Capitulo 67

4537 Words
Nos quedamos en silencio y pude notar como me vencían los párpados. Estaba tan pero tan a gusto, que odiaba pensar en madrugar, tener que coger el coche y volver a ese sitio otra vez. Alargué el brazo y pillé el móvil de la mesita de noche. Puse el reloj a las 9 de la mañana, y ya llegaríamos aunque fuera un poco tarde. -Madre mía, son las 3 ya… - ¿habíamos estado dos horas? Joder. Miré a Bill y vi cómo intentaba mantener los ojos abiertos, sin demasiado éxito. – Eh… Buenas noches Bill. – le dije dándole un pequeño beso en los labios. -Qué dices… Yo no tengo sueño… - dijo casi sin pronunciar la última palabra. – Es sólo… Ahora estoy muy relajado y… - sin querer, empezó a pasear un dedo por mi pecho, de una manera totalmente inconsciente. –Yo… -Bill, dulces sueños. – le besé en el pelo y simplemente dejé que se durmiera al completo. Lo miré con ternura y le aparté un poco de pelo que tenía en la frente, aún llena de brillitos por el sudor de lo recién ocurrido. Dejé el móvil en la mesita y muy a desgana intenté levantarme de la cama sin molestarle. Frunció el ceño en un segundo pero después se relajó. Salí de la habitación y entré en el baño a limpiármela un poco antes de dormir del todo. Durante un momento me observé a mi mismo, en el espejo, viendo que lo único que me quedaba de ropa era la banda del pelo que sólo me tapaba la cara. Era curioso, recientemente no recordaba ningún polvo en el que me hubiera quitado toda la ropa, ni siquiera en mi casa. En casi todas era todo muy bestia, apenas me bajaba un poco los pantalones, y ala. Supongo que esta situación rompe con cualquier otra de las anteriores, ya que acaba de tener prácticamente el mejor sexo de toda mi vida. Bueno, en realidad, había sido el mejor sin lugar a dudas, porque por primera vez sentía algo real con la persona con la que estaba. No era un simple polvo, no era un rollo más, era… era algo indescriptible. Me lavé un poco, sabiendo que por la mañana ya me encargaría de hacerlo mejor, y volví junto a mi moreno, que estaba más dormido que una marmota. Me tumbé a su lado, y oyéndole respirar tranquilamente, me dormí con él. Bill Llevaba un rato despierto. No sabía exactamente qué hora era, pero ya entraba un poco de luz por la ventana. No podía entender siquiera como podía tener los ojos abiertos porque recuerdo caer dormido enseguida. El día de ayer en sí no había sido demasiado agitado y aunque por la noche yo no me había movido mucho, yo… Oh, anoche. Otra vez ese recuerdo aflorando en mi mente. Pero bueno, es normal ¿no? ¡Nos hemos acostado! ¡Joder, me he tirado a Tom Kaulitz! Bueno, ¿el se me ha tirado a mí? No Bill, no pienses en eso. El sexo fue la hostia, y es lo único en lo que debes pensar. Joder, ya ves que si fue la hostia. Me da un poco de pavor pensar en el daño del principio, y me asusta pensar que eso pasará un par de veces más, pero las sensaciones de después son indescriptibles. Puto Mario, tenía toda la razón. Podía verlo dormir tranquilamente a mi lado, y me hipnotizaba ver su pecho subir y bajar lentamente, como si todas las cosas de mundo estuvieran en calma, como si no importara nada más que estar durmiendo a su lado. Sentía ganas de despertarme y sorprenderle con el desayuno o algo así, pero la nevera estaba más que vacía, y no sé si me daría tiempo a comprar algo (sin perderme), y de tenerlo todo listo para cuando despertara. Descarté esa idea muy rápido y procuré ir a lo seguro; darme una ducha. Adoraba mirarlo dormir, pero llevaba media hora metido en la cama sin ni un ápice de sueño y a más, para variar, me estaba meando. Intenté salir de la cama sin crear demasiados desniveles y que Tom no se diera cuenta, pero noté como hacía un gesto extraño con la cara, como si viera que algo iba mal. Me quedé estático mientras Tom recuperaba la calma y pude respirar. Sólo me faltaba poner otro pie en el suelo, y ya estaría fuera de peligro. Mantuve un contacto visual con su rostro y hasta que la operación no estuvo completada, no dejé de observar cada mínimo posible gesto que pudiera hacer. Salí de puntillas y recé para que la última puerta de todas fuera la ducha, no quería haber hecho todo este esfuerzo para que el sonido del agua lo acabara despertando. Fui mirando poco a poco en cada puerta, sin adentrarme demasiado ya que era un intruso, y no merecía estar mirando. Agradecí que el baño fuera exactamente la última puerta de todas y me metí dentro con sigilo. Comprobé que hubiera una toalla y cuando estuve apunto de encender el agua caliente, me paré en seco. Nononono. ¡Bill, no hagas locuras! ¡Has de comprobar si hay una plancha! ¡¿Cómo vas a mojarte el pelo sin asegurarte de algo tan importante?! Miré en todos los cajones, sin importarme nada lo que hubiera dentro, tuviera o no tuviera derecho a mirar, yo sólo quería una plancha. Mi desesperación empezó a aflorar cuando no lo encontré por ninguna parte. ¡¿Es que no usan la plancha en esta, casa o que?! Bueno, Tom… Vale, Tom no la necesita, vale. Y, su padre… vale, quizás tampoco la necesite. Mierda, pues estoy jodido. Me tendré que hacer una coleta y meterme dentro de la ducha procurando no mojarme las raíces. Así de paso no me quieto el maquillaje, porque apenas llevo dos tonterías dentro de la chaqueta, y no me podré ni siquiera retocar el que llevo puesto… Encendí el agua y muy pronto estuvo caliente, me metí bajo la ducha y me limpié a fondo. Tan a fondo que cuando quise llegar a aquella parte, tan usada anoche, sentí dolor. -Aaahhh… - si me pasaba los dedos por simplemente la entrada ya me producía una especie de escozor y dolor muy desagradables. De puta madre, lo que me faltaba. ¿Eran agujetas o dolor de verdad? Las agujetas sabía como solucionarlas, pero lo otro… Mierda, son soluciones totalmente distintas. ¿Qué coño hago? Por lo pronto, mientras me lavaba intentaba hacerme un masaje relajante en la zona para tranquilizarla, y el dolor se fue reduciendo poco a poco. No llegué a una tranquilidad completa pero al menos se había suavizado. Me acabé de enjabonar y me aclaré bien del todo. Volví a masajearme y esta vez volvió a funcionar, haciendo que doliera menos también. Salí a fuera y me envolví en un albornoz que había encontrado, con una T bordada, la cual me llevaba al inevitable conclusión de que era de Tom de todas a todas. Salí del baño y fui poco a poco, avanzando hasta la habitación. Asomé un poco la cabeza y éste seguía más dormido que antes si cabía. La lancé un beso y volví a entrecerrar la puerta. Me alejé poco a poco y cuando llegué al final del pasillo, cerré la puerta de éste para que mis ruidos no le molestaran. Encendí la tele lo más bajito posible y puse las noticias para poder ver qué hora era. La presentadora que hablaba tenía un bonito reloj encima, completamente virtual, que indicaba que eran las ocho y media de la mañana. Por dios, casi ni para ir a la universidad me despierto tan temprano… ¡Y eso que me he duchado y todo! Vi que había un viejo ordenador debajo de la mesa justo al lado de las revistas, y decidí que si este no tenía contraseña, me pasearía un poco por mis r************* . Las echaba de menos. El sonido del inicio de sesión de Windows Vista casi me saca una lágrima de añoranza, pero después me adentré en internet directamente. Perfecto, no me había hecho falta meter ninguna contraseña. Sin que yo le diera a absolutamente nada, apareció un mensaje en pantalla: “Lo sentimos, estamos en construcción, volveremos lo más rápido posible”. Me quedé un tanto parado y después miré la dirección url, “campamento Kaulitz”. Oh, probablemente lo deba de tener como inicio automático. ¿Tiene la página en construcción? ¿Desde hará cuanto? Que es su negocio, por el amor de dios. El padre de Tom debería empezar a replantearse bien las cosas que hace en la vida… En fin. Miré por encima un par de r************* y volví a dejar el ordenador en sus sitio, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de que lo había cogido. Cambié de canal y dejé algo más entretenido mientras me levantaba a ver qué había en la nevera. Como no se gastó la noche anterior, aún quedaba el tetrabrik de leche y lo saqué de ahí para poner toda las cosas “posibles de ser desayunadas” en la encimera. Seguí mirando y encontré una manzana que no tenía nada de mala pinta, también la saqué. En definitiva sólo conseguí un par de galletas, cereales, y un par de piezas de fruta más. Sí, no está mal. Me encantaría poder hacerle Bacon con huevos o tortitas, pero lo que se tiene, es lo que hay. -¿Bill?- la voz de mi rubio me sacó de mis pensamientos. –¡Bill! – la voz sonaba más fuerte hasta que irrumpió en el comedor, abriendo la puerta con brusquedad. Apenas llevaba unos calzoncillos puestos. Yo me quedé petrificado mirándolo. -Emm… buenos días a ti también. – dije mientras acaba de colocar dos boles en la encimera, y les ponía cereales. Tom se me quedó mirando algo extrañado, luego con algo de alivio, y después con un poco de enfado. -¿Pero porque no me avisas de que te vas a levantar? – dijo mientras se me aproximaba. De pronto, algo cambió su discurso muy bruscamente – Uh… Llevas mi albornoz… ¿Te has duchado sin mí? – dijo mientras me agarraba por detrás y me besaba en el cuello. Los calores empezaron a subir por todas partes y una sonrisilla tonta se me escapó. Buft, madre mía, ya de buena mañana. -Sí, no quería despertarte… - no le estaba siguiendo el juego porque me acordé de mi pequeña dolencia. No quería incitar el sexo si después iba a morir de dolor al intentarlo. -Pues qué pena, ahora tendré que ducharme solo… - cuando dijo eso, empezó a desabrocharme el cinturón que mantenía mi cuerpo tapado. Me empalmé prácticamente al instante, y aun teniendo un par de capas de ropa entre mi trasero y su polla, también la pude notar empalmadísima. Buuufttt… Por dios… Vale, ahora me estoy acordando de la parte placentera de toda la movida. La quiero ahora mismo. Tiró la bata al suelo y esta cayó como un peso muerto, tapándonos mínimamente los pies. Noté como Tom se incorporaba encima, tapándome la espalda con su torso, y me lamía el cuello. Rozaba con fuerza su pene contra mi culo, casi tanto que empezaba separarme las nalgas. Me respiraba con brusquedad prácticamente encima de las orejas, haciendo que escuchara casi gemidos de placer. Y no era menos, yo también empezaba a hiperventilar. Me giró y me puso mirándole. Durante un instante compartimos una mirada donde él me miraba con lujuria, y yo intentaba no apartarle los ojos de la vergüenza y de lo rojo que estaba. Nos besamos con muy poca sutileza y éste me sentó encima de la encimera, haciendo que casi se cayeron los boles de cereales que acabaron alejados de nosotros. Lo rodeé con las piernas y le puse las manos en el culo. El gesto ese me dolió un poco, pero intenté no pensar en ello. Seguimos besándonos un rato más, casi con desesperación y de pronto, colocó las manos en mis mejillas y nos separó de golpe. Me respiró en la boca, jadeante y después empezó a bajar muy lentamente. El corazón se me estaba poniendo a mil por hora. ¿Qué coño estaba haciendo? Cada vez bajaba más y más y yo empezaba a perder la respiración. Se estaba acercando a la zona peligrosa y… -Gracias por devolverme el albornoz, no soporto ducharme y secarme con toalla. – ...pasó olímpicamente de la zona peligrosa. Alargó el brazo y cogió el objeto de deseo. Bueno, mejor no hablemos de deseo… ¡Me había dejado de piedra! Dicho esto, se encaminó a la puerta, poniéndose la prenda en un hombro, y caminando altivamente. -¡Eeehh! ¡Pero bueno! ¿Me vas a dejar a medias?- dije, bastante indignado. - ¡Ni siquiera has comido cereales! ¡Y los estaba preparando! – me bajé, de ahí, avergonzado, y fui a taparme con una de las mantas del sofá. Ahora, en frio, la verdad es que agradecía que no hubiera pasado nada, seguía doliéndome un poco. -¿Quieres continuar…? – se giró lentamente, y puso una voz muy melosa mientras hablaba. Me miró directamente, y me sentí cada vez más pequeño. Vale, me vuelve a dar igual el dolor. Me dejé embaucar por sus ojos y me tiré en el sofá, aún medio tapado por la manta. Este puso una sonrisa como si fuera un depredador que ha encontrado a la mejor presa y se me abalanzó encima. Me agarró fuerte y consiguió levantarme. Me llevó hasta su habitación, supongo porque ahí tenía el lubricante y los condones. El corazón me iba más deprisa que anoche, y la verdad es que no sabía porqué, ya había pasado lo más fuerte, la primera vez ya estaba superada. ¿Por qué iba a ponerme nervioso ahora? Me encantaba pensar que estábamos apunto de hacer ese típico polvo por la mañana, de recién levantados. Ese era de mis favoritos. Pero ahora… No sé, me sentía completamente atacado de los nervios. ¿Sería por el dolor, otra vez? Me costaba enfrentarme a ello… Tom me estaba comiendo el cuello y eso me estaba encantando pero tuve que pararlo un momento. Yo sabía por experiencia que cuando una chica no me contaba qué le estaba pasando, el polvo acababa siendo una mierda, y era por no explicarme qué le pasaba. -Tom… - este me miró enseguida, preocupado. – Esta mañana me he despertado con algo de dolor… - no quise mirarle a los ojos, tenía miedo de que se riera de mí. De soslayo pude ver que asentía seriamente. -¿Quieres dejarlo? Entiendo que no quieras continuar… - se separó un poco más de mí, y eso me dio pánico. -¡Nonono! Es sólo que… Lamento si me quejo demasiado o lo que sea. -Pero no digas gilipolleces. -Ya ya… Bueno, yo advierto. Y ah… Ten mucho, mucho cuidado. También tengo la sensación de haberme limpiado algo de sangre seca en la ducha… - no tenía pensado decirle eso, pero me salió solo. Genial Bill, tú asusta al personal. Ahora no te la va a querer meter en la vida. Uuhh… Qué marica ha sido eso. Me miró muy seriamente por segunda vez consecutiva, y después me besó. -Pues yo después quiero una ducha juntos. -Sin sexo. – puso los ojos en blanco. -¿Por qué sin sexo? ¡Cuánta más práctica, menos dolor! -Hay que ir al campamento… -Que les follen. -¿Y a mi también me van a follar? – dije, divertido. -Bueno, a ti sólo te follaré yo… - y antes de besarme, puso esa sonrisa de lado que me volvía loco. Bueno, Bill, tu procura que tu pelo no acabe bajo el agua. Al final mojamos en la ducha. Sí, y al final se mojó mi pelo, también. Al final mojamos todos. Estupendo. ¡Dos polvos por la mañana seguidos! Madre mía, si que hemos empezado fuerte. Estaba como radiante. Me sentía como la típica adolescente que se sentía mayor porque empezaba a tener sexo regularmente al haber empezado una relación con un chico. Y… me estaba encantando. Sí, así de simple. Me sentía completamente lleno y feliz y de todo. -¿Qué hora es? -Las once y media… - la voz de Tom sonó a resaca. Como cuando te estas acordando de lo que hiciste el día anterior, completamente ebrio, fastidiando una situación futura donde vas a estar completamente sobrio. Situación donde te das cuenta de la crudeza de la situación. –Tenemos que estar ahí en menos de media hora y normalmente se tarda el doble… Alguien me va a matar. -Sea como sea, prefiero que te maten en el campamento, y no por la carretera, ¡¡así que no corras!! – le dije, preocupado por lo evidente. Lo acabamos de recoger todo y enfilamos hacia la puerta, para más tarde aparecer delante del coche. Me subí, con algo de pena, ya que había sido una tarde/noche/mañana increíble, pero confiaba en volver a repetirla muy pronto. Me había sentido muy a gusto controlando los dos la casa, sentándonos a beber, a fumar, a reírnos… Me faltó poner una peli, aunque lo que hicimos a cambio tampoco estaba nada mal. La verdad es que estaba siendo un verano increíble. No quería que se acabara por nada del mundo. Pero desgraciadamente, para el final del campamento quedaban cuatro días contados. Ya pronto me tendría que enfrentar de nuevo a los calendarios de la universidad, a nuevas materias, nuevos profesores, y nuevos dolores de cabeza… Bueno, Bill, piensa que hasta septiembre aún hay un mes entero en medio, no te deprimas tan pronto, por dios. -Bill… ¿Qué le pasó a tu padre? Me refiero… ¿Porqué se fue? Llevábamos una rato de camino, apenas habíamos tenido una conversación fluida, y ciertamente, esa pregunta me desconcertó un poco. -Oh… Pues, no lo tenemos muy claro. – hice una pequeña pausa. – Cuando