Sonreí victoriosa, la tenía. Era una foto perfecta del sexy y estúpido rostro de Levi.
Ya una vez tenía el cartoncito en mis manos -impreso gracias a la impresora de la habitación - busque un juego de Diana con dardos, que estaba escondido en lo más profundo de un baúl color crema. Una vez la encontré, con un poquito de goma, pegué la foto en el tablero, lo colgué en la pared al frente de mi cama. Bien, ahora todo estaba perfecto.
Tomé el puño de dardos, y los empecé a lanzar, tratando de que se quedaran pegados en la Diana. Sin embargo, mi pulso era fatal, daba en todos lugares menos en su fotito.
Doy un chasquido con la lengua, señal de fastidio. Me acuesto en mi cama, esto es un asco ¿De qué me servía tener una foto de Leviosa si no podía desquitarme con ella? Ahogo un grito en mi almohada. Y entonces, como un flash, la realidad se vuelve un balde de agua fría. Si alguien encuentra esa maldita foto en mi habitación, van a creer que soy una acosadora y eso es lo que menos deseo en este momento.
Rápidamente corro hacia la Diana trato de zafar la fotografía, pero el sonido de la puerta ser abierta hace que un escalofrió mi cuerpo de cabeza a pies. Giro mi rostro por encima de mi hombro, y la sangre se me va a los pies.
Lucas me mira con una sonrisa coqueta, me pongo nerviosa. Velozmente escondo la foto detrás de mi espalda. Si se entera de esto sería mi ruina, este chico sexy descubre lo que oculto, me empezaría a ver como una acosadora y se le explicaba por qué lo hice, sería una psicópata. No importa lo que tratara de decir, en ambos casos quedaría como una loca.
Le dedico una sonrisa, trato de que sea despreocupada, pero en vez de eso, me sale una mueca deforme.
—¿Estas ocupada? —dice, asomando su cabeza por la puerta. Niego con un movimiento de la cabeza- Voy a entrar. Permiso -dice, eh ingresa a la habitación.
—¿En qué te puedo ayudar? —trato de sonar despreocupada.
—¿Tienes libre la tarde?
Pienso bien mis palabras antes de contestar. ¿Tengo algo que hacer con mi vida, hoy, en la tarde? Creo que no. Sin embargo, la idea de la venganza se me hace tan satisfactoria. Se me hacía difícil no aceptar su propuesta, pero no imposible.
—¿Qué haríamos hoy? —pregunto, con total interés.
Se rasca la nuca, titubea si responderme o no. Pero después de unos cuantos minutos se digna a hablar.
—Me gustaría llevarte a unas aguas termales —sonríe. Es una idea muy buena y tentadora. Pienso mi respuesta.
—Bien, suena perfecto —sonrío.
Su mirada se ilumina y la sonrisa tan hermosa que abarca sus labios. Se expande, volviéndolo más atractivo de lo que ya era.
—Te veo en la tarde —asiento con la cabeza.
Está a punto de retirarse, pero de no haberse quedado quieto a medio camino, mis nervios ya se hubieran calmado.
—¿Qué tienes escondido ahí Erina?
El aire se me va por un momento ¿Era una broma? Trate de disimular de mejor manera que tengo en posesión una maldita foto de Levi.
—¿De qué hablas? —digo, tratando de enmascarar mi secreto.
Lucas levanta una ceja, me mira con ironía. Mi corazón empieza a latir con rapidez una vez lo veo acercarse, esto no puede ser cierto ¿Ahora qué hago? Lo tengo tan cerca que puedo ver más detalles de su rostro.
Tiene varias pecas alrededor de los pómulos. Un lunar pequeño cerca de su ceja izquierda y cada vez que sonreía, se le marcaban unos hoyuelos en las mejillas.
—De lo que tienes escondido ahí atrás.
—No tengo nada.
—¿Esta segura?
Mierda, mierda, mierda.
Y como si fuera un juego. Trata de quitarme la fotografía que escondo en mi espalda. Hago lo mejor que puedo para evitarlo, pero el hecho de que sea tan alto, sus brazos tan largos y que su risa angelical me consterne, hacen que esto se vuelva más difícil de lo que debería ser.
—¡Ay vamos Erina, déjame ver!
—¡Ya dije que no! —me hago un puñito, tratando en lo más posible alejar esa maldita fotografía de él.
—¡Vamos no seas aguafiestas!
Ambos tropezamos con la alfombra, caigo en mi cama y el encima de mí. Sin embargo, esto no evita su insistencia en querer ver lo que esconde. Empieza a hacerme cosquillas en todo mi torso. Las risas se convierten en carcajadas, tanto asi que sin darme suelto la foto. Poco a poco, las risas van cesando, nuestros cuerpos están agitados y algo sudorosos.
Lucas tiene su cuerpo sobre el mío, ambos brazos al lado de mi cabeza y una de sus piernas esta en medio de las mías. Mis manos están sobre su pecho -eso porque anteriormente trataba de quitarlo de encima- me mira con intensidad, su rostro, sin embargo, no expresa nada más que ternura. Mi rostro por otro lado está a punto del colapso, puedo jurar que estoy tan roja como un tomate, mi cuerpo tiembla bajo el de el y no puedo, por más que lo intente, dejar de mirarlo con mil emociones que no se descifrar y que mi corazón intensifica mientras los segundos pasan.
Me dedica una sonrisa, y despacio se separa de mí. Me siento en el borde de la cama, sin despegar ni por un momento mi mirada de él.
—Yo... —titubea, traga fuerte provocando que su manzana de Adán se mueva- Debo irme... Espero verte en la tarde —soy incapaz de hablar, la voz no me sale.
Una vez estoy completamente segura de que se fue, me desplomo en el colchón. Mi mirada se centra en la lámpara en mi echo ¿Qué fue todo eso? Mi cerebro aun trata de procesar toda la información, de repasar los recuerdos de hace un momento. Pero es incapaz de analizar correctamente todo, por el hecho de que no llegaba a comprender como tantas emociones incomprendidas se podían aglomerar en mi corazón.
Giro mi cabeza y la fotografía de Levi -quedo toda arruga debido al momento anterior- estaba a costado. Decido tomarla, tratar de arreglarla y echarle un vistazo. Doy un suspiro hondo ¿Qué mierda ocurre conmigo? Últimamente estoy muy emocional.
Decido levantarme de mi cama, acercarme a uno de los cajones de mi mesita de noche y meter la fotografía, era el escondite perfecto. Giro sobre mis talones y mis ojos se encuentran con esa bola de pelos que tengo por mascota, me observa como si fuera un ser inferior y miles de preguntas me inundan mi cerebro ¿Estuvo todo el tiempo ahí?
—¿Desde cuándo estas ahí? —digo, levantando una ceja. Cruzo mis brazos sobre mi pecho y recargo todo mi peso sobre una pierna, finjo indignación- ¿Tu viste algo? -tampoco esperaba que me contestara, pero su cara de odio infinito a la r**a humana me contestaba todo- Perfecto, que se quede así.
Cualquiera que me escuche hablando con mi perfecto y hermoso gato pensaría que estoy loca. Esbozo una sonrisa, como amaba a este animal.
Decido darme una ducha, puse música en mi celular y empecé a cantar a todo pulmón Name of love de Martin Garrix y Bebe Rexa. Este tipo de situaciones son las que hacen que hacen que disfrute tanto la vida.
Tocan la puerta de una forma muy brusca, podía jurar que terminaría hecha añicos por la fuerza con la que fue azotada.
—¡Cállate Belrose! —el grito compuesto por la gruesa voz de Levi hace que esta situación me parezca un completo chiste.
—¡Intenta callarme Abrahams!
Los insultos que eran lanzados del otro lado de la puerta solo provocaban que subiera el volumen de la música y con ella el tono de mi voz. Si él pensaba que, viniendo a mi habitación a interrumpir mi privacidad con sus imposiciones, estaba muy jodido de la cabeza.
—¡Te voy a matar Belrose!
—¡Ja! ¡Como si pudieras Abrahams, un niñito mimado no mata ni una mosca idiota!
—¡¿Que dijiste estúpida?!
—¡Lo que escuchaste, zopenco!
—¡Estas muerta Belrose!
Los sonidos cesaron de milagro. Lo más probable es que ese estúpido se allá ido, terminé de bañarme, pasaron talvez unos quince minutos, hasta que me digné a salir del tocador me puse la bata de baño y salí de la ducha. Sin embargo, no había terminado de poner un pie fuera, cuando mi rostro fue embarrado de una espuma suave -claro, obviando la brusquedad con la que fue atinada en mi cara- paso mi mano por mi semblante y mi mano queda llena de crema de afeitar.
—Jodete —digo con enojo.
-—Te dije que te callaras Belrose.
—¡Estoy en mi habitación, puedo hacer lo que me dé la gana! —reclamo.
—¡Ah pues déjame decirte que este es mi castillo, por lo tanto, esta habitación también es mía!
Frunzo mi ceño ¿Estaba mal de la cabeza? ¿Qué clase de lógica era esa?
—Lárgate de mi habitación.
—¿Qué? —dice, levantando una ceja, fingiendo no entender la situación.
—¡Que te largues de mi maldita habitación!
Suelta una risa burlona, como si yo fuera un mal chiste. Mete su mano limpia en el bolsillo de su pantalón y sin quitar su mueca de victoria, sale de la habitación.
Mi respiración era irregular, estaba enfurecida ¿Qué se creía? Decido tirarme a mi cama, acostarme, relajarme al menos por cinco minutos. Cierro mis ojos, trato en lo más posible de calmarme, hoy fue sido un día agitado y lo único que quiero es descansar.
.
.
Siento como tocan mi cabello suavemente, trato de despertar. Arrugo mi nariz, entreabro los ojos sin embargo aún veo borroso, pero está más que claro que es de noche, eso debido a la oscuridad en la que se encuentra mi habitación. Logro ver una figura masculina, juega con mi cabello y acaricia el dorso de mi mano suavemente. Y como si esto no fuera poco, inevitablemente vuelvo a cerrar los ojos, volviendo a caer dormida,
No podía mirarlo a los ojos. La pena me carcomía por dentro, sin querer deje plantado a Lucas el día anterior. Y ahora, que desayunábamos juntos en el comedor real, rodeados por un silencio incomodo no hacían la situación mejor.
Trago saliva, de no ser porque se encuentra tanto la reina Giselle, Levi y la plástica, ya me hubiera dignado a abrir la boca y pedir disculpas.
Miro por el rabillo del ojo a Levi, sus labios tienen una sonrisa burlista, debido seguramente a los recuerdos de la situación de ayer. La reina Giselle, por su parte, se dedica completamente a degustar con una felicidad inimaginable su desayuno, Camille juega con su comida y Lucas come despacio, con su atención centrada en sus huevos con tocino, yo la verdad no tenía apetito.
—Muy bien —habla la mujer rubia, una vez termina su desayuno— Me iré a hacer mis labores. Con su permiso, me retiro.
Tratamos en lo más posible de dedicarle una sonrisa amable. Minutos después, Levi termina de desayunar, se limpia con una servilleta la boca -la cual lanza bruscamente sobre la mesa- y se retira sin decir palabra. La plástica lo sigue como si fuera abeja buscando una flor. Y agradezco mentalmente que el universo se halla puesto de acuerdo para darnos un momento a solas,
Doy un suspiro de cansancio, trato de buscar las palabras adecuadas. Pero más que eso, busco en lo más recóndito de mi ser, la valentía que está por encima de mi orgullo, todo esto para ver si logro de una vez por todas disculparme.
—Yo... —me maldigo mentalmente por titubear.
La mirada esmeralda de Lucas se centra completamente en mí. Esto no hace mejor las cosas. Me golpeo mentalmente ¿Tan cobarde era que no podía ser capaz de pedir disculpas?
—Yo... —cierro mis ojos con fuerza, Los abro nuevamente una vez encuentro el valor para encáralo— Lo siento en verdad, No era mi intención dejarte plantado como lo hice— empiezo a hablar con rapidez- Y no te imaginas cuan arrepentida me siento, en verdad tenía muchas ganas de pasar tiempo contigo, pero se me fue de las manos y yo...
—Erina.
—Planeo compensártelo, en verdad, porque me siento terrible al respecto,
—Erina.
—Y aunque sé que no merezco que me perdones gracias a mi falta de responsabilidad y...
—Erina por favor -rápidamente hago silencio— Ya paso, ya no importa -me dedica una sonrisa cálida— Cosas como esas les suceden a todos, no tienes de que preocuparte.
—¿Entonces me perdonas? —digo con inocencia.
—¿Debo explicártelo con manzanas?
#LeccionDeVida.
Si Levi es vengativo, Erina lo es aún más.