—Finjo que Xavier es virgen y espero que todo el karma que tenga que vivir recaiga sobre las cuatro hijas que deseo que tenga.
Alice se sentó sobre su mamá y le dio un abrazo y un beso.
—Crece, pero no tengas novios inadecuados, ¿vale? Ni novios.
—A mí me encanta pagar por ese tipo de cosas —comentó Vidal, y su esposa se rió.
—¿Por qué Imán no está durmiendo e Índigo sí?
—Porque ellos todavía no lo saben, pero son personas independientes y pueden tener gustos diferentes —dijo Alice, mientras le daba un beso a su mamá y otro a su papá antes de salir corriendo por la casa a buscar a Anastasia—. Vamos a estar muy mayores cuando ella crezca y...
—Y para entonces Xavier será aterrador, y Alex también. Y tendremos a Imán de soplón, como Alice con Anastasia y viceversa.
Los dos rieron, se dieron un beso antes de ir a cambiarse para lo que sería una fiesta de cumpleaños fenomenal. La cumpleañera y sus hermanas mayores estaban ocupadas arreglándose el cabello con su tía. Anastasia, Consuelo y Alice se arreglaron el pelo juntas, comieron galletas mientras conversaban y veían a Índigo en su vestidito.
Cuando Natalia regresó con el vestido espectacular que le regaló Simonetta y el peinado que le hizo su tía favorita (Gretta, AKA yo), se veía espectacular y parecía haber entendido la magia de los cumpleaños. Los hermanos de Vidal, sus tíos y primos estaban en casa esperando para gritar “¡sorpresa!” en cuanto los saludaran.
Todos comimos, bebimos, reímos y vimos a la cumpleañera disfrutar. Consuelo había planeado cada detalle: desde los globos, el tres leches, la mesa de dulces —que es infaltable porque a Natalia le encantan todos los postres—, hasta su serie favorita de entretenimiento y sus hermanos. Alex había hecho una breve aparición en la casa familiar solo para cantar el cumpleaños, pero su hermana es tan insistente como dulcera, así que terminaron comiendo juntos mientras veían una película de la lista de “películas horribles” según Xavier, que ella jamás había visto ni escuchado.
—¿Cómo les gusta esto? ¿¡La mamá oso se murió!? —grita en los primeros minutos de Tierra de Osos, y llora mientras sus hermanos le preguntan si está bien. Consuelo le pregunta si quiere ver otra cosa, y Mariana, entre risas, reconoce que su hermana suele llorar viendo películas.
—Entonces, no podemos ver Titanic hoy.
—¿Alguien se muere? ¡No me dijiste que era una peli de amor!
—Sí, pero no termina como nos gustaría —comenta Anastasia—. Gracias a Dios, Leo DiCaprio está bien.
—Y estás a menos de 25, tal vez algún día te elija —comenta Alice, y su hermana asiente mientras Consuelo rueda los ojos.
Los chicos cambiaron a una serie de comedia que habían visto diez mil veces. Natalia probablemente ya se sabe los capítulos, pero se rió y no hubo más lágrimas.
El fin de semana de cumpleaños de su hija había sido espectacular, pero Consuelo sentía que necesitaba hacer algo que las mamás hacen cuando saben que sus hijas podrían estar en riesgo de hacer cosas que tienen consecuencias permanentes. Así que habló con Francesca, quien estaba encantada de conseguir el médico adecuado y la charla adecuada para nuestras hijas. Así que después del colegio, Vidal fue por Xavier, Alice y Anastasia, y Francesca y yo por Mariana, Natalia y Tessa.
—Me encanta esto porque hay varias cosas que necesito comprar, como calzones menstruales —dijo Tessa.
—De donde yo vengo, los calzones menstruales son sinónimo de pobreza.
—¿Por qué?
—Hay gente que no tiene dinero para toallas —dijo Natalia.
—Qué triste. Todas las mujeres deberían tener dinero para toallas e ibuprofeno —comentó—, y té de manzanilla. Cuando nuestro negocio despegue, vamos a apoyar campañas para darle más a otras mujeres, a mamás, hermanas y todas las niñas.
Sus hermanas la miraron sorprendidas y su mamá giró el cuello un momento solo para verla, pero se sintió ligeramente orgullosa.
Las tres pensaron, cuando llegaron al hospital, que Francesca tenía algún trabajo pendiente, y se sorprendieron al enterarse de que tenían una cita de control.
