Un ataque tras otro

1435 Words
Consuelo no quería darle la razón a Vidal con eso del auto familiar mega enorme porque, según ella, no existen carros enormes, familiares, sexys y bonitos. Sin embargo, sentía lo mismo que él: en esos viajes de más de veinte minutos se conectaba muchísimo con sus hijos. Xavier, por ejemplo, tenía un crush con una chica preciosa, de pelo largo, morena y alta. Era mesera en el restaurante de su tío y compañera del colegio, iba dos años atrás y era muy simpática. Incluso lograba hacerlo babear un poquito. —¿Por qué no la invitas a salir? —preguntó Consuelo. —¿A quién? —A Nadesh. —Nadine —corrigió Xavier, divertido. —¿Ves cómo sí sabes? —preguntó su madrastra. —Es complicado... Es amiga de Alex y no nos llevamos bien. Ella sabe que soy una mierda y, además, va detrás de Wallace. —Bueno, está difícil, porque si tuviera que elegir entre Wallace y tú... —Xavier elevó una ceja. —Te elegiría a ti, porque me encantan los problemas. Las mujeres nunca queremos al bueno o al fácil. —Mi papá es súper fácil —respondió Xavier—. Conoce a una mujer cinco minutos, se enamora y se casa con ella, o le hace un bebé para luego casarse. —Tu papá folla muy bien —dijo Consuelo, y Xavier se sacudió. —Necesitas tener límites. —Vale, entonces no la vas a invitar a una cita aunque te guste, porque es amiga de tu hermano y podría gustarle a alguien más. —Se llama código de honor de los hombres. —Por eso nos divertimos más las mujeres. —Yo considero que tú no eres un buen ejemplo para nadie —respondió Xavier, y Consuelo se rió. —Tienes un crush. —Pon atención a la calle —pidió su hijastro, y Consuelo dibujó corazones en el aire. Cuando llegaron a casa, Vidal estaba preparando la cena para todos. Su novia le dio un beso en la mejilla y le susurró que Xavier estaba enamorado. Vidal, quien tenía una noción de los sentimientos de su hijo, lo miró divertido. —Él sacó lo peor de su madre: se enamora, se las folla y las deja. —Él acaba de insultarte con esa misma analogía, solo que tú acabas casado. —Vale... Tal vez no solo Francesca sea un desastre. —Tú estás guapísimo, desastroso o no —respondió Consuelo, abrazándolo. —Papá —llamó Tessa—, ¿crees que puedas dejarme en el centro? —Estoy preparando la cena, Tessa —le recordó su padre—. ¿A dónde vas? Vamos a cenar juntos. —Tengo una cita con la terapeuta. —¿A las seis de la tarde? —Sí, es el único cupo que había. —Y tú vas a ir sin que te obligue —preguntó su padre. —Después tengo lo de las uñas... —No. Yo solucionaré otro cupo, pero hoy comemos todos juntos. —Alex no está. —Alex es diferente, porque papá lo quiere más, aunque no sea su hijo biológico. Como es el favorito, puede hacer lo que le dé la gana. —Es un hijo privilegiado —comentó Vidal, irónico—. Alex está visitando a sus abuelos maternos, que están en la ciudad. —Tal vez esta vez sí se lo lleven —comentó Anastasia—. Vas a sufrir bastante, papá. —No, porque ahora tiene hijas nuevas y va a tener dos hijos más. Ni se va a dar cuenta si pierde uno —dijo Xavier. —Okay... No sé hasta dónde están bromeando y hasta dónde están siendo crueles. No me encantan las pullas, los reclamos y la pasivo-agresividad —intervino Consuelo. —La verdad, a veces ustedes crean un ambiente incómodo en esta casa —acusó Alice, mientras su padrastro miraba a cada uno de sus hijos. Las hijas de Consuelo entraron en la casa con un postre para compartir y una sonrisa. Saludaron felices y le contaron a su mamá cómo había estado su día. Los Vidal observaron a una familia "normal" interactuar y sintieron un poco de remordimiento. Es que en esas cenas familiares siempre había unos conectando y otros no tanto. Vidal trató de indagar un poco en la