Capitulo 41

4991 Words
Suspiré. La verdad es que el tiempo no pasaba ni despacio ni deprisa. Avanzaba y punto. Según a lo que jugábamos, las agujas de mi reloj se movían a más o a menos velocidad. Pero por lo general se me hacía bastante ameno estar allí. Pensaba que me iba a aburrir más, y resulta que me divertía un poco y todo. Realmente, los días en los que me deprimo, todo a mi alrededor se convierte en una nube negra de la que no puedo salir con facilidad, y hoy pintaba ser uno de esos días. Y sin embargo estaba a gusto. No tanto como quisiera, pero a gusto. Y con la tontería… Ya eran las doce de la noche. Cuando miré el reloj casi no me lo creía. Tom había desaparecido mil veces a causa de los chicos que ya se iban yendo. Sobre todo por los más pequeños. Ahora sólo quedaban un par de niñatas de dieciséis y algún que otro chico de su misma edad. Llevaban un buen rato tramando algo, no sé muy bien el qué, pero me daba grima mirarlas. Y yo ya sabía que algo bueno no estaban tramando. Todo empezó cuando Tom se llevó al único chico menor de dieciséis, quedando así una plantilla de cinco adultos que éramos nosotros, seis chicas que parecían sacadas de una revista de adolescentes fans de Paris Hilton, y por último tres chicos más. ¡Sólo tres! También con una pinta muy parecida a la de ellas, la verdad. Esos típicos que están en las cutre-discotecas para dieciséis años y que se creen muy “cools” porque se cuelan en las de dieciocho. El chico de las rastas que prácticamente era de mi propiedad, estaba llegando de nuevo hasta nuestro grupo, donde estábamos todos sentados en el suelo, tanto nosotros los adolescentes. Estábamos esperando a que llegara para que nos dijera otro juego o algún pasatiempo y éste, una vez se instaló con nosotros en el suelo, miró el poco fuego que nos alumbraba y se sorprendió. -Vaya, qué pocos somos, ya ¿no? ¿Queréis seguir haciendo algo, o vamos recogiendo? No hay mucha alma de fiesta ahora… - dijo Tom, supongo que rezando por dentro para que le dijeran que sí. -¡No, no! – una voz agudísima sonó dos cabezas más allá. La chica más pija de todas y más rubia, llamó la atención de mi chico. - ¡Nosotras tenemos un juego! - Tom puso cara de cansancio y después de coger mucho aire y soltarlo sonoramente, indicó que se explicaran. – Pues verás, hemos pensado, que ya que somos pocos y quedamos los más mayores podríamos jugar… Bueno… A la botella. Nosotros cinco la miramos con los ojos completamente abiertos, atónitos. -¿A la botella? – preguntó, sorprendida Ash, diciendo lo que todos teníamos en mente. -¡Sí! ¡Va, será divertido! – le puso ojitos a Tom y este alzó una ceja. – Somos mayoría. – continuó ésta. Finalmente, mi rubio se rindió y miró al suelo. -Está bien. Juguemos a la botella. ¿Tal cual estamos ahora? – Miré un poco cómo estábamos todos sentados y pude ver que a mi lado derecho, estaba Ash, al lado de esta, había uno de los tres chicos, le seguían dos rubias, después había otro chico, Andy, otra chica, Tom, Mario, tres chicas más y a mi lado izquierdo el tercer chico. Todos nos encogimos de hombros, como diciendo que nos daban igual las posiciones y éste fue a rebuscar entre las botellas. Volvió al cabo de un rato, con una botella de cristal, donde había habido cerveza en su momento, y que Tom y estos se habían bebido a escondidas. La dejó en medio y todos nos quedamos mirando. La chica de antes se puso a cuatro patas y después le dio un golpe a la botella para que rodara. -Va, que empiezo yo. A ver con quien me ha tocado… - Puft, mira que era toooonntaa hablando. Por dios, ¿te crees más guapa por hablar como un putón de una línea telefónica? La botella se iba parando y mi nerviosismo empezó a