Sebastián se acerca a ellas aún sosteniendo el arco y por su mirada intuye que está muy molesto.
—¿Acaso estás loca?
La mujer no responde, mantiene su expresión de enojo ¿En qué momento habían cambiado las cosas? ¿Que pasaba con Sebastián?
Sebastián las escolta de regreso al carruaje y cuando iba a entrar Dayana el la detiene.
—Dayana viene conmigo —Franchesca echa chispas por los ojos
—Dayana irá en el caballo —el hombre cierra la puerta en la cara de la joven doncella.
—¿Por qué actúas así? —cuestiona
—Significas la destrucción de mi familia, por eso debo odiarte —dice inexpresivo
—Dime que te hice, que yo recuerde no te he hecho daño —responde iracunda.
La expresión de hombre cambia totalmente, sus ojos toman un matiz oscuro, una sonrisa melancólica marca su rostro.
—Simplemente debo odiarte. Hace dos primaveras toda la familia real de oriente desapareció en manos del rey de Prey, todo fue obra de esa mujer malvada, la reina Eleonora, quien pagó su despecho con mi familia.
—No sé nada de eso —grita con desesperación
—Mi padre fue envenenado por su asistente real, orden impuesta por Eleonora. Mis hermanos fueron asesinados con crueldad días antes de la coronación de mi hermano mayor, Solo yo me salvé, aunque muchas veces deseé haber muerto junto con ellos y no llevar la carga de ese odio en mi corazón. Todo mi linaje desapareció en una noche, ví morir a mi madre entre mis brazos y todavía preguntas el por qué mi odio hacía todo Prey.
—Yo...
—¿Princesa? No diga nada, no necesito su lastima.
—No le tengo lastima, yo...
—Debería odiarte, pero no lo hago... Todavía no.
El silencio reinó en el lugar, el principe mantiene su mirada en la ventana del carruaje, con el tiempo queda dormida y cuando despierta el carruaje está detenido, destapó la ventana viendo un extenso valle frente a sus ojos. Ya no están solo la caravana, hay al menos 10 hombres más, Sebastián entra con comida y se la da.
—¿Cuántos días faltan para llegar?
—En Siete días más estaremos dentro de la primera ciudad del territorio Taín.
Franchesca salió del carruaje y pudo ver el paisaje que el lugar brindaba, los pastos verdes y el sol fresco de la mañana acariciaban sus sentidos, su mirada se pierde en la suave brisa que movía las hojas de los árboles
—Cerca hay un lago, ¿quieres ir a lavarte?
—Si
El principe trae su caballo, lo monta y luego extiende su brazo. Franchesca frunce el ceño.
—Se montar caballo
—No lo dudo, pero no le arriesgaré a qué escapes—toma a la princesa por la cintura montandola al caballo, agarra las riendas y cabalga con velocidad hasta el lago.
La vista deja sorprendida a Franchesca, el agua cristalina y fría la invitan.
—Lavate rápido, esperaré cerca
Franchesca asiente y remoja sus manos en el agua, lava su cara con sus manos y dejando caer el agua por su blanquecina piel. Cuando termina se acerca nuevamente al caballo, dónde está Sebastián acostado sobre el pasto.
—Vamos —toma el caballo y parten
Al llegar al campamento los hombres del principe están recogiendo todas las tiendas, pronto partiría de aquel lugar.
—Principe, su caballo está listo —habla Derr
—Gracias, dile a tu hermana que custodie a la princesa
—Si, Alteza
Franchesca iba entrando al carruaje cuando una flecha sonó en el aire y se incrustó en el pecho de un hombre, lo demás sacan sus espadas y se mantienen a la expectativa, se encontraba aún en la entrada cuando Salma la empuja con fuerza y cierra el carruaje, momentos más tarde siente el choque de las espadas y los sonidos de lucha. Pasan varios minutos y por fin deja de escuchar, el pánico se apodera de ella haciendo que se acomode en un no rincón del carruaje. La puerta se abre bruscamente asustando, en frente de ella está el principe y sin mediar palabras sale, Franchesca le sigue.
—Envía este mensaje a tu rey. Yo soy el rey de Taín, el gran oriente, regresaré a mis tierras a gobernarlas. En el futuro volveré y conquistaré Prey entero, la familia real de Prey sufrirá tanto como mi familia. El Reino Taín se rebela contra Prey y asume ser un estado independiente. —al terminar sus hombres lo apoyan con gritos.
Sebastián golpea al caballo haciendo que empiece a cabalgar con el hombre tras de él
—Tomen los caballos, dejemos todo lo que nos atrase el paso, incluído el carruaje. El rey enviará refuerzos para arrancar mi cabeza.
—¿En qué iré yo? —protesta Franchesca
—Antes me informaste que sabes montar caballo, te daré un caballo, aunque te advierto que no te daré ninguna oportunidad de escapar.
Empezaron a cabalgar con premura, en pocos días llegarían a la ciudad. Los días iban pasando y Franchesca se agotaba cada vez más, por fin a lo lejos vió las murallas de la ciudad.
***
En la parte alta de la muralla el rey esperaba a sus hombres con la esperanza de ver muerto a Sebastián, sin embargo, por el largo pasillo de la ciudad vio entrar a solo uno de sus hombres amarrado al caballo.
—Traelo
—Majestad... —empieza a hablar el cansado hombre
—¿Qué pasó con los demás?
—Todos murieron
—Eres un incompetente, te envié para que eliminaras al principe y no lo hiciste
—Majestad, tengo un mensaje
—¿Que dijo?
El hombre procede a decirle todas las palabras del principe, el rey siente como el miedo se apodera.
—Quitenlo de mi vista. Envíen una tropa y atrapen al principe —grita furioso
***
Tras el largo recorrido y pocas paradas, por fin llegaron a la ciudad, Sebastián le dijo que el nombre de la ciudad era Joat, al ingresar a la ciudad buscaron hospedaje.
Franchesca ya se encontraba en su habitación arreglando su oscuro y largo cabello. El principe interrumpe su rutina.
—Descansaremos unos días aquí, luego seguiremos el camino hasta la capital.
—Esta bien ¿ Dónde está Dayana?
—Está en otra habitación
—Bien
—Ya casi es medio día, te esperaré a la cocina.
—Bueno
Poco fue lo que comió, con rapidez sube nuevamente a su habitación.
La noche llegó y Franchesca se sentía desolada, se encontraba lejos de su familia, su tierra, deseaba volver algún día, aunque sería difícil pues, había sido desterrada por apoyar a un rebelde. Tras largas horas de insomnio, decide levantarse y bañarse con la ayuda de Dayana
—Alteza, el principe me dijo que la alistara para el medio día, partiremos
—Gracias, Dayana.
Sebastián entra a la habitación asustando a la doncella quien sale apresuradamente de la habitación.
—¿Cómo has pasado la noche?
—No he dormido
—Tendras tiempo de descansar cuando lleguemos a ciudad de oro.
—Está bien