Capítulo II Los mensajes

1235 Words
Sentía como la música se mezclaba en mi sangre, era eso o la pastilla entrando directamente a esta intoxicándome, mis ojos se mantenían cerrados apreciando de las vibraciones que la música mandaba provocándome ligeros escalofríos que se sentían bastante bien. La música comenzaba a cambiar, siendo el ritmo algo diferente, pero igual de excitante. –Amo esa canción –hablé una vez que reconocí el tema. Me giré chocando de frente con Jesse, sus ojos estaban oscuros, notando gracias a la luz estrambótica el azul profundo que estos desprendían, algo golpeó mi pecho, una pequeña punzada de dolor; las yemas de sus dedos comenzaron un recorrido en mi cuello, de ahí hasta mi mejilla y después a mis brazos descubiertos apreciando mi piel erizada. –Yo también –me susurró al oído. Volví a notar sus ojos azules, y entonces di con lo que me atormentaba. –Tengo que sentarme –hablé algo debilitada. –No –me habló firmemente, tomando de mi mano izquierda evitando que me moviera. Lo miré algo confusa y con un poco de miedo. –Tengo algo más que me gustaría compartir contigo –habló con algo de diversión en su tono. Subimos unas escaleras, hasta llegar al último piso y subir las pequeñas escaleras que daban al techo de aquel establecimiento. El aire chocó de golpe contra mi rostro provocándome cerrar los ojos pero de inmediato pude abrirlos, el cielo estaba completamente oscuro con algunas estrellas en este, y la luna, la luna lucía hermosa, enorme con un tono amarillento tenue agradable a la vista. –La vista es increíble –confesé. –Lo sé, pero no es eso lo que quería compartir contigo. –¿Qué es? –pregunté girándome hacía él. –Esto. De su jean sacó lo que parecía ser un cigarrillo. –Ven aquí –habló cálidamente. Me acerqué poco a poco, observando como encendía aquel cigarrillo. Algo me impedía quitar la vista de sus ojos, al igual que de sus labios. Tomó deliberadamente de mi playera y me jaló pegándome muchísimo más a él. –Absórbelo –me ordenó. Hizo con sus labios una pequeña "o" enfrente de los míos, y soltó lentamente el humo, yo hice lo que me pidió sintiendo algo gracioso en este, no era humo de cigarro, era otra cosa. –Ten –acercó el cigarrillo a mis labios. Miré sus ojos y decidida me acerqué a este dando una calada, haciendo de golpe una mueca y tosiendo un poco. –¿Qué es? –pregunté divertida. –Hierba, marihuana, como le llames –respondió mientras daba otra calada. Me quedé en silencio observándolo, sabía que todo lo que hacía era gracias a la pastilla, la cual me había deshabilitado la función de la razón, y ahora hacía cualquier estupidez, y decía cualquier estupidez. Saqué mi móvil de mi bolsa trasera del pantalón y busqué entre mis contactos. –¿Qué haces? –preguntó Jesse algo risueño. –No te importa –respondí de igual manera. Mi consciencia se estaba apagando, y todo me causaba risa. –Déjame ver –me pidió nuevamente. –No, yo... Y eso era lo último que recordaba. ... El sonido de un celular me despertó, causando al instante un dolor de cabeza intenso. Intenté moverme para levantarme pero algo no andaba bien, mi cuerpo se sentía gracioso, era como si no tuviera uno, moví poco a poco mis dedos sintiéndolos débilmente, y seguí hasta poder mover todas mis extremidades, lo cual tomó algo de tiempo. Una vez con mi meta lograda de incorporarme, miré a mi alrededor notando que no estaba en ningún lado que conocía, intenté recordar si así lucía mi nueva habitación pero todo apuntaba que no. Un cuerpo masculino que iba ingresando a la habitación llamó mi atención, poniéndome algo rígida. –Hola, linda –habló Jesse. Su voz era ronca, y vestía simplemente unos pantalones deportivos color gris, dejando a la vista su cuerpo delgado y formado, con algo de tinta en él. No sabía que decir, todo esto era tan extraño. Jesse se acercó a un mueble que estaba debajo de una enorme pantalla de plasma, abrió el cajón más alto y sacó un cigarrillo y un encendedor, dio una calada larga prendiéndolo y soltó el humo. Caminó hacia la cama y se dejó caer en esta junto a mí, el humo inundó de inmediato mi nariz haciéndolo algo agradable y desagradable a la vez. –¿Cómo te sientes? –me preguntó de manera tranquila. –No lo sé –hablé con la voz ronca. –Debes de saberlo, cariño. –No siento casi nada. Jesse río, soltando una risa demasiado agradable. –¿Tú cómo te sientes? –pregunté mientras me acostaba nuevamente. Encogió sus hombros. –Solo fue uno de hierba y una pastilla alucinógena, no es nada, después de un tiempo te acostumbrarás. Me giñó un ojo, trayéndome recuerdos de la noche anterior. –Tú y yo...tuvi... –No, tranquila –soltó una risa nuevamente–, de hecho, creo que nos hicimos grandes amigos. –¿De verdad? –pregunté confundida. Se giró a verme. –¿De verdad no te acuerdas de nada? –preguntó aún más divertido. –Lo último que recuerdo fue cuando subimos a fumar. Soltó carcajadas, retorciéndose en el colchón. –Te perdiste toda una noche. –Oye, era la primera vez que probaba esas cosas. –¿Recuerdas algo de los mensajes? –preguntó de un momento a otro de manera seria. –¿Mensajes? –pregunté asustada. Sonrío, dio una calada pasándome el cigarrillo y se puso de pie saliendo de la habitación, miré el cigarrillo y sin más le di una yo, Jesse regresó a los segundos. –¿Estás lista para sabes lo que has hecho? –preguntó como si me sentenciaran a muerte. Miré el móvil con los ojos abiertos como platos y asentí lentamente. Desbloqueó el aparato sin problema alguno. –Me diste tu contraseña –aclaró mi duda–, aquí tienes. ... Olivia: Hola Logan             Soy tu chica buena              Respóndeme Daddy Logan: ¿Chica buena? Olivia: Síp, la que te pone duro como una roca             Jajajaja             Te extraño tanto, ven por mí             Nota de voz (1:01)             Nota de voz (0:50)              Nota de voz (0:24) Daddy Logan: ¿Olivia? ¿Dónde estás? Olivia: Nota de voz (0:12)             Es Jesse, salúdalo Daddy Logan: ¿Jesse? ¿Quién mierda es Jesse?                         Dime dónde estás que voy por ti ahora mismo Olivia: En el parque             Nota de voz (0:06) Daddy Logan: ¿Dónde mierda estás? ... –¿Qué tanto dicen las notas de voz? –pregunté preocupada. –Alguno que otro comentario caliente para tu chico, y muchas risas y música de fondo, el de los seis segundos eres tú estornudando. –Mierda –me dejé caer en las piernas de Jesse. –Si te sirve de consuelo, él jamás se enteró de donde estabas, así que tranquila. Lo miré nerviosa. –Y tranquila, nadie se enteró, será nuestro secreto –me sonrió cómplice. Se agacha y besa mi frente, quita de mi mano el cigarrillo y da otra calada. –Gracias –hablé con ternura en mi voz. –Tu madre piensa que te quedaste con Kathy y Nath, así que invéntate una noche de pijamada. –Oh, diablos –puse mis manos en mi rostro tapándolo. –Tranquila, todo irá bien.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD