Vidal estaba metido en la bañera cuando sus hermanos asomaron la cabeza. Ramón suspiró aliviado, más adultos, con opiniones adultas. Anabell no amaba demasiado a su cuñada porque se había tomado la molestia de investigar todo su pasado s****l y había aprendido que Consuelo era infiel, insistente, loca, desordenada, que a veces pasaba de un hombre a otro y que había en su registro de indiscreciones pasar de un hermano a otro y matar a su abuela de la impresión. Consuelo no era exactamente la mujer que ella hubiese soñado para que su hermano rehiciera su vida por tercera vez. Después de haber tenido ya una esposa infiel y otra loca y drogadicta, esperaba algo mejor, alguien que no insistiera en parir a sus sobrinos en una bañera, junto a su esposo, el que no ve nacer un bebé desde la última vez que tuvo uno.
—¿Consuelo, estás bien? —pregunta Gabriel.
—Okay, no somos muy cercanas, pero parir es doloroso, tronca. Yo tuve suturas y me duele tener sexo todavía, y era solo un bebé, así que no confíes en Augusto. Él tiene una polla chiquilla con respecto a los dos humanos que están por nacer de ti.
—Yo participé en los partos de mis hijos y me parece lo más alucinante —comenta Gabriel—. O sea, somos unidos y creo que es por eso, porque estás ahí desde el principio, sin miedo a nada. Es la seguridad que necesitan.
Pablo Vidal se acercó a la puerta del baño y dijo:
—Feliz cumpleaños, hermano. Yo voy a estar abajo, donde no haya v*****s ni sangre. Felicidades, Consuelo.
—¡Gracias! —respondieron Consuelo y Augusto.
Anastasia entró a la habitación junto a Alice y se sentó de nuevo a cuantificar contracciones. Su tío la observó intrigado y ella le enseñó sus anotaciones.
—Ni vengas a copiarme. Ya mis papás me dijeron que puedo cortar el cordón umbilical. ¿Sabes que eso es lo que les da el oxígeno a los bebés? Tiene dos venas y una arteria. Lo googleé.
—Ahh, la nueva doctora de la familia.
—Yo quiero entender cómo exactamente Vidal metió dos bebés dentro de mi mamá.
—Recuerda esto siempre: tú de verdad no quieres saber, Alice —le responde su tío—. Pero es fisiología y anatomía, muy complejo.
—Es lo del sexo que no queremos saber.
—Vale, más tarde le pregunto a Xavier.
—Sí, sí... Para eso está Xavier en esta familia —bromea Anabelén y su hermano mayor niega con la cabeza.
Una hora más tarde, de conversaciones innecesarias, Consuelo finalmente dilata lo suficiente como para pujar. Su médico, su esposo, el pediatra y su hija con las tijeras esperan ansiosos el nacimiento de los bebés. Los cuales nacieron sanos. Liam era un bebé precioso, muy alerta, indignado por salir de su comodidad, y Consuelo sentía que su hermana le había empujado hacia el camino correcto. Dos minutos y medio después, su hermana estaba rogando por salir, con prisa, fuerza y más felicidad. Ni le interesaba llorar, solo quería salir de ahí. Anastasia pudo cortar los dos cordones y su padre la miró orgulloso. Luego colocó a los bebés junto a su madre. Consuelo les acarició la cabeza y los limpió.
—¿Qué está haciendo?
—Quiere comer —comenta Vidal, y les vacuna antes de que sus hijos o su esposa puedan intentar negarse.
Los médicos los examinaron casi una hora después y, media hora más tarde, sus hermanos mayores pasaron a conocerlos.
—Son muy pequeños —comenta Tessa—. ¿Estás bien, Consuelo? —pregunta.
—Ehh, eh, eh, felicidades mamá, felicidades papá —les felicita Alice y les tira confeti. Consuelo se ríe y la llena de besos.
—¿Puedo cargarles? —pregunta Mariana, y su papá niega con la cabeza.
—Vacunación en rebaño. Todos los que quieran vivir aquí y cargar a los bebés eventualmente tienen que estar vacunados.
—¿Contra qué exactamente?
—Bajen —les dice su papá.
—Es grosero esto.
—Voy a vacunarme —canturrea Anastasia.
—Anastasia cree que son sus hijos —comenta Vidal mientras ve a sus hijos y su esposa. Luego se acuesta al lado de Consuelo. Los dos ven a sus mamás entrar.
—Esto es pan fresco, sopita caliente y un jugo inmunológico —dice Antonia—. Tu mamá tiene una muy buena receta de sopa.
—Tu bomba inmunológica me supera.
—Es muy buena.
Vidal y Consuelo observaban a sus mamás hacerse cumplidos y las dos anuncian que ya se habían vacunado. Enseñan sus carnets y cargan a los bebés.
