Y después de esto, miré expectante a Tom, encogiendo los labios hacia un lado, arrugándolos y con cara de pena, esperando lo que me decía, y este me miró desafiante.
-He dicho que no. – dijo sin apartar sus ojos de los míos.
-¡Oh, vamos! ¡Es sólo medía hora más! ¡El tiempo pasa volando!
-Tom, no seas aguafiestas – y por primera vez, que yo recordara casi, Andy habló en todo lo que llevábamos de juego. El de las rastas se giró para mirarlo, indignado, y puso cara de no entender porqué de repente, se ponía de mi lado. ¡Ja! ¡Porque AMBOS estaban celosos, de su respectivo chico! ¡Por dios, qué bien hago mi trabajo de actor! – Va, sentaos y jugad un rato.
Tom miró al resto de gente, que no era yo, y al ver sus caras, bufó fuertemente, y después escupió a un lado. Se puso cara de chulo y finalmente, recuperó su sitio anterior. Al no estar los dos novios, las chicas se aproximaron a él en un santiamén. Puse cara de asco en cuanto lo vi. Este se fijó y sonrió de lado. “¿Qué pasa?” me preguntó con la mirada. ¡Oh! ¿Me está devolviendo la jugada? Tsk, jamás.
¿¡Dónde está la puta botella?!
Miré a todas partes, y la encontré cerca de mí, difuminada con el color verde del césped y el de su cristal. La cogí con la mano y vi que estaba congelada.
Me puse a cuatro patas y la posicioné en el centro. Más tarde, le di un suave golpe en el cuello de ésta, y empezó a rodar.
Me aparté sin quitarle ojo de encima, e inconscientemente, aguanté la respiración. Noté como se me aceleraba el corazón cada vez que pasaba por delante de él, y como disminuía al salir de “la zona de peligro”.
Y… Aquello que supuse increíble, y ficticio, ocurrió. Con el corazón en un puño, y mi esperanza en el otro, el cristal se fue parando poco a poco y pasaba por delante de mí, sin pararse, para dar una vuelta de 180º más, que finalizaría delante del chico menos indicado, y más esperado por mí mismo.
Tom y yo nos miramos enseguida, justo cuanto la botella quedó parada frente a él. Ninguno de los dos se esperaba que acabaría pasando esto. Cierto es, que la imagen en la que me daba un beso con él, se había repetido en mi mente diversas veces, antes de que realmente le diera tiempo a dar una sola vuelta al objeto de vidrio, pero… ¡Pero esto era demasiado fuerte!
Si antes el corazón me iba a mil por hora, ahora ya no lo sentía. Ahora no estaba en ningún sitio que correspondiera a mi cuerpo.
Quizás se habría escondido…
¡¿Pero, qué más da si mi corazón se ha muerto?! ¡Tengo que besar a Tom! Creo que se me subieron los colores en un instante, dejándome las mejillas y la nariz roja. Tom sólo… Alzó las cejas momentáneamente.
Noté un apretón de la mano de Ash sobre la mía, pero no le hice caso. Simplemente, me posicioné lo más cerca de Tom que pude, y me acerqué a él.
Dios. ¡LE IBA A DAR UN BESO DE LA HOSTIA, DELANTE DE TODAS LAS PUTAS NIÑAS!
¡Oh, qué gozo y qué a gusto me quedaré! Le miré, pero este desvió la mirada enseguida. Entorné los ojos, extrañado, pero enseguida giré la cabeza para encajar mejor con él. Aunque bueno… ¿Qué más daba? Tom sabía perfectamente como besarse conmigo.
Y de pronto. Tom se me acercó a mí y juntó nuestros labios durante una milésima de segundo y después volvió a ponerse en su sitio. ¡No me había dado tiempo a reaccionar, y ya estaba buscando él la botella para tirar!
Me quedé… Estático. Sin saber qué hacer, qué decir, y que… Nada. Se me congeló la respiración y perdí el rumbo de la vista, acabando por no saber si mira al suelo, o al puto infinito.
¿¡YA ESTÁ?! ¡¿Esto es un beso?!
¡No! ¡A esto no se le puede llamar beso!
