En un lugar del bosque perdido
El cuerpo de Ónix cambia de manera dolorosa, cada hueso que se quiebra y desgarra su piel, produce un fuerte sonido y el dolor, aunque se haya convertido en algo habitual, continúa siendo doloroso.
La mente del alfa se esfuerza por controlar a su lobo, lo que en este momento y después de todo lo que acaba de suceder con Nala le resulta en extremo complicado, puesto que no le resulta fácil razonar por sobre todos sus instintos.
El inmenso lobo observa a Nala que se encuentra dormida en el auto, se sostiene en posición vertical sobre sus dos patas, arranca la puerta del auto y toma el cuerpo de Nala, casi destruyendo la parte superior del auto.
En segundos ha llegado hasta su pueblo y entra por la puerta ventana de su habitación que ha sido adecuada para permitirle el ingreso a su casa en la forma de lobo y sin fijarse en nada a su alrededor, deposita a Nala sobre la cama.
Se aleja de la casa de su madre, la que debe estar encerrada en la cava subterránea.
Se aleja del pueblo a una velocidad inverosímil, después de observar a varios lobos centinelas a su alrededor, vaga por el bosque, recorriendo kilómetros y kilómetros en sus profundidades.
Se acerca a su antigua cabaña y continúa vagando hasta llegar a un claro en el que el olor a vainilla de su luna se intensifica y el lobo n***o aúlla posesivo llamando a su compañera.
El leve olor a vainilla, característico de Nala, se difuma a su alrededor y el lobo pierde el control y continúa su camino, buscando encontrar de nuevo su olor.
Se mueve con agilidad y en segundos se encuentra fuera de la casa de Nala, la bordea en repetidas ocasiones y se desvía por un camino en la parte trasera de la casa, que lo lleva hacia frondosos árboles.
Su espinazo se eriza y se eleva, su cuerpo se tensa, Ónix gruñe, sus ojos se iluminan y sus orejas se vuelven más puntudas de lo normal.
Su cuerpo se pone en posición de ataque, siente los diferentes olores a su alrededor, sabe los cazadores se encuentran cerca y que lo
tienen rodeado. No puede permitir que lo atrapen, su manada y Nala dependen de él.
Vuelve a gruñir, intenta contactar a los centinelas de su manada o cualquier lobo que se encuentre cerca, pero no lo logra, está solo esperando el ataque, pero los segundos continúan y nada sucede.
Se posiciona enterrando sus garras con fijeza en el suelo y vuelve a gruñir.
Algunos metros atrás y escondidos detrás de varios árboles, para no estar en la mira del lobo n***o, más de diez cazadores, esperan la orden de su jefe para atacar al lobo.
El hombre que les ha encargado acabar con el lobo n***o, se encargó que crearle una trampa al dejar en este lugar algunos objetos de la propietaria de una casa cercana y aunque los hombres al principio creyeron que ese hombre estaba loco. Ahora que el lobo llegó hasta donde lo querían tener, los cazadores están impresionados.
— Recuerden lo que hemos hablado, el ataque solo podrá hacerse en el momento en el que yo les diga — El jefe se comunica con todos por una frecuencia de radio interna, con unos aparatos de avanzada que les entregó el hombre que los contrató.
— Todos preparados — Dice uno de sus hombres.
— A la cuenta de tres, disparamos cinco dosis — Les dice el jefe — Uno, dos, tres ¡Ahora! — El ataque se realiza de manera simultánea.
Ónix recibe varios impactos con sedantes en su cuerpo, se queja por el ardor que le provocan, aunque no es mucho, siente que le calientan la piel.
A pesar de que lo han atacado con más de cinco dosis de sedantes, el lobo se mueve con rapidez y ataca en segundos a los cazadores que le han disparado, destrozando sus cuerpos.
— ¿Vieron eso? Ha acabado con los hombres que se encontraban más cerca — Dice uno de los cazadores en pánico — Me largo de aquí — El hombre se aleja sin mirar atrás.
— ¡Maldita sea! No podemos dejarlo así o va a cazarnos y destrozarnos a todos — Dice el jefe, pero ninguno de los hombres le responde.
— Debemos aprovechar que el lobo se encuentra solo, algo que por lo general no sucede — Vuelve a hablar el jefe.
Con el olor de la sangre invadiendo sus fosas nasales, Ónix empieza a sentirse un poco perdido y cansado, escucha lo que dice uno
de los hombres y sus ojos resplandecen de la furia.
Sus fuerzas menguan, y, sin embargo, el lobo n***o continúa atento, al acecho.
Los cazadores estaban seguros de que sería complicado cazar a este tipo de lobos, que son inmensos y además es un jefe de una manada. Lo que no esperaban era que se encontrara solo y antes de que su manada llegue a apoyarlo, deciden actuar.
— Todos atentos, vamos a pasar a la segunda parte del plan — Dice el jefe y los cazadores que continúan con vida, le responden de inmediato que se encuentran listos — Ahora, enviamos la primera carga —El sonido de una explosión aturde al lobo por un segundo, aunque logra moverse y no ser tocado por el artefacto.
— No lo ha tocado jefe — Dice uno de los hombres.
— Qué puta mala puntería. Lancen el siguiente ¡Ahora! —
El lobo no logra escuchar con claridad la orden que ha dado el hombre y la segunda explosión impacta con fuerza en su cuerpo.
Las llamas se apoderan del cuerpo del lobo que gruñe y aúlla lastimero por el dolor que seguramente estas le causan.
— Le hemos dado, se está quemando. ¿Qué hacemos, jefe? — Pregunta uno de sus hombres.
— Disparen de nuevo, pero solo dos veces — Los cazadores aprovechan el momento para atacar de nuevo al lobo, lanzándole otros dardos sedantes — Ahora esperemos — Concluye el jefe.
El lobo se mueve a su alrededor lastimero hasta que al final se desploma mientras el fuego sigue incinerando su piel.
Los cazadores esperan, saben que deben cumplir a cabalidad con las órdenes de su jefe y a pesar de que el tamaño del lobo les genera muchas dudas, saben que deben arreglárselas para encerrarlo en el sótano de la casa que se encuentra cerca.
— ¿Vieron manada de idiotas? Hemos capturado al alfa, al jefe de la manada de estos lobos gigantes — Grita, uno de ellos, eufórico porque podrán cumplir con las órdenes de su jefe y recibirán una comisión excelente.
— Ahora sigue lo bueno, tenemos que trasladarlo antes de que se despierte — Dice el jefe.
— No va a despertarse, está muerto, ningún lobo va a vivir después de esa carga de sedantes y esa explosión — Pronuncia uno de ellos mientras todos se acercan sigilosamente hasta el lobo.
Las luces de un auto iluminan el lugar y pueden observar al lobo con la piel quemada por completo.
— A trabajar, vagos. Vamos a remolcar a este perrito chamuscado — El remolque del todoterreno desciende y los hombres se acercan con reservas al lobo.
Uno de ellos lo patea en repetidas ocasiones, hasta asegurarse de que el lobo no reacciona.
Más de cinco hombres empiezan a empujar al lobo, una y otra vez sin lograr moverlo más de unos centímetros.
— Cómo pesa este puto animal — Los cazadores retoman sus esfuerzos, hasta que algunos minutos después, logran remolcarlo y todos salen del bosque, entrando por una rampa que lleva el auto hasta un sótano.
Un hombre alto y delgado con una cicatriz en la cara los espera en el inmenso lugar.
— Señor, tenemos al alfa — Le dice uno de sus hombres.
El hombre se acerca al remolque y observa a Ónix en detalle.
— Enciérrenlo, antes de que empiece a recuperarse y se despierte — Le dice al hombre que lo mira con incredulidad.
— Pero señor, ese lobo está muerto. Sería imposible que se recupere — Lo contradice el jefe de los cazadores y el hombre de la cicatriz lo levanta en su peso y aprieta su cuello con su mano, empezando a asfixiar al cazador.
— He dicho que lo encierren y lo que yo digo, se hace. Sin comentarios — El hombre empieza a patalear, empezando a perder el sentido y en seguida cae sobre el suelo cuando su jefe lo deja caer sin contemplaciones.
— ¿Y ustedes qué esperan? ¡Enciérrenlo! — Les grita a los otros hombres que de inmediato acercan el remolque unos metros más.
Al detener el remolque se escucha un fuerte estruendo cuando el cuerpo de Ónix cae al suelo.
De inmediato el hombre de la cicatriz activa un interruptor y una puerta de hierro y de acero puro se desliza dejando encerrado al lobo.
— Por fin te tenemos y “el sin alma”, estará feliz de ir por ella y acabar con los hombres lobos y con la hechicera.