¿Quién?

1125 Words
Consuelo se despertó y fue a la habitación de sus hijas. Vio a Vidal acostado en el sofá, vigilándolas, y le dio un beso en la frente, otro en la mejilla y lo cobijó un poco más. Luego fue a despertar a Anastasia, quien bufó del cansancio. —Hoy lo voy a pasar fatal. —Te voy a preparar un desayuno maravilloso. Ella asiente y Consuelo le da un beso en la mejilla. —Puedes quedarte. —No es apropiado faltar, no puedo, pero gracias. Anastasia fue a bañarse y se vistió. Cuando bajó al primer piso, se encontró con su mamá y su madrastra. Francesca la llenó de besos y le preguntó si quería quedarse a descansar. —Voy a dormir un poco en el auto —responde—. Gracias, Consuelo, este es, por mucho, mi batido favorito. —Fresas, banano y proteína. Creo que con ese combo puedes pasar… Vamos, vamos a llevar a los hermanos al ballet, al arte y al taekwondo. —Siempre he querido volar patadas y romper madera, pero soy muy descoordinada para eso —todas se ríen. Consuelo y los bebés van en el auto a dejar a su hermana mayor. Esta decide quedarse a ver la clase con Anastasia mientras pide que les manden su desayuno favorito a cada uno de los miembros de la casa. —¿Qué le gusta desayunar a Tessa? —pregunta Consuelo. —Chilaquiles verdes con su picante y bien tostaditos, salsa aparte, ella lo va agregando. Y los huevitos bien tiernos con topping de tocino —responde Francesca—. No es mi receta, tuvieron una nana mexicana y los tres juran que son mexicanísimos. Equivocados están. —Muy bien, Anastasia. Anastasia sonrió y saludó desde su puesto. Sus mamás sonrieron. Al finalizar la clase, Anastasia y Consuelo hablaron de la rutina. Consuelo le puso nombre a cada una de sus amigas y regresaron a casa sin pensarlo. Francesca sigue arrullando a Imán, mientras Consuelo arrulla a Índigo y la mece cada que su hermana da un salto o un giro. Francesca sonríe y las otras mamás las observan como si fuesen un par de bichos raros. —Gracias por querer a mis hijos, Consuelo. —Me recuerdan mucho a mí y me hacen aprender mucho de Vidal —ella asiente. Cuando regresaron a casa, se encontraron con un silencio absoluto. Los niños seguían durmiendo, su papá se había pasado a la cama y estaba tirado en el medio como si viviera solo. Consuelo bañó a los más pequeños con ayuda de Anastasia, la mejor hermana mayor de esta familia. —¿Quieres desayunar de una vez? —No, démosles un chance, pero hoy me apetece un cafecito rico. ¿Qué tal si voy preparándolo? —Ay, sí. —Bye, Imán —dice y la llena de besos. Consuelo sonríe y coloca a sus hijos en el cochecito después de terminar de vestirlos. Luego va a ver qué está haciendo Anastasia y se encuentra con Alice tomando café como una profesional: sin azúcar, n***o y con chismecito con su hermana. Las dos ven a su mamá y Alice le da los buenos días, tan tierna como siempre, pero a Consuelo no se le pasa que le ha dado una paliza a alguien. —¿Por qué te estás portando tan mal, Alicia? —Mi nombre es Alice. —Sí, mi amor, pero eso está muy tierno para el regaño. —Vale, que no me porté mal. Es que mira, Leonor como que no se sabe defender, y están estas niñas tan maleducadas y desubicadas en la vida, y le jalaron el pelo. Les dije: "Por favor, discúlpense con mi amiga". Y no me hicieron caso. Ya este es el tercer incidente, entonces fui con la miss y le pregunté si la escuela tiene políticas antibullying, si resuelven o no resuelven. Me dijo que esas no eran las maneras y que Leonor y yo somos nuevas, que necesitamos buscar adaptarnos. Entonces fui a la dirección y comenté el caso con la directora. Consuelo, para este punto, ve a su hija embobada. Le encantan las palabrerías, la madurez, la fortaleza y el tono loco que está usando. —Entonces le comenté. Me dijeron que iban a consultar con Leonor y las otras compañeras. Me dio su palabra, yo estreché manos con el hombre —señala y su mamá asiente—. Al final del día, no nos llamaron a ninguna y le volvieron a jalar el pelo a Leonor. Entonces, perdí la cordura. —Se nota, hermana. Mira esa mano —dice Anastasia mientras le echa sirope de vainilla a su café—. ¿Entonces qué? —Bueno, me expulsaron por el día de hoy, por si no tuvieron tiempo de leer, y el lunes tienes que ir. Yo lo siento, pero no soy el tipo de persona que deja pasar las cosas. O sea, si algo está mal, se resuelve hoy. —Si no, a darle una cachetada y un puñetazo —dice Xavier—. Esta se pegó con tres y ni va a karate. —Soy fan de ti, eres mi hermana adoptiva favorita. —Yo te siento como un hermano mayor. —¿Seamos hermanos? —propone Xavier. Los dos gritan y Consuelo no puede hacer más que reírse. Tessa se roba un sorbo del café frío de su madrastra y felicita a Anastasia por el café. —Alice, ¿dónde aprendiste a golpear? —Entreno desde pequeña. —Alice, si no me dices la verdad, voy a buscarla y me voy a enojar, princesa. —¿Qué verdad? —¿Qué hacían tus papás, Alice? ¿A qué se dedicaban? ¿Quién eres? —pregunta Consuelo, mirándola a los ojos muy seria. Los demás se quedan en silencio. Consuelo había escuchado a su abuela decir una y otra vez, los hijos están aquí para demostrarnos algo, para recordarnos como vivir bien la vida después de lo que habíamos vivido, la realidad, es que, si abuela creía que había hecho un pésimo trabajo criando a sus hijos porque decidió ser una mujer profesional, mientras las mujeres de su época se quedaban en casa criado a los hijos, su abuelo, en resumen no era la mejor mamá que podía haber sido, pero era una mamá con demasiada sabiduría cuando estaba ocupada criando a sus nietos para que sus hijos fueran gente profesional y después de un berrinche normal de hija su abuela le dijo a su mamá: Esa es la hija que te mereces. Consuelo estaba segura de que su adoración y atracción hacia Alice se basaba en lo que necesitaba sanar en ambas, urgentemente. ¿Quién abandonó a su hija? —Alice, no estoy jugando esta vez.
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