—Francesca y yo podríamos decirles todo lo que está mal con el sexo en la adolescencia, pero es mejor que alguien más converse con ustedes… y nos informe a todas.
—Me siento ligeramente estafada.
—Yo no sé qué estabas pensando, pero no necesito conversar con nadie. Mamá, la gente va a pensar cosas de mí.
—La gente va a pensar cosas de mí si tú te embarazas o tienes VPH y cáncer antes de los 21. Vamos, Tessa, vamos.
—Vale —dice su madrastra, seria—, la gente no va a saber.
Xavier, Alice y Anastasia estaban en casa. Vidal tenía una visión de unos tacos para la cena, sacó el pollo asado que sus hijos estaban despreciando, y condimentó una carne molida con ayuda de sus hijas, las cuales estaban conspirando sobre el paradero de sus hermanas.
Xavier estaba jugando con sus hermanitos, quienes estaban muy atentos a cada uno de los sonidos de sus instrumentos. Dejó la armónica y fue con sus hermanas y les dijo:
—Una de las chicas está embarazada.
—¿Nuestras hermanas? —dijeron las dos al unísono, incrédulas.
—Sí, ¿por qué creen que se llevaron a las tres hermanas que sí menstrúan?
—Bueno, no es Tessa. Mi hermana tiene problemas para comunicarse con hombres.
—No sé por qué. Si yo tuviera tetas como las suyas, tendría tres novios.
—Alice... —la regaña Vidal—. Primero que nada, no hablamos de los cuerpos de los demás y segundo, no es posible tener tres novios al mismo tiempo.
—¿Has escuchado el término poligamia, Alice? —pregunta Xavier, y su papá le pega con el paño de la cocina.
—¿En serio seremos tías o cómo?
—No, pero sus hermanas pasan los quince años, son guapas e inteligentes, y sus mamás y yo creemos que es importante que sepan cuidar su salud reproductiva, prevenir enfermedades, controlar las menstruaciones de sus hermanas para que no se enfermen ni tengan bebés que no quieran criar.
—Si yo tuviese un bebé, ¿tú lo criarías? —pregunta Xavier.
—Si tú dejaras a alguien embarazada, me haría cargo económicamente mientras estudian, y les ayudaría un poco. Pero estaría molesto contigo porque te he educado bien y sabes que puedes pedirme preservativos toda la vida. Y puedo comprarle pastillas a quien sea con tal de que no tengan bebés a temprana edad o ETS.
—¿Cuando yo tenga un novio le vas a comprar condones?
—Okay... mi tarde se está saliendo de control. ¿Por qué no tomamos pastel de cumpleaños con café y disfrutamos no tener esta conversación?
—Ya encontré la definición de poligamia, y sus referentes, y totalmente acepto. Mira, los papás de Leonor son una pareja poligamosa.
—No, no, no —dice Vidal y le quita el iPad—. Por favor, no.
—Sí, los reyes y jeques siempre tienen más de una esposa, es normal —comenta Xavier.
—Okay, la vida privada de los papás de Leonor no debería ser un tema de conversación en esta casa, porque los conocemos y queremos mucho a Leonor, y no queremos insultarla o incomodarla con chismes. ¿Vale? —pregunta Vidal, y Alice asiente—. Nada de poliamor, ¿vale? Nada, ni un gramo. Y está bien Anastasia, pero yo preferiría que esperen. Con el tiempo, el sexo deja de ser importante y lo importante es con quién compartes tu cuerpo, tu vida, tus metas. Así que Xavier debería no tener más sexo hasta los veintidós.
—Sí, con toda la sífilis que le ha dado, debería tener paños negros para saber que son de él y lavarlos en una lavadora diferente —propone Anastasia. Su hermano le recuerda que la sífilis es tratable y que la suya es solo un antecedente, porque ya se curó. Su papá rueda los ojos.
—Sí, por tipos como tu hermano voy a comprarte preservativos. Pero, ¿qué tal si esperan a después de los dieciocho? Si lo hacen, podemos negociar entre la prima de un auto y una casa.
—Ugh, a mí me encanta negociar contigo, siempre —dice Alice y extiende su mano hacia Vidal.
Anastasia le da un apretón de manos, y su hermano se pone a tocar la armónica al son de Los Locos Addams.
—Ahora me gustaría tomarme un cafecito tranquilo mientras cocino.