Capitulo 17

4804 Words
Miércoles - 8/07/09 Bill Al pasar por delante de la mesa de profesores y toparme con tres miradas totalmente distintas se me hizo una especie de triple flashback que me dejó paralizado un instante. La primera persona a la que vi fue a Dawn. Dawn… Ella me miraba con una mirada distante, perdida, con melancolía y cansancio. Quizás de esperar un mínimo interés por mí parte en su persona. Quizás de esperar una señal de amor que hacía que fuéramos una pareja. Quizás de insistir tanto en que me fijara un poco en ella. Quizás de maquillarse tanto y ponerse tan guapa para mí y que yo no le comentara nada al respecto… Quizás de mí. Pero al mismo tiempo sin ganas ni voluntad de irse de mi lado. Y yo no sabía qué hacer. ¿Debería contarle lo de Ash? Ella debería saberlo, pero joder… ¡Georg también debería saberlo! Quizás debería decirle solo que “he estado con otra chica”. No joder, ella no se lo merece. Ella no puede estar con un chico como yo. Y yo… no debería dejar que la gente se enamorase de mí. Porque después siempre sale todo mal. Yo no estoy hecho para que me quieran. Siempre hay alguien llorando. He de hablar con ella… Sea como sea. Y contarle “la verdad” o como mínimo, parte de ella. El siguiente rostro fue el más chocante para mí. El padre de Tom, Jörg, también me saludaba. Y no sé cómo ni porque pero me sentó raro. Incluso habiendo mantenido ayer tarde una conversación con él… Una conversación que no podría olvidar. Flash Back Eran las seis de la tarde y Tom andaba perdido por ahí, de tal manera que por muchas vueltas que daba no lograba encontrarle. Y eso me exasperaba. ¡Necesitaba verle! ¡Necesitaba saber si de verdad aquello que pensé ayer noche era real! ¿De verdad me estaba enamorando? Quizás sí… Y era un “quizás” en el tono mas asustadizo que se pueda imaginar. No quería comprobarlo pero, ayer me juré que observaría mi situación desde un puto de vista subjetivo, como si Tom fuese una chica. Como si esto que me estaba pasando me pasara con una mujer. ¡A ver qué coño me pasaba! De verdad que juré comprobarlo. Daba vueltas sin sentido, casi sin fijarme a dónde mis pies me llevaban, sino a donde mi cerebro me conducía, pensando: ¿Estará cerca? ¿Habrá pasado por aquí? ¿Estará muy lejos? Lo sé, absurdo. Tom me gusta… Sí, me gusta. ¡Acéptalo Bill! -Me gusta… Me gusta… Me repetía en voz alta, como si se tratara de un examen que me preguntaban al día siguiente. Como si una lección del libro de texto se tratara. Pero esas palabras, son aquellas que por mucho que las digas en voz alta nunca se te quedan y que encima… Siempre te acaban preguntando. -¿Te gusta? ¿Quién te gusta? – una voz de fondo me sacó de golpe de mi examen mental. Me giré de pronto encontrándome un rostro mayor, no demasiado, pero lo suficiente como para darle los cuarenta. Me quedé sorprendido viéndome de frente con el padre de Tom. ¿Jörg…? -¿Qué, qué? Esto… - ¡y ahora que le digo! ¡No solo no recordaba no haber hablado nunca con él, sino que estaba hablando de su hijo! – pupupues… nadie… Ya sabe… cosas de los jóvenes… Me miró sorprendido y puso cara de ofendido. Después de dudarlo un momento me rodeó con un brazo y con la otra mano me lo pellizcó. Se le notaba tenso igualmente. -Ehhh… ¡Qué yo sigo siendo un chaval! – bromeó con una sonrisa en la boca. Qué simpático. Aunque bueno… no se qué coño quiere conseguir con todo esto. Me separé sin que se notara mucho el poco interés que tenía por nuestro contacto y quedamos uno frente al otro. Por un instante creí reconocer a alguien en él. Aunque solo por un instante. Después, esa imagen clara que se me había formado en mi cabeza se desvaneció como el humo. Bueno, es el padre de Tom, seria eso. Y como si el destino quisiera, nos sentamos uno al lado del otro en la tierra. Mierda, después siempre acabo con mis pantalones negros hechos un cromo, casi con barro y hierva. -¿Sabes?, creo que tu eres el chico que va siempre con mi hijo... –dijo como quien no quiere la cosa, mirándome amigablemente. Abrí tanto los ojos que debí parecer gilipollas. – eheh, tranquilo. No pasa nada. Ya me parece bien. Todos estos años lo único que hacía era ir con chicas de aquí para allí. Y la única vez que le veía con compañía masculina era cuando estaban en el grupo ensayando, con