-Jiji… - una sonrisilla de fondo, se oyó por parte de la rubia mayor, la reina de las putas, la diva de la clase. La miré en cuanto su risa llegó a mis oídos y la fulminé con la mirada. ¿¡SE ESTÁ RIENDO DE MÍ?! OH OH… Te la estás buscando chavala, te la estás buscando.
-Bueno, ¿vuelves a tu sitio o que, chaval? – una mano me empujaba de la zona de juego y vi que se trataba del mismo chico que esta mañana me besaba con desesperación. Me ha dejado por los suelos. ¡Me la está devolviendo!
Le miré casi sin creérmelo, pero este no presentó ningún tipo de gesto que parecía que le importara lo más mínimo.
Me recogí y me senté de nuevo, cohibido y humillado, encogiendo las piernas y rodeándolas con mis brazos. No me lo podía creer, era imposible…
Tom esperó paciente a que el objeto endemoniado dejara de girar, y se paró. Se paró justo a su lado. Y de nuevo volví a oír una sonrisilla. Una sonrisilla irritante, que me daban ganas de golpear al suelo y hacerme sangre si lo requería.
Tom se aproximó a la puta mayor y la cogió de la barbilla con una mano, y con la otra la aproximó por la cintura hasta él.
Mis ojos dejaron de prestarle atención en cuanto el roce de labios pasó a palabras mayores. En cuanto las lenguas se entrecruzaron y se devoraron la una a la otra.
No sé si aparté la mirada o simplemente me quedé fijo mirando y se me empañaron los ojos, pero lo que es seguro es que dejé de participar. Si me tocaba alguna vez, daba el mismo tipo de beso que me había dado Tom. A excepción de cuando me tocó con Ash, que me dio un beso profundo y suave. Recuperé la razón en cuanto me hizo unas leves cosquillas en la mejilla y me guiñó un ojo. ¿Se habría dado cuenta de que estaba mal? Bueno, por supuesto que sí… Hay que ser gilipollas para no darse cuenta.
-Eh chicos… Son la una pasadas. - Mario me liberó de la tortura. En cuanto lo oí, giré mi cabeza y este estaba fijo en mí. Me sonrió de lado, tristemente, sin soltar la mano de su chico, y yo asentí con la mirada, agradeciéndoselo.
Puñetero Tom, ¡Cómo me había derribado con un par de segundos!
Tom
Guié a todos hasta el campo de básquet y ahí cada uno se fue por su camino.
Pero, mientras llagábamos, una especie de oleada de culpabilidad se me echó encima, apoderándose del estado de ánimo en el que yo me había sentido el rey de todo, teniendo a Bill bajo mis pies, casi pisoteado, observando cómo me besaba con tías de una cien, y devolviéndole el puñetero golpe bajo que me había propinado a mí.
Joder, ahora me sentía realmente mal al tenerlo a dos metros de mí, abrazándose a sí mismo para darse calor, hablando con la pelirroja, sin prestarme la más mínima atención.
Ahora que… Ahora que por fin nos habíamos dicho algo en lo que llevábamos de velada, y desde esta mañana. ¡Madre mía, que yo me moría por poder hablar con él! ¡Por intercambiar palabras! ¡He vitoreado interiormente lo que he podido, cuando, antes de acercarnos a la gente, me ha saludado!
Pero es que… Joder. Me ha cabreado muchísimo lo que ha hecho con Mario. ¡El juego no era así! ¡No eran esos tipos de besos! Vale, era un puuuto aburrimiento de la otra manera, ¿pero y qué le vamos a hacer? ¡Es un juego de crías adolescentes! ¡No les puedes pedir más! Yo podría haberme liado con todas las tías con las que me había tocado, y no lo he hecho.
Pero qué rabia que Mario le metiera la lengua hasta el fondo. ¡Pero si parecía una película! ¡Bill, es mío! ¿No se ha medio enamorado de mí? ¡Pues ya está! No puede permitir que nadie se le acerque como yo, joder. Sólo Tom puede acercársele y besarle de esa manera.
Mierda, me he puesto celoso. Ya he descubierto que es eso de los celos… Y no me molan nada. ¡Es estresante e irritante! ¡Hasta he tenido ganas de pegarle un puñetazo a Mario! ¡A Mario!
Y encima… Cuando me ha tocado besarme con Bill, se me ha parado el mundo. Yo ¿besarme en público con un tío? ¿Qué dirían de mí? ¿Y si me empiezan a llamar marión? ¿Y si las tías pasan de acercárseme si descubren que me gusta un chico?
No, desde luego no podía permitir que nadie se enterara. Si me besaba con Bill, si lo acorralaba contra la pared y me lo comía ahí mismo… Sólo se enteraría la pared.
Nadie más podría enterarse, ni tan solo Mario y Andy. ¡Tengo un mote por algo, joder! No pueden ir llamándome Putom verbenero por ahí, porque me pillaron con tres tías en un día, y de pronto vean que me quedado pillado de un tío. ¡No puedo, joder!
A mi padre le da un chungo si se entera. Correría la voz por todas partes, se… Se enterarían mi padre, Erika, Gustav, Erik, las chicas del campamento, Mario, Andy… Oh, dios.
Esto es demasiado complicado.
Desde luego, si hubiéramos estado solos, con la oportunidad que tenía delante, de volverme a besar con él por muy enfadados que estuviéramos, ¡no la habría desaprovechado! Pero nos veía todo el mundo.
Y después… Dios, creo que le he visto hasta llorar. ¡Me he pasado! ¡Por gilipollas! ¡Por gilipollas celoso, de mierda!
Cuando llegamos al campo de básquet, nos dispersamos todos enseguida. Las chicas me mandaron un saludo muy caluroso con algún que otro guiño de ojos o besos en la mejilla incluso, y después se iban con un “Adiós Tom…” muy meloso e incitante. Pero por primera vez, no les hice ni caso. De hecho, en cuanto una de ellas se me acercó demasiado, puse mis ojos en Bill, por si lo veía o no lo hacía.
Y sí… Bueno, realmente no sé si me miraba o simplemente estaba embobado mirando en mi dirección, pero parecía que no me quitaba los ojos encima. En cuando notó que yo también lo había mirado, desvió sus ojos a otro sitio más interesante, como los hierbajos del suelo, y se puso a darle patadas al suelo. Dios… Estaba muy molesto.
Yo… ¡Necesito hablar con él! Necesito hablar con él, y pedirle perdón! Bueno… Primero que me pida él perdón, por besarse con mi mejor amigo, y después le pido perdón por el resto de cosas.
Mierda, no se cual de los dos tiene más orgullo, si él o yo. Porque seguro que él no querrá admitir nada.
Había decido seguirlo. En cuanto el grupo se dispersó del todo y cada uno se cogió su camino, yo me quedé ahí en medio. Sin ganas de nada, ni de volver a mi cabaña, ni de dar una vuelta con estos dos, ni de tocar la guitarra antes de irme a dormir… Nada. Bueno sí, quería estar con Bill. Y nada más pensarlo, mi cabeza fue en dirección al camino que había tomado el moreno. Una sombra gris se movía a lo lejos, larga y delgada.
Bill.
Ni me lo pensé, me puse a correr y cuando estuve a unos… tres metros de él, aminoré la velocidad y me puse a caminar normal. Hice todo lo posible para que no me oyera y me puse a seguirlo. Y ahí estaba yo, observando cómo avanzaba, cómo se acercaba cada vez más a su cabaña, y al final del recorrido.
Me preguntaba cada dos por tres, si sería capaz de decirle algo. Si sería capaz de cómo mínimo, hacerme notar. Tenía la mejor oportunidad del mundo, para iniciar una conversación y ahora no hacía nada.
Pero, oh joder… Míralo. ¡Qué culo tiene, macho! Creo que no le había apartado la vista del mismo sitio en todo el rato. Quizás a su precioso pelo, un tanto ondeado por el aire, acariciándole el suave cuello, donde yo había paseado mi lengua libremente, esta mañana, y había marcado en él en rojo, dejando la huella de Tom, de mis besos y mi boca. ¡Oh, no hago otra cosa que acordarme de lo de esta mañana!
Auh… Creo que… He notado un pinchazo en… Auch. ¡Mierda, se me está empalmando! ¡Así no puedo pensar con claridad! ¡Arg, qué culo, coño!
No, Tom, va, has de pensar algo malo… Em… ¡Gus en ropa interior!
-Ouch… - ¡¡AAH!! Joder, no debería pensar en estas cosas. Eso ha sido demasiado fuerte. Nah, al menos me he calmado. Sólo espero que no se haya dado cuenta.
Demasiado tarde. Me paré en seco cuando vi que Bill hacía lo mismo. Me entró un sudor frío por el cuello y la respiración se me paró. Pero, cuando volvió a caminar al frente, el aire volvió a mis pulmones de la manera más placentera que jamás creí que respiraría. Vale, está claro que no me dejaré ver. Nada más hay que ver como se me ha puesto el ritmo cardíaco en cuanto pensé que se iba a girar.
En fin, mejor me doy la vuelta y me voy, porque…
-Snif - un sonido que no me agradó nada sonó desde la posición de mi chico, y me puso el bello de punta. El sonido se repitió otras mil veces mientras Bill se paseaba la palma de las manos y las yemas de los dedos por toda la cara. –Joder… Otra vez… -su voz quebrada me sobresaltó.
Mierda… Se había puesto a llorar.
Crack
Algo me pilló desprevenido. Y a Bill también. En cuanto pisé la puta rama de los huevos, que petó bajo mi pié, el moreno se giró, sobresaltado, y me vio allí, inerte, entre hojas muertas y corrientes de aire heladas.
-¿Tom…? – preguntó este, mientras pasaba sus manos por toda la cara, rápidamente, supongo que evitando que viera que estaba… Llorado como un niño pequeño. No contesté, simplemente miré al suelo y me llevé una mano al cuello, como excusándome por lo que ocurría, por estar aquí sin tener que estarlo, por haberle seguido y haberle asustado... - ¿Qué coño haces aquí? – dijo con desdén. Como si me mirara con asco.
Levanté la cabeza enseguida y empecé a avanzar un par de pasos.
-Pues… Yo… Había venido a… Bueno… - intenté excusarme. Pero realmente no sé muy bien por qué lo había perseguido. Quizás mis enromes ganas de estar cerca suyo habían podido con mi conciencia y con mi razón, y sin importarme lo que vendría después de seguirle, empecé mi camino, observando cada paso, cada movimiento, cada gesto… Disfrutando de su presencia, aunque estuviera a tres metros de mí, y Bill no supiera que estaba a su lado. Sobre todo, quedándome con las ganas de decirle algo… Supongo que el hecho de que estuviera ahí, era suficiente.
-Mira, me es igual, lárgate. Ya. – sentenció. En un momento. Si darme siquiera tiempo a explicarme.
-¿Qué? ¿Por qué? –pregunté. Asombrado y dolido por su extraña reacción.
Esta vez era él quien se me aproximaba a mí, pero en su caso, con cara de enfadado y mirándome directamente, sin tapujos ni nada que esconder. Con su rabia contenida.
¿Rabia? ¡JA! ¡Soy yo el que debería estar enfadado con él! ¡Se ha medio follado a Mario delante de Andy, y delante MIO!
-¿¡Cómo que porque?! – mis tímpanos petaron.
-Oye oye, a mi no me chilles, ¡que te pego un guantazo! – le amenacé.
-¡Haré lo que me salga de los huevos, señorito van todas detrás de mí y voy hiriendo a Bill por todos lados! – me ensordeció con esto último por lo alto que lo había dicho, y me dejó mudo por el significado que contenía.
-¿Qué…? – dije anonadado. - ¡Eh! ¡Yo no he hecho una mierda! – me hice el loco. Está claro que nunca podremos ser menos que el otro. Jamás podremos admitir algo… Somos y seremos orgullosos hasta que nos muramos. ¿Por qué diablos nos pareceremos tanto, joder?
-¡Claro que sí! ¡No finjas que no sabes nada, porque no es el caso! ¡Y encima yo lo sé! –se le quebró la voz y entrecerré los ojos, sin llegar a entender del todo esa última frase - ¡Mierda, lárgate! – se giró y se encogió en sí mismo, quitándose las lagrimas que se precipitaban a salir de sus ojos de nuevo, queriéndomelas ocultar.
-¿Qué? ¡¿De qué coño me hablas?! – y volvíamos a gritar – No me pienso largar.
-No importa, ¿vale, Tom? Déjalo. Vive en tu puto mundo, donde todo es perfecto y de colorines, y déjame a mí, que ya tengo bastante conmigo mismo. –siguió caminando y me dejó a atrás.
Por unos instantes, pensé en dejarlo ir, y volverme por donde había venido, pensándome si pegarme de hostias contra un árbol, por haberlo seguido y por ser gilipollas. Pero en el último momento, eché a correr y me puse a su altura. Lo agarré del brazo y tiré de él hacia mí.
-¡Que no me pienso ir, he dicho! – Cerró los ojos, de lo fuerte que le había chillado, y después de eso me calmé – explícate de una puta vez. ¿Qué es eso que yo sé y que tú también sabes que yo sé y que se supone que debería saber que sab…? – vale, no sé qué coño he dicho, realmente, me había perdido. No sabía de qué estaba hablando…
-Tom… eres un puto cabezota. - no sé si se ría de mí, o si lo hacía por no llorar de nuevo, pero sonreí de lado por lo que me acababa de decir.
-Lo sé. Así que no podrás huir de mí…
Con una manotada se soltó de mí y después empezó a apretar los puños fuertemente, como si estuviera aguantando la rabia, y la impotencia que tenía dentro, le carcomiera las entrañas.
¿Y ahora qué coño le pasaba? ¡Pero si se estaba riendo! ¡Vaya, parece que no soy el único bipolar aquí!
-Los dibujos, Tom… - alcé las cejas lentamente y abrí los ojos de la sorpresa. Dios, ¡los dibujos! – Sé que has visto los dibujos, esta mañana. Los he encontrado diferente a como los había dejado, y estaban demasiado bien ordenados como para haberse volado por el aire.
Se me paró la respiración y me separé un par de pasos de él. Le miré, culpable, consciente de que realmente, yo sabía que él estaba colado por mí. Volvió a hablar mientras yo mantenía mi voz en una tumba.
-No es justo que me beses esta mañana, como si realmente le pusieras empeño, como si lo sintieras de verdad, y no fuese un beso más, y después no me hablas en todo el día. Vale, ahí he tenido culpa también, ya que podría haberme acercado y haberte preguntado, pero cuando nos ha tocado en la botella después… ¡Apenas me has rozado! ¿Qué pasa? ¿Te doy asco, ahora que ya sabes la verdad? ¡Y encima, sabiéndolo, te morreas con unas putas pavas, cincuenta veces, cuando podrías haberles dado un beso igual de mierda que el mío! ¡Pero no! ¡El señorito se tiene que hacer de machoman, y tiene que herir a Bill hasta al fondo! ¡No se sirve con destrozarle mentalmente todo el día! Joder, ya no sabía si ahora no me hablas por los dibujos, porque eres tonto, o… - puso pucheros de nuevo. – No… Lo que pasa aquí es que yo soy el gilipollas…
Respiré hondo. Me había cogido por los huevos.
-Bill… - hice una pausa después de pronunciar su nombre, buscando las palabras adecuadas - Yo sólo, me he sorprendido con los dibujos. No me das asco, te lo juro. Lo del beso del juego ha sido… Bueno, no importa. - ¿cómo le decía que no quería besarle en público? ¿Y si se enfada? Vale, mejor dicho: ¿Y si enfada mucho más?
-Ya… bueno. - vaciló, mirando hacia otro sitio, con los brazos cruzados y poniendo expresión de diva repelente. Intenté no hacer caso a ese irritante lenguaje corporal.
-Bill, ¿cuánto te…?
-Joder, deja de empezar las frases con mi nombre… - se estresó. – Me está empezando a poner de los nervios.
-Vale vale… - le contesté – Que… Bueno, - de nuevo me paré - ¿Cuánto te gusto? – me atreví a preguntar.
En cuanto oyó la pregunta, se escondió más la cara con el pelo, y se puso una mano en la frente.
-Joder, pues… - empezó a mover las manos y a entrelazar los dedos, del nerviosismo, supongo -Mierda, no estoy acostumbrado a esto. - se quejó, algo cohibido - Pues, a comparación a como me ha gustado alguien alguna vez… - se puso rojo, totalmente rojo - Pues mucho. - y agachó la cabeza más si cabe. Qué adorable, pensé.
Y yo me quedé con ganas de decirle lo mismo. Porque… Porque se lo quería decir. Joder, no es justo que sintiera las palabras en la boca del estómago golpearme y golpearme en la subida hasta mi boca, hasta, como dice el dicho, a la punta de la lengua. Pero… Ahí se quedaron las palabras. Y me jodía tanto… ¿¡Porqué no las podía decir?!
Las palabras se repetían en mi paladar como si se tratara de un poema que tienes que recitar en case y eres el siguiente de la lista; “Bill, estoy igual que tú.”
¡Eran simples y cortas palabras! ¡No eran complicadas ni nada por el estilo!
Pero… Jamás las llegué a decir. Jamás me salieron de la boca. ¿Por qué?
No lo sé. Quizás porque soy un cobarde de mierda, quizás porque me daba hasta miedo sincerarme por primera vez, quizás porque era tan nuevo que no sabía cómo hacerlo… O simplemente porque como ya he dicho… Soy un cobarde de mierda.
Y en lugar de decirle que también me estaba pillado…
-Pues lo siento tío, - encima me fui con chulerías – pero lo peor que puedes hacer es pillarte de mí. Soy demasiado cabrón – y ahí, vi una imagen diferente de la situación. Sin comerlo ni beberlo, había dicho ese par de posibilidades que me impedían que me sincerara. ¿Y si no soy capaz de pasar dos días con él y tirarme a una tía? ¿Y si le jodo más de lo que le estoy jodiendo ahora? Putas preguntas sin respuesta… Siempre igual. - Olvídate de mí, y quedémonos como estamos, o si lo prefieres, volvamos a ser amigos normales, o conocidos… Si quieres ni hablemos entre nosotros… Pero no hagas esto. – Creo que recé a ese Dios inexistente, por qué no aceptara esa proposición. No soportaría verle y no saludarle. Pero sobre todo, y como siempre, yo pensando con la puta polla, no soportaría estar a solas con él, y no saltarle a la boca…
¡¡Pero Tom!! ¡Dile que te gusta! No seas tonto.
-No. – dijo seco.
¿Cómo?
-¿Qué has dicho? – exclamé, anonadado. ¡Mierda, no sé a qué se refería ahora! Si a lo de no pillarse de mí, si a lo de no querer ser mi amigo… ¡¿Joder, porqué seré tan tonto!?
-Lo que has oído. No pienso olvidarme de ti. - pu pum, pu pum… pu pum, pu pum… Oh... Bill.
-¿Y por qué no si se puede saber? – la seriedad de mis palabras me sorprendió, se me había encogido el corazón de una manera que creo que hasta me hizo daño de verdad, y sin embargo había hablado alto y claro, tajante.
-Porque puedo conseguirlo.
-¿Conseguir?
-Ajá.
-¿El qué?
-A ti.
-¿A mí?
-Sí.
-¿Y por qué estás tan seguro?
-Porque lo sé… - me desafió. Parecía que las ganas de llorar se le habían ido en un segundo…
-Yo no estaría tan seguro.
-Estabas celoso… - se atrevió a decir.
-¡Ja! ¿Cuándo?
-Antes… Cuando me he besado con Mario.
El recuerdo de ese beso me llenó de pensamientos de odio. Lo había pasado realmente mal en ese momento. Oh, dios… Ya lo creo. Me había fastidiado muchísimo, y tenía un nudo en el estomago aun habiendo apartado la vista todo el rato.
-Eso es mentira. – Y yo con mi cabezonería. ¡Pero es que ahora me había picado! ¿Dónde se cree que va, yendo tan seguro de sus palabras? No podía ir con tantas seguridades. No me daba la gana.
-Sabes que no. ¡Me has apartado de encima de él, al momento!
-¿¡Al momento?! ¡Llevabais media hora dándole a la sinhueso! ¡Un poco más y hacíais una porno ahí en medio!
-¡Bueno! ¡Es igual! ¡Es un juego! ¡Y besándose así era muchísimo más divertido! – se defendió.
-¡Pero era el novio de Andy! ¡Y sabes perfectamente que estaban mal, joder! ¡A mí… A mí me daba igual! – arg. Eso me ha dolido hasta a mí. Vi como su rostro se crispaba en un momento, como arrugaba el entrecejo y ponía cara de pena y dolor. Incluso vi como se le empañaban un poco lo ojos.
-Eso sí que es mentira…
-No lo es. No te creas que todos vamos comiéndote el culo allá por donde vayas, porque no es así. – sí, sí es así… ¡Nada más hay que verle el culo, por dios!
-Vete a la mierda… - se le quebró la voz.
-Enfádate lo que quieras.
Pensé que no me contestaría y que simplemente me giraría la cara y so largaría pero de pronto, estalló.
-¡¡QUE TE DEN POR CULO GILIPOLLAS!! ¡QUE NO HAS HECHO MÁS QUE JUGAR CONMIGO! ¡SI SABES QUE ME GUSTAS, NO ME BESES! ¡NO ME JODAS MAS DE LO QUE YA ESTOY, IMBÉCIL! –y dicho esto se acercó a mí y me dio hostias a diestro y siniestro, sin mirar, alzando sus manos a mi rostro, casi sin saber a dónde. Me pegó fuerte y después me empujó. - ¡Yo tenía una puta novia, que estaba buenísima! ¿¡Vale!? – y escupió al suelo. ¿Pero, ha dicho novia? ¿Enserio ha dicho novia?
-Ah ¿entonces realmente era una chica? Desde que he visto los dibujos pensé que te hacías el hetero conmigo para acercarte a mí o algo…
-¿¡Qué!? ¡Claro que no! ¡Eres… el primer tío que me gusta! – y volvió a hacer un amago de querer pegarme.
-¿Y la dejaste por mi? ¿No era porque te habías tirado a la pelirroja? – se me estaban cruzando muchas conversaciones y había sacado una conclusión extraña, ¿o me estaba contando otra cosa él?
-¡Arg, es difícil, ¿vale?!
-¡Dímelo!
-No.
-¡Dímelo joder! ¡Y no digas después que es todo culpa mía!
-¡No, paso de gastar saliva explicándote cosas que no entenderás!
-¿Me estás llamando tonto? – sí, con todas las letras por lo que parece. Igualmente, me lo he dicho yo a mi mismo antes.
-¡Sí! ¡Eres un subnormal de mierda, calienta pollas!- ¿Calienta pollas? Venga…
-¿Qué? La única polla que habré calentado habrá sido la tuya, cariño. ¿Qué, cuantas veces te la has machacado pensando en mí?
-…
-No jodas… - me mofé exteriormente. Por interiormente, estaba alucinando. ¿Enserio lo había hecho? Vaya, pensé que sólo lo había hecho yo.
-Lárgate. – se había puesto rojo como un tomate.
-Em… Es que ahora se pone interesante. - volví a reírme. Vale, me estoy pasando.
-¡Que te vayas! ¡Que no te quiero ver! – y buscó desesperado algo en el suelo para lanzármelo. Pero solo cogió un pequeño puñado de hojas secas y me las lanzó. Ninguna llego a rozarme.
-¡¡Pues nada, me largo!! ¡Y así te dejo tranquilo! ¡Y de paso, evito que me saques un ojo con esas uñas de marica reprimido! – vale, eso me lo tendría que haber ahorrado.
-Va coño, que ya estás tardando…
Le mire con desdén antes de alejarme de él lo máximo que pude.
-A veces sí que me das asco… ¡Sobre todo cuando te comportas así!
-¡Eres tú el que se comporta mal conmigo, joder! – y era totalmente verdad.
Pero antes de que empezara la marcha para ir a buscarme y volver a pegarme de hostias, empecé a caminar rápido hasta dejar de sentir su presencia detrás de mí.
-¡¡Muérete!! – escuché de fondo.
Me cago en la puta de oros. De nuevo se ha vuelto a estropear todo. De nuevo estoy cagándola como yo únicamente sé. Cobarde Tom…
Eres un puto cobarde.
Domingo -19/07/2009