Todos estaban sentados en una mesa que daba al jardín cuando les señalé con la cabeza a Tessa y a Xavier. Estaban jugando con sus hermanos más pequeños mientras los arrullaban. Vidal asintió y Consuelo se acomodó para tomarles una foto, que se convirtió en video.
—No tienes ritmo.
—No toco, pero tengo ritmo.
—Iman se va a una fiesta, pero Tessita no. Le jalo las orejas, lo tomo de tambor, le doy una meneada y luego sigo yo —Canturrea Xavier—. Xavier se va a una fiesta, Indi le dice que no, le jalan las orejas, lo usan de tambor, le dan una meneada y luego sigo yo.
—Tessita se va de fiesta y Xavi dice que no, le jalan las orejas y la usan de tambor. Me dan una meneada y sigue Indigo —esta pequeña esperaba su turno y sus hermanos cantaban al unísono mientras su hermano parecía estar bailando—. Indi se va de fiesta, Iman dice que no, le jalan las orejas, la usan de tambor, le damos una meneada y luego sigo yo.
Xavier y Tessa se sacuden y los bebés parecen felices. Anastasia se para en medio de los cuatro y mira a sus hermanos mayores, seria.
—Buenas, me presento: Anastasia, su hermana menor, y no voy a permitirles tratarme como la hermana del medio olvidada. Si van a cantar la canción que inventaron para mí, mínimo me invitan a divertirnos juntos. Y segundo, no me parece que tengan hermanos nuevos y me excluyan.
—Ven, cantemos —propone Xavier.
—No quiero —responde ella, y se va a su habitación.
Vidal se ríe de su hija y se acerca a los que quedan en el sofá. Luego va a buscarla para intentar consolarla. Le da un beso y un abrazo a Anastasia, quien parece aterrorizada con la idea de ser olvidada. Su papá la llena de besos y le promete que nunca nadie podría reemplazar a un hijo por otro, que jamás en la vida sería posible olvidarse de la gran Anastasia Vidal.
—Yo sé que soy inolvidable, pero mis hermanos actúan como si yo no existiera —Tessa toca la puerta de la habitación y se acerca con unas galletas, helados y Xavier. Los dos se sientan al lado de Anastasia y le preguntan si está bien de la cabeza.
—Siempre bien —responde ella, mirándolos seria.
—Papá, ¿nos das un ratito? —pregunta Tessa.
—La verdad, a mí me encantarían unas Lays, unas palomitas con mantequilla y unas uvas —pide Xavier, y sus hermanas asienten.
—Ohh, y Doritos —pide Tessa—, con extra polvo de chile.
—Bueno, ya que estamos, de cena nuggets de pollo con chips de camote —responde Anastasia, y los tres asienten.
Se ríen, se burlan unos de otros.
Los tres se quedan conversando mientras su papá les prepara las botanas. Xavier le escribe un par de mensajes a Alex para saber dónde está, en qué momento salió sin decir nada. Tessa intenta rastrear a su hermano por el celular, pero tiene la aplicación apagada. Su hermana pequeña le deja un mensaje de voz con el celular de su hermano mayor:
"Alexis, ¿dónde estás metido? Estamos en mi cuarto, vamos a empezar una partida de Skip-Bo y vamos a comer por aquí mientras chismeamos. Estás cordialmente invitado y, si vas a cancelar, al menos danos una explicación. Bye. Pórtate bien, que papá está suelto en el área de castigos."
Vidal había crecido con Gabriel como su principal hermano y, de repente, tenían una cosa pequeña llamada Anabelen, quien era divertida, dulce, simpática y había sabido hacerse un hueco en su unión inquebrantable. Y como si eso no fuera suficiente, les habían dado un último hermano, Pablo. Para él, sus hermanos eran sagrados: podían pelearse, reírse y llorar, pero se amaban locamente siempre, independientemente de lo que estuviese pasando con ellos.
—¿Cómo están los niños? —pregunta Consuelo a su esposo.
—Conversando y ordenando comida —responde.
—Quién se imaginaría que la celosa sería Anastasia...
—Yo me lo imaginé. Le encanta la atención. Lo que no me imaginaba era que quisiera la atención de sus hermanos —Consuelo le besa en la mejilla y le ayuda con los pedidos de sus hijos. Los dos se preguntan por Alexis antes de comenzar a llamarle al celular; se fue sin pedir permiso o despedirse.
Les llevan la comida a los chicos, y Anastasia parece estar un poco más tranquila porque sus hermanos le están dando contención. A ver, que sí hay nuevos hermanos, unos pequeños, frágiles y dulces, su papá parece un poco más ocupado, su madrastra está cansada y sus hermanos simplemente tienen nuevas vidas. Xavier tiene una novia o algo parecido, y Tessa tiene nuevas amigas.
Los tres se quedan en silencio cuando Vidal entra a la habitación. Él les pregunta por su hijo, y los tres responden vagamente.
Los tres se quedan a solas, secreteando: que si Anastasia tiene que entrenar más duro para que su solo quede perfecto.
—Entonces, ¿ese tal Pete y tú qué? —pregunta Anastasia.
—No sé. Dejó de escribir y parece que pasó página, pero es cosa de él —responde tranquila, y Xavier asiente.
—A veces es lo mejor, ¿sabes? No hacerse daño ni perder el tiempo.
—¿Uuuh?
—¿Algo pasa con Nadine?
—No, es experiencia.
