El lado de la defensa

1830 Words
En chismes familiares, yo no voy a romantizar la maternidad en esta ni en ninguna vida. O sea, amo a mis dos hijos, pero estoy muy agradecida con la mamá de Alba por haberle dado de mamar y haberla cargado todas las noches. Ramón y yo aceptamos cuidar a nuestros sobrinos durante las noches que sus padres iban a estar cuidando de la peque. Primero, y lo más resaltable: Ramón y yo somos los mejores tíos de Mainvillage, no importa lo que los demás tíos opinen. Nosotros lo somos. Y segundo, después de ver a Ariel tan bebé, tan frágil y todo el amor que trajo a nuestras vidas, los dos estamos casi seguros de que no queremos volver a ser padres y deseamos tomar esa decisión informados. Qué mejor que esta cantidad numerosa de hijos en todas las etapas de la rebeldía adolescente. —Tía Gretta, tu bebé se está metiendo el pie de mi hermana en la boca —me avisa Alice. —Mi amor, deja a tu primita. —¿Mami, vamos a vivir aquí para siempre? —me pregunta Alba, abrumada por la cantidad de personas que van y vienen, conversan, se sirven cosas, cierran gavetas y después otros las abren. Visitar a los primos para ella es toda una experiencia. Creo que siente que está internada en una comuna o algo súper hippy-dippy. —Estaremos dos días y tres noches por aquí, Alba. —Pero lo de Anastasia no es serio —se queja Xavier. —No entiendo por qué no podemos ir a verla. —Su hermanita tiene una infección que podría o no estar en sangre. Es un cuadro que requiere aislamiento, y no podemos ir todos a la sala de espera —les indica Antonia en tono autoritario. Sus kilómetros no preguntan más; el mensaje les ha quedado claro. Pero yo noto que, poco a poco, desaparecen, y eso coincide con el termómetro psicótico de mi hijo y sus primos. Hay una hora en la tarde que todos los papás de los bebés tememos, y es entre 5 y 7 de la noche, cuando comienzan a batallar contra el delicioso Saturno de dormirse. Por dicha, los niños están acostumbrados a mis suegros, quienes vinieron a ayudarnos mientras Antonia y Ramón preparan hamburguesas y papas para la cena, una ensaladita súper fresca y postre. Antonia va cuarto por cuarto y les advierte a sus nietos, cuando bajan muy seriamente, que les agradece no escaparse si no quieren sobrevivir las consecuencias. —Abuela, la desinformación genera crisis —comenta Tessa. —Tómate una manzanilla y sal de tu crisis, Teresaina —sus hermanos se ríen. Y nosotros preguntamos curiosos por el contexto. Tessa rueda los ojos y se sirve solo un plato de papas fritas. —Tessa, de pequeña creía que cuando fuese mayor su nombre no iba a tener fuerza, y le parecía que “Teresaina” era lo más señora que podía convertir su nombre. —Teresaina Vidal. Todos se ríen, y Antonia les promete que, si se portan bien, después de la escuela los lleva a sentarse a la sala de espera. Pero, por ahora, lo mejor es dejar a Tessa descansar. —Sí, pero danos contenido, abuela. ¿De qué se enfermó? ¿Qué tipo de infección? ¿Cómo se infectó? Esta mañana estaba en perfecto estado, de mal humor como siempre. ¡Explícame! —exige Alice. Su mamá ingresa a casa y todos van a repetir preguntas y preguntas. Consuelo trata de tranquilizarlos mientras los lleva a la sala. —Anastasia tenía unas heridas en los pies y se le infectaron. Tenía fiebre y la llevamos al doctor. Le curaron los pies y le están pasando antibiótico, pero Anastasia es alérgica a la mayoría de antibióticos. Entonces están con un médico especialista en infecciones y alergias para que le den el medicamento adecuado y esté mejor. Regularmente, la gente regresa en tres días. Anastasia tendrá que estar ahí durante todo su tratamiento. Consuelo les enseña un video de su hermana. —Estoy bien. Nadie puede dejarse mis cosas, ni mi cuarto ni mi dinero. Estoy como en un retiro por drogas. —Anastasia… —Estoy aquí en contra de mi voluntad. Llamen a la policía. Ya me quiero ir a mi casa. —Anastasia… —se queja su padre. —Alice, hice una lista de cosas que quiero que me empaques, por favor. Y no estoy de humor para visitas ni para más regaños. Regalos solo en efectivo. Un beso. Los quiero mucho a todos. Nos vemos en la casa. Énfasis en la casa. Los niños se tranquilizaron un poco con el video, porque Anastasia quería huir, llamar a la policía, amenazar a sus papás y a los médicos, y tenía órdenes para ellos y para Alice en específico. Su hermana subió a su habitación para alistarle las cosas para hacer crochet, que ella jura que es un secreto pero todos saben al respecto. Además, necesitaba unas cuantas pijamas, sus tres libros favoritos y su canasta de higiene personal. Consuelo decidió consentirla un poco con sus pantuflas, unas cuantas revistas, libros que Alice le recomendó y que quería leer. Sus hijos le comentaron que planeaban obedecer los deseos de Anastasia hasta el mediodía. Consuelo los llenó de besos y trató de tranquilizarlos hasta que regresó al hospital. Su hijastra estaba dormida, sus papás estaban peleando en el pasillo. Consuelo