Los otros

1901 Words
A Consuelo no le pasaba desapercibido que sus hijos se hubiesen ido sin siquiera despedirse camino a la escuela. Eso le parecía abandono, como si hubiesen sido reemplazados. Augusto tenía más hermanos, bebés, y sabía que a veces, por más que todos intentaran, la vida se tornaba complicada y esas cosas pasaban. —Necesitamos mejorar. —Con costo dormimos, amor. —Lo sé, pero nuestros hijos necesitan a mamá y papá. ¿Qué tal si la cita de Xavier fue una mierda? ¿Si Tessa lo está pasando emocionalmente mal? ¿Si Mariana necesita un psiquiatra o cómo hago que la mediquen? Natalia está extra bien portada, y Alice y Anastasia están pequeñas, aunque crean que son dos mujeres de mundo. Son dos mocosas. —Sí, mi amor —responde Vidal mientras acaricia la cabeza de su hijo y lo mira—. Acabas de comer, Imán, ¿cuánto más puedes comer? —Déjalo, está creciendo —responde Consuelo antes de tomarlo en brazos para darle pecho. El bebé suspira cuando encuentra lo que buscaba y sus papás ríen. —Necesitamos una niñera. Vidal había crecido entre los brazos de sus padres. Su papá era un pintor excesivamente famoso y su mamá una psicóloga ocupada, pero nunca habían delegado sus funciones en niñeras y niñeros. Y así criaron a sus otros hijos. Le parecía horrible esos papás que van caminando con una niñera por hijo. Consuelo nunca había tenido una niñera, pero tenía un papá por cada uno de sus hijos. —No —respondió Vidal. —¿No? —No. Dejé mi trabajo en el hospital para esto, para estar aquí y cargar a mis hijos hasta que puedan caminar solos y necesiten de mi mano. Creo que no me parece saludable. La gente con papás es más empática, segura... No les podemos hacer eso. —¿Y cómo hacemos con los otros dieciocho hijos? —Nos organizamos mejor. Francesca quiere estar más presente. —No, yo quiero ser mamá de todos nuestros hijos, no solo de los dos más recientes. Imán se queja y la mira serio cuando se le escapa el pezón. Su mamá se disculpa y Vidal le recuerda lo importante que es que esté tranquila. Eso le da más coraje, pero su hijo tiene carácter y no quiere indigestarlo. Se queda tranquila con ellos y, después, se sienta con el extractor de leche y se saca unas cuantas bolsas hasta quedar casi vacía. Se arregla y le deja una nota a su esposo. Voy a almorzar con nuestros otros hijos. Consuelo había "secuestrado" a sus hijos del colegio. Tessa, Anastasia y Xavier estuvieron felices de salir de sus obligaciones. Con Alex tuvo que rogar un poco. Sus hijos se rieron y, básicamente, lo jalaron de la camisa por la ventana. —Por favor, Alex, no hagas que tus hermanos se pongan agresivos —le pide Consuelo, y él la ve incrédulo. —Preferiría el asiento delantero, donde no tenga que estar cerca de estos vikingos. Consuelo le hace una seña a Tessa, y esta se cambia de asiento de la forma más incómoda posible. Cuando llegan al restaurante, Consuelo les recuerda que pueden pedir lo que quieran, ser libres. Xavier toma la carta y pregunta a cada una de sus hermanas si les apetece una cosa u otra. Ella piensa en su marido, a quien le gusta tomar decisiones que no le corresponden, pero evita llamarlo, porque Vidal está con dos bebés que no se comunican si no es a través de llanto y suspiros. —Entonces, ¿cómo están? —pregunta Consuelo, y sus hijastros se ríen. —Mejor que tú con esa crisis —comenta Tessa, y ella se pone seria. Su hijastra se ríe y le pide disculpas. —Vale, empezamos fuerte. A ver, ¿cuáles son los chismes? —Vamos a colaborar para El Cascanueces y hay chicos de por medio. —Todos son gay, Anastasia. Nadie va obligado por su madre a los diez años. —Tú fuiste hasta los doce. —En esa época me sentía gay, pero tú ibas y nadie quería ser tu pareja. —Eres un buen hermano mayor. —Sí, no te enamores, Anastasia. —Too late, o sea, ¿no conocen a Sasha? —Es súper gay —asegura su madrastra—. Nadie le pone Sasha a su hijo y después lo inscribe en ballet. —¿Cómo se llama mi hermano más pequeño? —pregunta Xavier. —Tu hermano irá a karate y bajará bragas como un deporte. Es mi hijo... —comenta divertida. Xavier ríe. —Ser gay no es tan malo. —No, muñeca. Mis amigos más leales, divertidos y guapos son gays. Solo no es cool cuando no saben que lo son y sos su tapadera. —Eso suena personal —comenta Anastasia. —Mi exmarido. —Consuelo, no... ¿Cómo te casaste? —se queja Tessa y le da la mano. —El día de nuestra boda. No encontró su talla y se puso un traje de Adele. —No... —gritan Anastasia y Xavier. Los cuatro se ríen. —Es que cuando yo quiero algo, no para nadie. Sus hijos se ríen más. —No seas como yo, ¿eh, Anastasia? —Esto es muy bonito, Consuelo. Gracias por invitarnos —le dice Anastasia, y su madrastra le acaricia el cabello. —El placer es mío, gracias por acompañarme —anuncia y les da a todos un beso y un abrazo. El mesero toma la orden y Consuelo pide varias entradas para compartir con sus hijastros mientras siguen conversando. Siente su celular vibrar y lee un mensaje de Natalia. Natalia Explícame algo, mamá. Consuelo Sí, mi