Capitulo 66

4608 Words
Observé cómo Bill se quitaba todo lo que quedaba, más o menos de espaldas a mí, como con vergüenza. Qué estúpido, como si no le hubiera visto ya… Sonreí para mí mismo. Pude ver la manera en la que se desnudaba de espaldas a mí, con la única luz que entraba de la calle, supongo que de las farolas que aún iluminan esos pasillos fríos y solitarios. Me acerqué a él sigilosamente y mientras se agachaba para acabar de quitarse los pantalones, aproveché para besarle la espalda poco a poco. Noté cómo se le ponía el bello de punta. -Dios Tom, te la estoy notando… - miré hacia mi entrepierna, y estaba justamente en el lugar deseado. Entre sus nalgas. Qué cosas. – Oye… primero podrías… ya sabes… - movió los dedos y lo entendí perfectamente. -Ya lo tenía pensado. –dije casi poniendo los ojos en blanco. - Shht… No te preocupes, déjame a mí. – le pegué un pequeño empujón y acabó de nuevo en mi cama. Me estiré encima de él y sin pensármelo se la agarré delicadamente con una mano. Lo besé ferozmente en los labios mientras lo masturbaba y lo tranquilizaba. Bill se moría en gemidos justo en mi boca y notaba su aliento húmero pidiéndome más. Incluso, llegaba a notar pequeños espasmos cuando le tocaba por la punta. Era increíble verme a mi mismo con tanta naturalidad en estos momentos. La verdad es que sólo podía pensar en los gemidos que provenían de la boca de Bill, casi dedicándomelos al oído, haciendo que el ritmo de mi mano aumentara sin querer. - ¿Te está gustando? – lo miraba directamente pero éste tenía los ojos cerrados. Nada más decir eso intentó asentir con la cabeza. Lo único que conseguí por su parte fue una respiración entrecortada más ruidosa que la de antes. Joder, ya ves que si le estaba gustando… -¿Querrás que te acabe? – pregunté, paseándole suavemente la lengua por su cuello de nuevo. -No no… Coge el lubricante, empieza ya… - aún seguía moviendo mi mano pero empecé a bajar el ritmo, su respiración también se calmó y cuando todo estuvo tranquilo, solté mi mano y le besé en los labios. Me extrañaba que Bill quisiera ir tan deprisa al tema. Normalmente eso sólo pasa cuando te aburren los preliminares y quieres ir al lio ya, pero Bill… En principio era virgen en ese sentido, ¿no se supone que quieres alargar al máximo el tiempo para que no llegue el momento del dolor? No sé, yo le pediría que me hiciera tantas pajas que se me quedara dormida la polla y pasara esa insensibilidad al culo o algo… Vale, sé que eso no existe, pero el caso es que yo retrasaría el momento al máximo. Aunque supongo, que igual quiere que pase ya. Cuanto antes se empieza, antes se acaba. Con algo de preocupación por los últimos pensamientos cruzados por mi mente, me levanté y rompí con los dientes, el plástico que rodeaba el lubricante por estrenar. Lo abrí, tiré ese plástico al suelo, y me unté una mano. Me froté estas un poco para que el liquido se calentara un poco y no asustar a Bill y me tendí a su lado. Nos pusimos uno mirando al otro, estirados. Con gestos, le indiqué que pasara una de las piernas encima mío justo por mi cintura. Aproximé mi mano y primero tanteé las nalgas yendo con sumo cuidado. Bill contenía la respiración desde el primer momento y tenía los ojos completamente cerrados, como si le fuera a hacer algo horrible. Descendí y llegué al punto clave. Era la primera vez que hacía esto pero confiaba en que no fuera demasiado distinto a lo que ya estaba acostumbrado de siempre. Sabía que eso no se lubricaba solo así que simplemente necesitaba ayudarle a dilatarse usando mis dedos y aquel líquido resbaladizo. Hice presión en la entrada y noté como Bill cerraba aún más los ojos. Mierda, no me gustaba que Bill tuviera cara de estar de camino al matadero… Mierda, esto me va a bajar la erección, seguro. Poco a poco, poco a poco… Hacía presión a paso lento para no dañar al moreno y casi sin querer ya había metido el índice entero. Perfecto, nadie había chillado y todo seguía bajo control. -Eh eh, ¿estás bien? ¿No te ha dolido ni nada, no…? – mi moreno pareció que se destensó al oír mi voz. -No no… Todo bien. Sigue. – y cuando dijo eso se me aproximó más, haciendo que su rostro se perdiera de mi visión, poniendo así, su frente contra mi pecho. De nuevo el tono de su voz había sonado a automatizado, como si se estuviera obligando a ello. Ya que el otro brazo le estaba rodeando, posé mi mano sobre su cabeza y se la acaricié mientras continuaba. Notaba que el masaje en la cabeza lo relajaba al máximo. Saqué y metí el dedo varias veces hasta que noté que la presión disminuía y la fluidez era la perfecta para continuar con el siguiente dedo, y eso hice. Saqué completamente el que tenía y fui haciendo presión con dos. No me costó tampoco, ya que Bill parecía estar bastante más tranquilo. Volví a hacer lo de meter y sacarlos un par de veces hasta haberlo normalizado y finalmente fui a por el tercer grado. Cuando empecé a hacer presión sí noté como Bill me arañaba un poco en el pecho. -¿Paro? – dije casi, con pánico. -¡No no! Es sólo que… Bueno, da igual. No pares. – no acabé de entender lo que dijo pero yo continué a lo mío. Notaba como cada vez era más difícil y tenía que hacer más fuerza, y eso me estaba costando porque sentía que le estaba doliendo y él no me lo quería decir. Me lancé a su cuello e intenté relajar a Bill al máximo lamiendo toda la superficie, besándole y succionando hasta dejarle el cuello rojo. Éste volvía a gemir de placer y conseguí así que los dedos entraran hasta el final… Hice círculos e intenté acomodar del todo la zona. Los sacaba y los metía y ya no tenía dificultad. Esto iba de puta madre. -Sé que soy pesado, pero no quiero que estés mal… ¿Todo bien? ¿Estás seguro? – Lo miré a los ojos y vi que los tenía cerrados, como si estuviera en un trance. Lo vi abrir la boca poco a poco. -Me… Me encanta… -me sorprendí muchísimo de esas palabras y no pude evitar hinchar el pecho de todo el aire que quería soltar en un grito de júbilo, pero que finalmente no hice. -¿Estás seguro? ¿De verdad? -Tom… Te voy a pegar una hostia… Como sigas preguntando… - dijo entre suspiros. Vale vale, me callo. -¿Entonces… Me… Me pongo un condón? – era la primera vez en años que me daba vergüenza decir esa frase. -Sí. – intenté ser lo menos brusco al separarme de él, pero no sé si lo llegué a conseguir. Las ganas que tenía eran tan inmensas que de los nervios me temblaba el pulso y me daba pánico que del tembleque, al intentar abrir el plástico, se rompiera el condón. Bajo la atenta mirada de Bill fui abriéndolo y tirando el envoltorio al suelo. Mientras me lo ponía pude ver a la cara que estaba poniendo, tenía los ojos fijos en mi polla, tanto que parecía que estaba bizqueando. ¿Estaría haciendo cálculos de tamaño? Supongo que eso es algo que le debe de preocupar ¿no? Después de que se diera cuenta de que estaba observando el pánico en sus ojos se retractó rápidamente, alzando un poco el cuerpo y enviándome una sonrisa traviesa de lado. ¿Y esta confianza tan de golpe? No pude más que sonreír débilmente, sabiendo que no me estaba entregando toda la verdad. Lo que sí podía ver es que tenía ganas de intentarlo, y de saber qué iba a pasar, y muy en el fondo… Veía un resquicio de lujuria. Bill, te prometo que te lo voy a hacer tan bien que vas a querer repetir… Había desvirgado a muchas chicas a lo largo de mi vida, pero aunque fuera la primera vez con un chico también era la primera vez que me estaba importando ese hecho en concreto, y que quería que todo fuera perfecto. Cuando ya estuve preparado, me acerqué sigilosamente y éste se fue estirando boca arriba en la cama, más y más, abriéndose de piernas. -¿Quieres tu sexo presidiario? – dije, intentando darle morbo al asunto, y quitándole toda la atención posible al peliagudo momento. Mi Bill sonrió ampliamente y en vez de contestarme, se mordió el labio y asintió lenta y pesadamente, como si me lo estuviera pidiendo en una súplica ahogada. – Dios, te voy a comer entero. Antes de ir directamente al tema, le volví a besar durante todo el cuello, pegando los lametones tan húmedos que resbalaba la saliva por su cuello. Supongo que estaba intentando humedecerlo… todo. Le cogí las piernas y se las separé aún más, colocándolas encima de mis muslos. Cogí el lubricante que estaba tirado por la cama y me