Francesca le guiña un ojo a su exmarido y le hace una seña para que se una al abrazo. Él niega con la cabeza, y Francesca le hace la misma seña a Consuelo. Su madrastra se une al abrazo, y las dos le hacen ojos a Vidal.
—Qué guapa —comenta su hermano mayor mientras ingresan a la habitación con una sorpresa: un ramo de billetes de un dólar, bastante grande—. Abrazadita de los papás, pero no quiere ver a los hermanos.
—Pesada...
—Te extrañé tanto y no sabes lo que pasó hoy en mi cole —comenta Alice mientras se sube a la cama. Anastasia le da un beso y un abrazo a su hermana y pregunta por todos los chismes.
—Leonor se ha molestado tanto que ha hablado en árabe mientras amenazaba a mis compañeras. Y con un gesto de manos, entraron tres escoltas armados y le apuntaron a la perra esa en la cara.
—Alice...
—Estuvo buenísimo. Nos dejaron salir antes. Y el rey Kamal, el rey Isam y la reina Farah —que al fin conocí hoy, muy guapa—, llegaron al cole, muy imponentes, a resolver el problema.
—¿Y cómo está Leonor?
—Está muy molesta. Dijo que mañana te visita.
—Vale, le voy a llamar en la noche.
—Mju...
—¿Alguien más con información privilegiada?—preguntó Anastasia.
—¿Qué te pasó en los pies? —Insistió Xavier tras verlos completamente vendados.
—No quiero hablar de eso, mejor sigamos conversando.
—Papá, ¿qué tal si vas por unos helados o cositas para nosotros, la merienda, y a ti te busca Consuelo? Él ocupa ayuda o algo —comenta Tessa, y su madrastra la mira con los ojos entrecerrados. Cuando pasa por su lado, le dice:
—Habla tranquila sobre tu Pete.
—Gracias.
Tessa les cuenta a sus hermanos cómo Pete la ha invitado a una cita y le parece que va a decir que sí. El pobre chico le ha regalado una caja de chocolates artesanales con diferentes rellenos frutales —los favoritos de Tessa: sabores tropicales como maracuyá, mango, guayaba y piña—. La invitación fue en privado, porque estaban solos ellos dos debajo de un árbol en el recreo, y Tessa no supo qué responder, pero a su favor, sonó la campana.
—Eres de película —comenta Natalia.
—Lo bueno se hace esperar, pero la realidad es que Pete tiene sentimientos.
Sus hermanos mayores la animan a aceptar. Al final, es una cita, y listo. Anastasia se apunta para sacar el teléfono y anuncia:
—Te dicto, ¿lista? Sí... Escríbele: “Pete, qué buen gesto. Quedé tan sorprendida que no pude responder. Si sigue en pie tu propuesta, de mi parte la respuesta es sí”. —Todos la miran sorprendidos por la amabilidad—. Agradecida con el gesto, el romance y el árbol... Qué detallista es usted, sexy. Y si sigue así de seguro, para aceptar ser su novia tarde un mes, pero bueno... mejor espero ansiosamente que me lo pida.
Todos se ríen ante la respuesta de Anastasia.
—Eres bien molesta —le asegura Tessa, y sus hermanos ríen más.
Francesca les comentó a Vidal y a su esposa que tenía una cirugía programada en la mañana y necesitaba descansar un poco. De todas formas, planeaba estar pendiente del teléfono en la noche por si algo en la salud de su hija cambiaba. Francesca se despidió de ambos y Vidal no pudo contener la incertidumbre; si ella iba a clavarle una daga, esperaba que fuera de frente y no en la espalda.
—¿Qué decidiste con respecto a tu abogado?
—No sé de qué hablas.
—Alguien te escuchó en la cafetería conversando con tu esposa y su abogado.
—Decidí que tú y yo fuimos familia primero, somos amigos, de toda la vida, y si yo te hago daño, se lo hago a nuestros hijos; si tú me lo haces, dañas a nuestros hijos. Y todo, por más complicado y perturbador que sea el problema, no voy a hacernos eso. No voy a comprarme el boleto a la madre villana del año. No estoy loca, solo estoy pasando por un mal momento —responde, y le da un golpe en el hombro—. Nos vemos, Vidal...
Consuelo y Vidal se pararon juntos a ver a sus hijos, compartiendo, riendo, conversando como si nada, unos con los otros. Ella colocó su cabeza contra el hombro de su esposo e inclinó los labios hacia los suyos. Vidal se inclinó para besarla y le dijo:
—¿Sabes qué? No sé qué rayos estamos haciendo más de la mitad del tiempo, pero creo que vamos bien.
—¿Crees que vamos bien?
—Están vivos, riendo, conversando, siendo perfectamente ellos, y nosotros dos estamos juntos y hemos crecido.
—Tengamos otro bebé.
—Uff, Vidal... —se queja su esposa. Se va a la habitación con el montón de batidos, pizza y un chupa para la pequeña Anastasia. Esta sonríe. Consuelo la llena de besos y se hace un espacio en el sofá para reír un rato con las ocurrencias de sus hijos. Ninguno vuelve a preguntar nada sobre los pies, y Anastasia lo agradece. Esa noche regresan casi todos, menos Anastasia y su padre.
Vidal se acostó en la cama de su hija y le dio un abrazo. Esta se quejó de inmediato, se quejó porque quería que la soltara de inmediato, y su papá aclaró:
—Puedo soltarte, pero voy a asegurarte una cosa, Anastasia: siempre voy a protegerte.
Ella lo miró un par de segundos y asintió. Su papá sonrió y le dio un beso en la frente antes de soltarla. Esta sonrió de vuelta y le preguntó si quería aprender a hacer crochet. Vidal se rió antes de aceptar ser instruido por Anastasia.