La mamá de Alex

1281 Words
Nunca hay una forma agradable de decirle a un niño que su madre murió, ni hay una hora adecuada para darle la noticia a alguien que ha luchado contra una enfermedad durante toda su vida. Vidal había visto a su hijo llorar desconsoladamente, lo había visto reanimar a su madre, inyectarle para que regresara. Alex simplemente no se merecía cargar con ese dolor. Vidal no podía encontrar las palabras. Cuando bajó y vio a sus hijos listos para el colegio, no logró decir nada, solo lo miró, y Alexis supo. —¿A qué hora, papá? —Vidal inhaló profundo. —En la madrugada… Hicieron todo lo que pudieron… —¿De qué están hablando? —pregunta Tessa. —Bella se murió —dijo Xavier para sus hermanas, más que para sí mismo. Le dio un abrazo a su hermano y este lo abrazó de vuelta, sin dejar de ver a su padre. —Bella no puede estar muerta —dice Anastasia, indignada, y sus padres y hermanos la miran—. Bella sobrevive a cualquier cosa, es inteligente, guapa y una excelente bailarina. Está súper joven y sana. —Mi amor, Bella estaba en el hospital… —Esperando a despertarse —responde, histérica—. No puede estar muerta. Bella es una mamá, Alex necesita a su mamá. ¡Ve a despertarla! —grita, y su papá traga duro. Consuelo le acerca una botella con agua. —No quiero agua, quiero que despierten a mi madrastra, a mi amiga. Quiero que alguien le diga que Alex la necesita y que yo la extrañaría. ¡Ve a despertarla! —grita Anastasia, horrorizada. Su mamá ingresa a la casa y pregunta qué está pasando. Tessa le dice bajito que la exesposa de su papá pasó a mejor vida, y su hermana parece preocupada al respecto. —Anastasia, estoy bien, trata de calmarte —le pide su hermano, pero ella no deja de dar vueltas, nerviosa. Su mamá le acaricia el pelo y la abraza. Anastasia llora desconsoladamente y sus hermanos se quedan en silencio. Su mamá la abraza y trata de tranquilizarla. Alex se siente congelado por unos cuantos minutos, pero ver a su hermana llorar le saca al niño pequeño del pecho. Al niño que había hecho de todo y más para despertarla: golpearla, ponerle hielo en el pecho hasta que le quemara, inyectarla para reanimarla, ponerle Narcan en spray… Él había sido un buen hijo, hasta que le mandó esa carta pidiéndole que, por favor, dejara de intentar hacerle parte de un proceso fallido. Alex había escrito todo lo que le dolía y un poco más. Le había escupido y gritado con letras, y Bella no lo había sabido manejar. Había sido un buen hijo… casi siempre. —Alex —le llama Tessa—, ¿quieres sentarte? —pregunta, y su hermano da un par de inhalaciones antes de perder el control sobre su cuerpo. Tessa y Xavier amortiguan el golpe, y Vidal se acerca para darle soporte a su hijo. Está convulsionando. Francesca suelta a su hija y se la pasa a Consuelo para ir a buscar el botiquín de Vidal en el auto. Entre los dos lo medican e intentan compensarlo, pero a la segunda ronda de medicamento inicia una convulsión más fuerte. —¿Llamo una ambulancia o nos vamos en tu auto? —Xavier, quedas a cargo de tus hermanas. Consuelo, necesito que conduzcas. Francesca, coordina con el hospital. Todos comienzan a hacer lo que Vidal está pidiendo, mientras él sigue intentando estabilizar a su hijo. Consuelo conduce como una demente, Francesca exige que le pasen con Arturo y le va narrando lo sucedido. Nada más llegar al hospital, reciben a Vidal y a su hijo sin demasiada respuesta. —¿Cuántas rondas de diazepam? —Tres. —¿Consumió algo? —No —responde Vidal, ofendido, y Arturo lo mira serio y repite la pregunta. —No sé… Vidal sigue la camilla y su amigo niega con la cabeza. —Eres papá, y los papás van a la sala de espera. Francesca le acaricia la espalda y le toma del brazo, lo jala hacia la sala de espera. Consuelo, quien había ido a dejar el carro, regresa un par de segundos más tarde. Su esposo extiende su mano hacia ella, y Consuelo lo abraza. —Está siendo un día de mierda. —Sí —responde Vidal. —Si no estuviese dando lactancia materna, propondría tequila. —Eres divertidísima —comenta Francesca—. Son solo las ocho de la mañana. Consuelo saca de su bolsa lo que parece una pulsera, pero en realidad es una petaca. Su esposo la mira divertido, y Francesca se lleva una mano al pecho antes de quitársela. —Yo no atiendo una convulsión hace unos veinte años. Casi me cago —comenta. —Te enseñé bien —bromea Vidal antes de dar un sorbo—. Hace veinte años, ella venía a mi servicio solo a coquetear o follar, así que la usé un poco y le di clases para refrescar la materia. —Él no sabe nada de cirugía corporal, pero yo creo que puedo cambiarme de especialidad en un dos por tres. —Serías buena, la verdad. Eres de arreglar tetas y culos, pero siempre puedes volver a la medicina de verdad —los dos nos reímos. —Mis tetas van a necesitar un arreglo. —Sí, yo no sé qué tienen los varones, pero jalan el pezón como si no hubiese mañana. Xavier me habla feísimo todo el tiempo, pero me arruinó las tetas. —Y se las arregló de inmediato —comentó su exesposo. —Agustín me las rompió de nuevo. Hay una crema a base de cacao que me inventé, un día de estos te paso la receta. ¿Sabes qué? Te la voy a hacer y no necesitas un descuento, cuando quieras operarte, me llamas. Cuando quieras dejar al pesado que minimiza mi carrera, me avisas. Yo creo que seríamos buenas amigas si no fueras esposa de mi ex. Estoy abierta a ser tu amiga. Soy la mujer que tiene menos interés s****l en este hombre, te lo juro. Vidal es como mi hermano ya en este punto. —Tú te ves como alguien que saldría con su hermano—comenta Consuelo divertida, y Vidal asiente. —Definitivo, pero no volvería con Francesca y no me gusta que tengas acceso amistoso a mi mujer. Aléjate —bromea Vidal, y los tres ríen.—Voy a buscar a mi hijo, necesito que esté estable —responde y se pone en pie. Se encuentra con sus hijos, todos lo miran y él a ellos. —¿Cómo está Alex? —¿Qué están haciendo aquí? —Me dijeron que ustedes querían que vinieran —responde Ramón, y Consuelo lo mira divertida. —¿Qué parte de la historia te sonó a que queríamos niños en un hospital? —Anastasia estaba llorando, Alice estaba gritando y no quería llegar a la escuela temprano. Entonces pensé que era serio, grave, y que necesitaban a sus papás y saber de su hermano—responde con los bebés amarrados en el pecho. Consuelo se pone en pie y va a llenar a sus bebés de besos. Están dormidos con el tío Ramón. Este la abraza y apoya su cabeza contra la de su hermana. —¿Alex está bien? —No nos han dado noticias. Como vinieron sin consultar, pueden tomar asiento y no hacer bulla. Voy a ver si me meto. —Vidal, tengo resultados. Está sin crisis, pero necesitamos hablar. —¿Qué haces aquí, Vidal? —pregunta la madre de Bella, y este la mira agobiado.
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