Una escapadita

1011 Words
Vidal no había sido mucho de ciras y rosas, pero con casi diez personas metidas en su relación le parecía que era buena idea pasar tiempo juntos, así que había decidido no solo ser un buen papá, sino conquistar a la mujer de sus sueños. Había planeado todo para un fin de semana romántico, sus hijos se quedarían a cargo de su madre, si las chicas no querían estar con Antonia podían quedarse con su tía favorita o ir a casa de sus abuelos. Lo estaba pasando super bien con la idea de pasar unos días a solas con Consuelo. Hasta que bajó al primer piso y vio a sus hijas más pequeñas con el ceño fruncido. —¿Cómo es eso de que te vas solo con mi mamá? —Alice, tengo una relación con todos ustedes, pero mi relación más importante es con Consuelo. —Suena ensayado. —Sí, sospeché que tendrían muchas dudas. —¿Hiciste flash cards? —pregunta Mariana divertida y se las quita para leerlas, su hermano ve las flash cards verdes y se queja. —Te metiste a robar a mi habitación. —Las tomé prestadas, Alex. —Papá, esas son mis favoritas. —Qué nerdo eres, ¿quién tiene un color de flash cards favorito? —A mí me gustan las lilas, es mi color predilecto —comenta Tessa—. Qué romántico, una escapada, ¿a dónde van, a la playa o la montaña? —No voy a hacer comentarios sobre el lugar, solo nos vamos —responde Mariana divertida con las respuestas de Vidal. —Ay, qué mono es, a veces quiero que me caiga mal, pero es medio tontaino —dice Natalia riéndose. —Es muy mono, la verdad. Consuelo llegó al primer piso y leyó la flashcard de su novio. Solo vamos Consuelo y yo, sin excepciones. —Mi amor, qué romántico, ¿tienes planes? —pregunta y le llena de besos, sus hijos se quejan por esa demostración pero ellos les ignoran—. ¿Crees que podamos hacer como un mandadito previo? —Lo que tú quieras, mi mamá llega en una hora a cuidar a los niños y las maletas están listas. Consuelo estaba con dolor, pero no quería arruinar sorpresa ni la felicidad de Vidal, así que le dio un beso, y le abrazó, antes de seguir con su vida. Una hora más tarde tal cual lo prometido estaban de camino a las montañas, a una especie de retiro romántico y de descanso. Consuelo apreciaba esos detalles de Vidal, que era un hombre súper atento, amaba de él su capacidad de escuchar, de atender, de amar intensamente, la lealtad que le caracterizaba. Estaba demasiado enamorada de el hombre, por ratos se sentía estúpida, inmadura, a su edad, con tantas experiencias vividas y tres hijas no debería estar ocupando su cabeza en la sedosidad del pelo de un hombre o en pequeños detalles como si le había abierto la puerta o no o si iba muy serio conduciendo. —Mi amor, gracias por lo que planeaste. —El placer es mío, siempre es bueno sacar el tiempo para conectar con las personas que amas. —Yo te amo —responde Consuelo y él sonríe, se ve tan relajado—. ¿Será que podemos escaparnos una vez al mes? —¿Por qué esperar tanto? —¿Qué tal si nos escapamos una vez a la semana aunque sea a almorzar y qué tal si una vez al mes tenemos un espacio solo para los dos tres días? —Me encanta, me encanta todo, todo de ti —Vidal se ríe. —A mí también me gusta. —Qué afortunados somos. —Sí, ¿quieres que te ayude a conducir, que ponga música, quieres que siga hablando o prefieres silencio? —Sigue hablando. —Vale... creo que ayer me gané a Alex con una ecuación de matemáticas. —Adora los números pero no quiero hablar de ninguno de nuestros hijos, a menos que sea ultra necesario. —Bien, pero que sepas que ocupamos parar porque estos dos van sentados en mi vejiga o tienen una guerra de combate sobre mi vejiga. —Esos dos son medio cabrones. —No sé, estoy descifrando su personalidad y creo que hay un bebé que manda y otro que no quiere ser mandado y en su intento de no rebelarse. —Ahh, entonces los dos niños son 100% tuyos. —No me jodas, el mandón puede que sea mío pero el rebelde es proporcionalmente tuyo. —Yo soy lo más dócil. —No, Vidal, eres súper autoritario y mandón y súper dominante. —Nada que ver, ¿con quién me estás confundiendo? —pregunta y Consuelo se ríe. —Con el papá de mis hijos más pequeños, párate por ahí, hay árboles. —Consuelo, estás loca. —Sí, de verdad orino ahí o acá en el asiento guapo. Vidal se estaciona y la acompaña hasta donde Consuelo cree que le verán menos carros. Esta orina. Vidal se veía tan feliz que Consuelo eligió simplemente dejarse llevar por la emoción, el lugar era precioso, fresco, lleno de naturaleza, con servicio al cliente espectacular y toda la privacidad del mundo. Nos bañamos y nos cambiamos y disfrutamos de la naturaleza, hay vistas preciosas, una especie de laguna, todo es perfecto así como el salón y la comida. —Nos merecemos esto —comenta Consuelo y Vidal se ríe. —Mi amor, hacen masajes, tienen jacuzzis y sé que me vas a decir que es una estafa, pero hacen meditación guiada con cristaloterapia. —Cada palabra de esa oración grita cuán snob eres, y millonario, y explica por qué nuestros hijos tienen ciertos gustos. —Soy carísimo de mantener —responde divertido—. Ahora, es muy loco si te digo que nos pongamos un traje de baño, vayamos al jacuzzi y después por la terapia de cristales. —Demasiado loco, pero vamos. —¿Aunque no creas en ningún tipo de terapia? —No creo en eso, pero te amo a ti.
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