amor. Natalia Mariana puede quedarse en casa y ellos cuatro van a almuerzos especiales. Entonces, ¿yo estoy castigada? Consuelo ¡Mi amor! Mariana se supone que está en el colegio. Natalia Ah... Sí... ¿Ves? Alguien sí va a estar castigada. De verdad, necesito que tu hermana me diga qué está pasando. Natalia Tengo que guardar el celular, te amo mucho. Sus hijos estaban felices comiéndose las papas fritas mientras el caldito que ella pidió se desperdiciaba. Consuelo intentó conectar con su hijastro. Alex era un misterio para casi todos, sin embargo, no se sentía bien con la desconexión. Si con trabajo se había ganado a los más difíciles, ¿por qué no trabajar en el más distante? —Oye, Alex, quería ir el sábado a la feria contigo, ¿te apetece? —No soy de exteriores —sus hermanas hicieron el mismo gesto. —Es importante tener nutrientes a mano para todos en estos momentos. Anastasia está haciendo más deporte y... La verdad, mi mamá elige las frutas más grandes. —Sí... —Yo puedo acompañarte —se ofrece Tessa—. A mí me gusta demasiado ir y elegir los alimentos. —Es bonito, podríamos venir Alice y yo también. —Vale, nosotros cinco tenemos una cita. —Yo no quiero que me invites por lástima —comenta Xavier. —A nadie invitaron por lástima, nosotras nos invitamos —responde Anastasia, y su hermano se ríe. Cuando llega la comida, Alex le pregunta a su hermano por su cita para hacer conversación. Xavier lo mira algo serio antes de reconocer: —Estoy saliendo con Nadine. —¿Por qué? —Porque me gusta y le gusto, y ella piensa que debería hablarlo contigo, pero la verdad es que no es como si te la estuvieras follando. Eres su amigo y eres mi hermano, no entiendo el problema. —El problema es que puedes ir a mojarte la polla por todo el universo sin usar a mi amiga, y es lo primero que vas y haces. —Dije que estoy saliendo con ella. —Chicos, están alzando la voz, tranquilos. —Eres una decepción, siempre que creo que podríamos llevarnos ligeramente bien, vienes y lo arruinas. —Alex, eventualmente lo van a dejar y tú vas a tener la razón —le dice Tessa—. Por ahora, finge. —No sé de qué van ustedes dos, pero tengo derecho de salir con cualquier mujer que quiera consensuar salir conmigo. Consuelo sonríe ante la palabra "consenso". Siente que algo ha estado haciendo bien con su hijo. Su hermano se enoja y le tira el vaso con agua. Consuelo y Tessa intentan intervenir mientras Anastasia se come las papas fritas como si estuviese viendo una comedia romántica. —Ramón es esposo de mi mejor amiga —comenta Consuelo. —Ramón no es un follador en serie que se cansa después de la tercera eyaculación en el mismo sitio, ni un sifiloso. Alex se levanta y camina hacia afuera. Consuelo lo sigue, mientras Anastasia pregunta: —¿Cuántas veces te ha dado sífilis? —Dos. —Qué asco, ¿lo haces sin condón? —Sí, por el culo, las tetas y la boca. —Wácala, hay cosas que no tengo que saber —se queja Anastasia y le tira un pan. Tessa le tira la servilleta en la cara y su hermano bufa. —De vez en cuando ustedes dos deberían estar de mi lado. —Sí, tienes razón —responde Anastasia—. ¿Es tu novia entonces? —Estamos saliendo, Anastasia. —Están saliendo desde noviembre —responde Tessa. —Vale, no sé ser un novio, estoy tomándome mi tiempo. —Yo ya te hubiese dejado. —Tú ni siquiera captas, Pete anda detrás de ti y pasas de él. —Es muy invasivo, me mira sexosamente y me asusta. Consuelo escucha justo eso y vuelve a tomar asiento. —¿Quién es Pete? Según tu papá, las mujeres tenemos el sexo prohibido, pero yo creo otras cosas. —Sí, tú te casaste con un hombre que prefería a los hombres —comenta Anastasia—. Oye, ¿el sexo anal no es solo de los gays? —¿Tú quieres explicarle a tu papá esta línea de conversación, Xavier? —pregunta su madrastra—. Tessa, ¿quién es Pete? —Es un chico del colegio, se llama Pedro, es una máquina deportiva, súper popular, sus papás están muy en la política... En fin, es interesante, pero un poco grande. Tessa le enseña el i********: y Consuelo asiente. —Me encanta, se ve majo, y tiene hermanas —comenta Consuelo mientras ve cada una de las fotos disponibles. Sus hijos le recuerdan no darle "like" y ella asiente. —Tres hermanas menores, es de las pocas cosas que me gustan de él. —Sí...—Responden en conjunto Consuelo y Anastasia—¿Te dio algo para San Valentín? —pregunta su madrastra. —No, ni una de esas serenatas entre compañeros o una de las rosas. O sea, es tedioso todo el tiempo, pero no tiene detalles adecuados —Xavier elevó la ceja. —Qué dicha que no estás interesada —comentan sus hermanos al unísono. —No estoy interesada, pero me gusta saber que hay alguien obsesionado. —A Simonetta le pasa lo mismo, si no hay obsesión, no hay amor. —Es lo que pienso, la base de una buena relación es la obsesión. —Tengo dos comentarios —anuncia Anastasia—. Tu mamá siente lo mismo: sin obsesión, no hay amor, y no le ha funcionado. Ojito con eso. Y lo segundo: ¿cómo será hacer popó después del sexo por el culo?
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