aumentar cada vez que pasaba lentamente por delante de mí o por delante de Tom. ¡Tom era mío! Y las putas guarras habían organizado todo esto para poder liarse con él! Qué putas. El objeto de cristal se detuvo delante de uno de los chicos y éste sonrió. Estaría pensando “toma, me ha tocado la que está buena”, y sin embargo ella puso los ojos en blanco, estaría pensando, “joder, me ha tocado el pesado de turno”. Incluso mientras se acercaban empecé a aburrirme, estaba pensando que probablemente pasarían tres horas hasta que pararan el beso, pero sinceramente, nada de eso ocurrió. Se acercaron y en cuanto sus labios se tocaron, se separaron rápidamente. ¿Perdón? ¿Qué coño ha sido eso? ¡Pero si ni siquiera han abierto la boca! ¿¡Sólo se dan un pico?! JAAAAJAJAJAJAJAJAJA ¿Pero qué mierda juego es este? ¿Qué tienen, diez años? También es cierto, que el juego de la botella en sí, es muy de críos. Pero esto ya… era pasarse. En cuanto se separaron, me quedó de pleno la cara de pasmado de Tom. También se estaría partiendo por dentro, seguro. Bueno, no sólo él, sino todos los de nuestra edad. Ahora, el chico éste le dio a la botella. De nuevo, los momentos de tensión me llenaron el pulso de pánico y me dejaron sin aliento casi. Me daba igual que fuera un pico, seguía siendo invadir mi propiedad. Y no sólo hablaba de mi boca, sino de la de él. La botella se iba frenando poco a poco y se iba aproximando a mi persona. Miré con pánico como se paraba, y noté la vista de Tom fija en mí. Que me miraba con algo de rabia. Hostia… ¿Estaría celoso? ¡Oh, Ojalá sí! ¡Ey! ¡Ahora que lo pienso! ¡Es el momento perfecto para saber si le gusto o no! ¡Si se pone demasiado celoso, es que hay algo en medio que no cuadra, como el simple hecho de que está colado por mí! ¡Dios, es perfecto! ¡Es un plan genial! Comencé a rezar porque se parara delante de mí. Pero una vez más, el destino me odiaba y pasó de largo, deteniéndose en… Ash. En mi Ash. Esta simplemente rodó los ojos y se levantó. Sacó su lado rudo y cuando lo tuvo delante, le cogió del cuello de la camiseta y le plantó un beso, un beso que era un pico, pero un buen pico. ¡Eso es clase, por dios! -Tía, eres genial. - le dije bien bajo. – pensé que me moriría del aburrimiento. Al que te toque ahora, le metes la lengua sutilmente, a ver si esto se anima un poco… - le dije con una sonrisilla. -¿Y si me sales tú? –preguntó, igual de bajo que yo, mientras que la botella giraba y giraba. -Entonces quedará más porno aún. - Mierda, mierda. No Bill, no vuelvas a caer en este campo. Con cualquier otra persona sí, pero Ash es… Sagrada. No puedo volver a joder así a Georg. -Perfecto. - me contestó, con la vista fija en el cristal amarronado. Giraba y giraba, y seguía sin frenar. Hasta que lo hizo. Ya lo creo que lo hizo. Y se me cayó al mundo al suelo. – Hostias… Perfecto. Allá voy Bill. Y se levantó, con mi mirada atenta y mi corazón parado. Se plantó delante de mi chico y le dio el beso. El mismo beso que le había dicho. Le metió la lengua algo fugazmente, pero lo hizo. Estaba a putno de darme un ataque al corazón. ¡Mierda, no entraba en el plan que pasara lo contrario! ¡No puedo ponerme celoso, yo! Se me aceleró el pulso por decimosexta vez en el día cuando vi a Tom, girar la botella. Cada vez que pasaba por delante de mí me daba una sensación en el estómago increíblemente asfixiante. Me moría porque me tocara, pero por otro lado quería darle celos con otra persona, y si me besaba ahora, me derretiría para siempre ahí en medio, ¡y no podría hacer nada de nada! Pero ahora, a menos que le tocara alguno de sus dos amigos, me iba a acabar jodiendo yo. Y se paró. La puñetera botella se paró. Había observado las