¿Qué clase de hermanos?

1612 Words
Consuelo Mis hijos a veces son hermanos y otras veces son habitantes del mismo hogar. Esa tarde, justo después de que llegaron del colegio, Xavier se bajó furioso del auto y empezó a llamar a Natalia a gritos. O sea, desesperados, enojados. Mi hija ni había llegado, pero cuando finalmente llegaron a la casa, se encontró con su hermano muy enojado. —Esta pregunta es muy seria. —Claro, dime. —¿Estás saliendo con Ashton? —Depende de qué es salir. ¿Te dijo algo? Porque la verdad me gusta como un 90%. ¿Te dijo algo? —No puedes salir con él. Está totalmente prohibido. No me parece y no es una buena persona. —¿Quién eres tú para decirme qué hacer? —Tenemos historia, y te está usando. —Xavier, no eres mi hermano mayor. Eres el hermano de las hijastras de mi mamá. Cada pelea es un retroceso enorme, es agotadora, es como si de verdad se abriera una g****a en nuestra familia. Y hay portazos, que despiertan a mis hijos más pequeños, a mi marido —que estaba descansando porque pasó mala noche con ellos— y las demás inician una cadena de chismes. Tessa sugiere que lo conviertan en una actividad, pero Mariana y Natalia son un solo paquete, así que adivinaron bien: hay lados... el de Mariana, el de Xavier y el de Alice, quien necesita aprender todos los chismes familiares, así que se va con sus otras hermanas para pasar el chisme a sus hermanas. Yo voy a tomar té con ella porque preparé merienda para todos, personalmente: taquitos de queso, sándwiches, fruta recién picada y té chai mezclado en casa, todo para que mis hijos se peleen. Vidal y Xavier bajan, y mi esposo me entrega a nuestra hija, quien está molesta por el ruido, pero me la acomodo en el pecho y se queda dormida rápido. —Entonces... —dicen las chicas, y Xavier las ve ceñudo. —¿Les interrumpo el chisme? —No, es la hora de la merienda. Las familias comparten su día en este espacio. —Y detalles sobre la vida ajena —responde Tessa antes de ignorar a su hermano y empezar a contar que Ashton era el Anastasia de Alice. Eran unidos, se cambiaban de casa, súper amigos, súper cercanos y súper problemáticos en cuanto crecieron, hasta que chocaron en un auto juntos y Ashton le echó toda la responsabilidad a Xavier. Este había aceptado decir que él iba al volante, pero en el auto habían drogas. Se lo había robado a su padre, y lo único que había salvado a su hermano de la cárcel fue una cámara de seguridad a unos metros del incidente y una señora más chismosa que Tessa. La verdad, los veo asombrados, y soy la enemiga número uno personal del tal Ashton y ni lo conozco. Le doy un beso a mi bebé —el malentendido por el mundo— y le abrazo. Xavier me pregunta si siempre soy así y le obligo a abrazarme de vuelta. —Ahora, con palabras bonitas, puedes subir y compartir un poco de esta historia con Natalia para que ella entienda tu POV. —Mamá, qué moderna eres siempre. A Vidal no le sale. —Alice, deberían funarte —responde Vidal, y las chicas se ríen. Yo subo junto a Xavier e Índigo a hablar con Natalia. Esta mira a Xavier, molesta, antes de que él se disculpe por abordarla de forma grosera —sus palabras—. Amo todos los días más a este mocoso. —Ashton y yo... casi me manda a la cárcel. Me dijo que le iban a castigar. Me cambié de asiento. Cuando los abogados llegaron a la comisaría, hicieron todo por hundirme. Estaba traficando, llevaba droga en el auto que le robó a su padre, y casi me manda a podrirme en un calabozo. Si mi mamá no me hubiese creído, si mis abogados no hubiesen sido competentes, estaría en la cárcel. Es una persona mentirosa y mala, y tú eres familia, eres mi hermana. No quiero que te engañe ni te lastime. —Aww, soy tu hermana. —Ajá. —Yo también te quiero, y me encanta que te disculpes primero. Eres más débil que yo. —Literal, Consuelo me trajo. —Ya... pero tú elegiste disculparte. —¿Se disculpan por despertar a Índigo o los castigo por estar tirando puertas, gritando e insultándose? —Te amo, eres mi hermano mayor favorito. No le digas a Mariana. —Anastasia es celosa. No voy a meterte en mi lista, ya ya... —Vale, ¿qué tal si vamos a merendar? Los dos bajan juntos, como los mejores amigos, los que no se gritaron en absoluto. Yo voy a ver a mi hijo. Está