—¿Qué le dijiste desde tu experiencia? —pregunta Anastasia, y Tessa le golpea con una almohada.
—No lo quiero conmigo, pero no quiero que pase de mí —Anastasia se ríe de Tessa.
—¿Por qué asumes que hice algo, Anastasia?
—Tienes una muletilla, Xavier, y no te voy a decir cuál es.
—Xavier Augusto Vidal—Le dice Tessa.
—Solo me preguntó qué tenía que hacer para estar contigo y le dije que eres muchísimo, una chica espectacular, como para que él venga y la cague, que si tenía dudas y necesidad de preguntarse tanta mierda, que se buscara a alguien más.
Anastasia y Tessa se quedan en silencio y aplauden lentamente.
—Eres un buen hermano mayor.
—Y me estimas.
—Me contagiaste de conjuntivitis —responde Xavier—. No fuimos juntos a la escuela una semana.
Xavier les da un beso y un abrazo a las dos.
—Ustedes dos son mis hermanas. Siempre, siempre que me necesiten, voy a estar aquí para ustedes. Y tú, no importa si eres la hermana mayor o la del medio, eres mi hermana, mi hermana favorita —murmura, y Tessa rueda los ojos.
—Los odio, y voy a ganarme a los otros dos.
—Tú eres mi hermana favorita —responde Anastasia y le da un abrazo. Luego le guiña un ojo a su hermano, y este contiene la risa.
—Y a mí me caes muy bien.
—Deberíamos ponernos al día más seguido.
—Tengo una vida, Tessa —responde Xavier.
Le da un par de besos a Anastasia antes de ponerse en pie y salir de la habitación. Las dos se quedan comiendo chips y Tessa pregunta:
—¿Está muy mal si pedimos que castiguen a Alexis?
—A mí me gusta hacer sentir que papá tuvo la idea —comenta Anastasia.
—Interesante. Enséñame.
Las dos escuchan que la cena está lista. Tessa y Anastasia bajan, y Xavier está dando lata con su perro. Ven que tiene una hoja detrás.
—Consuelo, ¿me puedes firmar esto?
—Sí, mi amor, dame un lapicero rojo—responde sarcástica.
—¿Por qué rojo?
—Me estás tapando las letras. Dame el papel —se pelean y ella se lo quita, le tira un par de golpes con el papel y corre por la casa para que no se lo quite.
—¡Xavier y Consuelo! —les llama la atención Vidal.
—Ahhh, tenemos un genio en casa —grita Consuelo, y lo llena de besos mientras su hijo niega con la cabeza.
—Desconoces la discreción.
—Abre el champán, nuestro hijo ha ganado algo —dice Consuelo mientras firma—. ¿Es mucho llamar a Francesca?
—Está de guardia...—comienza su hijo restándole importancia.
—Voy a llamarla igual, eh —dice y sale con el celular a contarle lo que ha leído letra por letra. Una hora más tarde, la mujer está en casa con flores y champán.
—¡Director, mi vida! —dice su madre orgullosa.
—¿Cuándo practicas?
—No les va a gustar.
—¿Qué hiciste?—pregunta su mamá mientras le acaricia los dedos como si eso hiciera que toque mejor. ¿Le hiciste daño a Mozart? Porque él era un cabrón, pero si destruiste a Beethoven, renuncio a la vida —advierte su madre.
—Solo ocupaba una firma y que no vayan por la escuela, ¿vale? —responde—. Gracias por estar orgullosos —dice y abre la botella de champán. Deja que la espuma caiga en su vaso y se lo toma antes de que sus padres se lo quiten.
—Este de veras se parece a ustedes dos —bromea Anabelén.
—Mamá, ¿de quién es ese carro y por qué vas vestida así?—pregunta Anastasia.
—Tengo una cena, iba a beber y me prestaron transporte.
—¿Tenías una cita? —pregunta Xavier.
—Comer con un amigo de hace años —responde quitándole importancia—. Mi hijo, el director —dice mientras le acaricia las mejillas y lo llena de besos.
—¿Estás saliendo con alguien y no te has divorciado?
—Solo iba a comer con un viejo amigo.
—¿Con el que has tenido sexo antes? —pregunta Tessa.
—Es como reutilizar, y no estamos saliendo, solo vamos a comer.
—Así vestida —comenta Anastasia.
—Estás muy bien para tener cuarenta, y el vestido es súper sexy —comenta su mejor amiga.
Consuelo asiente, Francesca es impresionantemente alta, elegante y no parece que en esta o cualquier otra vida haya tenido cinco hijos.
—¿Cómo se llama tu amigo? —pregunta Tessa.
—¿A qué se dedica?
—¿Cuánto tiempo llevan siendo amigos? —pregunta Xavier, solo para apoyar a sus hermanas.
—No estoy saliendo con nadie. La que hace preguntas soy yo. Estoy súper orgullosa de ti, sea reguetón o música clásica. De verdad, te felicito y te amo —responde y lo vuelve a besuquear—. Te amo a ti —besa a Tessa— y a tu hermana —besuquea a Anastasia.
—Te acompaño al auto —comenta Vidal y toma el brazo de su exesposa. Francesca se suelta para darle las gracias a Consuelo, y esta sonríe antes de tomar a sus hijastros y llevarlos a cenar.
—Francy, ¿qué estás haciendo?
—Se llama rehacer mi vida.
—Ten cuidado, Francesca.
—Eres el papá de mis hijos, Vidal, no el mío —responde y le da un beso en la mejilla—. Recuérdalo.