La madre que lo parió… Este me quiere matar. Decidido. Joder, es que me gusta.
Va, Tom prueba otra cosa… Intenta avanzar en este tema a ver si no te colapsas. ¡Si no, no avanzaré jamás! He de descubrir si de verdad me gusta o no me gusta. Vale, va, algo que me guste mucho de Bill… Algo que me guste mucho… ¿Qué fue aquello que me llamó tanto la atención cuando lo conocí? ¿Qué pasó en el autobús? Ah, sí… Que olía a acetona.
-Jeje… -me reí sin poder evitarlo.
-¿De qué te ríes? –me preguntó separándose de mí medio centímetro, mirándome fijamente.
Esos ojos marrones color miel y chocolate, tan grandes y perfectamente maquillados. Alterné los míos para poder fijarme en ambos al mismo tiempo, pero me era imposible… Sin embargo, era tan hipnotizante.
¿Fue aquello que tanto me gustó de él cuando lo conocí?
Bueno… en parte sí. Nos quedamos mirando como dos tontos enchochados con el otro. ¿Desde el principio ya se veía venir? Sí… Supongo que sí.
-De nada – susurré casi ininteligiblemente. Acto seguido le volví a besar. Sin apartar su mirada de la mía. Sin romper el contacto visual.
Una sensación se me coló por el esófago y me llegó hasta el estómago. Algo así como un… un algo muy agudo y hasta como si fuese frío, que me recorrió entero. Como cuando sientes vértigo o te pones enfrente de una situación en la que el cuerpo te hace una reacción…
Besarle con lentitud sin apartar nuestras miradas era algo que me estremecía de emoción, o de algo parecido… Joder, es todo tan desconocido que no sé ni qué coño siento. Pero se me apretaba el corazón con fuerza cada vez qué el entrecerraba los ojos de placer, cada vez que se sonrojaba porque se sentía invadido al no tener la privacidad de cerrar los ojos.
Era como una especie de “si tu no cierras los ojos, yo tampoco”.
Mierda, creo que me falta la respiración. Creo que me estoy colapsando. Esto es demasiado para mí. ¡Tengo los latidos a mil por hora, joder! Me está empezando a temblar el pulso, y sin embargo creo que mataría a la persona que osara separarnos en estos momentos.
Bill, no apartes la vista, no apartes la vista… Quédate mirando esos preciosos ojos marrón miel… No pierdas la concentración. Bésale, siéntele… Ahora que puedes Bill, hazlo. Aprieta sus manos fuertemente, acaríciaselas con los pulgares, bésale de nuevo.
De pronto noté cómo me pillaba la lengua entre sus dientes y no me dejaba escapar. Alcé las cejas sorprendido y noté como paseaba la suya por la punta de la mía, en círculos. Me dejé hacer… Puse cara de estar analizando sus movimientos, como si estuviera en un examen y yo fuese el profesor, como si al yo tener tanta experiencia, le pusiera a prueba…
Y se puso nervioso. Le puse nervioso… Y dejó de besarme.
Se empezó a reír fuera de mi boca, a apenas unos centímetros de mí y después de notar que estaba bajo mi atenta mirada (ya que ahora, después de estar tanto rato observándole, no podía dejar de hacerlo) se escondió en el espacio que hay entre mi cuello y el hombro… Dejándome el suyo casi casi, a mi merced.
Con que le apartara un poco el pelo…
¿Le beso en el cuello? Sí por dios, he de besarlo en el cuello… Moriré si no lo hago. Lo tiene tan jodidamente suave... Es como seda, es como acariciar el agua sin llegar a mojarte.
Deseé apartarle el pelo sin soltar sus manos de las mías y me hallé en un dilema.
Empecé a soplar.
-Jajajajaja – este se retorcía encima mío y se carcajeaba de lo lindo. Me entró la risa a mí también - ¿Qué haceees? –le costó decir esa frase ya que no paraba de reírse.
-Intentar apartarte el pelo sin soltarme las manos.
-¿Para qué…?
-Para comerte mejor… -cité al lobo de caperucita.
Noté cómo Bill cogía aire sonoramente y lo retenía, sin apartarse de mi hombro. Después lo soltaba haciéndome cosquillas, para finalmente darme un leve y simple mordisco por encima de la camiseta, en el hombro.
Noté como me apretaba mis manos con las suyas y las alzaba hasta llegar al nivel de mi cabeza y después con un poco de mi ayuda, apartaba su pelo, dejándome vía libre. Jo-der…
Vale, sentía que me iba a dar un ataque ahí mismo. ¡Y pensar que sólo nos estábamos besando joder! ¡Sólo eso! El calor sube… Y no sólo el calor.
Noté, aún con las manos en alto, como su nariz recorría mi cuello de arriba abajo, delineándomelo y cómo después, hacía el mismo camino en sentido contrario, con la lengua mojada, hasta llegar al lóbulo de mi oreja.
Me lamió, me mordió, me succionó, me… me mataba ahí mismo.
Se concentraba en una zona del cuello y lamía con avidez, mordía con ganas y me marcaba en rojo, la longitud de este.
Me hacía rozar el cielo con la punta de los dedos.
Notaba que me cansaba de hasta estar de pie, me relajaba y me gustaba tanto que las fuerzas me iban desapareciendo, era como… como si me derritiera de verdad ahí mismo.
Mis manos perdían fuerza y gracias a que él me sujetaba aún no se habían deslizado hasta llegar de nuevo al lado de mi cuerpo, pero si es cierto que poco a poco, estas descendían poco a poco.
Bill se está muriendo de placer, lo noto. Joder, qué bueno soy por favor. Que alguien me dé un premio.
Vi que Bill empezaba a descender las manos, como si le pesaran y yo seguí bajándolas con él.
Joder, me encantaba lo que estaba haciendo. La respiración de Bill en mi oreja me estaba poniendo muy cachondo. Creo que me iba a dar un ataque ahí en medio.
Yo… Quería hacer má. ¡Quería ir más allá!
Simplemente para saber si me gusta. Si Bill me gusta. Que de momento, todo parece apuntar que sí. Estoy empezando a pensar que soy… Maricon del todo.
¿Qué más me gustó de él cuando lo conocí? Em… El culo. Oh, ya lo creo que sí. Fue el hecho de que tenía un culo de escándalo lo que hizo que me acercara al autocar a tocárselo.
Tocárselo.
Instintivamente nuestras cuatro manos, fueron conducidas por las dos mías hasta su trasero.
El momento fue muy cómico ya que Bill se tocaba el culo a sí mismo y mis manos presionaban sobre las suyas magreándole a más no poder.
Le atraje más hasta mí y…
¡DIOS!
¡LA MADRE QUE LO PARIÓ!
¡Estaba tan cachondo como yo! Mierda… Esto no entraba en el plan.
Cabe decir que me cortó un poco el notar ese bulto contra el mío tan junto, tan… Tocándose.
Sin embargo no paré. No quise parar. Quise… ¿acostumbrarme? Volví a las andadas y mientras dejaba mi marca por todo aquel espacio libre de ropa al que correspondía su cuello, mis manos tocaban su culo y sus manos al mismo tiempo.
-Uhmm…- se le escapó a Bill.
-Vaya Baby… Así que te pone tocarte el culo. No sabía yo eso de ti… Sabía que eras creído, pero no hasta ese punto. –me reí de él en su oreja.
Y sólo obtuve una contestación de indignación.
-Oh… Será posible. - apartó sus manos enseguida y nos separó.
Creo que puse cara de pánico.
Pero acto seguido volvió a besarme colocándolas sobre mi pecho. Con mis manos y la suyas abiertas, raspándome con las uñas por los huecos entre mis dedos.
-Gr… -gruñí. Qué pasada.
-Ui, no sé quien es ahora el creído…
-Jej… - me reí y justo cuando iba a contra atacar, se cruzó con mi mirada, un reloj que había en la pared -¡Mierda! ¡Bill! ¡Es tardísimo, joder!
Y de pronto caí sobre un mar de piedras afiladas, me había soltado de las lianas del cielo para chocar contra las profundidades del infierno.
No… No te vayas ahora… No te vayas.
Tom se separó de mi, y buscó en un armario muy pequeño, unas mantas y unas toallas que siempre hay limpias. Divisó una bastante grande.
La cogió y sin decir absolutamente nada, a excepción de un corto y casto beso en mis labios, se metió en el baño para salir al cabo del cuarto de hora, en el que yo estuve mirando a las musarañas, empanado y pensando en que estaría haciendo ahora mismo, si enjabonarse o quitándose el jabón…
Cuando salió, iba perfectamente arreglado, con el tono de las rastas más oscuro que lo habitual, ya que las tenía aún un tanto húmedas y sin gorra. Llevaba un simple pañuelo que le cubrió la frente.
-Bill, tengo que irme pitando. Lo siento de verdad, pero se me ha pasado el rato volando y tengo que pasarme por el comedor antes que los alumnos. Nos vemos ahí – y guiñándome el ojo abrió la puerta.
-¡Espera! – grité, después de estar mudo un cuarto de hora entero.
-¿Qué? –preguntó confuso.
Le devolví el beso que me había dado él, cuando había entrado en el baño y le empujé fuera de mi cabaña.
Este sonrió seductoramente y se mordió el labio. Después lo vi avanzar a una velocidad media, girándose cada dos por tres a mírame, y yo sin soltarme de la puerta, me quedé hasta que dejó de darse la vuelta, y desapareció entre los árboles.
¡Oh dios… Creo que estoy más enamorado que antes si cabe!
¡Tom, me matarás a suspiros por ti!
Me metí dentro después de dejar de lado la posibilidad de que diera pasos atrás y volviera junto a mi lado, y cerré la puerta tras de mí. Me quedé apoyado en el marco de la puerta mirando al suelo y jadeando, recordado lo que acababa de pasar.
Después de perderme yo solo en las profundidades de la memoria y en el mundo de las sensaciones vividas, me comencé a mover lentamente, a pasos agigantados por toda la habitación.
Recogí un poco, puse las sábanas bien colocadas y finalmente me preparé la ropa que me tenía que poner.
Pero buscando el maquillaje que no tenía en mi neceser del baño, miré en mi escritorio.
Algo… Algo me sorprendió. Algo no estaba como tendría que estar. Los… Los dibujos estaban todos apilados boca abajo.
Yo no los había tocado. Lo último que había hecho era dejarlos de cualquier manera sobre el escritorio, para guardarlos después.
¿Qué coño?
…………
Vale, Tom los había visto.
Mierda. ¡MIERDA!
Y encima les ha dado la vuelta, ¿quiere decir eso que no quiere saber nada sobre el tema? Ha leído claramente el “ich liebe dich, Tom”, y los ha dejado boca abajo.
Sólo, me besa, no le intereso para nada más.
Genial.
¿Una pistola por favor?
Tom
Perfecto, necesito hacerme una paja YA. Creo que voy a reventar.
Es increíble, porque tengo la sensación de que me ha dejado completamente a medias, y en realidad ni le he quitado la camiseta. Buft, llevo una erección de caballo, macho.
Vale, admitido. Me gusta Bill, me gusta muchísimo Bill. Ahora ya tengo claro que no hace falta ser Einstein para cerciorarme de esto.
-Me… Me… - ¡mierda, me cuesta decirlo en voz alta! – Me gust… Me gustas, Bill. Me gustas mucho. – no sé por qué coño quise pronunciar la frase fuera de mi mente, abriéndome al mundo, pero cuando lo hice me sentí pequeño e indefenso, aunque cabe admitir que también me sentí mejor y un tanto… perdido.
Me sentía débil porque ya no era inmune a los sentimientos, pero me sentí fuerte porque me sentí lleno y ser capaz de vivir con ello.
Al final, caminando a paso normal, llegué en un santiamén al comedor donde ya me esperaban mi padre, los hermanos E (Erika, y Erik, sí), y Gus.
Justo cuando fui a cerrar la puerta del comedor, apareció la tutora de Bill, Dawn.
Yo sostuve esta abierta, para que pudiera pasar, y cuando me vio, pareció que se le congeló el mundo entero. Se me quedó mirando con los ojos abiertos de par en par y después de saludar rápidamente con la mano, salió de mi vista al instante.
¿Qué coño le pasaría a esta?
El comedor se llenaba de gente y poco a poco las mesas se iban acaparando de adolescentes revolucionados, jóvenes disfrutando del verano y niños que no sabían ni donde estaban. Había una gran concentración de gente pero yo me sentía más solo que la una.
No habían aparecido ni Andreas, ni Mario ni… Ni tan sólo Bill. Si no llegase a ser por Gustav ahora me estaría muriendo del aburrimiento.
Pero igualmente necesitaba ver a uno de ellos tres. ¡Lo necesitaba! A uno más que a otros, pero eso es igual.
El rato pasaba y no había indicios de nadie, y pronto ya era la hora de recoger. Hoy me tocaba a mi limpiar, así que yo me tenía que aguantar hasta que todo el mundo se fuera, y no podía salir a buscar a nadie.
Manda huevos…
Volvía a tener mono de Bill y hacía apenas una hora máximo que no lo veía.
Cada vez que se abría la puerta miraba instintivamente, pero al final me decepcionaba más, porque eran simples alumnos que se empezaban a largar. ¡Se iban! ¡O sea, nadie entraba! ¡NADIE! ¡Me estreso!
-Toc toc, ¿se puede? – una voz femenina me sacó de mis pensamientos. Yo estaba sentado y ella de pie, así que tuve que alzar la cabeza para mirarla.
Una chica, más bien bajita y pelirroja me miraba un tanto cohibida.
-¿Ashley? – dije sorprendido.
-¡Sip! – dio un pequeño respingo y después saludó con la mano. Esta chica era muy curiosa vistiendo… No era precisamente femenina que digamos, y siempre iba de blanco, pero era sexy la miraras por donde la miraras. Me levanté y me senté en la mesa, donde sólo quedaba Erik acabando de comer, en la otra punta.
-Emm… ¿Qué tal? – no sabía que preguntarle. La verdad es que no se qué pintaba ella aquí, pero desde luego no la iba a echar. No ahora que no tenía a nadie con quien hablar. A más, no me estaba mal hablar con una de las amigas de Bill, encima ayer se reconciliaron y yo no me enteré de anda de lo que pasó. ¡Se me ha olvidado preguntarle al moreno! Si es que… Joder, pierdo la cabeza por momentos.
-Bieen… Preguntándome dónde está Bill. ¿Lo has visto? Ayer, por un mensaje, me dijo que ibas a dormir en su cabaña por no sé qué de unos amigos tuyos y bueno, pensé que vendríais juntos, pero no está en ningún sitio.
Mi cara se descompuso. ¿Que quién le había dicho, qué?
Genial, o sea, de puta madre. Acababa de quedar como un maricón salido, que se inventa excusas de que sus amigos le han echando de la cabaña, para follarme al tío en cuestión. Yo mataba a Bill, yo lo mataba…
Vale Tom, tú no saques el tema y limítate a contestar.
-Pues no… No lo he visto. Yo he salido pitando de su… de la cabaña. – dije rectificando lo primero que iba a decir. Prefería evitar decir “su cabaña” porque aún quedaba peor.
-Vaya… Pues joder.
-¿Querías decirle algo? – tenía que sacar tema como fuese.
-Sí bueno, es que quería quedar esta mañana con él. Ya que ayer nos…
-Reconciliamos. –acabé yo.
-Sí, exacto. ¿Te ha dicho algo Bill? – preguntó, algo esperanzada. Joder, pobre.
-Pues… No mucho, de hecho ayer por la noche teníamos mucho sueño y enseguida nos pusimos a dormir. Me dijo que ya me lo explicaría – vale, he mentido un poco. Ahora me sabe mal.
-Oh… Vale.
-¿Me explicas tú qué pasó? Sí es que no te importa, claro. - tampoco no era plan de ir con las confianzas.
-Bueno… ¿Conoces la historia de su novia? - ¿Novia? ¿Cómo que novia? ¡Que lo han dejado!
-¿Con la que cortó por teléfono porque es de Berlín? – Ash me miró raro. Alzó una ceja y asintió lentamente, demasiado lentamente, como si estuviera analizando mis palabras. ¿No le habría contado esa parte? Oh dios, a ver si ahora me he ido de la lengua.
-Esto… sí, esa misma. ¿Qué sabes tú de todo eso? - ¿Debería contestar con sinceridad? Bueno, supongo que sí, ella es su mejor amiga, lo debe de saber todo.