justo estirándose y le conozco ese movimiento. Cualquiera, adorablemente, diría que está creciendo, cuando en realidad, está orinando muy rico. Le lleno de besos, le despierto y le quito su pañal. Lo llevo al primer piso con su hermana, quien está atenta a todo movimiento y me mira con cierta adoración. Alice y Anastasia los saludan e intentan obligarles a identificarlas como sus propias hermanas, antes de que Tessa pregunte a su papá por Alex. —Está bien, siguiendo su programa. Esta semana regresará al colegio para no atrasarse. —¿Entonces puede venir a cenar un día? ¿O podemos ir a verle? —sugiere Xavier. —Por ahora un médico sugiere mantenerle aparte de nosotros. —¿Por qué? Vidal no lo está llevando muy bien tampoco, y no cree que sus hijos estén listos para escuchar que su hermano los ama pero siente que no tiene un lugar en este hogar, en la familia que estamos construyendo. Así que cambia de tema y hablamos del bautizo, del cumpleaños de Alice y... Natalia se le resbala que en un par de semanas, una semana antes de la reina de la casa, es su cumpleaños. —Pero pueden usar la fecha. —¿Por qué no habías dicho nada? —preguntamos Vidal y yo al unísono. —No soy Alice. Nunca he celebrado mi cumpleaños y se me hace raro... me pongo de mal humor. —¿Tú por qué no habías dicho nada? —Tenemos un código de hermanas. —No sé si se han dado cuenta, pero estamos atrapados los unos con los otros, y no pueden haber bandos o más hermanas que otras. O somos hermanas o no somos hermanas —responde Anastasia—, así que si tienen un secreto están obligadas por ese mismo código a compartirlo con nosotros y permitirnos hacer lo que se nos da la gana. —Sí, la verdad, a mí me resiente un poco —comenta Tessa—. Yo las ayudé cuando iniciaron la escuela, me he disculpado por todos mis momentos psicóticos, y ustedes me tratan como a una amiga. Vivimos juntas, en la habitación del frente. No debería enterarme de que tienes un novio inapropiado por un berrinche de Xavier. A veces quedo como zonza, sobre todo desde que no tengo a mi hermano. Creo que a Tessa se le escapó una lágrima, y todos nos quedamos en silencio. Anastasia le da un par de golpes en la cabeza, y su papá le besa en la frente. Le promete que eventualmente su hermano estará mejor y estará listo para volver a casa. Solo hay que confiar en el proceso. Los chicos comparten una mirada y explotan en risa antes de asegurarse de que son capaces de todo menos ser pacientes. Yo les creo. —Cuando uno espera, cosas buenas pasan. Yo esperé y pude ser su mamá, pude ser la esposa de Vidal. Esperamos nueve meses por Índigo e Iman. Creo que si Alex necesita unos días, podemos dárselos —sugiero, y no parecen convencidos. Vidal le promete a Tessa que no es la hija que sobra sin Alex, solo que no tiene a su mitad, que le hace feliz. —¿Quién es tu mitad? —Gabo, por mucho. Es mi amigo, mi hermanito mayor, mi cómplice. Si fuese a robar un banco, llevaría a Gabo. Si fuese a subir el Everest, llevaría a Gabo —sus hijos ríen. —Vale, me encantan las tardes con final feliz, pero quiero ver sus quizzes de esta semana —comento. —Uhh, qué pesada...—Responde Alice antes de ir a buscar en su bolso. Me da el sobre y todo está bien. Xavier tira sus cosas al suelo, y su papá y yo observamos el contenido de su bolso: un montón de dinero, monedas, lancetas, su medidor de glucosa, su kit de insulina (lo único que va bien), jugos de manzana, galletas sin azúcar, un tarro de nueces y unos papeles en forma de origami que son sus quices. —¿Dónde están tus libros? —En el casillero. —¿Y cómo vas a hacer la tarea? —Ya la hice —responde. —¿Cómo vas con los quices? —Te los estoy dando. —Le va bien, le va bien porque si no lo sacan de la banda. Y como le gusta dirigir su orquesta al ñoñazo, entonces se comporta —comenta Tessa, y su hermano le lanza una galleta. Anastasia la ataja, le guiña un ojo y se la come. Yo reviso la carpeta de Natalia: le va regular, la mayoría aprobando y los otros por los pelos, dos o tres puntos. Mariana bien, menos en inglés y matemáticas, y Anastasia dice que está bien. Su papá asiente. —Vale, ¿qué tal si comemos fuera? —propone mi esposo, y los niños enloquecen.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD