Capítulo treinta: Mi luna

2000 Words
Ónix  La sensación de frío me hace volver a la realidad, siento la dureza y el frío del suelo contra mis costillas. Abro los ojos y frunzo el ceño intentando descubrir el lugar en el que me encuentro. Recuerdo todo lo que sucedió la noche anterior, el dolor y el olor de pelo quemado. Debo volver con los Guardianes de Bronce y concentrarme en encontrar al hombre sin esencia, anoche varias de las familias de mi pueblo se quedaron sin donde vivir, y perdí a dos niños y no quiero volver a pasar por algo así. — Buenos días, alfa Ónix — Levanto la mirada para sentir el momento exacto en el que un chorro de agua helada cae sobre mi cuerpo desnudo. ¡Maldición! — Bienvenido nuestro modesto recinto — Observo un par de zapatos de cuero frente a mí. El hombre toma una silla y se sienta de manera elegante sobre esta es delgado y desde mi posición logro observar una cicatriz en su cara. Cierro los ojos e ignoro lo que quiera decirme, no voy a ponerme de pie, ni voy a moverme del lugar en el que me encuentro. — Voy a ser muy claro y conciso, alfa Ónix — El hombre hace una pausa y me imagino que espera mi reacción, pero yo solo espero — Esta será su nueva morada, mientras nosotros nos encargaremos de su manada y del cumplimiento de la profecía — Abro mis ojos con furia y siento como la temperatura aumenta en mi cuerpo. El hombre se pone de pie y camina, rodeándome con lentitud; con sus elegantes zapatos de cuerpo me da un puntapié en la espalda y luego se vuelve y se inclina y me mira de frente. — Alguien va a traerle algo para que se cubra, alfa Ónix y de comer, por supuesto. No queremos que se queje de nuestra estancia — El hombre se limpia una mota imaginaria de su pantalón y sale de la instancia por una pequeña puerta que se cierra de manera hermética. De inmediato me pongo de pie y compruebo que tengo los pies encadenados y estoy seguro de que será muy complicado romper estás cadenas, a menos que me cambie de forma y no estoy seguro de poder tener la fuerza necesaria para hacerlo. Recuerdo lo que sucedió la noche anterior, la forma en la que brillaba el cuerpo de Nala y lo que nos dijo el anciano sabio, que pensaba que cuando Nala y yo nos marcáramos podríamos aumentar nuestros poderes. ¿Será posible que mi fuerza haya aumentado? El tiempo pasa con lentitud hasta que escucho el ruido de la puerta y veo a un hombre entrar deprisa y dejar ropa y comida lo más cerca posible a mí. Puedo oler sus nervios y su miedo y sonrío al pensar que probablemente salir de este lugar no será tan complicado. — ¿Puedo traerme un poco más de agua? — Le pido al hombre que asiente deprisa y desaparece del lugar, cerrando de nuevo la puerta. “Esto es una locura, capturamos un lobo y esta mañana me pidieron llevar ropa y comida y hay un hombre encadenado en el lugar en el que estaba el lobo” Escucho la incredulidad y el miedo en la voz del hombre, quien debe haberse llevado un susto de muerte al entrar a este lugar. “¿Un hombre? Esto no es algo de Dios” Contesta el que imagino es su compañero. “Me ha pedido agua, deberías llevársela tú, yo no podría volver a entrar a ese lugar” “Te la ha pedido a ti” “No seas niña, el fenómeno ese, sea lo que sea, no logrará salir de aquí y menos con la bazuca que tengo apuntando contra la puerta” Escucho la risa de varios hombres, calculo que hay un poco más de cinco en el lugar. “Y recuerda la otra puerta, esa no podrá atravesarla, nadie puede salir de aquí sin el código” Si necesito un código, quiere decir que voy a necesitar la mayor concentración de fuerza para poder destruirla. “No entiendo lo que está sucediendo, escuché que el señor de la cicatriz ha ido con algunos hombres al pueblo ese, el de la secta extraña” Están hablando de mi manada, no tengo ni idea lo que el hombre de la cicatriz piensa hacer, pero debo intentar salvar a mi gente. No puedo comunicarme con Lorenzo o Alondra, pero puedo hacerlo con Nala, de eso estoy seguro. “Nala” Me concentro en hablar con ella, pero no obtengo ninguna respuesta, no sé qué hora es y Nala podría estar durmiendo todavía y estar agotada después de los cambios que vivió anoche. “Nala” Lo vuelvo a intentar poco tiempo después y en ese momento siento su esencia y el olor a vainilla invade todo a mi alrededor y estoy segura de que ella me está escuchado. “Nala, algo está pasando, no sé lo que es, pero debes buscar a Lorenzo y a Alondra” Espero su respuesta y que ella pueda llegar hasta Lorenzo sin ningún problema, no tengo mucha información, pero al menos puedo ponerlos sobre aviso. Espero que estén a tiempo de hacer algo. “¿Ónix? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? Aquí las cosas se están saliendo de control, han tomado de rehén al anciano sabio y no sé qué hacer para ayudarlo” La furia hace presa de mí, han logrado llegar hasta la gente de mi manada y tengo claro que esta gente no tiene escrúpulos y si no salgo de este lugar en este mismo momento, probablemente van a lastimar a todos los que quiero. “Estoy bien, volveré pronto. Tú busca a Luciano y a Alondra” Hablo con frialdad porque no quiero preocuparla más de lo que ya lo está; quisiera decirle muchas cosas, hablarle de otra forma, porque acabamos de enlazarnos y, sin embargo, ni ella, ni yo lo queríamos. “Vale, iré ahora mismo a buscarlos” Voy a contestarle, pero prefiero abstenerme y concentrarme en salir de este lugar. Me concentro en mi lobo interno y siento el momento en el que mis extremidades empiezan a crecer y aprieto los dientes soportando el dolor habitual. Espero que el hombre que debe traer el agua no llegue antes de que mi transformación se complete. Intento respirar con calma y obligo a mi lobo a esperar, él gruñe y nos movemos en círculos, el encierro no es algo que soportemos. Escucho los pasos del hombre acercándose antes de que la hermética puerta se abra, y espero en posición de ataque. En segundos, he destrozado el cuerpo del hombre y de todos los que se encontraban en el lugar sin darle tiempo a reaccionar. Concentro toda mi fuerza en derribar la puerta forjada, uno, dos, tres intentos sin lograr nada. Pienso en Nala en su brillo y en como sentí el calor aumentar en mi ser cuando nos enlazamos y recuerdo la marca en mi cuello, me concentro en ella y vuelvo a intentarlo y el tercer intento la puerta cede y los bloques a su alrededor se desmoronan sobre mí. Soy recibido por varios impactos de bala de los hombres que vigilan el exterior de lugar, en segundo y lleno de furia me lanzo contra dos de ellos y continúo hasta terminar con todos a mi alrededor. Siento un leve dolor por los diferentes impactos de bala que recibí y me concentro en volver a estado normal. Resisto el cambio, esperando hasta que mi cuerpo vuelve a la normalidad, vuelvo sobre mis pasos, y busco entre algunos escombros la ropa que me dejó el hombre y unos segundos después me detengo en la entrada de mi pueblo. Escucho y siento la furia de la gente de la manada y sin comprender lo que sucede me dirijo hacia ellos; estoy vestido de n***o y siento el ardor de mi marca en mi cuello y tengo la impresión de que está resplandece a medida que me acerco al lugar donde se encuentran todos reunidos. El olor a vainilla de Nala se intensifica y siento su miedo y su ansiedad; está asustada y siento un frío intenso a mi alrededor, Nala tiene frío y me necesita. — Pero esta no es la hechicera de la profecía, no, señores, ella no es una descendiente de nuestra esperada hechicera, esta mujer es una humana que entregando su alma al demonio, se alió con la bestia del bosque para ayudarlo a asesinar a niños y mujeres — Frunzo el ceño y cierro mis manos en puños al escuchar las palabras de Homero. Observo todo a mi alrededor y el hombre de la cicatriz amenaza al anciano sabio con un arma en su cuello, mientras Kaya y Luminara se encuentran en la misma posición con cuchillos alrededor de su cuello ¿Qué hacen aquí? Al lado, Luciano y Alondra y varios de mis centinelas están siendo apuntados por armas de fuegos y mi madre es sostenida con fuerza por la mano de Homero, mientras este empuja a Nala frente la muchedumbre enardecida. ¿Qué diablos? — Ella es una bruja que quiere acabar con nuestra r**a, la bruja del bosque — Exclama Homero como si fuese todo un predicador y yo observo a los hombres y mujeres de mi manada lanzarse contra ella. — ¿Qué diablos sucede aquí? — Levanto la voz y observo como todas las personas se detienen en sus posiciones, como si hubiésemos estado jugando el congelado. Me acerco hasta el centro del lugar mientras cada persona se hace a un lado dejándome el espacio despejado. Mi mirada se llena de fuego por la ira y por el deseo que siento al mirar a Nala vestida como una amazona frente a mí; escucho los latidos de su corazón y su pecho se mueve al mismo ritmo de este. “Ónix ¿Estás bien?” Su pregunta está llena de ansiedad y yo intento calmarla. “Todo está bien, mi luna. ¿Tú estás bien?” Ella asiente mientras llego hasta su lado y la tomo de la mano, enfrentando a todos los reunidos en el lugar y girando con calma. — Te prohíbo volver a tocarle un pelo a mi mujer — Le digo a Homero con los ojos inyectados de furia — Suelta a mi madre y piénsalo dos veces antes de volver a provocar una revuelta de este tipo, a menos que quieras ser exiliado de este lugar o que tu cuerpo sea destrozado — Sostengo la mirada de Homero hasta que, este suelta a mi madre que se aleja de él de inmediato. Me vuelvo hacia mi pueblo y observo de reojo que siguen amenazando al anciano sabio y a mis hombres y mujeres, mientras todos siguen en silencio. — Yo soy y seguiré siendo el alfa de esta manada y nadie va a reclamarla o hacerle daño sin esperar represalias mientras se encuentra bajo mi mando y protección — Todos escuchan mis palabras, pero estoy seguro de que cuando termine de hablar deberé actuar de inmediato, antes de que esto se vuelva un desastre. “Nala, Lorenzo, Alondra, necesito de su ayuda en el momento en el que termine de hablar” Les digo y me tomo un segundo para esperar sus respuestas. “Estoy lista” Responde Alondra. “Cuenta conmigo” La respuesta de Lorenzo no me defrauda en absoluto. “Y conmigo, aunque no tengo ni idea lo que debo hacer” Dice Nala y yo evito reírme a carcajadas. — Esta mujer, no es ninguna bruja como nos lo está vendiendo nuestro querido Homero — Levanto la voz llamando la atención de todos a mi alrededor — Ella es mi mujer, mi luna y desde este momento vuestra luna — Las exclamaciones de asombro no se hacen esperar y tengo claro, que es el momento de actuar. “Ahora”
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