Consuelo estaba trabajando desde la cocina de su casa para ayudarles a organizar los stands a las niñas, las patentes de ventas de alimentos, todo lo que se requería. Sentía que les estaba saliendo el tiro por la culata, pero le encantaba, le encantaba cada segundo de ser mamá con sus hijas e hijos.
Esa tarde, Anastasia regresó molida de su entrenamiento: tenía moretes, el moño mal puesto, se veía agotada. Su papá la bajó cargada del auto y ella fue corriendo a la ducha. Cuando bajó, Augusto le tenía un bowl con uvas congeladas preparado. La pequeña se acostó en el sofá y se quedó mirando por la ventana un buen rato antes de ponerse a hacer su tarea, sin que nadie se lo dijera. Luego subió y, en un rush de energía, limpió su habitación. Su papá subió a ver cómo estaba y ella le respondió:
—Perfecta, ¿tú?
Él asintió antes de mover accidentalmente una de las almohadas en su cama. Ella la ajustó de inmediato, y Vidal fue al armario, acomodado por color con los ganchos en la misma dirección.
—¿Te lastimaste el pie?—pregunta Vidal.
—Un poco con la punta.
—¿Me dejas revisarlo?
—Ya lo limpié y me puse el spray.
Su hija continuó acomodando su ropa interior, muy seria, mucho más silenciosa que de costumbre.
—Anastasia, sabes, Tessa está llevando la peor parte de la nueva decisión de tu mamá porque está en el centro de todo, pero eso no quiere decir que tus sentimientos pesen menos o que todo te tenga que importar menos.
—Lo sé... pero yo estoy bien.
—Lo que quiero decir es que puedes no estar bien.
—Estoy perfectamente.
—Vale, cuando quieras hablar, estoy abajo.
Cuando llegó al primer piso, sus hijos estaban siendo cargados por su mamá al mismo tiempo mientras balbuceaban. Vidal le dio un beso en la frente a su esposa, y uno en cada mejilla a sus hijos. Él se rió y extendió los brazos hacia su padre; este le besó los dedos y lo cargó.
—Voy a recoger a los niños. ¿Vigilas un poco Anastasia?
—¿Pasó algo?
—Nada. Esta mañana Xavier me preguntó si podía ir a recogerlos yo en lugar de su madre.
Vidal pasó primero por Alice, quien parecía feliz de ver a su padre. Preguntó de inmediato por Anastasia y Vidal se rió antes de darle un beso y tomar su mochila. Luego fue al colegio por Mariana y Natalia. Se encontró a su hija muy acompañada. Ashton se acercó y respetuosamente le preguntó si podía invitarla a su casa. Harían las tareas juntos, cenarían y luego la regresaría a casa.
—¿Quién está en tu casa?
—La empleada.
—¿Tus papás saben que sales con mi hijastra, Ashton?
—Sí.
—Bueno, yo no me siento cómodo con tus papás, y en lo que a mí respecta vas a tener que trabajar duro para convencerme de que has cambiado. No apruebo en absoluto esta relación, pero como todos cambiamos y le gustas a Natalia, te voy a dar la oportunidad de demostrarme que estoy equivocado. Puedes venir a mi casa, pero hasta que tus papás no hablen conmigo, Natalia no va a ir a la tuya. ¿Entendido? Es una regla. —Los dos adolescentes asienten.
—En casa está Xavier... —comenta Natalia—. No está siendo una buena semana para mis hermanos. Creo que, si no puedo ir, mejor otro día.
—Vamos a un café con un montón de gente alrededor, en el centro —propone ansioso, casi suplicante. Su novia sabe que se siente solo, que sus papás llevan casi un mes fuera, que actúan como si él no existiera. Siente un poco de lástima, por lo que insiste en salir.
—Natalia, cuatro horas fuera y te vengo a recoger, que lo sepas —responde serio Vidal, y ella asiente mientras le da un beso y un abrazo. Su padrastro le da dinero—. ¿Dónde está tu hermana?
—Se queda a tutorías.
—¿De qué?
—Matemáticas o inglés.
—¿Con qué profesor?
—Soy su hermana, no su tutora legal. ¿Qué mosco te ha picado hoy, por Dios? —responde Natalia mientras se acerca a la ventanilla para darle un beso y un abrazo a Alice.
Vidal pasa del colegio de Alexander porque su hijo le informó que tenía club o taller de robótica. Por último, va por Xavier y Tessa. Su hija es escoltada por Peter al auto. Vidal suspira y Alice le acaricia el pelo.
—Todo lo que tienes que hacer es respirar, papá —comenta de lo más mona. Él comparte una mirada con ella y sonríe antes de bajarse a saludar a sus hijos y al pretendiente molesto. Al menos este no es un delincuente, y su papá se acerca educadamente para presentarse.
—Soy Peter, el papá de este —comenta y estrecha la mano de Vidal.
—Yo soy el otro papá, Augusto.
—Yo tengo tres y creo en el karma, así que bien amenazado está —comenta divertido.
—Yo tengo seis hijas. Estoy al borde de la locura siempre.
—Usted gana.—responde Divertido Peter sr. — A mi esposa y a mí nos encantaría conocerles más a usted y a la señora Vidal.
—Claro, este es mi número. Podríamos ponernos de acuerdo para un café.
Vidal regresa al auto y se coloca el cinturón. Les pregunta a sus hijos por su día. Los dos responden con un “bien” lo suficientemente seco como para que su padre no quiera preguntar más. Casi llegando a la casa, Xavier se pone a hablar de lo aprovechado que es Pete, y Tessa rueda los ojos, mientras Alice intenta no reírse de la situación.
—Bueno, papá regañó todo a Ashton y luego el papá de Pete viene todo formal, muy serio, muy seguro... en fin... la vida.
—Ah, ¿sí? ¿Por qué lo regañaste?
—No me cae bien ningún hombre alrededor de mis hijas.
—Deberías conocer al novio de tu hijo.
—Hoy no estoy de humor para cizaña —responde Vidal. Apaga el auto frente a la casa. Sus hijos se ríen y van todos juntos al interior.
Al regresar, Anastasia está entreteniendo a sus hermanos, y Alice pone al día a su hermana y su madre sobre los acontecimientos. Vidal gruñe y se sirve un café mientras busca qué hacer para cenar. Su esposa se ríe con las imitaciones de Alice.
—Así no fue.
—Sí, te faltó morder a Ashton y vomitarte con el papá de Pete.
—A mí Pete me gusta, es un buen muchacho, familia trabajadora y un caballero... Ashton... malas referencias, pero Natalia es muy terca.
—Creo que genuinamente le gusta —comenta Xavier—. Llevan más de seis semanas y han tenido sexo.
Vidal regurgita su café y sus hijas menores se ríen. Consuelo eleva las cejas intentando disimular su sorpresa y disgusto, acaricia la espalda de su esposo, pero el café caliente ha tomado el camino equivocado… o tal vez el mortal.
—Vidal, no es para tanto —dice Consuelo mientras le palmea la espalda, y más se ríen sus hijas.
—Perdón, seré más sensible la próxima vez.
—Ojalá Dios te depare muchas hijas —comenta Vidal cuando se recompone.
—No pensé que fuera una noticia —comenta Xavier.
—Para mí siempre es una noticia. Tendrán seis esposos y tres hijos cada una, y será una noticia —Consuelo se ríe.
—Deja al hombre vivir su fantasía, por favor.
Vidal toma las llaves del auto y camina hacia la puerta. Su esposa le pregunta a dónde va, y él responde serio:
—A desconfiar. Cerca de la cafetería a la que me dijeron que iban.
—No especificaron cuál.
—Seguro andan en un hotel prohibido —comenta Anastasia.
—¿Un motel?—pregunta su hermano.
—Sí, es que hasta el nombre me disgusta.