Francesca es un hueso duro de roer, primero porque se había sentido sola toda la infancia y segundo porque se sentía actualmente como una madre deficiente. Eso le pesaba más, pero ahí estaba defendiendo a la única hija que no había decepcionado todavía porque Anastasia pensaba muy poco de ella.
Consuelo estaba tirando puntos muy válidos con respecto a que no les informaron del accidente, le habían arrebatado el puesto como bailarina principal y había puesto sobre la mesa la posibilidad de hablar con la federación de bailarinas y gimnastas del país sobre la situación.
—Señoras Vidal, las escucho a ambas y sé que tienen la razón. Pero... nuestra academia está atada de manos. Francesca ha sido más que una clienta, ha sido la cara de este lugar por años —ella le miró.
—Estoy hablando de Anastasia, no de mí. A mí ya me arruinaron un poco la vida, Tessa ya tiene un desorden alimenticio por su culpa, y la verdad, mi exesposo no está feliz. Augusto y su esposa están pensando seriamente en demandar este lugar. Hemos venido por la relación que he mantenido con la academia de años, pero no dejo de estar decepcionada y molesta —Consuelo la ve tan seria que siente algo de pena por acusarla antes de ser una mala madre.
La mujer apasionadamente defiende a su hija, tanto que terminan acordando una especie de competencia interna por el puesto y les confirman que van a realizar un cambio de asistente para el próximo año. Francesca está encantada con la solución, conoce a su hija, va a ganarle a quien haga falta, y estar con su equipo lo valorará más que una pelea legal.
Su teléfono suena cuando están en la salida del edificio, ella toma la llamada y escucha a su exesposo decir que va a llevarse a los niños fuera del país. Francesca le pide horrorizada que no se los lleve, Consuelo la ve con cierta compasión y busca el teléfono de su abogada de custodias mientras Francesca pelea.
—Rick, no puedes llevártelos.
—Te estoy informando que los niños y yo no estaremos en el país.
—Te he dado tiempo y espacio, pero conozco ese juego, y no te lo voy a permitir. Son mis hijos también y no voy a pelear su custodia en la chingada grande.
—Te estoy informando como dicta la ley que voy a sacar a mis hijos del país.
—Si los sacas, te denuncio por secuestro —le advierte.
—Feliz tarde, Francesca.
Esta se limpia los ojos y ve temblorosa el teléfono.
—Esta es mi abogada de custodias, es feroz. Analía, se llama, es una bestia... la tengo al teléfono y si quieres su ayuda —ella asiente y toma la llamada, le explica cómo han sido sus últimos meses, sus visitas con sus hijos, le dice que Augusto tiene la custodia de los mayores de forma temporal, sus peleas con Tessa y nada suena bien, pero la abogada actúa con total tranquilidad y le dice dónde reunirse.
Consuelo le acompaña, y se siente en un momento como Vidal, ligeramente atrapada en el drama de alguien más.
Vidal
Noticias?
¿Quemaron el lugar?
¿Necesito un abogado?
Consuelo
Todo bien, pero Francesca necesita el gane, no le digas a Anastasia hasta que su madre termine de resolver otra cosa.
Vidal
¿Qué otra cosa es más importante que el protagónico de su hija favorita?
Consuelo
Jum... hija favorita...
Vidal
No le digas a los otros.
¿Qué le pasó a Francesca?
Consuelo
Su ex le quiere quitar a los niños, llevárselos del país.
Consuelo escuchó a la abogada decir: uno nunca termina de conocer a la persona de la que se enamora hasta que se divorcian. Francesca vio la inseguridad cruzando por sus ojos y mientras subían a su auto le dijo:
—Conozco a Vidal desde los catorce años, y estoy casi segura de que me quiso muchísimo. Me amó por un buen tiempo, y a Bella la deseó más de lo que debería, pero es hombre y la tipa es flexible y s****l, en fin... tú eres lo mejor de ambas, eres lo que él necesita, y creo que es la primera vez que está completo —se encogió de hombros—. Eres la persona correcta en el momento correcto.
—Gracias.
—No es nada, haría cualquier cosa porque Vidal tenga su final feliz.
—¿Y con quién es el tuyo? ¿Quién es tu persona correcta?
—El papá de Tessa —responde—. Yo no quería dejar a mi marido y él no quería dejar a su esposa y al final los dos la cagamos, pero es tarde.
—¿Qué tan tarde?
—Tiene una hija a la que no le dejo ver —asiento.
—Sí... tarde y complicado.
—Sí.
Francesca llega a mi casa y va directo con su hija la cual sigue en el sillón tirada junto a Alice, quien es solo una niña de siete años pero trata de consolarla de todas formas porque es su amiga.
—Mamá, ¿tienes noticias? —pregunta Anastasia y su madre asiente.
—Consuelo y yo hemos negociado una competencia interna, y una reinstauración inmediata en tus roles.
—Gracias a Dios, estaba fingiendo que no me importa, pero sí me importa —Vidal eleva una ceja.
—¿Desde cuándo eres religiosa?
—Hace veinte minutos —responde—. Alice y yo tocamos la biblia de la biblioteca —Consuelo intenta no reírse—. Gracias mamá, gracias Consuelo —se detiene un par de segundos y les da un abrazo a ambas para demostrar lo agradecida que está—. Tengo que practicar, te agradecería papá, pero... parte de este conflicto inició a través de tu negligencia, así que... bye —responde y se lleva a su amiga al cuarto para que la vea practicar.
—Entonces, ¿quiénes ganaron hoy como mamás? —pregunta Vidal.
—¿Dudaste por un segundo? —pregunta Francesca—. Hazme el favor, Augy —responde y se despide con un beso en la mejilla.
Vidal toma la mano de Consuelo y le da un beso en los nudillos, la acerca a su cuerpo y la llena de besos, Consuelo sonríe y él la abraza.
—Gracias por existir, cielo.
—Te amo.