Después de cenar, Vidal les pidió a sus hijos que les escribieran a los amigos de su hermano, de una forma casual y relajada, para saber si estaba en algún lugar. Mientras lo hacían, conversaba con Santiago sobre una aplicación para rastrearlos todo el tiempo. Le enseñó su pantalla a Consuelo, quien simplemente asintió y le dio un beso.
Los dos se quedaron en silencio, mientras escuchaban a sus visitas.
—Vidal, ¿quieres que llamemos a la policía? —pregunta Anabelén, y su hermano niega con la cabeza.
—Necesito que mis hijos entiendan que no pueden irse así nada más, porque eso nos afecta a todos. Se ponen en riesgo, no es normal, no es correcto —responde enojado, antes de marcar el número de los abuelos de su hijo.
—¿Dónde está mi hijo?
—Vidal, ¿no escuchaste?
—No me dijo nada, y la verdad me parece de pésima educación que no me avisen si van a llevarse a mi hijo.
—Bella se escapó del centro. Parece que el niño sabía dónde buscarla y la encontró muy mal. Estamos en el hospital.
—Ya salgo para allá. La próxima vez me llaman.
—No creo que sobreviva esta vez —responde la mujer en medio del llanto.
Vidal se despide y les resume la conversación a su esposa y a todos antes de ir a cambiarse para buscar a Alexander.
Los chicos se quedan revoloteando alrededor de Consuelo. Que si deberían estar todos ahí, que Bella también era familia de algún modo, que Alexis necesitaba a sus hermanos.
—Vamos un momento, pero tenemos que volver porque ya casi es su hora de dormir, y no es para toda la familia.
—Vale.
Ramón y yo aceptamos quedarnos con los bebés, y Anabelén decide quedarse un rato más para acompañarnos. Finalmente, Consuelo se lleva a sus hijos al hospital. Cuando finalmente llegan, Vidal está en la habitación intentando tranquilizar a su hijo.
—Es mi culpa —le dice—, yo no quise ir a verla.
—No es tu culpa, hijo. Es una enfermedad.
—Sí, pero esta vez no la ayudé.
Vidal no quería ser un cabrón y soltarle que es agotador estar detrás de alguien para que viva de la forma en la que debe vivir. No es normal estar peleando contra la necesidad de usar drogas, de estar luchando contra una enfermedad que se cura con evitarla al máximo, pero su hijo no podría entender.
Anastasia toca la puerta y asoma la cabeza un poco. Agita su mano hacia su hermano e ingresa a la habitación. Lo abraza, y Alex le abraza de vuelta. Tessa y Xavier hacen lo mismo: abrazan a Alex con todas sus fuerzas porque saben todo lo que ha cuidado a su madre, lo que ha intentado protegerla, mantenerla viva. Mucho más que un hijo, siempre ha sido su cuidador y sus ganas completas de vivir.
—La dejé sola.
—Alex, no puedes estar siempre encima de ella. Usar o dejar de usar es su decisión —le dice Xavier y le abraza.
Consuelo y las niñas esperan casi una hora afuera, hasta que Vidal y sus hijos convencen a Alex de ir a comer algo. Cuando Alex ve a Consuelo y a sus hermanas, las cuatro van a darle un abrazo y un beso.
—Mi mamá usaba —reconoce Mariana—. Y casi siempre era para olvidar, y nos dejaba perdidas —se encoge de hombros—. Yo nunca me tomé el tiempo de ayudarla, tomé el dinero de mi hermana y salí corriendo. Creo que si tu mamá vive o no, va a estar agradecida porque hasta el último segundo has estado ahí, Alex.
—Gracias.
—Eres mi hermano de estudio, somos súper amigos, no puedes solo desaparecer —comenta Alice mientras le da la mano y lo lleva a la cafetería—. Se me antoja una pizza con extra parmesano y un batido, ¿y a ti?
—Nada.
—Vale, nos lo comemos a medias —responde, y Alex la mira de reojo y sonríe. Sus hermanos piden media cafetería para que él coma algo, y su papá sonríe al verlos compartiendo.
—¿Qué les parece una cláusula de "no desaparecer"? Ahora, cada que alguien tenga ganas de desinscribirse de la familia o haya una emergencia, tiene que avisarle a otro de sus hermanos. Será como un secreto, pero al menos alguien sabrá que están bien —comenta Alice.
—¿Y quién va a ser ese hermano?
—Yo, obvio, soy la más discreta.
—No, así no funciona. Ustedes saben que yo tengo derechos sobre la custodia de Alex. Consuelo tiene la custodia de las chicas y los dos estamos tratando de adoptar a Alice. No podemos andar perdiendo niños, llamando a la policía y demás. Necesitamos que todos estén en su mejor comportamiento o tendremos dos hermanas en un foster care, un hermano con sus abuelos, ustedes tres es probable que vuelvan a vivir con su madre y al final solo nos queden los bebés y una visitación en una cafetería feísima.
—Lo que su papá quiere decir es que somos una familia, pero para mantenernos como tal debemos seguir reglas. Debemos cuidarnos los unos a los otros, mantenernos juntos y seguros. Y como sintieron que el castigo era muy directo hacia Mariana, esta vez están castigados todos por la escapada de Alex. No hay permisos para nada que no sea la escuela. Van de la escuela a la casa, sin celulares porque no los usan para escribirnos, por una semana.
—¿No les pasa que Consuelo tiene esos aires de mamá, muy dulce? —comenta Tessa. —y luego, se lanza full madrastra
—Sí —responden los demás.