Aún no entendía lo gracioso de esta profesora, era mi décima clase con ella y todos se reían de sus bromas forzadas menos yo.
–Muy bien, jóvenes y señoritas, recuerden ir trabajando en su proyecto para la primera evaluación, equipos de máximo cuatro integrantes –apuntó la maestra.
La maestra era algo grande pero no lo suficiente como para tener canas en su cabello, tenía algunas arrugas en su piel y usaba unas gafas color n***o.
Tomé mis cosas y salí del aula, coloqué mis audífonos y presioné play. Cerré mis ojos disfrutando de la música mientras caminaba por el pasillo de mi nueva escuela.
–Cuidado, tonta –logré escuchar mientras mis libros caían de mis brazos hasta golpear el suelo de color mármol.
Levanté la vista viendo a tres chicas riéndose de mí. Eran las tres chicas populares de la escuela, las tres rubias, las tres altas, las tres con un gran cuerpo. Solté un suspiro y me agaché para recoger mis cosas.
–Son unas idiotas –una voz femenina llamó mi atención mientras me tendía una de mis libretas.
–Gracias –contesté tomando la libreta–, lo son.
–Soy Kathy –se presentó.
Era alta, ligeramente un poco más que yo, su piel era morena y sus ojos verdes esmeralda, su cabello lacio y unas pestañas enormes, vestía un jean de mezclilla clara, una camiseta blanca básica y una chaqueta de mezclilla a juego con el jean junto con unos Converse totalmente negros.
–Olivia, un gusto –hablé algo nerviosa.
–Eres nueva, ¿cierto?
–Sí, ¿cómo lo sabes?
–Chica, la escuela no es tan grande como para no notar nuevos estudiantes, y no tan accesible económicamente.
Asentí sintiéndome intimidada.
–Lo siento, no quería sonar tan ruda –sonrío la morena.
–Está bien –hablé negando con la cabeza.
–Ven –me sonrió como si planeara algo.
La seguí de cerca, procurando no perderla de vista. Caminamos hasta el campo de futbol americano y nos escurrimos debajo de las gradas para encontrar a un pequeño grupo de chicos ahí.
–Hola –habló animadamente hacia un grupo de chicos ahí.
–Hola, Kathy –saludó una chica de entre el grupo.
Los demás simplemente asintieron.
–Ella es Olivia –habló presentándome.
–Hola –saludé nerviosa.
Todos sonrieron hacia mí.
–¿Qué haremos después de clase? –preguntó la misma chica que saludó a Kathy.
–Vamos al parque –respondió un chico de manera sonriente.
–Me parece perfecto –animó otro chico.
–¿Quieres ir con nosotros? –me preguntó Kathy.
–Claro, supongo que no habrá problema si solo es un parque.
–Sí, solo es un parque –habló el chico que sugirió el plan.
...
Escribí un mensaje rápido a mi madre avisando que había hecho amigos y que saldría con ellos después de clase, aprovechando que era viernes.
–Vamos, Olivia –me habló Kathy haciéndome pegar un pequeño brinquito.
–Sí, claro.
Salimos de la escuela y caminamos hasta el estacionamiento, ahí nos esperaban los mismos cuatro chicos de las gradas más otros dos los cuales se me hacían conocidos.
Kathy corrió hacia el grupo y se colgó de uno de los conocidos para mí, atrapando sus labios con los de ella, yo seguía caminando mientras no apartaba la vista de ellos.
–Hola –saludé tímida.
–Hola, Olivia –habló uno de los chicos.
–¿Vas en el grupo de Kathy? –preguntó la misma chica de hace horas.
–No, yo...
–Ella va en mi grupo –habló el otro nuevo chico.
Nunca le habría puesto atención de no haberlo visto ahí. Era alto, con la piel casi pálida, su cabello era oscuro, n***o, sus pómulos se marcaban por lo delgado que estaba, sus labios eran rosados y sus ojos azules, sostenía un cigarrillo en su mano derecha, dio una calada y pocos segundos después soltó el humo.
–¿Vas con Jesse? –preguntó sonriente la misma chica.
Busqué a Kathy, y ella seguía en lo mismo con aquel chico.
Volví la mirada hacia abajo y encogí mis hombros.
–Sí, supongo –di una mirada rápida al supuesto Jesse.
Él ni siquiera se molestó en verme.
–Oh por cierto, mi nombre es Nathalie –habló la chica.
Asentí sonriendo.
–Él es Cam, Zack, George, Jesse por supuesto, y el de allá con Kathy es Tyler.
No sabía que decir, así que simplemente volví a asentir.
–Vámonos –habló Kathy después de tanto besuqueo con Tyler.
–¡Yey! –soltó Nathalie.
De alguna manera me recordó a Jane y sus expresiones tiernas.
Yo subí al auto de Tyler, junto con Kathy y Nathalie, mientras que los demás chicos se fueron en el que parecía ser el auto de George. Observé a Jesse, quien terminaba su cigarrillo y lo arrojaba al suelo, su mirada chocó con la mía haciendo que la evadiera lo más rápido posible.
En el recorrido pude apreciar varios parques pero en ninguno parábamos, así que simplemente me mantuve callada.
–¿De dónde vienes, Olivia? –preguntó Nathalie.
–De Boston –respondí orgullosa.
–Cool –respondió.
El día comenzaba a oscurecer y nosotros no llegábamos a nuestro destino, tampoco había sido que saliéramos temprano de la escuela, porque siempre acababa cerca de las cuatro o cinco de la tarde y hoy no había sido la excepción.
Por fin llegamos a nuestro destino, pero este no era un parque en verdad.
Bajamos del auto, George y los demás llegaron segundos después de nosotros.
–Deja tus cosas en el auto –me sugirió Kathy, a quien hice caso.
Seguí a los chicos, dirigiéndonos a un club llamado El Parque, reí ante la ironía.
La seguridad nos dejó pasar sin problema, y justo en el primer paso que di dentro de aquel club el olor a hierba mezclada con alcohol y algo de sexo inundó mi nariz y la música electrónica mis oidos, Kathy y los demás parecían animados, pero yo estaba más que nerviosa.
–Ven –Nathalie tomó mi mano y me jaló con ella.
Caminamos hasta llegar a un pequeño pub donde cabíamos exactos, Tyler pidió un trago para cada quien y él y Kathy no perdieron un segundo para atacarse a la boca.
Nathalie hablaba animadamente con los demás chicos mientras que yo, nuevamente, permanecía callada.
Miré a mí alrededor, notando que el lugar estaba completamente inundado de jóvenes de entre veinte y veintiséis años.
–Aquí tienen –habló un señor, dejando los tragos en la pequeña mesa de cristal frente a nosotros y alejándose.
–Bien –habló George–, aquí tienen.
Nos dio una pequeña pastilla a cada uno de nosotros, metiéndose la suya a la boca sin perder tiempo pasándola con el líquido en la mesa.
–Disfruten.
Observé como todos la ingerían, al igual que el trago y sonreían entre ellos.
Mi corazón latía fuertemente y veía nerviosa aquella pastilla.
–¿Es tu primera vez? –una voz masculina llamó mi atención.
Levanté la vista rápidamente encontrándome con Jesse.
–Sí –respondí nerviosa–, ¿qué se supone que me pasará con ella?
Él se acercó a mi oído para poder escucharlo aún mejor a causa del alto volumen en el club.
–Te divertirás como nunca –guiñó un ojo.
Mojé mis labios y sonreí de lado.
Suspiré y me coloqué la pastilla en la lengua, y me tomé el líquido de un solo trago, justo como los demás.
–Felicidades –me habló de manera lenta contra mi oído, alterando nuevamente mi palpitar.
Tomó de mi mano y me jaló con él hasta la pista de baile.
Justo iniciaba una nueva canción, era lenta, pero no dejaba el ritmo electrónico.
Jesse me dio una vuelta y me dejó de frente a él, empezó a balancearse al ritmo de la canción sin soltar de mi mano, yo lo miraba quieta, admirando lo bien que se movía, volvió a darme una vuelta dejándome de espaldas a él, tomó esta vez mis dos manos y las subió dejándolas sobre mi cabeza, sentí su pecho pegado a mi espalda y su tibio aliento chocó contra mi oído.
–Déjate llevar, linda –susurró mientras bajaba sus manos por el contorno de mi cuerpo hasta llegar a mis caderas.
Una vez sus manos ahí comenzó a balancearlas de izquierda a derecha a ritmo de la canción.
–Cierra tus ojos –volvió a susurrar.
Hice lo que me dijo, y me dejé llevar por la música, moviendo mis brazos en el aire y mis caderas en las manos de él.
La música vibraba en mi cuerpo y comenzaba a sentir como la pastilla hacia efecto en mí.