Durante varios días, Jaden había estado practicando de la mano de Odis, quien resultó ser un buen maestro a pesar de todo. Y dícese a pesar de todo, porque el hombre no era demasiado serio, y también tenía su propio método de enseñanza, no era algo que hubiera visto con anterioridad. Aparte de que ambos hicieran calentamientos extraños de yoga, también el chico de cabellos claros tuvo que dar diez vueltas al campo entero sobre sus rodillas, y aunque no comprendiera para qué le serviría aquello, no tuvo la fuerza de voluntad para negarse. Ya para el final de la tarde estaba muy cansado, sudando a chorros y sintiendo sus músculos como gelatina. Al terminar su recorrido, se encontró de nuevo con Odis. —¿Acaso esos indígenas están hechos de acero? —No, pero debes pensar como ellos, ser u

