Capitulo 65

4928 Words
Tom -Eso lo sabré, cuando pruebe la mercancía. Vale, vale, vale… STOP. Que alguien pare el mundo un momento, por favor. Apenas un segundo. ¿QUÉ? Al principio me estaba haciendo gracia con todo esto del sexo presidiario, pero pensé que iba en broma. Estaba borracho, y las últimas veces que lo hemos intentando habían acabado fatal. De pronto recordé un par de cosas que le había dicho, y sinceramente, recordarlas me había sentado como una patada en el estómago. Había olvidado que el día que me enteré de todo lo de mi madre, cuando salí a hablar con Bill, le dije un par de cosas de las que estaba arrepentido. Quizás arrepentido no, porque le dije que creía que estaba empezando a quererle, y eso sí es verdad, pero sí estaba avergonzado. De lo que sí me arrepentía, y sobre todo ahora, era algo que le había dicho parecido a “no me importa si soy yo el que acaba debajo de ti”. Vamos, ¿no se lo habrá creído, verdad? ¡Bill me conoce! Sabe que estaba muy bajo de defensas, y estaba hablando por hablar… -Bill, yo… Aquello que te dije… - me separé de él para mirarlo a los ojos seriamente, y aunque no esperaba que se acordara de aquella conversación, tenía que dejar las cosas claras antes de que todo se desmadrara demasiado. Vi que me miraba con cara interrogante, algo frustrado. Estaba claro que quería hacerlo, y yo ya le había dicho que no, varias veces. ¡Pero… por razones obvias! – que si esperas que sea yo, no… no lo puedo hacer. No puedo. – me sentía como una mierda diciendo eso, pero era como cuando tenías una exposición importante en clase; Si podías evitar salir a hacerlo, lo evitabas, y siempre esperabas que alguien hablara por ti. Soy un egoísta. Bill me miró a los ojos y después me besó con ternura y lentitud. Primero fueron pequeños besos y después abrimos un poco nuestras bocas sin hacer nada de momento. Nuestros alientos se confundían y respirábamos en la boca del otro. De pronto, como si tuviéramos una conexión mental, ambos asomamos nuestras lenguas que empezaron a acariciarse la una a la otra. Sabíamos a café y a cigarro, pero formaba parte del momento. Imaginaba que estaba aceptando mis palabras y simplemente nos estábamos toqueteando un poco. Y la verdad, no me venía nada mal. Dejé de pensar y centré toda mi atención en él. Nos besábamos con energía y eso hacía que Bill tuviera la respiración entre cortada. Nos acabamos de estirar y él se posó encima de mí, poniendo las manos encima de mi pecho. Notaba como su pelo caía en cascada encima de mi cara. Se lo aparté y se lo coloqué detrás de la oreja, lo más delicadamente que pude. No quise hacer la escena demasiado burra porque sabía que si nos excedíamos, volveríamos a enfadarnos, y era lo último que necesitaba. Casi sin cerciorarme noté que me estaba besando más apasionadamente, más fuerte incluso, y cuando se quiso incorporar mejor, se resbaló y estuvo apunto de caerse al suelo. -¡Aaahh!- enseguida lo agarré del brazo y lo atraje de nuevo al sofá. -Madre mía, de qué poco no te partes la crisma, chaval – me reí de su pequeño problema momentáneo y casi no me pega una hostia por ello – ¡Eehh! Bill negó con la cabeza, dando entender que yo ya no tenía remedio y después habló. -Oye… ¿Vamos a otro sitio? – este no me miró cuando pronunció esas palabras. Estaba rojo como un puñetero tomate. La pregunta me dejó un poco descolocado. – Aquí no cabemos muy bien. – se excusó rápidamente. -Em, claro. – me levanté y me encaminé rápidamente hasta el pasillo. Apenas tardamos nada en encontrar mi habitación, ya que era la primera puerta que había a la derecha. Bill, en cuanto vio en qué habitación entraba, se apresuró a adelantarme. Se puso a mirar paredes, cuadros, mesa, armario… En fin, todo. - ¿Qué te parece? – dije divertido, viendo como Bill no parecía