caras de todas las chicas, rezando porque les tocara ellas, y finalmente, la chica menos estúpida de todas, la que parecía más simpática, con el pelo largo y castaño, fue la afortunada de besar a Tom. Como mínimo no fue ningún beso demasiado emocionante, cosa que no evitaba que me molestara de todas formas. El tiempo pasaba y cada vez iban saliendo más parejas. ¡A Ash le habían tocado tres chicas! Y como parecía que alguna vez había soltado que era un poco lesbiana, se estaba poniendo las botas. La verdad es que cada vez que su botella indicaba a una figura femenina, una sonrisilla leve se dibujaba en su rostro. Todos habían salido. Todos, menos yo… y Mario. Ambos, nos mirábamos de vez en cuando, con algún suspiro, pensando ¿Estamos gafados? Y una de las chicas lo notó, precisamente, la primera en besar a Tom. Y digo la primera, porque ha habido una gran lista. Putas, putas, putas, putas… Todas putas. -Oye, ahora me toca a mí de nuevo, pero le paso la botella a Mario, porque aún no le ha tocado ninguna vez… - Vaya, qué maja. Éste, que estaba en su puta nube porque pensaba que no iba a salir nunca, dio un respingo al oír su nombre. Vieron que le pasaban la botella y sonrió de lado. -Vaya, gracias guapa. – este le guiñó un ojo, y ella se sonrojó. Andy miró la escena con cara de odio total. El moreno la puso en el centro y le dio un golpe de muñeca. Ya ni me preocupaba por su rotación puesto que yo no iba a salir, y estaba más pendiente de que le tocara a Andy. Sería genial que se dieran un beso, quizás así se reconciliaban y todo. ¡Ay, qué bonito! ¡Ya me lo imagino! De repente, la botella se pararía delante de Andy y este se quedaría pensativo, después se levantaría resignado y se pondría delante de su enamorado. Mario lo miraría directamente, y después se fundirían en uno de esos besos tan bonitos que se dan cuando se piensan que nadie les está mirando. ¡Vale Bill, para de fantasear que te ha tocado! … Vale, ¿Qué? ¡¿Qué me ha tocado?! Miré a Mario con los ojos muy abiertos y este enseguida se dispuso a levantarse y a ponerse en medio del círculo. Me indicó con las manos que lo hiciera. ¡Oh dios, mi oportunidad! Vamos Bill, se sensual. ¡Dale envidia a Tom! Aunque bueno, con Mario me da un poco de ¿respeto? Mierda, lo mismo es una putada si le doy un beso a Mario con el fin de poner celoso al otro. -Oye, esto es un aburrimiento… Bill, hagamos esto un poco más divertido. - soltó en voz alta. Creo que incluso demasiado alto, de forma que no solo lo oyera yo, si no todo el círculo. Pero esto siguiente me lo dijo bajito – Bill, ayúdame a poner celoso a Andy… Lo necesito. Primero no supe qué decía, pero en cuanto me cogió de la cara, me aproximó a él y me besó lentamente… Lo entendí. ¡Quería que nos besáramos de verdad! En un primer instante no supe cómo reaccionar del todo, pero después simplemente pensé, ¿qué coño? ¿Y por qué no? Mario y yo, nos besamos delante de todos, bajo sus atentas miradas y me moría de ganas de abrir los ojos y saber qué cara tenían todos. Sobre todo Tom, evidentemente. Quería saber si estaba celoso. Necesitaba saberlo yo también. Mario y yo jugábamos con nuestras lenguas, y realmente pude notar que besaba muy bien. Había respeto, cuidado, amor e incluso algo de lujuria. Lo hacía de puta madre, de hecho. -¡Ehh ehh! – dos brazos distintos nos separaron a los dos. El moreno y yo nos miramos sorprendidos y con los brazos entrelazados. Entonces, unos brazos fuertes me estiraron hacia arriba, y me cogieron de la cintura – ¡Llevamos media hora diciendo que son la una! Y que ese no es el beso del juego! – los chillidos de Tom me pegaron en los tímpanos de golpe. -¿Qué…? – yo aún estaba como ido. -Venga a recogerlo