vida de sus hijos, pero solo Anastasia parecía tener algo que compartir. —Estoy entrenando gimnasia. Para que sepas, lo tienes que pagar. —¡Uuh, gracias, Anastasia! —Sí. Es más grupal y se practican otras técnicas. La verdad es bonito; por ahora me caen bien todas. —¡Wow! Ese es un milagro. —Sí —añadió su hermana. —¿Cuándo puedo ir a verte? —preguntó Consuelo. —Uh, no creo que te guste, pero seguro puedo invitarte a un recital. —¿Y no puedo ir a un ensayo? —No me encanta, Consu. Las prácticas son más para mí —comentó—. Pero gracias por ofrecerte. —Van las otras mamás —dijo Tessa. —Consuelo no es mi mamá —respondió Anastasia. La mesa se quedó en silencio. —Sin... ofender. —¿Recuerdan cuando cenábamos felices y teníamos paz? —Sí —respondió Marina. —A mí me gustaba más el otro tipo, muy guapo, soltero, sin hijos...—recalca Natalia.— Ya sabes lo que dicen: "Se elige, se elige, hasta que se elige mierda" —comentó Natalia. —¿Algo más que no se quieran guardar esta noche? —preguntó Consuelo. Alice levantó la mano y su mamá asintió para darle la palabra. —Creo que al pollo le sobraba ajo, pero estaba bien cocido. —El mío estaba seco... —comenta Tessa. —Sí, sí... no era el mejor pollo. —Tal vez solo tuvo un mal chef —comenta Consuelo, y los niños ríen. Vidal le acaricia la pierna debajo de la mesa y, después, busca su mano para entrelazar sus dedos con los suyos. A Xavier y a Tessa les toca lavar los platos; Anastasia y Alice deben guardarlos. Natalia y Mariana se encargan de servir el postre, mientras Vidal se prepara un poco de café antes de preguntarles a los niños si están bien con sus estudios. —Vale, odio el inglés —reconoce Mariana, tirándose en el sofá. —Yo no creo poder pasar. Seguro me voy a quedar y van a estar muy molestos —comenta Natalia. Consuelo les recuerda que han hecho un esfuerzo muy grande para ponerse al día con la materia del año. Eso no las exime de dar su mejor esfuerzo, pero tampoco deberían tomarse tan a pecho perder una o dos materias. —Yo tengo la materia de todo el año, puedo prestarte mis resúmenes —comenta Tessa—. De inicio a fin. Y puedo darte tutoría si quieres; a mí me sirve explicar. —Estás eximida. —Porque estudio —recalca—. Y nadie me felicita como a Alex... —Vidal rueda los ojos. —Felicidades, Tessa, por cumplir con tu única obligación: sacar buenas notas. —Gracias, papá —responde de inmediato—. En fin, puedo ayudar si quieren. —Yo igual. Sería feo que se queden; probablemente disminuyan nuestras probabilidades de viajar si están deprimidas. —¿Tú no tienes que salvar tus propias calificaciones? —pregunta su padre. —Necesito salvar mi conducta, no mis calificaciones. —responde Xavier—¿Acaso no lees? —No, no leo lo que me mandan de la escuela. Siempre es dinero o problemas. Consuelo le da un golpecillo en el brazo a Vidal, y este se ríe antes de rodearla con el brazo. Los dos ven la puerta abrirse y, poco después, ingresa Alex a la casa. Les saluda, y se ve tan serio como en los últimos días. A Vidal no le encanta que pase demasiado tiempo con sus abuelos, pero si su hijo es feliz, ¿por qué evitarlo? —¿Cómo estuvo tu cena? —Bien, papá —responde. —¿Qué tal tus abuelos...? —Bien, querían que fuese a visitarles a Inglaterra, tal vez una pasantía. —Visitarles sí, pero pasar más de un mes no es posible, Alex. Tus abuelos y yo diferimos en muchas cosas... —Tal vez sea momento de aceptar que podría estar bien con ellos. —Alex, ¿de qué estás hablando? —Mi abuelo quiere pelear la custodia y... yo creo que es mejor. —¡Pinche malagradecido! —dice Anastasia—. Siempre son los de lentes —lo acusa, y su madrastra le da una mirada de advertencia.
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