Vial es un súper papá, a Consuelo eso le queda clarísimo. Es un papá de adolescentes y de niños rebeldes, y es un papá celoso les guste a sus hijas o no, primero fue por la fornicadora a la cafetería, y vio a su novio con peores ojos que en la tarde y después fue por su hermana la de las tutorías. Aparcó frente al cole y le dio la mano a su hija como a las niñas chiquitas.
—Vidalcito, ¿me quieres contar tu problema emocional, quieres que hablemos de como el exceso de matrimonios impulsivos de Francesca está afectando tu vida?
—No me siento afectado por ella, es que pasan cosas con ella y otras personas y entonces no puedo enfocarme en ser tu papá y entonces andas manteniendo relaciones sexuales con una mala persona, has pensando en lo horrible que ser papá adolescente, solo quiero que entiendas que tu clítoris no se desarrolla por completo hasta los 25 entonces ni siquiera es lo suficientemente placentero, y ahí estás... contaminando tu cuerpo con células del mal. —Anatalia nunca había tenido un papá tan preocupado por su bienestar. En una de sus últimas casas de acogida, su papá temporal parecía interesado en convertirse en su proxeneta, así que estaban él… y todos los hombres raros. Ahora, Vidal y sus explicaciones científicas e irracionales le parecían súper cool.
—Yo me cuido para no tener bebés y voy despacio con Ashton. Nunca he tenido un novio. Él me gusta y, como he dicho con anterioridad, he tocado cosas, pero no estoy teniendo full sexo porque creo que va a dejarme en el momento en que lo hagamos.
—No deberías estarte preocupando por esas cosas, nena.
—Ya, pero me preocupan... Me preocupa que sus papás no lo quieran, y me preocupa lo que va a pasar cuando terminemos, porque nadie nunca ha querido ser mi novio y él sí.
—Eres bonita, inteligente y divertidísima, y a veces, cuando no estás pasándote con el gloss, eres muy madura y sabia. Eventualmente, tu fila será demasiado larga y yo compraré una escopeta. Ya, ese es mi plan —bromea Vidal, y su hija se ríe—. Si él termina contigo, como diez van a querer ser tu novio, y a los diez les voy a hablar pesadito a ver si se cagan. Lo único que me gusta de Ashton es que tiene huevos y no se caga nunca.
—A mí eso me parece súper sexy, de su parte y de la tuya. Yo digo: mi mamá eligió un buen tipo. Diez de diez.
—¿Finalmente te gusto más que el otro?
—Claro, Vidality, eres mi casi papá.
Vidal rueda los ojos y los dos se ríen hasta llegar al aula en la que su hermana está con el profesor recibiendo tutoría. Su papá saluda desde fuera del salón y pide permiso para entrar. El profesor se acerca y lo saluda.
—No sabíamos de esta tutoría y quería entender si es necesario buscarle un refuerzo en casa o si usted dispone de más tiempo. Mariana tiene muy buen potencial, pero si le hacen bien unas clases adicionales, individualizadas y a su ritmo, yo le estoy reforzando matemáticas y creo que puede seguir así este semestre. Pero, el próximo año, aconsejaría tomar menos materias, en bloques de medio día, y evaluarla por posible patología de aprendizaje.
Vidal asiente y el profesor sonríe, antes de comentar que ha hablado varias veces con el equipo disciplinario del colegio, pero que no han querido informarles a él ni a Consuelo. Por no hablar de que a Mariana le ha costado aceptar que necesita la ayuda adicional. Vidal asiente, le agradece y comenta que la esperarán fuera del salón. Su hija menor está en una batalla contra la máquina dispensadora y Vidal se ríe de ella, pero tampoco la ayuda.
Recibe un mensaje de Tessa:
Tessa:
¿Puedes traer más harina, por favor?
Vidal:
Creo que vas a tener que empezar a producir harina, todos los días es lo mismo.
Tessa:
No me gusta cuando te pones así, papá.
Ya te mandé las fotos: harina de trigo, coco y almendras. Cuidado y no traigas solo un kilo. Vale, te amo. Bye.
Vidal:
Tessa...
Consuelo estaba con sus hijastros preparando la cena. Xavier se quejaba porque eso de cocinar no le encantaba. Alexander había optado por jugar con sus hermanos y estaba cagado de risa con ellos. Anastasia parecía un poco más callada y silenciosa que de costumbre.
—Stace, amorcito, ¿por qué no me pruebas esto?
—Se ve muy bueno desde aquí.—responde desde el sillón y su madrastra eleva una ceja.
—Ven a probarlo.
—¿Me traes, Alice?
—Anastasia, estás demasiado callada. Eso me preocupa —comenta Tessa.
—Puedes despreocuparte.
Anastasia se pone de pie, va al banquillo de la cocina, toma asiento y prueba el arroz que preparó su madrastra, muy aromatizado, como le gusta a ella. Sonríe y la felicita. Un poco después, Vidal regresa con sus hijas.
—¿No la encontraste en un motel?
—Parece que se dicen cosas sobre mí en mi ausencia.
—No sabes todo lo que hemos escuchado tu papá y yo hoy. Quizá se nos quite el sueño.
—Papá, ¿mi harina? —pregunta Tessa.
—En el auto. Tus hermanas sabían dónde comprar. Te conseguí cinco kilos de cada harina. Más te vale ponerte a vender.
—¡Yo te amo! —responde Tessa y lo llena de besos.
Alexander y los bebés están ocupadísimos riéndose con el peekaboo, sus hermanos los observan y se contagian de la risa. Poco después cenan todos juntos. Los niños parecen tranquilos y Vidal comenta que tienen planes para el fin de semana, Consuelo y él.
—Ah, sí… ¿y quién va a cuidar a los bebés?
—Mis papás vienen a cuidar a los bebés… y a los niños… y adolescentes de esta casa. Su papá y yo nos tomaremos un descansito en la playa.
—Qué románticos —comenta irónica Anastasia, y sus papás sonríen.
—Mientras no vuelvan con otro bebé o un gato. Es lo único que falta en esta casa —responde Anastasia, molesta, y Consuelo y Vidal se ríen.
—¿Algo más, Anastasia?
—Nada. Pásenlo bonito —responde, y sus hermanos se ríen.
Consuelo les comenta a las chicas que ha estado trabajando en su proyecto, y que deberían llevar todos un curso de manipulación de alimentos. La edad mínima son los diez años. Sus hijas menores la ven incrédulas y ella señala que es el gobierno, no ella. Pero su marca la estaban registrando la abuela y ellas, y estaban gestionando el tema de su juventud.
—Gracias a Dios por ti —responde Alice, y sus hermanos mayores se ríen.