todo, nos vamos – Tom me soltó de golpe, casi como si me tirase al suelo y después ni me miró. ¿Se ha enfadado? ¡¿Se ha puesto CELOSO?! Se pensará que soy bipolar (Continúa en el mismo día y momento que el anterior) Bill Mario era ávido con la lengua, al igual que con los movimientos, no sólo de ésta, sino de su cabeza, de sus manos y de absolutamente todo. La verdad, es que jamás pensé que sería tan bueno besando. Se le veía tan afeminado (más que yo diría, sólo que con el pelo corto), y tan chica, que lo veía demasiado frágil como para presentar esta seguridad de si mismo en momentos como este. ¡Me estaba dominando al completo! Pero lo cierto es que me gustaba como besaba. Era el segundo chico con el que me daba un beso, y realmente no me sentía mal. Bueno sí, pero no precisamente por el hecho de que fuese de mi mismo sexo. Más que nada, era agradable, era excitante, quizás hasta adictivo. Era curioso ver las reacciones de mi cuerpo ante una situación como esta, ver como no rechaza al nombrado, ver como acepta e incita a seguir el acto. ¡Cuando apenas hacía dos semanas, estaba orgulloso de los pechos de mi novia! Ahora, me estaba besando con un tío que estaba plano, y me daba igual. ¡Y me sentía bien! ¡Y no era como en el caso de Tom, porque estaba enarmonado de él! ¡Era un chico, y punto! Vale… ¿Estoy vitoreando que soy gay? Genial Bill, viva la autoestima. Bueno, lo que me hacía sentir mal, era realmente, el hecho de lo que estaba haciendo, más allá de meterle la lengua hasta el fondo a un tío. Más allá, refiriéndome a un par de metros más allá de éste. Andy y Tom nos miraban. Bueno, puedo afirmarlo, sin saberlo, puesto que tengo los ojos cerrados, pero si los abriera… Vería sus reacciones. ¡Y está mal lo que hago! ¡Está fatal! ¡Porque Mario, es el mejor amigo de Tom, y Andy está saliendo con él! Y encima, yo me llevo bien con Andy. A más, en poco tiempo nos hemos empezado a llevar bastante bien, y sólo hace un par de días que lo conozco. Es un poco más masculino que el otro, pero afeminado al fin y al cavo. Eran una pareja tan perfecta que me fastidiaba lo que yo estaba haciendo. Porque aunque había sido Mario quien había empezado con todo esto, yo no era menos culpable. Podría haberle frenado perfectamente, haberle dicho que no, que pasaba de darme el lote con él, delante de diez personas más, y sin embargo, estoy aquí. Aunque bueno… -Bill, ayúdame a poner celoso a Andy… Lo necesito. No podía simplemente no ayudarle. Me lo había pedido casi por favor, y sinceramente, con él me llevo mejor que con el rubio. Si me lo hubiera llegado a pensar en el momento de actuar, me habría encontrado con un dilema de los gordos. Supongo que por eso es mejor actuar sin pensar… Aunque Mario se está pasando. Podría haber escogido a otra persona para ponerlo celoso. Entiendo a Mario respecto a querer dar celos a Tom… Que diga, a Andy… ¡Mierda! ¡Se me están cruzando pensamientos! Joder, ¿tanto me importa el tío este de las rastas, como para que se meta en mi monologo interno, incluso cuando no hablo de él? ¡Ni tan solo tenía su imagen próxima! Pero vale, ¿a quién quería engañar? También hago esto por mí. Por saber si Tom está celoso o no. Pero, mierda… tengo miedo. Tengo miedo de abrir los ojos y descubrir que no es así. ¡Porque si es el caso, habré estado haciendo el ridículo, delante de mi mejor amiga, del chico que me gusta, delante de medio mundo adolescente, y del novio de mi acompañante! ¡No quiero imaginarme qué pasaría, si Tom se acerca a nosotros enfadado, y en vez de pararse delante de mí, pasa de largo por mi lado, y se detiene delante de Mario, le grita un par de veces que está loco por liarse con alguien delante de Andy, y