perderse ni un detalle de su alrededor. -Una mierda. – Aaalaa… Pues nada. Ok. – Está hasta arriba de pósters horribles. Nada más que hay coches, un cantante n***o, tías en bolas por todas partes… – señaló a una pequeña reliquia que justamente llevaba ahí des de los quince años, que había sacado de un calendario. La chica del mes de Octubre tenía las mejores tetas que había visto en mi vida, aunque claro, vete a saber si de verdad eran reales… -Eeeh eeeh, un poco de respeto. El n***o que tú dices, es Samy Deluxe –dije, algo indignado. -Lo que sea… – después se estiró en la cama, así, sin más. – Mmm… La verdad es que es muy cómoda. ¿Dormiremos un poco antes de irnos? – sí, mejor cambia de tema porque como sigas insultado a mi rapero favorito… -Claro. – enseguida me puse a mirar en los armarios - ¿Quieres algún pijama en especial? – no me contestó y puso cara extraña. -Yo no quiero dormir aún. – se levantó y me cogió por los hombros. Después a base de empujones me fue llevando hasta mi cama, donde me estiró completamente. – Muuuucho mejor. A demás a mi no me importa dormir sin ropa. Abrí los ojos al máximo y no pude llegar a decir nada más porque me volvió a besar, pero esta vez no había tanta pasividad. No, todo lo contrario. Me besaba con fuerza, con casi desesperación. No quise volver a cortar el momento para advertirle de los peligros de esto, así que me dejé hacer. Intenté simplemente, tomar el control. De nuevo nuestras lenguas bailaban en una danza erótica y húmeda. Notaba hilos de saliva salir de nuestras bocas y de vez en cuando, Bill me mordía en el labio muy sensualmente. Lo cogí de la cintura, y de un pequeño giro, acabamos uno al lado del otro, tumbados. Y antes de que pasara nada, volví a dar un giro y esta vez yo estaba encima de él, como ya he dicho, tomando el control. Bill sonrió ante eso y se paseó la lengua por los dientes, haciendo que el piercing repiqueteara sensualmente tras estos. Por un momento, lo miré, medianamente indefenso debajo de mí, y hice un repaso por todo él. Como era de esperar, noté cómo mi cosa, dejaba de estar dormida a levantarse de golpe, apretándome el pantalón. Dios, dios… Esto se me descontrola. De pronto Bill se apresuró a quitarse la camiseta y la tiró por el suelo. -Joder… - no pude evitar suspirar en voz alta. Me tiré a su cuello y empecé a morderlo por todas partes mientras que Bill metía sus manos por dentro de mi propia camiseta y me empezó a arañar débilmente con las uñas. Cada sensación hacía que se me pusiera el vello de punta – Madre mía… Bajé del cuello dejando un sendero mojado y me encaminé a su pezón izquierdo, adornado con otro piercing más. Éste, nada más notarlo pegó un brinco y empezó a arañarme más fuerte pero sin llegar a profundizar. Me cago en la puta. No pude evitar que lo de abajo empezara a cobrar vida del todo. Esta vez me incorporé sobre mis rodillas y me quité yo la prenda que me tapaba el pecho y la lancé en la misma dirección en donde estaba la de Bill. Vi la cara de lujuria que estaba poniendo y no me dejó volver a estirarme encima de él ya que puso una de sus manos en mi bajo vientre y me pego un estirón de la hebilla del cinturón que me aproximó a él con violencia. Después vi como paseaba su lengua por mis abdominales, empezando por abajo y ascendiendo con un erotismo que me estaba volviendo loco. Mientras me estaba devorando lo vi desabrocharme el cinturón con algo de destreza. Lo miraba anonadado sin saber qué decir y finalmente lo tiró al suelo, haciendo un ruido metálico al chocar contra éste. Me di cuenta que estaba insistiendo demasiado en una misma zona y yo me estaba muriendo de placer. ¿Qué…? -Umm… chupetón de la marca Bill – dijo mientras se apoyaba con las rodillas y se ponía a mi altura. Primero me guiñó un ojo y luego volvió a besarme. Vale, definitivamente esto se está escapando de mis manos. Estupendo. Bronca en diez minutos, ¡pero que conste que él se lo ha buscado! Dios, empezaba a hacer tanta calor que yo ya estaba empezando a sudar. También notaba un jadeo por mi parte por culpa de las inmensas ganas que tenía de culminar esto de una puñetera vez. El moreno se separó de mí un momento, y fue para hacerse una coleta. Uh… otro que tenía calor. De pronto, me miró a los ojos, desde una perspectiva baja, y se humedeció los labios mientras ultimaba los detalles de la coleta. Sus ojos me penetraban el alma prácticamente, y parecía que me estaba diciendo tantas guarradas que no lo podía ni soportar. Dios, tenía una cara de vicio… Entonces me rodeó con los brazos y me susurró algo al oído. -¿Vas a comerme? – se me empezó a acelerar el pulso de una manera bestial. -Yoyoo… – bu bum, bu bum, bu bum. - ¿Pupupupuu… Pupuedo cococo… comerte? -Yo me dejo comer. - ¡BU BUM, BU BUM, BU BUM! Lo miré fijamente, atónito, buscando un resquicio de broma o de alguna sonrisa traviesa que después tirara por los suelos todas mis ilusiones, pero no encontré nada. Aunque estaba tan confuso que no podía ni moverme. ¿De verdad me estaba dejando hacérselo yo a él…? ¿No es una broma…? – Tom, que sí… - de pronto, toda la seguridad que le había visto en la cara, desapareció junto con su rostro, ya que lo escondió en mi pecho. Creo que estaba bastante muerto de la vergüenza, aunque eso no le impidió acabar la frase - …fóllame. Mi acto reflejo fue de lo más estúpido, pero fue lo que pasó. Me quedé tan pillado que lo único que se me ocurrió fue abrazarlo con fuerza. ¡Tom eres tonto, así lo espantas! Parece que sientas pena por él, y se lo estés agradeciendo. Lo solté en cuando fui consciente de ese detalle e intenté hacer ver que no había pasado. Me separé y me quité los pantalones y los calzoncillos seguidos. Me lancé encima de él pero me paré al ver su cara. Se había quedado mirándome con cara de pánico. ¿Tom tú eres tonto? Lo acabas de asustar. Dos cagadas seguidas, sí señor, al puro estilo Kaulitz. Vamos machote, arregla esto. Le besé en el cuello con pequeños lametones e intenté tranquilizarlo. -No pienso hacerte daño. Te lo prometo, Bill. No voy a hacer nada que no te guste. En cuanto notes algo que te desagrada, paro. – le acaricié por la espalda y nos puse de pie en el suelo. Le besaba los hombros y le olía la piel, llenándome los pulmones de su esencia. Bajé las manos hasta su culo, y lo estreché entre mis manos. Me moría de sólo pensarlo. – Si te hago un mínimo de daño, me la cortas. – cuando dije eso me separé de él y le guiñé un ojo. Quería decirle como fuera que yo estaba aquí con él, y que podía confiar en mi. Que jamás le haría daño y que haría todo lo que estuviera en mis manos para evitarlo. Bill se rió por el comentario y después simplemente asintió. -¿Tienes… lubricantes? – le costó la vida decir esa palabra. Y yo alcé las cejas enseguida. -¡Pues claro! – me separé de él y fui corriendo a uno de los cajones de la cómoda, donde había una caja bastante grande, y dentro de esta diferentes apartados. Sí, digamos que era mi caja del amor. Bill abrió mucho los ojos, sorprendido. Metió la mano en la caja, y sacó cuatro potes distintos de lubricante. -Están prácticamente todos a medias… - lo dijo sorprendido. -Claro. Si los tengo es para que se usen… ¿Qué sabor prefieres? Miró los botes con tristeza y luego volvió a posar la vista dentro de la caja, donde había un último bote, completamente cerrado, y lo sacó. -Quiero este, ya que no ha sido usado con ninguna de tus putas… - dijo eso con algo de rencor, y luego añadió contento - ¡Anda! ¡De cereza! ¿Cómo que nadie lo ha querido? – pero en realidad era una pregunta retórica, la dejó en el aire y yo me dediqué a sacar un condón de la caja, y dejarlo a mano para cuando lo necesitara. Buft… ¡Madre mía, qué ganas! Observé cómo Bill se quitaba todo lo que quedaba, más o menos de espaldas a mí, como con vergüenza. Qué estúpido, como si no le hubiera visto ya… Sonreí para mí mismo. Pude ver la manera en la que se desnudaba de espaldas a mí, con la única luz que entraba de la calle, supongo que de las farolas que aún iluminan esos pasillos fríos y solitarios. Me acerqué a él sigilosamente y mientras se agachaba para acabar de quitarse los pantalones, aproveché para besarle la espalda poco a poco. Noté cómo se le ponía el bello de punta. -Dios Tom, te la estoy notando… - miré hacia mi entrepierna, y estaba justamente en el lugar deseado. Entre sus nalgas. Qué cosas. – Oye… primero podrías… ya sabes… - movió los dedos y lo entendí perfectamente. -Ya lo tenía pensado. –dije casi poniendo los ojos en blanco. - Shht… No te preocupes, déjame a mí. – le pegué un pequeño empujón y acabó de nuevo en mi cama. Me estiré encima de él y sin pensármelo se la agarré delicadamente con una mano. Lo besé ferozmente en los labios mientras lo masturbaba y lo tranquilizaba. Bill se moría en gemidos justo en mi boca y notaba su aliento húmero pidiéndome más. Incluso, llegaba a notar pequeños espasmos cuando le tocaba por la punta. Era increíble verme a mi mismo con tanta naturalidad en estos momentos. La verdad es que sólo podía pensar en los gemidos que provenían de la boca de Bill, casi dedicándomelos al oído, haciendo que el ritmo de mi mano aumentara sin querer. - ¿Te está gustando? – lo miraba directamente pero éste tenía los ojos cerrados. Nada más decir eso intentó asentir con la cabeza. Lo único que conseguí por su parte fue una respiración entrecortada más ruidosa que la de antes. Joder, ya ves que si le estaba gustando… -¿Querrás que te acabe? – pregunté, paseándole suavemente la lengua por su cuello de nuevo. -No no… Coge el lubricante, empieza ya… - aún seguía moviendo mi mano pero empecé a bajar el ritmo, su respiración también se calmó y cuando todo estuvo tranquilo, solté mi mano y le besé en los labios. Me extrañaba que Bill quisiera ir tan deprisa al tema. Normalmente eso sólo pasa cuando te aburren los preliminares y quieres ir al lio ya, pero Bill… En principio era virgen en ese sentido, ¿no se supone que quieres alargar al máximo el tiempo para que no llegue el momento del dolor? No sé, yo le pediría que me hiciera tantas pajas que se me quedara dormida la polla y pasara esa insensibilidad al culo o algo… Vale, sé que eso no existe, pero el caso es que yo retrasaría el momento al máximo. Aunque supongo, que igual quiere que pase ya. Cuanto antes se empieza, antes se acaba. Con algo de preocupación por los últimos pensamientos cruzados por mi mente, me levanté y rompí con los dientes, el plástico que rodeaba el lubricante por estrenar. Lo abrí, tiré ese plástico al suelo, y me unté una mano. Me froté estas un poco para que el liquido se calentara un poco y no asustar a Bill y me tendí a su lado. Nos pusimos uno mirando al otro, estirados. Con gestos, le indiqué que pasara una de las piernas encima mío justo por mi cintura. Aproximé mi mano y primero tanteé las nalgas yendo con sumo cuidado. Bill contenía la respiración desde el primer momento y tenía los ojos completamente cerrados, como si le fuera a hacer algo horrible. Descendí y llegué al punto clave. Era la primera vez que hacía esto pero confiaba en que no fuera demasiado distinto a lo que ya estaba acostumbrado de siempre. Sabía que eso no se lubricaba solo así que simplemente necesitaba ayudarle a dilatarse usando mis dedos y aquel líquido resbaladizo. Hice presión en la entrada y noté como Bill cerraba aún más los ojos. Mierda, no me gustaba que Bill tuviera cara de estar de camino al matadero… Mierda, esto me va a bajar la erección, seguro. Poco a poco, poco a poco… Hacía presión a paso lento para no dañar al moreno y casi sin querer ya había metido el índice entero. Perfecto, nadie había chillado y todo seguía bajo control. -Eh eh, ¿estás bien? ¿No te ha dolido ni nada, no…? – mi moreno pareció que se destensó al oír mi voz. -No no… Todo bien. Sigue. – y cuando dijo eso se me aproximó más, haciendo que su rostro se perdiera de mi visión, poniendo así, su frente contra mi pecho. De nuevo el tono de su voz había sonado a automatizado, como si se estuviera obligando a ello. Ya que el otro brazo le estaba rodeando, posé mi mano sobre su cabeza y se la acaricié mientras continuaba. Notaba que el masaje en la cabeza lo relajaba al máximo. Saqué y metí el dedo varias veces hasta que noté que la presión disminuía y la fluidez era la perfecta para continuar con el siguiente dedo, y eso hice. Saqué completamente el que tenía y fui haciendo presión con dos. No me costó tampoco, ya que Bill parecía estar bastante más tranquilo. Volví a hacer lo de meter y sacarlos un par de veces hasta haberlo normalizado y finalmente fui a por el tercer grado. Cuando empecé a hacer presión sí noté como Bill me arañaba un poco en el pecho. -¿Paro? – dije casi, con pánico. -¡No no! Es sólo que… Bueno, da igual. No pares. – no acabé de entender lo que dijo pero yo continué a lo mío. Notaba como cada vez era más difícil y tenía que hacer más fuerza, y eso me estaba costando porque sentía que le estaba doliendo y él no me lo quería decir. Me lancé a su cuello e intenté relajar a Bill al máximo lamiendo toda la superficie, besándole y succionando hasta dejarle el cuello rojo. Éste volvía a gemir de placer y conseguí así que los dedos entraran hasta el final… Hice círculos e intenté acomodar del todo la zona. Los sacaba y los metía y ya no tenía dificultad. Esto iba de puta madre. -Sé que soy pesado, pero no quiero que estés mal… ¿Todo bien? ¿Estás seguro? – Lo miré a los ojos y vi que los tenía cerrados, como si estuviera en un trance. Lo vi abrir la boca poco a poco. -Me… Me encanta… -me sorprendí muchísimo de esas palabras y no pude evitar hinchar el pecho de todo el aire que quería soltar en un grito de júbilo, pero que finalmente no hice. -¿Estás seguro? ¿De verdad? -Tom… Te voy a pegar una hostia… Como sigas preguntando… - dijo entre suspiros. Vale vale, me callo. -¿Entonces… Me… Me pongo un condón? – era la primera vez en años que me daba vergüenza decir esa frase. -Sí. – intenté ser lo menos brusco al separarme de él, pero no sé si lo llegué a conseguir. Las ganas que tenía eran tan inmensas que de los nervios me temblaba el pulso y me daba pánico que del tembleque, al intentar abrir el plástico, se rompiera el condón. Bajo la atenta mirada de Bill fui abriéndolo y tirando el envoltorio al suelo. Mientras me lo ponía pude ver a la cara que estaba poniendo, tenía los ojos fijos en mi polla, tanto que parecía que estaba bizqueando. ¿Estaría haciendo cálculos de tamaño? Supongo que eso es algo que le debe de preocupar ¿no? Después de que se diera cuenta de que estaba observando el pánico en sus ojos se retractó rápidamente, alzando un poco el cuerpo y enviándome una sonrisa traviesa de lado. ¿Y esta confianza tan de golpe? No pude más que sonreír débilmente, sabiendo que no me estaba entregando toda la verdad. Lo que sí podía ver es que tenía ganas de intentarlo, y de saber qué iba a pasar, y muy en el fondo… Veía un resquicio de lujuria. Bill, te prometo que te lo voy a hacer tan bien que vas a querer repetir… Había desvirgado a muchas chicas a lo largo de mi vida, pero aunque fuera la primera vez con un chico también era la primera vez que me estaba importando ese hecho en concreto, y que quería que todo fuera perfecto. Cuando ya estuve preparado, me acerqué sigilosamente y éste se fue estirando boca arriba en la cama, más y más, abriéndose de piernas. -¿Quieres tu sexo presidiario? – dije, intentando darle morbo al asunto, y quitándole toda la atención posible al peliagudo momento. Mi Bill sonrió ampliamente y en vez de contestarme, se mordió el labio y asintió lenta y pesadamente, como si me lo estuviera pidiendo en una súplica ahogada. – Dios, te voy a comer entero. Antes de ir directamente al tema, le volví a besar durante todo el cuello, pegando los lametones tan húmedos que resbalaba la saliva por su cuello. Supongo que estaba intentando humedecerlo… todo. Le cogí las piernas y se las separé aún más, colocándolas encima de mis muslos. Cogí el lubricante que estaba tirado por la cama y me unté las manos. Volví a meterle tres dedos seguidos y Bill casi pegó un bote. Lo había empapado tan bien que habían entrado perfectamente a la primera, pero el pobre Bill no se lo esperaba. Creo que algo en él me estaba lanzando rayos láser. Pero eso no bastó para quitarme el morbo, si no que todo lo contrario, me la cogí y la noté completamente tiesa. Madre mía, como me llega a poner Bill. La fui encaminando poco a poco y noté como el corazón se me iba a salir del pecho, latía tan fuerte que creo que mi moreno lo podía oír desde donde estaba. Puse la punta en el lugar exacto y fui haciendo presión. Al principio no costó pero a medida que seguía intentándolo me costaba más y más. Miré la cara de Bill, con todas las fracciones arrugadas y apretadas del miedo. Sin salir lo poco que había conseguido, me estiré encima de él, y pegué mis labios a sus oídos. Él me rodeó la espalda con los brazos. -Sshh… Bill, relájate. Relájate, si te duele mucho paramos, no te preocupes… - mientras decía esto intentaba hacer más presión y mis palabras parece que surgieron efecto. Bill se estaba dejando, y me permitía entrar del todo. Me cago en la puta, qué apretado estaba. Notaba como me arañaba la espalda otra vez y eso me estaba llevando al cielo. Insistí un poco más y finalmente la noté completamente dentro, palpitando de placer. DIOS, QUÉ APRETADO. Me cago en la puta, estaba claro que sí existía el cielo porque ya estaba en él… -Tom, no te muevas, quédate así un poco. – me lo dijo casi con desesperación con los labios en mi oído. No me hizo falta que lo repitiera dos veces porque le hice caso al instante. Lo miré a los ojos y vi lágrimas derramadas por sus mejillas. Me entró el pánico y quise salir y tirarme por la ventana. ¿¡Porqué mierdas estaba llorando?! Tom ya no sabes follar. Genial, lo haces tan mal que con meterla, el chaval ya está llorando. Iba a hablar pero me calló enseguida. – Tranquilo, no te preocupes, es normal las primeras veces… -¿Por qué… porqué lo sabes? – la verdad es que no me esperaba esa respuesta. -Lo… Lo estuve mirando por internet en el móvil. – Se secó las lágrimas con una mano y después la volvió a dejar en mi espalda. Le besé con ternura, analizando las palabras que había dicho. Vaya, lo había hasta mirando en internet… Empiezo a pensar que no me merezco ni estar con él. Yo no me lo había ni planteado prácticamente y él… Negué con la cabeza, intentando volver al presente y cuando pude ver que se relajaba del todo, intenté empezar con el vaivén. Aquello estaba tan apretado que creí que me dejaría la polla ahí dentro. ¿Y si de golpe no sale? Tom por dios, no pienses gilipolleces. Me encantaba, me estaba encantado. ¡Qué prieto! Lo notaba absolutamente todo. -Dios Bill… Qué ganas te tenía, joder. Esto es la puta hostia. – Cada vez aumentaba más la velocidad y Bill no decía nada al respecto así que continué con aquellos movimientos. ¿Estaría llegándole al final? Tenía entendido que los hombres tenemos el punto G por ahí, en la próstata. Yo quería que Bill disfrutara conmigo. Apreté al máximo en una envestida y Bill soltó un grito ahogado que se quedó en el aire. Volví a hacer lo mismo en la siguiente envestida y Bill volvió a poner la misma cara. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta, jadeante y suplicante. Me estaba muriendo de sólo verlo. Noté cómo me rodeaba con las piernas haciendo que la penetración acaba de ser perfecta. Me estaba volviendo loco. Ya no había ninguna dificultad, aquello salía y entraba perfectamente, pero era genial porque por mucho que insistiera seguía estando igual de prieto, y como era evidente, me estaba matando. -Huummmm… - los suspiros de Bill me encantaban, y solamente quería darle más fuerte para que siguiera gimiendo más. -Dios, me estás destrozando la polla… - oí una risa por su parte que me hizo delirar. Más deprisa, más deprisa. Estuvimos un buen rato sin pronunciar palabra, simplemente sintiéndolo todo, cada embestida, cada simple movimiento, cada respiración en la boca del otro. Lo que estaba pasando me parecía tan irreal que parecía que estábamos en un sueño, el mejor sueño de toda mi puta vida. -Dios mío Tom, no pares, no pares – la voz de Bill me sacó de mis pensamientos y no sólo me puse a cien de oír mi nombre en su boca, si no que me puse a mil cuando lo oí suplicar. Noté sus manos descender hasta mi trasero y apretar fuerte en mis nalgas. La madre que lo parió… Hacía presión para que la metiera más dentro. -¿Sí? ¿Lo quieres más fuerte? – le dije mientras aumentaba la velocidad. -Sí, más fuerte… - su voz era apenas un suspiro inaudible que se acababa cortando por sus gemidos que deseaban que lo siguiera follando. Joooder… Creo que estoy llegando yo también de lo que me está poniendo. – Madre mía, jamás pensé que esto me gustara tanto… Nada más oírle decir eso pegué unas envestidas con mucha fuerza y noté como esta vez, si me estaba clavando las uñas hasta el fondo. ¡Aaahhh! Vale, me duele pero me pone un montón. Esto es raro. Mañana tendré marcas en el culo… -Dios mío, que me corro – no pude evitar decirlo. Aumenté el ritmo aún más sintiendo que todos los músculos me estaban quemando, que el sudor resbalaba por mi frente y en cualquier momento podía caerle a Bill encima. Notaba como mi respiración empezaba a incluso a fallarme, a pensar que mis pulmones necesitaban ser más grandes para todo el esfuerzo que estaba haciendo. ¿Desde cuando me canso tanto follando? Vale, supongo que por el hecho de que llevo haciendo yo el trabajo todo el rato. Pero no le iba a decir tan rápido al moreno que se pusiera encima. ¿Y si le dolía más? Va Tom, no te desconcentres. Esto de que sea la primera vez te está sacando más dudas que un examen para el que no has estudiado. La respiración de Bill era tan sonora que era lo único que podía oír. Berreaba mínimamente pero lo hacía tan cerca de mi oreja que sentía la amenaza de cualquier mordisco. Poco a poco fue subiendo los decibelios y alzando más las piernas. Vamos, vamooooss… -Dios, dios, dios, dios ¡¡DIOOOOOOOOOOS!! Así Tom joder, no pares no pares….Oí gritar a Bill, dejándome sordo, llegando al orgasmo. Notaba prácticamente salir ácido de mi cuerpo en vez de sudor, pero no podía parar, no podría parar, no ahora… - Joooodeeerr… - Continuó con una serie de maldiciones que perdieron sentido en cuanto las vocales se convirtieron en consonantes, y las consonantes en vocales, haciendo ininteligibles cualquiera de las palabras que intentaba decir. Chilló dejándose la garganta en ello y luego su voz disminuyó hasta extinguirse. Mi turno llegó apenas unos instantes después, donde mi moreno seguía abrazándome pero ya no hacía fuerza con las piernas para que le diera más al fondo, sino que se había relajado, respirando fuertemente.
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