cerró la puerta de la habitación y se acostó al lado de su hijastra. Esta se giró en la cama y la abrazó. —Me hubiera gustado que fueras mi mamá. —Soy tu mamá. Sabes que la maternidad se clasifica en biológica, adoptiva y por unión, pero para mí tú eres mi bebé. Y, como los otros siete bebés que tengo, eres súper importante. Lo más importante del mundo. Te amo y estoy aquí siempre, incluso cuando seas viejita y con arrugas. —Dios permita que no tenga canas, porque me encanta mi color de cabello. —Eres espectacular. —Me gustaría dejar de ir al ballet. —¿Ya no te gusta? —No me importa como antes. No me importa competir o hacer más cosas. Solo voy y me aburro. Todas pelean y siempre hay drama. Y ahora me gustan otras cosas. Creo que esta vez no voy a regresar. Francesca y Vidal ingresan a la habitación. Él le da un beso a su esposa y le agradece por las cosas que ha traído de casa. Ella le acaricia la espalda y le envía los saludos de Alice, y le insiste en llamar a sus hijos. Vidal asiente y le da un beso a su hija menor, antes de avisar que va a volver a salir a conversar con sus hermanos. —Recuérdales la política de no visitar. —¿Has pensado que, más que hacerte preguntas, tus hermanos solo quieren acompañarte? —pregunta Consuelo. —No, gracias… —responde mientras bosteza y se vuelve a cerrar los ojos. Francesca se acomoda en el sillón-cama y se acuesta. A la mañana siguiente, Anastasia es visitada por un montón de médicos, por Emma, recibe terapia y conversan mientras se pintan las uñas. Vidal sonríe desde fuera porque ese es el sueño de Anastasia: pintarse las uñas con lámpara. Francesca se acerca con un café y lo mira a los ojos un par de segundos. —Me enamoré de ti, y estoy agradecida porque tuvimos a nuestros hijos. Sé que me detestan, pero veo en Xavier, Tessa y Anastasia lo mejor de los dos. Son lo más bonito, maravilloso, brillante que hemos hecho. Y eso que hemos hecho cosas grandiosas con estas manos. Sé que hemos sido un equipo, y que de mi lado hay estreses acumulados, apilándose. No voy a echarte en cara nada, pero cuando te caíste yo fui mamá y papá. Fingí que tú estabas trabajando, tratando de dejar pasar lo que sea que vivías con Bella y el niño y todo lo demás. Y estamos más que claros de que lo sucio no se puede cubrir. Pero necesito que, de cara a los niños, me apoyes en lugar de pelear contra mí. Porque dos de ellos están a minutos de cumplir la mayoría de edad y la otra está arrancándose partes del cuerpo relacionadas con el camino y la desconexión con el futuro. O sea, he estado leyendo libros de psicología y psiquiatría, y sé que soy el origen. Pero prometo cambiar. Voy a mejorar, iré a terapia tres veces por semana. Pero no me apartes de los niños. —Llevo meses dándote la oportunidad de hacer lo correcto por los niños. Y yo soy el que tiene que escuchar bromas de seis matrimonios o cuatro fallidos. Anastasia actúa como una mujer de cuarenta años. ¿Sabes cuál mujer de 40? Tú. Y creo que todas las cosas estúpidas como tu extra vanidad, el ballet hasta los quince, ganadora de múltiples papeles y cuanta mierda hayas hecho en la vida… la niña lo hace. Quiere ser médico, y no se trata de mí y de lo mucho que la inspiro. Anastasia toda la vida ha querido ser como tú, pero lo que ve no le gusta. Y la tienes confundida. —Vidal, estoy comprometiéndome. —Francesca, si la psiquiatra recomienda que las separe, lo voy a hacer. Y si la recomendación es que te aparte de todos nuestros hijos, lo voy a hacer. Porque alguien tiene que tomar decisiones por el bien de nuestros hijos. Teodor se acercó a su esposa y a su exmarido después de escuchar lo suficiente. Él había decidido pedirle a sus abogados una recomendación. Y antes de que la conversación se acalorara un poco más, Teodor se disculpó con el papá de su hijastra, separó a Francesca de Vidal, la llevó a la cafetería y puso en videollamada a su abogado. —Hay dos formas de defensa: una pasiva, en la que esperamos escuchar lo que su exmarido quiera quejarse (por ejemplo, el divorcio y el casamiento en menos de un año, el incidente con su hija menor o los problemas emocionales de sus otros dos hijos); o podemos ser la parte de defensa activa y demandarlo por negligencia. La niña se lesionó bajo su cuidado, él también se casó hace menos de un año, y tiene dos hijos nuevos, por no hablar de cuatro hijos adoptivos. Es preferible pelear desde la defensa activa, porque nosotros serviríamos la historia principal, en la que usted es una mamá que quiere asegurarse de que sus hijos reciban el mejor cuidado posible. Francesca, usted es la mamá, y las mamás casi siempre tineen las de ganar. Todo esto lo escuché mientras le compraba unas uvas a mi sobrinita, me tomaba un café en espera de que su seisón finalizara p el control de niño sano de mi hijo, imagínense mi decepción al escuchar esto, mi siguiente misión es no ser vista y advertir a Vidal y Consuelo la que se vine.
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