ni tan sólo dedicarme una mirada! Acabaría tirándome por un precipicio. Pero bueno, al fin y al cabo, el beso me beneficia bastante. Porque en cuanto finalice, descubriré si realmente juega conmigo o no, si siente algo por mí, si no es un puñetero juego que empezó desde el primer momento en que cruzamos miradas… Y si no me quiere… Igual me sirve, porque me ayudará a meterme en la cabeza que lo deje en paz, y dejarle de prestarle tanta atención. Quizás me ayude a olvidarlo y todo. Tsk… Qué estúpido e irreal ha sido eso último. ¿Olvidarlo? Mierda, en poco tiempo se me ha calado en lo más hondo del corazón, ha hecho una tienda de campaña en sus entrañas, y ha clavado las cuerdas con unos alfileres que aprieta y aprieta cada día… Sin intención de irse jamás. Volví al mundo real, y vi por parte de Mario unas pequeñas intenciones de parar el beso, ya que ahora ya no me metía la lengua. De hecho, ahora solo nos dábamos cortos pero profundos besos, seguidos. Era divertido, joder. Era tremendamente genial. Pero no paró. Juraría que podía oír algún que otro sonido de fondo, perteneciente de la gente. No sé si eran gestos de asco, o suspiros de placer, porque yo estaba totalmente en mi mundo, pero fuese lo que fuese, me daba absolutamente igual. Pero entonces, algo me separó de Mario. Noté como me ahogaba, puesto que alguien me había cogido de la parte exterior del cuello de la camiseta y estiró hacia fuera, apretándome fuerte y con saña en mi garganta. Abrí los ojos enseguida, y pude ver que también había alguien que se estaba encargando de separar a Mario de mí, y éste, era Andy. La primera imagen fue la del moreno, con los ojos abiertos como platos, estirando los brazos para cogerme, del susto que había pillado. A ambos nos levantaron y nos pusieron en pie, algo aturdidos, por lo que yo casi me caí al suelo, del mareo. Pero unos brazos fuertes me cogieron. me agarraron de una manera un tanto extraña, alejándome lo máximo del cuerpo de mi salvador, con una especie de distancia forzada, y con el pulso tenso. Miré para ver quién era mi secuestrador, y me encontré de nuevo a un chico rubio, lleno de rastas en la cabeza, que al estar yo un poco encogido, me miraba desde una perspectiva alta y realmente intimidadora. Después de cerciorase de que ya no estaba mareado, me soltó y me chilló. -¿¡Es que no me has oído o qué?! – su voz me taladró el tímpano y me tuve que tapar una oreja con ambas manos. -¡No! ¿Has dicho algo? – le miré desafiante. ¡Desde luego que no había dicho nada! -¡Y una mierda! ¡Claro que nos has oído, mamón! – me sorprendió cómo me contestó, y me llegué a cuestionar de verdad, si me había hablado. Me giré para ver a Mario, pero me lo encontré mirando al suelo, y con Andy girándole la cabeza. Oh, genial, se habían enfadado más. Joder, lo hemos estropeado un montón. - ¡Llevamos media hora gritándoos! – Mario asintió con la cabeza, y yo me quedé parado. Secundaba lo que decía. -Ah… Pupues… Yo… De verdad, que no os he oído. - miré a Tom a los ojos, y este se calmó después de ver que realmente, hablaba enserio. No tenía ni idea de que habían dicho algo… - ¿Y qué... qué queríais? -¡Que es la una, joder! Que ya es hora de largarse… - dijo sin mirarme si quiera. ¿Y ahora qué coño ha pasado? -¿Qué? Es imposible, hace nada he mirado la hora y aún eran las doce y media. – me sorprendí. ¡Es imposible que hubiera pasado el tiempo tan deprisa! -Me da igual, vamos, recojamos, ya. Es hora de irse. – Tom daba vueltas de un lado a otro, con los puños apretados y cogiendo cosas del suelo, que después volvía a dejar. Estaba alterado con ganas. Estaba enfadado. Oh dios, estaba… ¡Estaba celoso! Se me dibujó una sonrisa traviesa en los labios y que se me fue muy difícil de disimular. ¡Oh, sí! ¡Bien, Bien! ¡Estaba celoso! ¡Seguro! ¡Segurísimo! Casi me dio por saltar ahí mismo de emoción. No quería dejar de jugar ahora que ya sabía que definitivamente, no le era indiferente. ¡No quería! A demás, que ahora por fin era mi turno. Ahora que podría volver a saber si le molestaría, me tocase quien me tocase… Porque… ¿y si me tocaba él? ¡Oh, Dios! ¡Podría tocarme él! Me giré y miré las caras de la gente. ¿Es posible que el resto también quisiera dejar de jugar? No creo. Las adolescentes de mierda estas, seguro que votan por seguir jugando, incluso hasta más tarde incluso de la una y media. Estaban todos sentados aún. Los únicos que estábamos de pié éramos nosotros cuatro. Incluso Ashley me miraba desde abajo. -Pero… Yo no quiero dejar de jugar… - dije con un tono alto para que me pudiera oír, aunque con un poco de precaución, por si se enfadaba de sólo preguntarlo – Es que… Ahora que por fin es mi turno de tirar. De hecho, aún quedaba media hora, ¿cierto? – miré al resto de personas a mi alrededor, y estos asintieron casi casi, enérgicamente. ¡Nadie quería dejar de jugar, macho! Excepto. Mario y Andy se miraron de pronto, y compartieron una mirada larga, y profunda… Supe que se dijeron muchas cosas con esa mirada, tantas, que me dio vergüenza hasta mirarlos. Finalmente, respiraron profundamente y Mario se cogió de la cintura de su novio y se abrazó a él. Apoyó su cabeza en su hombro, y después habló. -Nosotros no jugamos… - pero a modo cómplice, me sonrió y me guiñó el ojo. Vale, parece que no ha ido mal la cosa al fin y al cavo. Perfecto. Todo está en orden de momento. Desvié mis ojos de ellos en cuanto los brazos de Andy rodearon fuertemente a su chico, y perdía su nariz entre el pelo, besándole este. ¡Ufff…! ¡Menos mal! ¡Pensé que se desataría una especie de apocalipsis o algo por el estilo! Mario… Creo que empezó a sollozar en silencio, sin que nadie se percatara de ello, a excepción mía y de su amante. Y después de esto, miré expectante a Tom, encogiendo los labios hacia un lado, arrugándolos y con cara de pena, esperando lo que me decía, y este me miró desafiante. -He dicho que no. – dijo sin apartar sus ojos de los míos. -¡Oh, vamos! ¡Es sólo medía hora más! ¡El tiempo pasa volando! -Tom, no seas aguafiestas – y por primera vez, que yo recordara casi, Andy habló en todo lo que llevábamos de juego. El de las rastas se giró para mirarlo, indignado, y puso cara de no entender porqué de repente, se ponía de mi lado. ¡Ja! ¡Porque AMBOS estaban celosos, de su respectivo chico! ¡Por dios, qué bien hago mi trabajo de actor! – Va, sentaos y jugad un rato. Tom miró al resto de gente, que no era yo, y al ver sus caras, bufó fuertemente, y después escupió a un lado. Se puso cara de chulo y finalmente, recuperó su sitio anterior. Al no estar los dos novios, las chicas se aproximaron a él en un santiamén. Puse cara de asco en cuanto lo vi. Este se fijó y sonrió de lado. “¿Qué pasa?” me preguntó con la mirada. ¡Oh! ¿Me está devolviendo la jugada? Tsk, jamás. ¿¡Dónde está la puta botella?! Miré a todas partes, y la encontré cerca de mí, difuminada con el color verde del césped y el de su cristal. La cogí con la mano y vi que estaba congelada. Me puse a cuatro patas y la posicioné en el centro. Más tarde, le di un suave golpe en el cuello de ésta, y empezó a rodar. Me aparté sin quitarle ojo de encima, e inconscientemente, aguanté la respiración. Noté como se me aceleraba el corazón cada vez que pasaba por delante de él, y como disminuía al salir de “la zona de peligro”. Y… Aquello que supuse increíble, y ficticio, ocurrió. Con el corazón en un puño, y mi esperanza en el