Volví a dejar la imagen imprimida apoyada en el mismo sitio, y de nuevo me concentré en los dibujos.
Me quedé de piedra.
Había como unos 6 dibujos hechos. Con diferentes técnicas, con diferentes escenarios, pero con algo en común. Los modelos siempre éramos Bill y yo.
La madre que lo parió.
El primer dibujo, era una réplica exacta de la foto. Quizás más cerca incluso de lo que ya estábamos en aquel momento. Se veían perfectamente nuestras fracciones, y eran exactamente las que habíamos puesto, esa cara. Qué bien dibujaba el cabrón.
Otro dibujo era una cosa totalmente inventada. Éramos nosotros dos, en mi cama, estirados. Como lo que habíamos vivido hoy noche, pero ambos despiertos, como si también se tratara de un fotomontaje. Y esto se repetía en el resto de dibujos. Cada uno más perfecto respecto al anterior.
Sentía que se me estaba formando unas cosquillas en el estomago que no sabría identificar exactamente lo que me producían, pero más de una sonrisilla se me escapó al ver estos dibujos.
En uno de ellos, salía yo solo. Sonriente, y mirando fijamente “a cámara”.
A sí que Bill se dedicaba a dibujarme cuando no sabía qué hacer. Tiene huevos. Seguro que le gusto. Eso de que tenía novia era una trola para liarse conmigo.
Y por último, el dibujo final éramos otra vez nosotros dos. Estábamos como en la oscuridad, y joder, nos estábamos besando.
Fue el día del comedor. Bueno, el día de detrás del comedor.
Parecía que nos estuviéramos cogiendo con fuerza, como si algo nos quisiese separar, y estuviéramos evitándolo. ¿De verdad le cogía yo con tanta ansia aquel día? Con ambos brazos, rodeándolo, aprisionándolo contra mí, contra mi pecho, aceptando mi tacto. Me estaba subiendo la temperatura de sólo acordarme.
La verdad es que besaba genial. Pocas tías he besado que besaran igual que él.
No podía apartar la vista del dibujo. Era realmente perfecto. Busqué el móvil, y buscando el flash, le saqué una foto. Recé por no haberle despertado.
-Humm… - oí de fondo. Bill estaba remoloneando. Quizás habría sentido el flash.
Me quedé atento, por si volvía a decir algo, pero no. Dio un par de vueltas en la cama y después volvió a permanecer en silencio, entre sueños.
Y como si de un imán se tratara, mi vista de nuevo fue dirigida hacia aquel trozo de hoja pintada, de n***o carbón que hipnotizaba como el encantador prendaba a la serpiente con su música.
De pronto, algo me llamó la atención. Algo en la firma. Después de esa enorme B de Bill, garabateada con el resto de sus letras casi ininteligibles, había una frase. Bueno, dos palabras. No sabría decir qué ponía porque desde luego eso no era inglés, y mucho menos alemán. Parecía hasta impronunciable. ¿Qué coño ponía ahí?
Y como buen zopenco que era, intenté decirlo.
-¿Te… Te… Te quiigro? – mi cara debía ser de cuadro. Estaba claro que eso sonaba a chino. De hecho, habría jurado por sólo la fonética, que lo era, si no fuera porque era evidente que no seguía siendo nuestro alfabeto. - ¿Te quiigro? – volví a repetir. Por si por segunda vez sonaba mejor que la primera. ¡Dios, qué feo! Sonaba igual de mal.
Guardé los dibujos, apilados, en una esquina de la mesa, y mientras los estaba poniendo bien se me cayó otro al suelo.
Enseguida me agaché a mirarlo. Tuve que parame a mirar detenidamente el suelo, porque aunque la luna alumbrara muchísimo, el folio blanco se escapaba de mi visión nocturna.
Al cavo de poco lo encontré y lo sostuve entre mis manos.
La circulación se me paró, el corazón dejó de sentir y mi cabeza de pensar.
No era un dibujo, era un escrito. Un simple escrito en grande, que ocupaba toda la hoja. Con carboncillo, y casi difuminado de la hojas que se le había puesto encima y lo había emborronado.
Ponía claro y en grande: “Ich liebe dich, Tom”
Te quiero, Tom. Con todas las letras, con su gran significado.
Un viento de aire frio entró por la ventana helándome entero y dándome un escalofrío. Se me puso la piel de gallina.
¿Tom, te quiero? ¿Qué representa que es eso? ¿Porqué coño tiene Bill escrito en grande que me quiere?
Ui ui… Demasiada información de golpe. Creo que me estoy saturando.
Te quiero, Tom; Te quiero, Tom.
Lo mismo que “Bill, me quiere”. ¡Bill me quiere! ¡Me quiere!
¡No me lo puedo creer! ¿Pero no representaba que era hetero? La madre que me parió. Vale, no entiendo la situación.
Esto no tiene ni pies ni cabeza. Hace poco Bill me decía que quería ser mi amigo, y por muchas bromas que hagamos hecho al respecto, siempre ha quedado claro que ambos éramos hetero y que no sentíamos anda por el otro. Siempre, siempre lo hemos dicho.
¡Aunque ahora seamos amigos con derecho a roce, eso sigue sin importar! ¡Por que no es algo que conlleve llevar un vínculo de sentimientos!
Vale, también, es de gilipollas creérselo. Está claro que es maricón, yo ya lo vi en su momento y no me cansaría de decirlo, en cuanto lo vi dije que le iban las pollas, y aquí estamos.
Suspiré.
-Ich liebe dich… - leí en “voz alta”, aún sin creérmelo del todo. Le gusto, le gusto. No sólo le gusto, si no que me quiere. Se ha enamorado.
Quizás no enamorado del todo, pero sí que está pillado por mí. Y mucho.
Vaya.
Quién iba a decir que realmente se hiciera realidad. Tanto bromear con la cosa y ahora lo tenía detrás de mí, seguramente, ansioso por que le bese. Porque me acerque a él, porque estemos juntos.
Juntos.
De nuevo un murmullo de fondo me sacó de mi mente.
-Huuummm… -esta vez sonó a un gemido de molestia. Como ese típico “huummm… cinco minutos maas”. Me volví a quedar estático, delante de una situación en la cual, no podía hacer ruido para que el durmiente a secas, no se levantara. Pero este pareció que se estaba desvelando. Me giré poco a poco ya que había estado de espaldas a él todo el rato, y pude verle como movía su brazo por toda la superficie de la cama. Buscaba y rebuscaba, pero por mucho que palpara todo lo que estuviera a su alcance, no encontraba aquello que buscaba. ¿Qué debe de estar haciendo? ¿Qué debe de estar intentando encontrar?
-¿Tom…? – su delgado y larguirucho cuerpo se alzó un poco sobre las manos que había apoyado en el colchón y miró a todas partes sin ver nada, ya que tenía el pelo por toda la cara, qué adorable... ¡Eh, ni hablar del peluquín! ¡Nada de adorable ni adorable!
¡Pero a ver! ¡Tom! ¡Que ha preguntado por ti! Por unos instantes no supe que responder, me quedé mirando en dirección a la cama sin hacer mucho más y después cogí aire. Pero Bill me volvió a interrumpir antes de que pudiera decir nada.
-¿Tom…? ¿Dónde estás? –su voz ronca de por las mañanas sonó en toda la cabaña, aún oscura por ausencia de sol.
-Sí sí… He ido al baño. – ordené todas las horas que tenía en las manos y las dejé de nuevo sobre la mesa, boca abajo. No sé si para hacer notar que lo había visto o por querer tapar su contenido.
Me apresuré a caminar directamente en su dirección, disimulando.
-¿Qué hora es? ¿Hay que levantarse ya…? – su tono seguía siendo tan remolón como en el primer gemido.
-Shh… No no… Tranquilo – le susurré, mientras apartaba las sabanas y veía como se quejaba, tapándose consigo mismo, dándose calor con las manos frotándose, hasta que finalmente me enfundé yo en el colchón, y este se relajó al quedar de nuevo tapado. – Son las cinco y cuarto…
-Oh… Duele oírlo. - y mientras volvía a quedarse dormido se giró y se quedó de cara a mí, de lado y yo hice lo mismo instintivamente. Se aproximó un poco, y aun con los ojos cerrados me puso una mano en la cintura, me atrajo mínimamente, y respiró tranquilo.
Se volvió a dormir, cogido a mí, expirando e inspirando prácticamente sobre mi nariz, ronroneando de vez en cuando, como si fuese un gatito rascándome muy suavemente con las uñas, cosa que si fuese por debajo de la camiseta me volvería jodidamente loco. ¡Y eso que ni tan sólo había movido la mano de sitio! ¡No! ¡Simplemente la tenía posada encima de mi cintura, tocándome la espalda! Y me estaba matando.
Le miré.
Le miré como otras veces lo había hecho, directamente, sin que él lo supiera. De nuevo, durmiendo. ¿Cuán repetitiva es esta escena, verdad? ¿Será que el ¿destino? quiere que me dé cuenta de algo? ¿Será que ha de pasar algo en estos instantes y no lo he sabido aprovechar? ¿Esto es una puta señal?
Vale, ¿señal de que? ¿De qué coño va a ser una señal?
¿de que también me gusta? ¿Qué me siento… atraído? Arg, me suena fatal decir la palabra atraído. ¡Yo no me siento nunca atraído!
Pero… Joder ¿y si es cierto?
Tom, analiza la puta situación.
Otra vez Pepe.
Sí, y no me iré hasta que no te des cuenta, coño.
¿Pero de que me tengo que dar cuenta, macho?
¡De que te has pillado! Repito, analiza la situación…
Analízamela tú.
¿Sabes que yo soy tú?
Que me la analices, me da igual estar hablando solo.
A ver, te besas con él constantemente y te gusta, te quedas mirándolo a todas horas, lo buscas sin cesar allá donde vayas, te molesta que se enfade contigo, te jode que haya tenido novia, te jode que te resulta tan jodidamente atractivo, ¡te agrada físicamente y lo sabes! ¡No paras de pensar en el culo que tiene, macho! ¡Que soy tu conciencia, lo sé todo tío! Te encanta como besa. Te encanta su pelo, sus labios, su experiencia, su morbo, su cara de putón, sus sonrojos y sonrisas de autosuficiencia. Te encanta todo él”
…
¿Suficientemente analizado?
Te has pasado.
Quizás tuviera razón, quizás ahora era un puto maricón enchochado con él. Jodido bombón que tenía delante de mis narices. Quizás sí…
Pero… Joder.
¿Pero por qué dices pero? ¿Qué hay de malo? ¿Dónde está el sentimiento de “vive el momento”, que el lunes vivimos? ¿Dónde están esas ganas de hacerlo todo, para no morirte sin haber disfrutado cada segundo? ¿Dónde?
Pues no lo sé. Esto es algo totalmente nuevo y no sé cómo actuar… Pero a la vez, quiero actuar. Mierda, esto se está complicando coño. ¡No sé cómo dar ni el primer paso! ¡Estoy en blanco, bloqueado! ¡He de dar pasos en falso todo el rato si quiero intentarlo, joder! ¡Esto es difícil, es como un reto, como algo! Joder, no sé. Algo imposible.
Así es más divertido… Si supieras qué hacer en cada momento no sería tan atractiva la idea… Improvisa.
-Así será más divertido… Sí… Podría ser. - pronuncié casi inconsciente, poco antes de volverme a dormir, aferrando yo a Bill por su cintura, y atrayéndolo a mí, juntando nuestras resultonas narices y juntando nuestras respiraciones al soltar el aire al mismo tiempo.
Bill
Pipipipipiii
Mierda. El estridente y estresante sonido que producía ése reloj despertador era taladrante y molesto. A más, lo tenía en la puta oreja, golpeándome y obligándome a despertar de ese maravilloso e increíble sueño en el que Tom dormía a mi lado y lo cogía de la camisa, acercándolo a mí.
-Joder… - otra voz que no fue ni la mía, ni la de mi subconsciente, sonó en el contexto. Pensé por un instante en que había sido una alucinación mía, pero después noté movimiento.
El calor que había en mi cintura desapareció, como cuando llevas mucho rato en una postura y al cambiar ésta, notas frio, y el colchón entero se agitó. El sonido cesó y eso fue aún más increíble. ¡No había tocado el despertador!
¿Qué coño estaba pasando? Tenía tanto sueño que no tenía fuerzas para levantar los parpados.
Sentía que había estado toda la noche pendiente de algo, o concentrado en algo, de tal manera que me había agotado.
Ni que soñar con Tom fuera tan agotador. Aunque sí que muy… placentero. ¡Oh, mierda! ¡Me ponía cachondo de solo recordar que estábamos tan juntos! Está todo tan difuminado… Pero a la vez todo tan real. Me suena incluso, el haberme levantado en medio de la noche y haber preguntado por él, como si algo me hubiera desvelado y sintiese que me faltaba algo. Pero el hecho de que me contestara me suena tan lejos… Tan imposible. ¡Pero tan deseado, joder!
-Hmm… Tom… - suspiré en voz alta, como si el hecho de llamarlo pudiera hacer que apareciera de la nada, delante de mis narices, sonriente, y expectante. Aunque fue simplemente unas ganas de decir su nombre, de nombrarlo, de sentirlo más cerca.
-¿Sí? – otra vez de nuevo, una voz de cansado sonó a escasa distancia de mi posición.
A continuación el corazón se me aceleró de golpe y me entró un espasmo. Abrí los ojos con tanta fuerza que me dolió, y sentí tan pesados los parpados que creo que me ardían los ojos en deseos de cerrarlos de nuevo.
Pero la imagen tan difuminada que tenía delante de mí, se tornó nítida e incluso demasiado clara.
Se me cortó la respiración cuando fui totalmente consciente de que tenía delante de mí, un chico, con una camiseta demasiada pequeña para lo que suele llevar siempre, con cara de dormido, con las rastas cogidas en una coleta y esparcidas por el colchón, y que estaba a punto de tocarme.
Me levanté de golpe y después de coger aire sonoramente emitiendo un sonido agudo de sorpresa, aguanté la respiración con la mano en la boca y los ojos bien abiertos.
-¡TOM! –grité.
¡Ahí estaba! ¡Estaba delante de mí! ¡Justo como yo estaba pensando! ¡QUE SÍ QUE ESTABA DURMIENDO CONMIGO!
El latido desenfrenado de mi corazón hizo eco durante unas milésimas de segundo en que nadie dijo absolutamente nada. Nada de nada.
Después, el chico de las rastas me miró interrogante y confuso y se rascó los ojos después de bostezar. Y yo aún, flipando.
-¿Qué pasa? – preguntó con voz de cansancio, como si no le diera importancia a que me estaba dando un ataque ahí mismo. ¡No lo había soñado!
-Yo yo yo… - tartamudeé. Se pensará que soy imbécil. - Es que… Pensaba que había soñado contigo, no que de verdad habías dormido aquí. - aún estaba sorprendido de mi mismo.
Ahora me empezaban a venir las imágenes de ayer. Andy y Mario querían dormir juntos, sin interrupciones, y habían echado a Tom fuera, y este me había pedido de dormir conmigo. Sí… ya me acuerdo.
Dios, ¡que tonto soy!
-Bill… Yo soy tú y me lo hago mirar. - se rió de mí.
-Ja. Ja. – me burlé sacándole la lengua.
Este se volvió a reír y me lanzó encima la almohada en la que había dormido toda la noche. ¡Hostia… olerá a él! Pero no me dio tiempo a pensar en claro mucho tiempo, ya que me dio en toda la cara, y le miré atónito.
-¿Perdón? - Tom me miraba sonriente – Ja, te has metido con la persona equivocada, cariño – le miré desafiante, con una media sonrisa de superioridad.
Este se lamió los labios y después se los mordió, como si le encantara este juego. Joder, tú sí que me encantas a mí.
¡Bill, no te desconcentres!
-¿Eso crees? – dijo con un tono un tanto seductor. ¡Es como un sueño de verdad, levantarse y tenerlo a tú lado! ¡Aún no me lo creo!
-Ajá… - alcé una ceja, poniendo voz aún más melosa.
-Te tiraré de la cama y te comerás el suelo, chaval… -se puso de pié sobre el colchón y me miró desde arriba.
-¿Nos apostamos algo? – esta vez, era yo quien se levantaba y se ponía a su altura, con dificultades ya que tenía que aguantar el equilibrio fuese como fuese sobre ese colchón.
-Lo que quieras… - cogió la almohada con la que yo había dormido y se puso en posición de combate, con las piernas un tanto separadas, una delante de la otra, y su arma blanca (y nunca mejor dicho) en alto, señalándome con ella. –Dime algo, va… Lo que quieras.
Le tomé la palabra mentalmente y me dispuse a atacar contra él. Empecé a dar cojinazos al aire a por doquier, con los ojos cerrados, por si mi daba a mí mismo, e intenté avanzar un par de pasos pequeños, dadas las dimensiones de la cama, para intentar darle más fuerte, y tiralo a bajo de esta.
Escuché “¡traidor, has empezado antes!” al menos dos veces en lo que duró el asalto de golpes a la desesperada. Hasta que noté, que algo me cogía por la cintura fuertemente y me ponía de espaldas a como estaba. Me alzó en el aire y me zarandeó.
-¡Por traidor asqueroso! – escuché en mi oreja.
-¡Bájame, c*****o! ¡Esto no se vale! ¡Es una guerra de cojines! ¡Sólo de cojines!
-¡Ja! ¡Te aguantas tío! – me siguió agitando en el aire y yo empecé a mover las piernas, intentando darle patadas sin saber muy bien a dónde le estaba dando. Sé que un par de veces le di en la rodilla derecha (la cual dobló las dos veces y casi nos caemos) y en el muslo izquierdo otras tres - ¡Eeh eh! ¡Te estás pasando, cabrón! – entonces con el cojín que tenía en mano aún me empezó a dar en toda la cara, dejándome sin habla y sin respirar. – Jajajajaja – se reía de mí.
No sabía ni qué hacer para parar y sólo se me ocurrió pasarle mis piernas y agarrarle las suyas por debajo del culo. Tirar hacia mí, y doblarlo para delante.
Cuando casi me estaba comiendo las sábanas y el final del colchón puse las manos encima de éste y frené el golpe.
Me giré antes de que le diera tiempo a reaccionar a Tom y cogí mi cojín de nuevo y me puse de rodillas.
Éste lo sujetaba en alto también y volvimos a empezar la guerra.
No sé que coño pasó, pero ambos acabamos colchón abajo. Cuando vimos que nos caíamos, Tom me agarró fuerte y me tapó la cabeza con sus brazos y me cubrió con su cuerpo entero. Aunque la caída no era excesivamente alta, caerte de la cama puede llegar a hacerte bastante daño.
Caí encima de él, cubierto totalmente, y pegado a su torso.
-Arg… - se quejó.
Mierda mierda, se ha jodido la espalda, ¡seguro!
-Tom, ¡Tom! – lo llamé mientras me deshacía de su abrazo y me ponía a cuatro patas, encima suyo. - ¿Estás bien? – pregunté, un poco asustado.
-Ugh… Sí sí… No me he hecho daño… Es solo que… Ah… Tu peso ha hecho que me duela más la caída… Y pesas tanto que, dios…
¡Oh! ¡Será c*****o!
Le miré con el ceño fruncido y ni me lo pensé (quizás debería haberlo hecho, pero… las cosas salen mejor sin pensarlo), le pegué un bofetón en toda la cara.
-¡AAH! – se quejó.
-¡Por insensible! – me levanté indignado.
-¡Será posible! Encima que te salvo como si fueses una damisela, evitando que te lastimaras un dedo del pie, o te rompieras una de tus delicadas uñas, y me lo devuelves así! ¡Ja, la próxima vez te buscas a otro príncipe, monada! – se levantó y se cruzó de brazos, después de hacerme una mirada de reproche.
Yo suspiré y casi me derrumbé ante sus palabras. Ai… Me parece tan difícil enfadarme con él ahora… ¡Mira qué mono es! ¡No puedo ni enfadarme en broma!
Rodé los ojos y después sonreí de lado, curvando los labios.
-Ha sido divertido… - dije, con el tono de voz como si me estuviera rindiendo. Intentando calmar la situación que se acababa de comer el buen rollo.
-Tsk… - y este también se relajó. Deshizo su postura y finalmente puso las manos en los bolsillos, que por cierto, me parecieron quilométricos.
-Bueeeno… - se había abierto un silencio que me carcomía las entrañas de nerviosismo, sin motivo alguno. Di algo Bill, di algo. - ¡Me debes algo! ¡Has dicho “lo que yo quiera”! Y dos veces a más… - me acordé.
Pero este enseguida se echó para adelante y me miró indignado.
-¿Qué? ¡Pero si he ganado yo!
-¡No, yo!
-¡Que he sido yo!
-Jodeeer… ¿Vamos a estar así todo el rato? – dije sin evitar soltar una risilla.
-Ja… Eso parece. – dijo también riéndose. -¿Porqué siempre acabamos igual? – preguntó, retórico. Yo nada más que pude encogerme de hombros y mirarle intensamente.
-Va, déjame ganar la apuesta… - puse las manos delante de mi pecho y las crucé entre ellas, estrechándolas, y le puse pucheros. – Poorfaaaa… - lloriqueé.
Este se quedó callado, sin decir nada, pero mirándome con desconfianza. ¿Qué estaría pensando? ¿Qué le estaría pasando por la cabeza ahora mismo? Quizás está intentando adivinar que es eso que quiero pedirle para la apuesta. Quizás se lo está pensando. ¡Oh, ojalá! ¡Sería tan perfecto que me dijera que sí! ¡El motivo perfecto para hacerlo!
-¿Me va a doler mucho…? – Me quedé parado – Quiero decir, ¿No me irás a tirar montaña abajo ni nada por el estilo… no? – me entró la risa nada más oír eso último. ¡Pero qué mono! ¡Dios, me lo como! ¿Montaña abajo? No, no podría hacer tal cosa. Pero ¡ja! ¡Qué bueno! – eh, ¡no te rías! ¡Tienes la mente con ideas muy descabelladas siempre, y yo no descartaría esa opción nunca!
-No, tranquilo, no te tiraré montaña abajo… -dije entre risotadas aún.
-¿Seguro? ¿Y no me vas a hacer nada extraño que haga daño? – preguntó, frunciendo el entrecejo y tirándose hacia atrás.
-Quee nooo… - dije, como si lo hubiera repetido tantas veces que me cansaba de sólo acordarme.
-Entonces… Vale. – y cerró los ojos con fuerza, medio cubriéndose la cara con las manos, encogiendo el cuerpo, como si fuera a lanzarle una tarta a la cara o algo por el estilo.
-Pero qué tonto eres… -dije bajito, mientras avanzaba hasta su posición. Me situé a apenas un paso de él y alcé las manos. Las coloqué justo al lado de donde estaban las suyas y se las cogí. Tom pareció que dio un pequeño respingo y finalmente se dejó hacer. Le posicioné las manos abajo, una a cada lado del cuerpo, y finalmente entrelacé nuestras dedos dulcemente. No me perdía ninguna de las muecas que hacía Tom, aún con los ojos cerrados, y en este último gesto le vi sonreír de lado y morderse fugazmente el labio inferior. – Pero abre los ojos… - y mientras decía eso, encogía la espalda y baja la cabeza hasta su posición. Me puse a dos centímetros de sus labios y este abrió los ojos.
Le oí coger aire del susto y sus parpados se abrieron momentáneamente por la sorpresa.
No me lo pensé ni un segundo. Uní nuestras bocas en cuanto su vista se posó en ellas, casi instintivamente. Fue una unión suave, y casta. Sin lengua, ni tan solo abriendo los labios. Una unión y punto. Después le di otro y otro y otro beso igual. Hasta que él empezó a dármelos a mí. A veces coincidíamos y nos besábamos mutuamente, otras él me besaba de sopetón y otras le sorprendía yo.
Me encantaba. Pero cuando iba a volver a besarle, esta vez en serio, cuando ya estaba a un centímetro de comérmelo entero, este me paró. Me frenó con la frente, libre de gorras, y me habló bajito, y tan próximo, que casi me rozaba los labios cuando movía los suyos.
-Tú sí que eres tonto… - me hizo cosquillas en la nariz cuando me tocó con la suya sin querer. – Mira que me tenías prácticamente a tu merced para humillarme, y sólo me besas… - mi corazón se aceleró – el beso es gratis… No hace falta que ganes una apuesta para lanzarte encía mío.
Pero no me dejó ni contestar que hizo conmigo, lo que acababa de describir él solo.
Me besó y esta vez fue un beso más apasionado. Ambos participábamos, ambos movíamos las bocas, las abríamos las cerrábamos… Jugábamos con las lenguas, con la saliva, nos mordíamos… Oh sí, me mordió el labio en barias ocasiones.
Buah, otra vez besándonos y yo como un gilipollas dándole iniciativas. Es que soy tonto. Tonto a morir.
Vale, no. Lo que he de hacer es analizar la situación. Ya lo he pensado antes. He de volver a hacerlo, ahora que estoy en medio del asunto.
Veamos, ¿qué siento ahora mismo? Me siento, a gusto, bien, genial. Lo admito, me gusta besarlo… Joder, me vuelvo loco.
Uoh… Tom lo está poniendo todo de su parte, está ansioso, está dándolo todo y cada vez me acorrala contra la pared sin tan sólo moverme. Porque cada vez demuestra mejor lo bien que lo hace y la experiencia que tiene, tan sólo de momento, en este campo. Me hace pequeño a su lado y sin embargo hace que yo me sienta el centro de atención. Como si no estuviéramos solos… Como si él, me hiciera protagonista de la escena.
Tiré la cabeza hacia delante un instante en que ambos nos quedamos respirando en la boca del otro, y casi sin darnos tiempo a descansar, queriendo retomar el control que no me había dado tiempo a recuperar, le metí la lengua hasta dentro y este se sorprendió. Después noté que se reía y de nuevo volvimos a devorarnos.
La madre que lo parió… Este me quiere matar. Decidido. Joder, es que me gusta.
Va, Tom prueba otra cosa… Intenta avanzar en este tema a ver si no te colapsas. ¡Si no, no avanzaré jamás! He de descubrir si de verdad me gusta o no me gusta. Vale, va, algo que me guste mucho de Bill… Algo que me guste mucho… ¿Qué fue aquello que me llamó tanto la atención cuando lo conocí? ¿Qué pasó en el autobús? Ah, sí… Que olía a acetona.
-Jeje… -me reí sin poder evitarlo.
-¿De qué te ríes? –me preguntó separándose de mí medio centímetro, mirándome fijamente.
Esos ojos marrones color miel y chocolate, tan grandes y perfectamente maquillados. Alterné los míos para poder fijarme en ambos al mismo tiempo, pero me era imposible… Sin embargo, era tan hipnotizante.
¿Fue aquello que tanto me gustó de él cuando lo conocí?
Bueno… en parte sí. Nos quedamos mirando como dos tontos enchochados con el otro. ¿Desde el principio ya se veía venir? Sí… Supongo que sí.
-De nada – susurré casi ininteligiblemente. Acto seguido le volví a besar. Sin apartar su mirada de la mía. Sin romper el contacto visual.
Una sensación se me coló por el esófago y me llegó hasta el estómago. Algo así como un… un algo muy agudo y hasta como si fuese frío, que me recorrió entero. Como cuando sientes vértigo o te pones enfrente de una situación en la que el cuerpo te hace una reacción…
Besarle con lentitud sin apartar nuestras miradas era algo que me estremecía de emoción, o de algo parecido… Joder, es todo tan desconocido que no sé ni qué coño siento. Pero se me apretaba el corazón con fuerza cada vez qué el entrecerraba los ojos de placer, cada vez que se sonrojaba porque se sentía invadido al no tener la privacidad de cerrar los ojos.
Era como una especie de “si tu no cierras los ojos, yo tampoco”.
Mierda, creo que me falta la respiración. Creo que me estoy colapsando. Esto es demasiado para mí. ¡Tengo los latidos a mil por hora, joder! Me está empezando a temblar el pulso, y sin embargo creo que mataría a la persona que osara separarnos en estos momentos.
Bill, no apartes la vista, no apartes la vista… Quédate mirando esos preciosos ojos marrón miel… No pierdas la concentración. Bésale, siéntele… Ahora que puedes Bill, hazlo. Aprieta sus manos fuertemente, acaríciaselas con los pulgares, bésale de nuevo.
De pronto noté cómo me pillaba la lengua entre sus dientes y no me dejaba escapar. Alcé las cejas sorprendido y noté como paseaba la suya por la punta de la mía, en círculos. Me dejé hacer… Puse cara de estar analizando sus movimientos, como si estuviera en un examen y yo fuese el profesor, como si al yo tener tanta experiencia, le pusiera a prueba…
Y se puso nervioso. Le puse nervioso… Y dejó de besarme.