unté las manos. Volví a meterle tres dedos seguidos y Bill casi pegó un bote. Lo había empapado tan bien que habían entrado perfectamente a la primera, pero el pobre Bill no se lo esperaba. Creo que algo en él me estaba lanzando rayos láser. Pero eso no bastó para quitarme el morbo, si no que todo lo contrario, me la cogí y la noté completamente tiesa. Madre mía, como me llega a poner Bill. La fui encaminando poco a poco y noté como el corazón se me iba a salir del pecho, latía tan fuerte que creo que mi moreno lo podía oír desde donde estaba. Puse la punta en el lugar exacto y fui haciendo presión. Al principio no costó pero a medida que seguía intentándolo me costaba más y más. Miré la cara de Bill, con todas las fracciones arrugadas y apretadas del miedo. Sin salir lo poco que había conseguido, me estiré encima de él, y pegué mis labios a sus oídos. Él me rodeó la espalda con los brazos. -Sshh… Bill, relájate. Relájate, si te duele mucho paramos, no te preocupes… - mientras decía esto intentaba hacer más presión y mis palabras parece que surgieron efecto. Bill se estaba dejando, y me permitía entrar del todo. Me cago en la puta, qué apretado estaba. Notaba como me arañaba la espalda otra vez y eso me estaba llevando al cielo. Insistí un poco más y finalmente la noté completamente dentro, palpitando de placer. DIOS, QUÉ APRETADO. Me cago en la puta, estaba claro que sí existía el cielo porque ya estaba en él… -Tom, no te muevas, quédate así un poco. – me lo dijo casi con desesperación con los labios en mi oído. No me hizo falta que lo repitiera dos veces porque le hice caso al instante. Lo miré a los ojos y vi lágrimas derramadas por sus mejillas. Me entró el pánico y quise salir y tirarme por la ventana. ¿¡Porqué mierdas estaba llorando?! Tom ya no sabes follar. Genial, lo haces tan mal que con meterla, el chaval ya está llorando. Iba a hablar pero me calló enseguida. – Tranquilo, no te preocupes, es normal las primeras veces… -¿Por qué… porqué lo sabes? – la verdad es que no me esperaba esa respuesta. -Lo… Lo estuve mirando por internet en el móvil. – Se secó las lágrimas con una mano y después la volvió a dejar en mi espalda. Le besé con ternura, analizando las palabras que había dicho. Vaya, lo había hasta mirando en internet… Empiezo a pensar que no me merezco ni estar con él. Yo no me lo había ni planteado prácticamente y él… Negué con la cabeza, intentando volver al presente y cuando pude ver que se relajaba del todo, intenté empezar con el vaivén. Aquello estaba tan apretado que creí que me dejaría la polla ahí dentro. ¿Y si de golpe no sale? Tom por dios, no pienses gilipolleces. Me encantaba, me estaba encantado. ¡Qué prieto! Lo notaba absolutamente todo. -Dios Bill… Qué ganas te tenía, joder. Esto es la puta hostia. – Cada vez aumentaba más la velocidad y Bill no decía nada al respecto así que continué con aquellos movimientos. ¿Estaría llegándole al final? Tenía entendido que los hombres tenemos el punto G por ahí, en la próstata. Yo quería que Bill disfrutara conmigo. Apreté al máximo en una envestida y Bill soltó un grito ahogado que se quedó en el aire. Volví a hacer lo mismo en la siguiente envestida y Bill volvió a poner la misma cara. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta, jadeante y suplicante. Me estaba muriendo de sólo verlo. Noté cómo me rodeaba con las piernas haciendo que la penetración acaba de ser perfecta. Me estaba volviendo loco. Ya no había ninguna dificultad, aquello salía y entraba perfectamente, pero era genial porque por mucho que insistiera seguía estando igual de prieto, y como era evidente, me estaba matando. -Huummmm… - los suspiros de Bill me encantaban, y solamente quería darle más fuerte para que siguiera gimiendo más. -Dios, me estás destrozando la polla… - oí una risa por su parte que me hizo delirar. Más deprisa, más deprisa. Estuvimos un buen rato sin pronunciar palabra, simplemente sintiéndolo todo, cada embestida, cada simple movimiento, cada respiración en la boca del otro. Lo que estaba pasando me parecía tan irreal que parecía que estábamos en un sueño, el mejor sueño de toda mi puta vida. -Dios mío Tom, no pares, no pares – la voz de Bill me sacó de mis pensamientos y no sólo me puse a cien de oír mi nombre en su boca, si no que me puse a mil cuando lo oí suplicar. Noté sus manos descender hasta mi trasero y apretar fuerte en mis nalgas. La madre que lo parió… Hacía presión para que la metiera más dentro. -¿Sí? ¿Lo quieres más fuerte? – le dije mientras aumentaba la velocidad. -Sí, más fuerte… - su voz era apenas un suspiro inaudible que se acababa cortando por sus gemidos que deseaban que lo siguiera follando. Joooder… Creo que estoy llegando yo también de lo que me está poniendo. – Madre mía, jamás pensé que esto me gustara tanto… Nada más oírle decir eso pegué unas envestidas con mucha fuerza y noté como esta vez, si me estaba clavando las uñas hasta el fondo. ¡Aaahhh! Vale, me duele pero me pone un montón. Esto es raro. Mañana tendré marcas en el culo… -Dios mío, que me corro – no pude evitar decirlo. Aumenté el ritmo aún más sintiendo que todos los músculos me estaban quemando, que el sudor resbalaba por mi frente y en cualquier momento podía caerle a Bill encima. Notaba como mi respiración empezaba a incluso a fallarme, a pensar que mis pulmones necesitaban ser más grandes para todo el esfuerzo que estaba haciendo. ¿Desde cuando me canso tanto follando? Vale, supongo que por el hecho de que llevo haciendo yo el trabajo todo el rato. Pero no le iba a decir tan rápido al moreno que se pusiera encima. ¿Y si le dolía más? Va Tom, no te desconcentres. Esto de que sea la primera vez te está sacando más dudas que un examen para el que no has estudiado. La respiración de Bill era tan sonora que era lo único que podía oír. Berreaba mínimamente pero lo hacía tan cerca de mi oreja que sentía la amenaza de cualquier mordisco. Poco a poco fue subiendo los decibelios y alzando más las piernas. Vamos, vamooooss… -Dios, dios, dios, dios ¡¡DIOOOOOOOOOOS!! Así Tom joder, no pares no pares….Oí gritar a Bill, dejándome sordo, llegando al orgasmo. Notaba prácticamente salir ácido de mi cuerpo en vez de sudor, pero no podía parar, no podría parar, no ahora… - Joooodeeerr… - Continuó con una serie de maldiciones que perdieron sentido en cuanto las vocales se convirtieron en consonantes, y las consonantes en vocales, haciendo ininteligibles cualquiera de las palabras que intentaba decir. Chilló dejándose la garganta en ello y luego su voz disminuyó hasta extinguirse. Mi turno llegó apenas unos instantes después, donde mi moreno seguía abrazándome pero ya no hacía fuerza con las piernas para que le diera más al fondo, sino que se había relajado, respirando fuertemente. -Oohhh jooodeeerrrr… - me corrí. Acabé con embestidas cada vez más lentas hasta que noté que ya estaba todo fuera, y luego me dejé caer encima de Bill, sin salir de él. – Buuftt… Estuvimos unos instantes respirando profundamente hasta que noté que estaba aplastándolo. Fui a separarme cuando este me agarró fuerte. -Sal con cuidado, por dios. Poco a poco… – el comentario me hizo reír y seguí su petición. Salí lo más despacio y cuidadosamente que pude y me estiré a su lado. Alargué el brazo en la almohada y él puso su cabeza encima, recogido un poco hacia mí. – Oye… -Dime. – dije, sin dejar de mirar el techo, con la respiración tan acelerada que me costaba decir la palabra entera sin entrecortarme. -Me ha gustado mucho. – lo miré enseguida, como si me hubiera dicho algo inesperado, que realmente es lo que fue, y después alargué un poco la cabeza para besarle la nariz. Joder, macho, ya no te reconozco con estas mariconadas, Tom. – Bueno es que… tú me gustas mucho. – y enterró la cabeza entre mi pecho y la axila, azorado de lo que acababa de decir, supongo. -Y tú a mi. – entonces, caí en algo, que me dejó muy sorprendido. - ¿Sabes? Esta ha sido la primera vez que llego prácticamente al mismo tiempo con alguien… - la idea me pareció bastante curiosa. Me reí por ello. -Tienes razón, yo igual. Nos quedamos en silencio y pude notar como me vencían los párpados. Estaba tan pero tan a gusto, que odiaba pensar en madrugar, tener que coger el coche y volver a ese sitio otra vez. Alargué el brazo y pillé el móvil de la mesita de noche. Puse el reloj a las 9 de la mañana, y ya llegaríamos aunque fuera un poco tarde. -Madre mía, son las 3 ya… - ¿habíamos estado dos horas? Joder. Miré a Bill y vi cómo intentaba mantener los ojos abiertos, sin demasiado éxito. – Eh… Buenas noches Bill. – le dije dándole un pequeño beso en los labios. -Qué dices… Yo no tengo sueño… - dijo casi sin pronunciar la última palabra. – Es sólo… Ahora estoy muy relajado y… - sin querer, empezó a pasear un dedo por mi pecho, de una manera totalmente inconsciente. –Yo… -Bill, dulces sueños. – le besé en el pelo y simplemente dejé que se durmiera al completo. Lo miré con ternura y le aparté un poco de pelo que tenía en la frente, aún llena de brillitos por el sudor de lo recién ocurrido. Dejé el móvil en la mesita y muy a desgana intenté levantarme de la cama sin molestarle. Frunció el ceño en un segundo pero después se relajó. Salí de la habitación y entré en el baño a limpiármela un poco antes de dormir del todo. Durante un momento me observé a mi mismo, en el espejo, viendo que lo único que me quedaba de ropa era la banda del pelo que sólo me tapaba la cara. Era curioso, recientemente no recordaba ningún polvo en el que me hubiera quitado toda la ropa, ni siquiera en mi casa. En casi todas era todo muy bestia, apenas me bajaba un poco los pantalones, y ala. Supongo que esta situación rompe con cualquier otra de las anteriores, ya que acaba de tener prácticamente el mejor sexo de toda mi vida. Bueno, en realidad, había sido el mejor sin lugar a dudas, porque por primera vez sentía algo real con la persona con la que estaba. No era un simple polvo, no era un rollo más, era… era algo indescriptible. Me lavé un poco, sabiendo que por la mañana ya me encargaría de hacerlo mejor, y volví junto a mi moreno, que estaba más dormido que una marmota. Me tumbé a su lado, y oyéndole respirar tranquilamente, me dormí con él. Bill Llevaba un rato despierto. No sabía exactamente qué hora era, pero ya entraba un poco de luz por la ventana. No podía entender siquiera como podía tener los ojos abiertos porque recuerdo caer dormido enseguida. El día de ayer en sí no había sido demasiado agitado y aunque por la noche yo no me había movido mucho, yo… Oh, anoche. Otra vez ese recuerdo aflorando en mi mente. Pero bueno, es normal ¿no? ¡Nos hemos acostado! ¡Joder, me he tirado a Tom Kaulitz! Bueno, ¿el se me ha tirado a mí? No Bill, no pienses en eso. El sexo fue la hostia, y es lo único en lo que debes pensar. Joder, ya ves que si fue la hostia. Me da un poco de pavor pensar en el daño del principio, y me asusta pensar que eso pasará un par de veces más, pero las sensaciones de después son indescriptibles. Puto Mario, tenía toda la razón. Podía verlo dormir tranquilamente a mi lado, y me hipnotizaba ver su pecho subir y bajar lentamente, como si todas las cosas de mundo estuvieran en calma, como si no importara nada más que estar durmiendo a su lado. Sentía ganas de despertarme y sorprenderle con el desayuno o algo así, pero la nevera estaba más que vacía, y no sé si me daría tiempo a comprar algo (sin perderme), y de tenerlo todo listo para cuando despertara. Descarté esa idea muy rápido y procuré ir a lo seguro; darme una ducha. Adoraba mirarlo dormir, pero llevaba media hora metido en la cama sin ni un ápice de sueño y a más, para variar, me estaba meando. Intenté salir de la cama sin crear demasiados desniveles y que Tom no se diera cuenta, pero noté como hacía un gesto extraño con la cara, como si viera que algo iba mal. Me quedé estático mientras Tom recuperaba la calma y pude respirar. Sólo me faltaba poner otro pie en el suelo, y ya estaría fuera de peligro. Mantuve un contacto visual con su rostro y hasta que la operación no estuvo completada, no dejé de observar cada mínimo posible gesto que pudiera hacer. Salí de puntillas y recé para que la última puerta de todas fuera la ducha, no quería haber hecho todo este esfuerzo para que el sonido del agua lo acabara despertando. Fui mirando poco a poco en cada puerta, sin adentrarme demasiado ya que era un intruso, y no merecía estar mirando. Agradecí que el baño fuera exactamente la última puerta de todas y me metí dentro con sigilo. Comprobé que hubiera una toalla y cuando estuve apunto de encender el agua caliente, me paré en seco. Nononono. ¡Bill, no hagas locuras! ¡Has de comprobar si hay una plancha! ¡¿Cómo vas a mojarte el pelo sin asegurarte de algo tan importante?! Miré en todos los cajones, sin importarme nada lo que hubiera dentro, tuviera o no tuviera derecho a mirar, yo sólo quería una plancha. Mi desesperación empezó a aflorar cuando no lo encontré por ninguna parte. ¡¿Es que no usan la plancha en esta, casa o que?! Bueno, Tom… Vale, Tom no la necesita, vale. Y, su padre… vale, quizás tampoco la necesite. Mierda, pues estoy jodido. Me tendré que hacer una coleta y meterme dentro de la ducha procurando no mojarme las raíces. Así de paso no me quieto el maquillaje, porque apenas llevo dos tonterías dentro de la chaqueta, y no me podré ni siquiera retocar el que llevo puesto… Encendí el agua y muy pronto estuvo caliente, me metí bajo la ducha y me limpié a fondo. Tan a fondo que cuando quise llegar a aquella parte, tan usada anoche, sentí dolor. -Aaahhh… - si me pasaba los dedos por simplemente la entrada ya me producía una especie de escozor y dolor muy desagradables. De puta madre, lo que me faltaba. ¿Eran agujetas o dolor de verdad? Las agujetas sabía como solucionarlas, pero lo otro… Mierda, son soluciones totalmente distintas. ¿Qué coño hago? Por lo pronto, mientras me lavaba intentaba hacerme un masaje relajante en la zona para tranquilizarla, y el dolor se fue reduciendo poco a poco. No llegué a una tranquilidad completa pero al menos se había suavizado. Me acabé de enjabonar y me aclaré bien del todo. Volví a masajearme y esta vez volvió a funcionar, haciendo que doliera menos también. Salí a fuera y me envolví en un albornoz que había encontrado, con una T bordada, la cual me llevaba al inevitable conclusión de que era de Tom de todas a todas. Salí del baño y fui poco a poco, avanzando hasta la habitación. Asomé un poco la cabeza y éste seguía más dormido que antes si cabía. La lancé un beso y volví a entrecerrar la puerta. Me alejé poco a poco y cuando llegué al final del pasillo, cerré la puerta de éste para que mis ruidos no le molestaran. Encendí la tele lo más bajito posible y puse las noticias para poder ver qué hora era. La presentadora que hablaba tenía un bonito reloj encima, completamente virtual, que indicaba que eran las ocho y media de la mañana. Por dios, casi ni para ir a la universidad me despierto tan temprano… ¡Y eso que me he duchado y todo! Vi que había un viejo ordenador debajo de la mesa justo al lado de las revistas, y decidí que si este no tenía contraseña, me pasearía un poco por mis r************* . Las echaba de menos. El sonido del inicio de sesión de Windows Vista casi me saca una lágrima de añoranza, pero después me adentré en internet directamente. Perfecto, no me había hecho falta meter ninguna contraseña. Sin que yo le diera a absolutamente nada, apareció un mensaje en pantalla: “Lo sentimos, estamos en construcción, volveremos lo más rápido posible”. Me quedé un tanto parado y después miré la dirección url, “campamento Kaulitz”. Oh, probablemente lo deba de tener como inicio automático. ¿Tiene la página en construcción? ¿Desde hará cuanto? Que es su negocio, por el amor de dios. El padre de Tom debería empezar a replantearse bien las cosas que hace en la vida… En fin. Miré por encima un par de r************* y volví a dejar el ordenador en sus sitio, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de que lo había cogido. Cambié de canal y dejé algo más entretenido mientras me levantaba a ver qué había en la nevera. Como no se gastó la noche anterior, aún quedaba el tetrabrik de leche y lo saqué de ahí para poner toda las cosas “posibles de ser desayunadas” en la encimera. Seguí mirando y encontré una manzana que no tenía nada de mala pinta, también la saqué. En definitiva sólo conseguí un par de galletas, cereales, y un par de piezas de fruta más. Sí, no está mal. Me encantaría poder hacerle Bacon con huevos o tortitas, pero lo que se tiene, es lo que hay.
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