se fue yo tenía siete años, así que bueno, recuerdo su cara vagamente. Ya te puedes imaginar, mi madre cortó su cara de todas las fotos. ¿Sabes esa película donde la protagonista se pone a recortar el jeto del ex, en cada fotografía, haciendo que queden muy siniestras? Pues sí, esa es mi madre. – los dos nos reímos. -¿Cómo se llama tu madre? -Simone. Y mi padre Gordon. Bueno, no sé si sigue vivo así que no se si hablar de él en pasado. -¿Cómo va a estar muerto? – dijo Tom, algo extrañado. -Ya te he dicho que no sabemos porqué se fue. Una de nuestras teorías es que tenía alguna enfermedad mortal, y no quiso que pasáramos nosotros por ella. Sin duda, esa es la teoría más alegre, porque quiere decir que aún habiéndonos abandonado, el hombre estaba bastante mal. -Vaya, ¿qué más teorías tenéis? -Pues bueno, las típicas. Que si se fue con otra mujer, que si ganó la lotería, que si lo habían asesinado… -¿Perdón? -Bueno a ver, esta última fue sólo los primeros días de su marcha, porque como no había dejado nota ni nada, pensábamos que le había pasado algo. Mi madre llamó a la policía y todo, y estos hicieron una investigación. Encontraron su paradero, pero él les dijo que no quería saber nada. Mi madre jamás pidió ningún tipo de pensión ni nada por el estilo, así que no supimos de él nunca más. – hice una pausa, donde todos aquellos recuerdos, volaron sobre mi cabeza posándose ante mis ojos durante un instante, llenándome el corazón con algo de amargura. – No nos quería. Se hizo el silencio durante un momento. -Oye, siento haber preguntado. -Qué va, tú ayer me compartiste algo mucho más gordo. Me siento avergonzado del poco dramatismo que tiene mi historia al lado de la tuya. – éste ensanchó una sonrisa. -Me muero de ganas de conocer a mi hermano, Bill. De verdad, he soñado con ello varias veces. -¡Y qué menos! – hice una pequeña pausa que me hizo plantearme un tema crucial. – Oye, y a todo esto… Cuando encuentres a tu familia… ¿Qué harás con tu padre? ¿Lo dejarás solo? – por unos momentos, me entró pena de aquel hombre. Supongo que en el fondo, sólo quería la supervivencia de sus hijos, aunque estos vivieran separados. -Lo meteré en la cárcel. – la frialdad de las palabras de Tom me pilló por sorpresa. Para más inri, me había contestado al instante, como si fuera algo que ya tuviera planeado desde hace tiempo. Algo que no pudiera dar lugar a dudas. Lo miré de pronto, casi agazapado del miedo, y arrugué la frente. Éste supo que lo estaba mirando, pero no hizo nada al respecto. -¿De verdad…? Mi chico rubio, se limitó a asentir. Llegamos al campamento casi de puntillas. Aparcamos el coche y avanzamos mirando que no hubieran moros en la costa. Era prácticamente la una del medio día y de aquí nada nos tocaba ir al comedor. Lo cual quería decir que Tom había perdido la primera hora con los niños. Había mantenido el móvil apagado, así que muy probablemente, en cuanto lo abriera, tendría mil llamadas de medio campamento. Tom ideó el plan de fingir haberse dormido en mi cabaña, y que yo tenía la costumbre de cerrar siempre con llave (cosa que gracias a dios, es verdad). Yo sólo le veía un fallo a esa excusa, ¿le iba a decir a su padre que había estado durmiendo en la cabaña de un chico? -Bueno… ¡En realidad no me hablo con él! No sé porqué coño tengo que darle explicaciones. -Porque él te paga. -Paso de su dinero… -Entonces no podrás pagarte el viaje para buscar a tu hermano, listo. Lo vi mirar al horizonte muy seriamente. Creo que esas palabras había calado en profundidad. -Tienes razón. Necesito ese dinero. Le diré que estuvimos componiendo canciones y al final nos quedamos fritos. Que no fuimos ni a cenar. – Asentí ante esa idea, ya que era una buena excusa, y nos despedimos con un pequeño beso, casto y limpio. Yo me dirigí a mi cabaña he intenté dormir lo que me había faltado esa noche. Tuve un sueño muy extraño, dónde me encontraba con mi padre después de muchos años, pero su imagen no era como la recordaba. En realidad ya no me acordaba prácticamente nada de cómo era, pero sí sabía decir que la cara que tenía delante, no era la de él, seguro. Supongo que hablar de mi padre, estaba removiendo cosas que hacía mucho tiempo que estaban estancadas, y sin querer, salieron a la luz inevitablemente. Ojalá supiera qué había pasado con él. Me quedé dormido bastante rápido, pero el sonido del despertador me desveló enseguida, si quería ir a comer era lo máximo que podía dormir. Eran ya las dos, estaría todo el mundo allí disfrutando de la comida. Bostecé fuertemente y después me intenté incorporar. -Aaaahhh… - otra vez. Me cago en todo. No pude sentarme bien ni encima de la cama de lo que me estaba doliendo el trasero. ¿Es que esto iba a durar para siempre? Supongo que haber dejado el asunto en reposo había hecho que el dolor volviera… Pero joder, ¡me duele más ahora que antes! ¿No se supone que la práctica quita las agujetas? ¡Pues, y una mierda! ¿Qué diablos está pasando? Intentando no pensar en ello, me levanté sintiendo el peso del poco reposo que tenía en el cuerpo, y me encaminé directo a la puerta, cojeando incluso. Perfecto, esto era bastante ridículo. Tom Vale, esto de estar enfadado con mi padre tiene sus ventajas. He llegado tan tarde que cuando me he dirigido directamente hacia donde yo tenía la clase ya veía a Erik haciéndome el trabajo. Me acerqué con la cabeza gacha y en cuanto me vio, se le iluminó el mundo. -¡Tom! – dijo, mientras se acercaba corriendo. – Tío ¿estás bien? Estabas desaparecido. – Erik me dio una abrazo y me quedé casi en shock. ¿Y esto? -Sí, emm… - no iba a decirle a él que me había quedado durmiendo en la cabaña de Bill así que desvié el tema muy rápido. - ¿Mi padre está ardiendo de la rabia, verdad? – también debía fingir una preocupación ante eso, se supone que me tiene que importar lo que esté pasando con ese hombre. -Pues la verdad es que no lo sé. Simplemente al ver que llevabas veinte minutos de retraso con el trabajo decidí substituirte. – dijo sin más. Aunque de pronto, se le cambió el semblante. – Pero ahora que me acuerdo… Mi hermana es la que sí te anda buscando toda la mañana, y además según parece tiene muchas ganas de estrangularte. O eso es lo que lleva repitiendo todo el rato. - Mi semblante cambió de golpe. -¿Tu hermana? ¿Pero qué quiere? – demasiado tiempo sin follármela, claro. Echa de menos mi nabo, es evidente. -Partirte la cara, amigo. -¿Pero por qué? – se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero por la única que llegué a pensar que querría zurrarme era por lo mismo de antes, y es que éste verano estaba pasando de su culo, cuando normalmente siempre que teníamos un hueco, acabábamos en mi cabaña. Y bueno, éste año, yo siempre acababa en la cabaña de uno que yo me sé. -Y yo que sé, no ves que se queja por cualquier cosa… Ve a buscarla, ya me encargo del resto de la clase, que me estaba entreteniendo. – Se estaba alejando de mí mientras decía esto, pero de pronto se paró. – Oye, ¿cómo lleváis la obra de teatro? Que ya es este jueves… Cerré los ojos lenta y pesadamente. Mierda. Bueno, pensándolo bien, realmente no iba tan mal, entre Bill y yo habíamos intentado que los niños se aprendieran los diálogos pero aún faltaba pulir más de un detalle. Y con lo del grupo y todo, las nuevas canciones y toda la mierda de mi padre, era lo último que me preocupaba. Pues nada, esta tarde me pondré a saco con ellos. Espero que Bill me ayude. -¡Bueno, estamos en ello! – aunque por la cara que puso, parecía que me había calado hace rato. Llegué al comedor y nada más entrar encontré a mi padre hablando con uno de los cocineros. Veía la cara del pobre hombre y se le notaba de lejos que quería dejar de hablar con él, y continuar con su faena. Desde luego, cuando a mi padre se le da cuerda, no deja de hablar. Pero el milagro surgió, ya que en cuanto me vio entrar por la puerta, se despidió bien rápido del cocinero, y me hizo señas para que saliera un momento, a hablar con él. La verdad es que si analizábamos la situación fríamente, él era mi jefe, y si quería el dinero, tenía que acatar ordenes.
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