-Puees… Que Bill estaba saliendo con ella y que no se por qué, os lo montasteis hace poco, y se enteraron Georg y ella. Bill se pensaba que lo habías hecho para joder, y ahora os llevabais mal los tres.
-…- Alzó de nuevo una ceja – joder, qué directo eres. -dijo sorprendida. Yo sonreí – Bueno… El caso es que yo no lo hice para joder, de hecho se me escapó. ¡Yo pensaba que ella ya sabía que había sido yo! Y bueno, hasta ayer no se lo pude explicar a Bill.
-¿Y que sabes de Georg? Bill está fatal porque lo siente mucho.
-Ya me lo dijo, ya. Pues con Georg me hablo menos que con él. Eres tú el que hablas con el grandullón! –le citó, cariñosamente.
-Sí bueno, pero en los ensayos no le pregunto por vosotros. Es muy violento el tema, y él también lo parece… Sólo hablamos de música. Aunque no se le nota muy activo últimamente. No le he querido dar caña porque sé la situación por la que está pasando, pero va empeorando.
-Pff…
Pero de pronto, la puerta se volvió a abrir. Estuve a punto de no mirar. Y de hecho, no lo hice. Pero el rostro de Ashley, que se giró inconscientemente, hizo que yo también lo hiciera.
Me topé con dos rostros conocidos. Ambos morenos oscuro, ambos con decoloraciones blancas amarillentas.
Y detrás de ellos dos, que hablaban amistosamente, apareció el tercer conocido. Un chico completamente rubio, demasiado incluso como para que fuese natural.
Andy, Mario y Bill. ¡Sí, por fin aparecían!
¡Joder, sentí deseos de tirarme encima de los tres! Miré la cara de Mario, que al cruzarse con la mía se tornó sonriente y radiante. Dejó a Bill de lado y se lanzó a mí. Me dio un gran abrazo.
-¡Putooooom! – Estaba feliz. Joder, eso de follar le había sentado bien… Puto suertudo.
-¡Eh eh, que me ahogas! – dije una vez que sentí que perdía la respiración.
Éste me soltó y después me miró con una media sonrisa.
-¡Bill! – Ashley se fue de mi lado enseguida y se tiró a los brazos de éste. Joder, ¿soy yo o ahora está más bueno que ésta mañana? ¿Es eso posible?
-Bueno Mario, veo que la noche ha ido de puta madre, ¿no? Estás súper feliz. -dije haciéndome el loco, y pasando de Bill. Quería que viniera él a saludarme a mí, pero empezó a hablar con la pelirroja.
Enseguida les perdí atención al darme cuenta del cambio de expresión de mi amigo moreno. En cuando le nombré lo que había pasado por noche se le crispó la cara.
-Pregúntale a Andreas… -dijo despectivamente, y yo me quedé a cuadros ¿Perdón? ¿Andreas? Diablos, lo ha llamado por el nombre de pila. Mierda, mierda mierda… ¡Otra vez se han enfadado!
-¿Y ahora qué coño ha pasado si se puede saber? – pregunté con un tono cansino. Como si fuese la rutina de cada día… Aún así, se me escaba alguna que otra mirada fugaz a mi otro moreno, que hablaba amistosamente con la chica.
-Que se lo preguntes a él.
-Joder, Mario, ni que fuerais críos. - me resigné - ¡Andy! Ven aquí, que aún no te he saludado. - él era mucho menos gay y me dio la mano para saludarme, y al mismo tiempo e él se le notaba más el enfado. - ¿Qué ha pasado?
Éste rodó los ojos, puesto que siempre le acababa sacando a él la información, y esta vez, no iba a ser la excepción.
-Pues el amigo, que quería cambiar los papeles por una vez y me he negado en rotundo… - vale, “el amigo” era Mario, y eso de cambiar los papeles ¿era… dejarse encular por el amigo?
Me entró la risilla.
-¿Y al final ha habido tema? –pregunté.
-Pues claro que no. O sea, sí. Pero como toda la vida. Y ahora está enfadado. – le echó una mirada asesina.
-Tsk… - Mario estaba indignado.
Pero a mí no me importaba. Yo sólo quería hablar con Bill y arrinconarlo contra la pared. Pero el muy mamón aún no me ha dicho nada. ¿Por qué no me saluda? No quiero ir yo, quiero que se acerque él. Me entraron mil ganas de preguntarle a Mario de qué hablaba con Bill cuando estaban viniendo, pero no lo hice. Supongo que porque sé que no me lo iba a explicar, Mario era un c*****o en estas cosas, en el sentido de que era demasiado buen amigo, y probablemente si Bill le había pedido que no dijera nada, él no lo haría jamás.
Suspiré sin quitarle ojo de encima a Bill.
Y entonces nuestras miradas se cruzaron. Me erguí de pronto y aparté la mirada, sonrojado. Joder, ¿y ahora porque me pongo así? Me estoy amariconando.
De pronto fui consciente que en el milisegundo que nuestras miradas chocaron, no vi la emoción que estaba padeciendo yo, si no que pude notar un aura negra que provenía de él. ¿Qué diablos?
-Tom, ¿ahora qué haces? – me preguntó Mario.
-Puees… - esto primero lo dije casi sin pensar. Cuando me centré y pensé en lo que hacía por la mañana contesté – Me quedo con los niños pequeños. Tengo libre sólo para comer.
-Joder. –contestó Andy.
-Pero podéis estar conmigo dando clase. – Solté como quien no quiere la cosa. Si cuela, cuela.
-¿Todos? – y de nuevo la voz femenina de Ashley habló. Todos nos quedamos sorprendidos de que hablara. Incluso Bill la miró con medio pánico. Mierda, otra vez mirando a Bill. ¡¿Qué le voy a hacer?! ¡Ya lo he admitido! Me gusta. Me gusta… ¡Y el muy c*****o no me quiere ni saludar!
- A ver, si son dos personas no pasa nada, pero… No sé, si somos más parecerá que estoy con mis amigos y aparte con los niños, no del revés. - mierda, si les decía que no, Bill se iría, y yo lo quería cerca todo el rato. - Bueno, si colaboráis los cuatro con los críos sí. ¡Pero nada de estar de cháchara todo el rato! - sentencié.
-¡Vale! – Ashley dio una palmada y finalmente un pequeño salto. Sonrió feliz, y después cogió a Bill del brazo, mirándolo. Éste la miró, le sonrió de lado y de nuevo… Ni se fijó en mí. Ya está, seguro que también anda enfadado conmigo. Oh dios mío, ¡representa que sólo las mujeres son complicadas! ¿Y ahora qué he hecho?
¿Me lo quiere explicar alguien?
De pronto, me di cuenta en un extraño movimiento de Bill. Se tocaba el pelo a cada instante y se lo ponía muy hacia delante, casi tapándole las magillas.
¿Qué hace?
Bill
Salimos todos del comedor después de que Tom hubiera cerrado con llave y caminamos en silencio. Ashley parecía que se había hecho un poco amiga de Andy y ahora iba con ellos dos. Estaban hablando de algo, pero no me importó demasiado. De hecho yo estaba en mi mundo. Tenía la vista fija en Tom, que estaba un par de metros más adelante, hacia la izquierda, hablando con Mario y gesticulando mucho con las manos.
No se de qué estarían hablando, pero se les veía concentrados.
-Ais… -suspiré bajo, casi un suspiro inaudible. Tanto, que la pelirroja y el rubio ni se habían dado cuenta.
Me sentía extraño. Realmente no quería estar enfadado con Tom, porque quería estar próximo a él, pero lo de los dibujos me ha fastidiado bastante. No sé lo que realmente ha pasado y no quiero juzgar mal por ello, pero me he quedado un tanto deshecho.
Estaba tan jodidamente emocionado y alegre que el haber visto eso me ha descompuesto.
Quizás simplemente los ha apilado del revés porque sí, o yo que sé. No quiero pensar mal todavía. No hasta hablar con él. No hasta aclararlo todo.
Y no le he dicho nada… Bueno, de hecho estaba esperando a que él me dijera algo, ¡pero no lo ha hecho! Me ha mirado tropecientas mil veces, pero ni tan sólo me ha levantado las cejas en modo de saludo, ni me ha dado la bienvenida agitando la mano. Nada de nada. Él estaba hablando con Ash cuando he llegado y yo con Mario, este ha salido disparado hacia él, y ella hacia mí, y después… Todo ha sido muy confuso.
En el fondo estaba rezando porque nos dejase ir los cuatro a dar clase con él, porque aunque no nos dijéramos nada, al menos estaba próximo.
Como mínimo, podía hacer ver que me caía encima de él, rozarle al pasar… En fin, hacerme notar descaradamente y que él se diera por aludido.
De golpe un poco de aire empezó a darnos en la cara, justo de frente, haciendo que nuestras ropas volaran un un poco.
De pronto me entró el pánico.
¡Mierda, mierda! Se me mueve el pelo. No podía permitir que se me viera el cuello por ninguna de las maneras. ¡Tom me lo había dejado marcado por todas partes! Tenía al menos tres chupetones recientes, rojos como el pigmento mismo y no era plan de que lo viera… nadie. Ni sus amigos, ni mucho menos Ashley.
Es cierto, que de la emoción que tenía ayer por la noche, le envié un mensaje diciéndole que íbamos a compartir cabaña. Pero ya está.
Ash no sabe nada del tema, nada de nada. Si realmente llegaba a pasar algo entre nosotros dos, ya se lo diría.
Pero volviendo al tema de los chupetones, yo estaba deseando que Tom los viera y la boca le llegara al suelo, ya que de seguro no tiene ni idea de lo cardenales que me ha dejado.
-¿Y tú qué opinas al respecto Bill? – la voz de Andy me alteró. Sentí una mini descarga, como si me hubieran arrancado de un sueño de golpe.
-¿Eh…? Oh, perdón me he despistado. ¿De qué habláis? – me disculpé.
-Del hambre en el mundo – dijo Ash.
-¿Del qué…? –Alcé una ceja y los miré a ambos pensando que era una broma, pero ninguno de los dos parecía que decían una mentira – Pues… ¿Que es una putada? No sé…
-¡Que es broma, gilipollas! – me dijo Ash, pegándome una colleja y saltando para conseguirlo.
-Lo que pasa es que llevas todo el camino empanado y ni te has dado cuenta de que nos hemos parado. –esta vez fue de nuevo Andy.
Miré a mí alrededor y pude ver que era cierto. Estábamos en medio del campo de básquet, con el césped un tanto morroñoso, y con unas canastas algo viejas, pero cuidadas.
Estábamos en círculo y los cuatro me miraban. Incluso Tom.
Me empecé a poner nervioso.
-Ah… Ya bueno. Estoy en mi mundo. ¿Por qué nos hemos parado? –pregunté, por sacar tema.
-Estamos esperando a que Erik traiga a los niños hasta aquí – la grabe voz de Tom sonó en el contexto de la situación y pareció que hablara más fuerte, clavándose en mis tímpanos.
Me sentí obligado a mirarle a los ojos. Lo hice desde una perspectiva baja, arrugando los labios a un lado. Este alzó una ceja momentáneamente cuando nuestras miradas se cruzaron.
Dios, y pensar que este simple gesto, de mirarnos, había sido acompañado por un sinfín de besos en mi cabaña… Los nervios que se acumulan en mi estómago cada vez que lo recuerdo, no me dejaban alejar ese pensamiento por más de diez minutos.
-Ajá… -me limité a contestar. Vi como rodaba los ojos, cansado de mis esquivadas. ¡Mierda, tiene razón! ¡Lo esquivo sin motivos! ¡No tengo porque enfadarme!
Pero quiero que venga él, quiero que él me pregunte qué me pasa, que se preocupe un poco… Ya sabe que le quiero. No hace falta que me declare. Ahora le toca a él moverse. Le toca a él decir lo siguiente, aunque también preferiría decírselo en persona.
Quería sincerarme con él delante, ver su reacción, y así saber si me tengo que rendir o he de seguir a delante.
No nos dijimos nada en toda la mañana. Lo único que llegamos a intercambiar fueron miradas en las que se nos notaba las ganas que teníamos de hablarlos de una vez. Nos decíamos con los ojos, lo gilipollas que éramos por dejarnos llevar por el orgullo.
Tom
Me estaba enfadando con el mundo. Y sobre todo con el moreno del pelo largo. ¿¡Porque no me dice nada, cojones?! Apreté los puños con fuerza de la impotencia que me daba toda esta situación tan gilipollas, y puse cara de mala hostia.
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