Gustav. ¿Siempre le veía con chicas? -¿Siempre estaba con chicas, Tom? – no me aguanté de preguntar. No puede. Noté que algo empezaba a arder en mi interior, y no supe descifrar que era eso que sentía… Jörg ensanchó la sonrisa, como si estuviera orgulloso. -Sí bueno… Sólo espero no acabar abuelo tan joven. – abrí la boca indignado. ¡Así que era un mujeriego! ¡Un puto mujeriego! Se me pasaron por la mente un montón de imágenes grotescas, con Tom en la oscuridad y un montón de chicas sin rostro pidiendo que les diera más fuerte. ¿Y si… Y si solo quiere embaucarme? ¿Y si todo este jueguecito de miradas, palabras provocadoras y abracitos es sólo un cebo para ponerme también en su lista? ¡¿Y si ahora se está follando a una y por eso no lo encuentro?! Arrugué el ceño notoriamente durante un segundo, hasta que me di cuenta que él había cambiado si expresión. -¿Porqué lo preguntas? – me dijo extrañado, alzando una ceja. Ai dios ¡Este se huele algo! -No, nada… Y sí. Soy yo el que va con tu hijo. Me llamo Bill – dije mientras extendía mi mano y se la daba. Me miró pensativo durante un segundo y entonces me la estrechó fuertemente. Pero en el último instante, justo cuando nos separábamos juraría que había notado un amago de caricia, una caricia… ¿nostálgica? -Ya lo sabía, ya le había preguntado a mi hijo sobre ti, pero ahora mismo no estaba muy seguro de que fueras o no fueras tú… -dijo excusándose. -Ah, ¿Ah sí? – ¿habían hablado de mí? De pronto ese órgano llamado corazón empezó a latir más fuerte - ¿y… qué dijo? -Puees… - no sabía que contestarme. ¡Claro que no lo sabía! ¿Qué clase de pregunta es esta Bill? ¡Que es su padre! – No sé, que eras simpático y eso. Yo que sé, lo típico de amigos. – contestó mientras se sacaba un cigarro del bolsillo. Medité mientras se lo encendía. Tanto tardé en decir algo en claro que cuando echó el humo por la boca me miró esperando una respuesta. -Pues… Sí… É-el también es muy simpático. Casi no me dio tiempo a acabar la frase que me cortó. -¿Oye, te puedo hacer una pregunta? – me miró directamente, sin tapujos. Su mirada se iluminó momentáneamente por el brillo de cigarro. Se me cortó la respiración. Mierda, mierda, mierda. ¡Me ha calado! ¡Vale, invéntate una excusa! ¡Rápido Bill! -Esto… sí claro, dispara. - nono, no dispares. Tú tómate tu tiempo. Cogió aire notoriamente durante unos segundos. Ai madre, parece que es algo difícil de contar. “nono, no hay nada entre su hijo y yo… Es solo... bueno, creo que él me gusta” Vale, no puedo decirle eso. He de pensar mejor. Vamos Bill, demuestra que puedes pensar. -Es que llevo un par de días observando y bueno… Me recuerdas muchísimo a una amiga mía de hace muchísimo tiempo. Dudo que ella se acuerde de mí siquiera. Y tampoco quiero que la molestes conmigo si es que de verdad la conoces pero… ¿Tu… tu madre cómo se llama? Me quedé totalmente descolocado, sin saber qué decir. ¿Había escuchado lo que acababa de escuchar? No me estaba preguntando nada que tuviese que ver con Tom… De hecho ni siquiera nada que tuviese que ver con el campamento ni sus posibles monitores. Tardé un poco en recopilar toda la información y en decir algo. -Simone… Cogió aire fuertemente y finalmente lo soltó en una sonrisa, en una forzadísima sonrisa. Preferí no preguntarle. -Vaya… Pues yo… Yo conocí a tu madre chaval. – me dijo dándome un par de palmadas en el hombro. Lo miré atónito. ¡Vaya! ¡Qué fuerte! ¡Mi madre y el padre de Tom se conocían! El momento se me tornó rosa de pronto. -¿Enserio?-dije eufórico. -¡Cómo mola! ¿Y cómo os conocisteis?- las sensaciones me habían cambiado de pronto. Casi se me había olvidado la posible “utilización” por parte de Tom a mi persona. ¡He dicho casi! La imagen de mi madre y su padre tomando un cubata o un café, se me antojó de lo más adorable y me acaparó todo el pensamiento. -Pues bueno, en la escuela secundaría. Era una compañera de clase mía. Alguna vez nos había tocado hacer algún que otro trabajo, juntos. Pero bueno, ella ni se acordará de mí. – imaginé a mi madre y al padre de Tom con una enorme cartulina de algún color vistoso haciendo un título en grande para presentar algún trabajo oral y exponerlo en clase. Me los imaginaba discutiendo por qué imágenes pegar y qué poner en cada una de las cartulinas. Incluso