otro, el cristal se fue parando poco a poco y pasaba por delante de mí, sin pararse, para dar una vuelta de 180º más, que finalizaría delante del chico menos indicado, y más esperado por mí mismo. Tom y yo nos miramos enseguida, justo cuanto la botella quedó parada frente a él. Ninguno de los dos se esperaba que acabaría pasando esto. Cierto es, que la imagen en la que me daba un beso con él, se había repetido en mi mente diversas veces, antes de que realmente le diera tiempo a dar una sola vuelta al objeto de vidrio, pero… ¡Pero esto era demasiado fuerte! Si antes el corazón me iba a mil por hora, ahora ya no lo sentía. Ahora no estaba en ningún sitio que correspondiera a mi cuerpo. Quizás se habría escondido… ¡¿Pero, qué más da si mi corazón se ha muerto?! ¡Tengo que besar a Tom! Creo que se me subieron los colores en un instante, dejándome las mejillas y la nariz roja. Tom sólo… Alzó las cejas momentáneamente. Noté un apretón de la mano de Ash sobre la mía, pero no le hice caso. Simplemente, me posicioné lo más cerca de Tom que pude, y me acerqué a él. Dios. ¡LE IBA A DAR UN BESO DE LA HOSTIA, DELANTE DE TODAS LAS PUTAS NIÑAS! ¡Oh, qué gozo y qué a gusto me quedaré! Le miré, pero este desvió la mirada enseguida. Entorné los ojos, extrañado, pero enseguida giré la cabeza para encajar mejor con él. Aunque bueno… ¿Qué más daba? Tom sabía perfectamente como besarse conmigo. Y de pronto. Tom se me acercó a mí y juntó nuestros labios durante una milésima de segundo y después volvió a ponerse en su sitio. ¡No me había dado tiempo a reaccionar, y ya estaba buscando él la botella para tirar! Me quedé… Estático. Sin saber qué hacer, qué decir, y que… Nada. Se me congeló la respiración y perdí el rumbo de la vista, acabando por no saber si mira al suelo, o al puto infinito. ¿¡YA ESTÁ?! ¡¿Esto es un beso?! ¡No! ¡A esto no se le puede llamar beso! -Jiji… - una sonrisilla de fondo, se oyó por parte de la rubia mayor, la reina de las putas, la diva de la clase. La miré en cuanto su risa llegó a mis oídos y la fulminé con la mirada. ¿¡SE ESTÁ RIENDO DE MÍ?! OH OH… Te la estás buscando chavala, te la estás buscando. -Bueno, ¿vuelves a tu sitio o que, chaval? – una mano me empujaba de la zona de juego y vi que se trataba del mismo chico que esta mañana me besaba con desesperación. Me ha dejado por los suelos. ¡Me la está devolviendo! Le miré casi sin creérmelo, pero este no presentó ningún tipo de gesto que parecía que le importara lo más mínimo. Me recogí y me senté de nuevo, cohibido y humillado, encogiendo las piernas y rodeándolas con mis brazos. No me lo podía creer, era imposible… Tom esperó paciente a que el objeto endemoniado dejara de girar, y se paró. Se paró justo a su lado. Y de nuevo volví a oír una sonrisilla. Una sonrisilla irritante, que me daban ganas de golpear al suelo y hacerme sangre si lo requería. Tom se aproximó a la puta mayor y la cogió de la barbilla con una mano, y con la otra la aproximó por la cintura hasta él. Mis ojos dejaron de prestarle atención en cuanto el roce de labios pasó a palabras mayores. En cuanto las lenguas se entrecruzaron y se devoraron la una a la otra. No sé si aparté la mirada o simplemente me quedé fijo mirando y se me empañaron los ojos, pero lo que es seguro es que dejé de participar. Si me tocaba alguna vez, daba el mismo tipo de beso que me había dado Tom. A excepción de cuando me tocó con Ash, que me dio un beso profundo y suave. Recuperé la razón en cuanto me hizo unas leves cosquillas en la mejilla y me guiñó un ojo. ¿Se habría dado cuenta de que estaba mal? Bueno, por supuesto que sí… Hay que ser gilipollas para no darse cuenta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD