Me encanta darte placer Me había sorprendido todo lo que Amelia tenía en su poder, tenía un gran imperio y eso había que reconocerlo. Cuando llegamos, había hombres arriba en las casetas, casetas blindadas, y una vez entramos, escuchamos como el cerco eléctrico se lleno de corriente, la suficiente, al parecer, para matar a alguien con un solo toque, cuando bajé de la camioneta junto con Jhony, me encontré con la Diosa, o con Amelia. El que yo supiera su nombre, me hace sentir bien, si bien, Diosa le quedaba perfecto, Amelia se sentía mejor. —Que bueno que vinieron, esos italianos piensan que somos estúpidos —dice ella, claramente molesta, yo asiento y le sonrío recordando todo lo que hicimos hace solo unas horas, y que ganas de volver a repetir. —Imposible no venir a tu llamado —digo mi

