Anabelén...

1532 Words
Consuelo está locamente enamorada de Augusto Vidal. Un día me dijo que si tenía que elegir entre vivir o vivir sin él, elegiría no vivir. Esa es mi amiga enamorada: Consuelo no es sexo o locura intermitente, es una mujer apasionada que apoyaría a su hombre en la vida y en la muerte. —Estás regalando seis millones de dólares —repitió Anabelén. —Esto es una empresa, no se regala dinero, se invierte —responde Consuelo, y todos la miran. —De ahora en adelante vamos a manejar el nombre Vidal como un negocio, y para mantenerse dentro de la seguridad del apellido familiar nos toca hacer esfuerzos. —¿Qué pasa si no se me antoja algo tan grande? Puedes cambiarle a tu casa fotográfica el nombre a Pablo. Pablos hay miles, Vidal solo nosotros —responde su hermano serio, y los tres comparten una mirada. —A mí me encanta ganar, entonces ¿dónde firmo? —pregunta Gabriel. —Yo voy a tener un lanzamiento el próximo agosto —anuncia Vidal, y sus hermanos lo ven incrédulos. Anabelén sonríe. —Creo que han estado muy abstemios, pero a mí el dinero no me viene mal, y lo voy a hacer —comenta la mujer—. Voy a seguir las reglas de lo que sea que nos están entregando —responde, y Pablo se pone en pie—. Voy a iniciar el proceso para el cambio de nombres. —Pablo, pensé que la difícil iba a ser Anabelén. La mujer sigue leyendo el folio que le entregamos y va subrayando. Eleva la mirada cuando su hermano responde: —Yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar, ni mi arte tampoco. Tú eres un artista ocasional, sabes lo difícil que es gestionar un negocio, Vidal. Tú siempre puedes volver a operar cerebros; nosotros, si nos estrellamos, matamos nuestra fuente de ingresos y nuestro seguro de vida. Así que a mí no me apetece jugar a nada. —Entiendo que estés nervioso. Tomar fotos lo hace cualquiera con una cámara. Nunca has ganado nada. Eres solo el hijo de un pintor con oportunidades para ir a lugares exóticos y tomar fotos. Vas guindado del nombre. ¿No es esa la historia de tus papás? Digo, de tu mamá, guindándose del apellido hasta para escribir un libro. Seguro que ella sí quiere competir. —Anabelén, basta. —Déjalo, seguro va a esconderse con su mami. Un libro de fotos es lo que va a sugerir. —Anabelén —le llama Gabriel y le hace una seña—, no necesitas atacarlo. —Es un simple maricón. —¡Anabelén! —gritan sus dos hermanos, y Pablo la ve desde la puerta. —Tú hoy crees que solo eres una zorra amargada. En unos meses serás una zorra amargada, mediocre y perdedora. —Tú eres mediocre y un perdedor desde el momento en que te vestiste esta mañana. Pablo se va y Anabelén bebe un poco de agua. Vidal y Gabriel ven a su hermana, y no tardan en preguntarle si tiene algo más que mierda en la cabeza. —Va a venir corriendo cuando su marido se lo explique con palabras gays. —¡Anabelén! —Ay, hoy somos competencia. Déjenme ir por la vida feliz. Decía mi padre: todos los "no" que regalé en la vida te abrieron un montón de experiencias, porque elegiste llevarme la contraria —la mujer sonríe, se pone en pie y les da un golpe con la carpeta a Gabriel y a Augusto—. Que gane el mejor. ¡Felicidades, jefa! Lo estás haciendo mucho mejor. Sacar a mi hermano del retiro artístico es una cosa espectacular. —Con gusto. Lee los términos y condiciones, y cuando quieras discutir cualquier punto, tienes mi número. —Es un placer trabajar con mujeres brillantes y ganarles a hombres con el ego inflado. —¡Qué perra que es! —se queja Gabriel. —Eres mi hermano favorito. Si fuese un concurso de popularidad, ganarías —responde Vidal—, pero como no lo es, voy a romperte el culo. —Antes de que te cocine el culo, ¿por qué no vamos los tres por una cerveza y nos reímos de lo pasivo-agresiva que es Anabelén? —Ya no es pasiva, es una perra rabiosa. —Yo creo que si no tenemos cuidado, Anastasia e Índigo van a ser igual a ella.—comenta Cosnuelo perturbada ante la idea, porque una Anastasia Vidal es dificil pero dos hijos con esa personalidad tan agresiva psicologicamente es aterrador. —¿Anastasia sí? ¿Índigo? ¿De dónde lo has sacado? —pregunta Vidal, ofendido. —Anabelén es su tía favorita. Indignante. Esos tres comieron juntos, se burlaron de los hermanos, disfrutaron de una comida maravillosa, y los Vidal Murdok Mondragón fueron por sus hijos a la escuela. Ash dejó a su novia en el auto, a pesar de que sabía que Vidal la ignoraría. Él miró a su hijastra por el retrovisor, y esta le miró de vuelta antes de preguntarle por su día con total naturalidad. Vidal respondió como si no hubiese visto nada, como si no estuviese molesto, histriónico, a punto de matar a un mocoso que en alguna época sentía como su hijo. En fin, la vida. En cambio, Consuelo estaba dejándose influenciar por sus hijastros. Debió sospechar cuando Anastasia se montó al auto para ir a traer a sus hermanos e iba monísima, conversando, siendo espectacularmente dulce, y Tessa y Xavier la recibieron con besos y un abrazo. —¿Qué quieren mis bebés? —canturreó. —Tengo que pasar a dejar estos cupcakes donde una amiga. —¿Y tú? —Ella me... me dijo... —Vale, ¿por qué tenemos que ir nosotros? —Sus papás se están divorciando, pobrecita, ¿no? —responde—. Como hija de divorciados, me siento... —Vale. ¿Qué tal si le compramos algo más que cupcakes? —¿Desde cuándo eres una buena amiga? A mí no me parece —se queja Anastasia. Hay que darles el punto a estos tres, que son expertos en manipulación. Compraron regalos con el dinero que les dio su madrastra: libros, golosinas del supermercado, pasteles y semillas, unas uvas y unas fresas. Consuelo observó a sus hijos siendo solidarios, con orgullo. Xavier se ofreció a conducir y Tessa a darle direcciones. Ella se sentó con Anastasia en el asiento trasero, y cuando reconoció el lugar al que estaban yendo, sintió que se iba a morir. —¡Ustedes tres! —se queja Consuelo. —Ya estamos aquí. Es la hora de llegada de mi hermano. Que nos aguante y punto. Emma Pieth abrió el portón personalmente y vio a Consuelo sentada en el asiento trasero. Sabáiq e esto no era del todos voluntad, pero sus hijos definitivamente noes taban intetesados en la socnsecuencias,querían vr a su hermano y se plantaron frente a la enorme casa y al aterradora mujer que lo tenía cutivo en sus cabezas. —¿Tus hijos jugaron contigo Consuelo? —Los hijos de mi esposo. Son diabólicos. Te los puedes dejar. —Mis hijos hubieran hecho lo mismo. A mí se me pasó por la cabeza que iban a forzar su entrada, pero el auto de su mamá es como un caballo de Troya. —Es justo lo que pensé. Todo esto fue mi idea —responde emocionada, y extiende su mano—. Tessa Vidal. Un placer. —Tú eres tal cual te describió tu hermano. —Hay una cosa que se llama internet. Puede espiarnos por ahí —comenta Anastasia, y Emma sonríe. —Vale, no perdamos el tiempo. ¿Dónde está Alex? Una semana es una cosa, pero un mes es aislamiento, y eso es fatal para el cerebro. —Estoy de acuerdo. Pero ¿han considerado que su hermano no les quiere hablar? —Ese es su problema. —Responde Anastasia. —Yo quiero hablarle, verle y toquetearlo. Estamos decididos a hacer lo que queramos —responde Anastasia, y Emma se ríe. —Los tres necesitan terapia, consuelo, nada de sol uno, los están llevando a atender. —No creo en eso, entonces no suelo meterme —responde Consuelo. —Yo sí he leído sobre usted. Emma Pieth Altazar, esposa de abogado e hija de dos médicos importantes: Emilia y Alexander Pieth. Es tía de Arturo y por ende de Mily Pieth. Es mamá de tres, primero psicóloga, luego psiquiatra y escritora de El arte de los malos pensamientos. Es brillante, la verdad. Pero no estamos descompensados, tenemos un hermano escondido aquí y estamos contribuyendo a su salud mental. —Alexander. —Alexis. —¡Alex! —gritan los tres, y Consuelo decide escribirle a su esposo: Tus hijos me secuestraron. Y vinieron a exigirle a Alex ser sus amigos. Necesito ayuda porque están gritando en la casa de Emma y me da un poco de vergüenza. El perro está ladrando y creo que ella estádisfrutando de lo locos que están neustros hijos. —Soy yo Teesa, tu hermana con tu hermnao Xavier y Anastasia ¿Nos recierdas?—pregunta dramaticamente y su madrastra contiene la respiración.
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