—¿Dónde está mi muñeca preciosa? —pregunta el papá de Consuelo—. ¿Cómo estás, princesa? —dice y le entrega un ramo de rosas por cada bebé—. Eres el regalo más lindo que nos ha dado la vida y, con estos bebés, hoy se multiplica —le dice mientras la abraza. Luego abraza a su yerno—. ¿Están bien? ¿Ya comiste, Vidal?
—Ahora bajo.
—Voy a traerte un sándwich y un té —responde y les da a ambos un beso en la frente.
Antonia ve al esposo de Marita y las dos comparten una breve mirada. Entonces, a Antonia le queda claro que Marita fue más astuta. Eligió al golden retriever en lugar del lobo de la manada. Su esposo, en paz descanse, estaría haciendo un comentario indiscreto, amargándole el momento a su hijo. Mientras tanto, el hombre que Marita eligió para acompañarla en la vida había besado la cabeza de sus hijos, la de sus nietos y había procurado por ello.
—Feliz cumpleaños, Vidal.
—Lo es. Es un muy buen cumpleaños.
—Vamos a tener que celebrar en grande el próximo año. Globos por todo el jardín, payasos y pasteles de colores para los tres —anuncia Consuelo, y su marido se ríe.
—No me voy a salvar de esta.
—No por dieciocho años. Y para los veinte años ya estaremos adaptadísimos. Entonces, quién sabe, puede que Alice organice.
—¡Ya me inyecté! El tío Ramón lloró un poquito.
—¿Qué más está pasando abajo?
—Están mi tía Simonetta y mi tía Gretta, y se ignoraron. O sea, no se saludaron y fue incómodo porque llegaron casi al mismo tiempo.
—Muy mal.
—Sí, las abuelas están planeando nuestra semana.
—Eso es útil.
—Sí. Y Alexis está hablando de efectos secundarios de la vacuna, mientras Anastasia intenta aprender cómo inyectar.
—Tenemos un compositor de música y una doctora —comenta Consuelo—. Y dos bebés nuevos —dice antes de ponerse a llorar—. Somos papás de bebés. Yo nunca antes había sido mamá de un bebé, y seguro los niños tienen razón. Ellos son hijos de otras personas, y voy a arruinar a estos dos.
Consuelo llora asustada y los bebés reaccionan de la misma manera. Alice intenta acariciarles la pancita y tranquilizarlos, mientras Vidal trata de calmar a su esposa.
—No me entiendes. Voy a arruinar a estos dos, y Xavier va a terminar tatuándose la cara. Tessa con veinte cirugías plásticas mal hechas que no necesitaba. Alexis va a dejar la escuela—dice en medio del llanto. — Y mis hijas, mis bebés, van a irse de aquí y no volver a hablarme nunca, me van a odiar, sus hijos vana saber de mí la mala mamá, y Alice, seguro... va a ser... floja de allá a bajo de tanto vivir conmigo. Anastasia si no la cuidamos va a ser una asesina serial.
—Consuelo, tú eres una buena mamá. —Interviene Tessa. —nos regañas siempre, te preocupaste, te metes, nos abrazas, preguntas por nuestro día y conoces nuestros hábitos, eres la mejor mamá que la mayoría ha tenido y entre mi papá y mi mamá, casi siempre te elegimos a ti, eres nuestra madrastra favorita y es muy probable que esos bebés te des-amen de vez en cuando pero tu odias un poco a tu mamá, mi papá odia a Antonia, es como una tara generacional, deja de llorar, son las hormonas nos lo dices todos los meses.
—Sí, casi nos caes bien.—comenta Xavier y su hermano asiente.
—Nos caes bien a los que él no contó.
—Sí, los bebés estarán bien y si te mueres Xavier será mayor de edad en unos años, y nosotros tenemos fideicomisos, te prometo darles un 23% a cada uno del mío si te da un sangrado postparto y mi papá cae en depresión severa y los dos se mueren—Le asegura Anastasia.
—Lo que ellos quieren decir es que si ustedes dos fallan ellos van a tener hermanos que harán cualquier cosa por mantenerlos a salvo. —comenta Natalia y ve a su hermana un momento antes de sentarse al lado de su mamá. — Tú eres una fantástica mamá, y das los mejores regaños porque se te enrojecen las cejas y la nariz hace algo adorable y Vidal, ahh Vidal y su mal carácter—los demás asienten e intenta no reírse.
—Ohh, y cuando se contradicen y se quieren pelear, pero nos tienen en frente —Todos se ríen. —Yo crecí con papás horribles, y tú eres lo mejor que le puede pasar a cualquier niño—le asegura mariana mientras va a abrazarla. — y Vidal es súper permisivo, pero no le digas.
—Tú eres definitivamente el mejor papá del mundo —comenta Alex. —Siempre has estado para mí, y Consuelo es... interesante, es una buena persona y una mamá decente, no usas drogas ni tienes sexo con otros hombres, o sea, eres... un diez.
—Sí, sí...
—Este bebé se hizo caca —comenta Alice.