimonio me volvió loco y en una pequeña escapada esa misma noche la hice mía. Disfruté la mejor noche de bodas con una extraña, con eso Anna entendería que sus desplantes de niña mimada no tenían cabida en nuestro matrimonio.
Ya han pasado seis largos años y mis adorados hijos Adam y Aston crecían para ser mis próximos herederos, eran dos pequeños inteligentes y muy caballerosos. Adam, estaba próximo a entrar al internado y el pequeño Aston le seguiría en unos años más. Con eso los tendría manejados y puliría sus personalidades para hacerlos dignos herederos del legado de la familia.
—¿Papá?
—Dime, hijo.
— ¿Es necesario que vaya a un internado?— ese era mi heredero, Adam lo cuestionaba todo, se parece tanto a mí que me asusta y a veces pienso que este chiquillo será mi karma.
—Por supuesto, hijo. Debes aprender mucho para ser el mejor.
—Pero...
—Pero nada, Adam Scott, ya papá lo dijo, debes ser el mejor, como el heredero que eres.
—Tu madre tiene razón, en esta vida lo tendrás todo, pero no debes quedarte en los laureles del lujo de la familia, porque todo esto que ves, implica algunos sacrificios.
—¿Cómo ir al internado?
—Exacto.
—Está bien, lo entiendo.
Su carita de niño bueno era mi gran temor, tenía que volverlo en un ser duro e inteligente que no se dejara pasar por nadie y creo que su personalidad me haría sacar canas verdes.
—Ahora, aprovecha de ir a jugar con tu hermano, porque luego lo verás para vacaciones.
—Si, papá.
— Laurent...
—Dime cariño.
—No finjas, el niño ya no está acá.
—Entonces ¿Qué quieres Anna?
—Hoy es el baile anual y este año se celebra en la mansión de los Callum.
—Que fastidio y ¿esperaste hasta ahora para decírmelo?
—Lo siento, pero es que nunca estás y tu asistente...
—Te prohíbo que hables de Judith, si no me lo dijo es porque ella me conoce mejor que tú.
—Por supuesto, ella es tu puta titular.
El sonido del golpe seco que le he dado a esa mujer se debe haber sentido en todo el barrio, ella no era nada más que la cáscara que había cuidado mi semilla y a pesar de los años no lo entendía.
— Veo que no podrás ir, tendré que decirle a esa "puta" como tú le dices que me acompañe.
—Ni se te ocurra, Scott, esto se elimina con maquillaje, pero todo lo que has hecho de mí no lo borrarás con nada.
—Tú aceptaste, tienes todo lo que querías, dinero, joyas y poder, no me vengas a salir con tu drama diario querida Anna, por que no te queda.
—Eres un monstruo...
—Igual que tú, cariño.
Con otra discusión zanjada salí de mi casa para disfrutar de una buena tarde con mi "asistente". Llegué a mi duplex y como siempre me esperaba desnuda en la cocina preparando algo en el fuego, me acerqué lentamente hacia ella y la tomé por la cintura, deisfrutando de su cuerpo de diosa.
—Pensé que vendrías más tarde. ¿Problemas en el paraíso?
—Nada que una buena mamada no lo pueda quitar.
Mi linda sumisa se dió la media vuelta y se arrodilló frente a mí, bajó la cremallera de mi pantalón y lo deslizjó para dejar mi m*****o expuesto a su dulce boquita que empezó a hacer su maravilloso trabajo lamiendo mi glande y dando pequeños mordiscos, con mi mano hice un amasijo de su pelo y comenzar a dominar sus movimientos mientras se lo engullía hasta el fondo.
—Oh, nena, sigue así, me matas.
Comencé a embestir su dulce boca con más fuerza y sin un ápice de contemplación, mis movimientos bruscos resonaban en la habitación y ella a penas podía con ellos. Sentía como su garganta trataba de expulsarme, pero yo continúe hasta que exploté y liberé toda mi esencia dentro de ella.
—Bien hecho cariño, ahora me iré a bañar y vuelvo para que me alimentes.
Sabía que estaba frustrada porque sólo satisfice mis necesidades, pero de eso se trataba, ella estaba psra darme placer y nada más.
Una vez terminé en ese lugar, me arreglé para la mentada cena de caridad, tenía claro que lo único que buscaban era sacarnos dinero como buitres, par asus disque actos de beneficencia, pero vamos, yo era abogado de la mayoría de los peces gordos que estabam ahí y sabía que eso era para limpiar un poco su mierda.
A las ocho en punto estaba sentado en mi limosina esperando a Anna, la que, como dijo tapó espectacularmente la marca de mi mano estampada en su cara. La miré con una sonrisa burlesca y luego me acomodé para descansar un poco antes de la llegada. Judith, literalmente me había drenado y necesitaba por lo menos cerrar mis ojos para no ver a la mujer que estaba junto a mí.
—Señor, hemos llegado...— me despierta de mi letargo mí chofer, acomodo mi saco y espero a que nos abran la puerta, salgo y le doy la mano a la mujer que me acompaña por compromiso, debería haber traído a Judith, habría tirado unos cuantos miles y luego retirado para seguir disfrutándola, pero ésta tonta obstinada quería venir para demostrar que ella era mi esposa. ¡JA!
Entramos al salón perfectamente decorado para la ocasión y comensamos a saludar a mis "amigos" y sus esposas de bolsillo. La conversación se tornó aburrida cuando empezaron a hablar de dinero como si fuera de quién la tiene más grande y yo sólo asentía, en eso superaba a varios del lugar.
Cuándo la conversación y el alcohol estaba en su apogeo, Callum con su mujercita miraron hacia la entrada por lo que hice lo mismo, pero Anna me sacó del chismorreo pues me tomó del brazo y se puso pálida...
—Mi querido amigo Romanov, que gusto que hayan podido venir esta noche, disculpa por haberte enviado la invitación tan tarde, pero supimos que recién hoy llegarían a la ciudad.
—No te preocupes, Callum y gracias por acordarte de los viejos amigos. Te presento a mi esposa Annia Romanov.
—Un gusto en conocer a tan hermosa mujer...
—Que amable, señor Callum, el gusto es todo mío.
Esa voz, esa voz la reconocía, nunca la podría olvidar, me dí la vuelta y vi a un fantasma, ese fantasma de mi pasado que cada noche se me aparecía envuelto en sangre.
—¿Mi cuervo?— se me heló la sangre al verla parada ahí como un espíritu maligno, con su aura de diosa enfundada en un hermoso vestido n***o con plateado que resaltaba todas esas curvas que habían sido mías una vez.
—Olej...—dijo mi esposa y sentí como caía al piso desmayada. En ese momento todo fue un caos, las mujeres se preocuparon de Anna y yo me quedé sin poder moverme del piso. Escuchaba a todos gritar y a los nuevos visitantes acercarse hacia el escándalo que había provocado mi esposa.
—Señor Scott, su esposa...— escuché y salí de mi ensoñación para ver a la estúpida esa que me estaba haciendo pasar vergüenza. Me acerqué a su cuerpo y la tomé entre mis brazos y la llevé a un sofá, mientras alguien del servicio le colocaba un algodón con alcohol. Al ella abrir los ojos me miro con temor, sabía lo que le esperaba en casa, pero lo que no me esperé fue su pregunta.
— ¿Dime que no es Olej el que acaba de llegar?
—Sí, soy yo querida Anna. He vuelto.
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