en mi imagen mental salía el momento de la exposición, en la que alguno de los dos se quedaba en blanco delante de toda la clase -¿Y porqué dejasteis de ser amigos? –la idea de que hubiese habido una amistad así en un pasado que ahora no estaba, sonaba demasiado triste. -Bueno, si te soy sincero me fui yo, porque ella no me hacía caso. - lo soltó hasta cómico, como si las heridas del pasado ya se lo hubiesen cerrado y ahora solo eran anécdotas de las que reírse. – Yo me enamoré mucho de tu madre… Pero ella no me quería. Ya sabes, cosas de jóvenes. -repitió mis palabras. ¡Pero qué es esto! ¿Acaso viene de herencia familiar dejarme mal o qué? Dios, como se notan que son familia… Igualmente me interesó todo aquello que me decía. -Vaya, qué fuerte… Si le hubieras gustado lo mismo ahora tú serías mi padre. Jörg parecía divertido. -¿Sí, no? Ironías del destino… -parecía mofarse de todo ello. Era graciosa la situación. Pero dejé de sonreír en cuanto un pequeño detalle se me cruzó por la mente. En cuanto el recuerdo de un rostro suave y prácticamente perfecto, me inundó el cerebro, una vez más. ¡Tom! -Ala, pero si tú hubieras sido mi padre… Tom ni hubiera existido. -mi voz sonaba fúnebre y el hecho de que realmente Tom no hubiera llegado a estar en este mundo me aterraba y me ponía los pelos de punta. -Sí bueno… Cambiemos de tema, anda. Esto se está volviendo muy raro. -¡No no! Yo quiero seguir hablando de esto. Es entretenido y siempre me ha gustado escuchar las historias de los demás. Adoro cuando alguien tiene algo que contar. ¿Cómo te enamoraste de mi madre? Se me hace raro hablar de esto porque, bueno… es mi madre y eso, pero ¿Qué te gustó de ella? – observé atento sus movimientos y sus palabras. -Pues yo que sé… No tenía ni tu edad cuando me gustaba. Ya te he dicho que era en la escuela secundaria. Yo salí de ahí con los dieciséis… Y tu madre me debía gustar pues a los… ¿Catorce? Sí, una cosa así. Chico, hace mucho tiempo, no le des más vueltas a la cabeza. Supongo que porque era guapa y punto. Aunque he de admitir que tenía una sonrisa radiante, que has heredado. Arrugué en ceño, medio decepcionado. -Vale vale, ya no digo nada más… -me había quedado trastocado y no sabía que más decir para romper esta tensión tan fuerte que se había creado en un momento. -Y a ella… ¿Cómo le va? –parecía que le costaba hablar. Medité unos instantes. -Pues le va bien y eso. No sé… Consiguió ser doctora de hospital pediátrico y no se… No la veo demasiado, porque trabaja mucho, pero ella está contentísima con su trabajo. -Vaya… -parecía impresionado, y feliz incluso de oír esas noticias -¿Y como que se metió a doctora pediátrica? Jamás me contó nada al respecto de esos planes de futuro.-comentó extrañado. -Ya bueno, es que tiene una especie de “trauma” – Jörg me miró interrogante – se ve que cuando yo nací la mujer que había al lado de mi madre había tenido gemelos –la mirada se le quebró un instante- y bueno, se ve que los del hospital habían tenido problemas o algo raro… Y uno de los dos niños se murió. -los ojos de Jörg esta vez se mantuvieron impasibles, fijos en un punto en el suelo. – Se ve que la marcó tanto el llanto y la desesperación de aquella madre que desde entonces no tuvo otro sueño que el impedir que esto jamás volviera a pasar. Bueh, ya sabes, mi madre es un poco peliculera. El padre de Tom asintió sin más. -¿Y qué tal con tu pa-padre? –parecía que realmente estaba interesado. -¿Mi padre? Yo no tengo de eso… Nos abandonó cuando yo tenía cinco años. Por un momento se me oscureció el mundo. Recordar las noches de llanto de mi madre por culpa de ese cabrón que la dejó tirada sin ningún tipo de explicación, había que se creara un agujero n***o en mi estómago, y este doliera más y más. -Vaya… - por un instante, creí ver en Jörg, una mirada de “no me esperaba esa respuesta”. Bueno, supongo que nadie se espera que alguien le cuenta que lo abandonó su padre de pequeño. - Lo siento chico. –me dijo sin más. Yo me levanté y sin despedirme con nada más que una mirada, me largué de ahí. Fin Flashback La última mirada de la mesa de profesores, y la que no podía evitar ni aún queriendo, era la de mi rubio y lleno de rastas, Tom. Me sonreía desde una mirada baja y ladeaba la boca, con un gesto que escandalizaría a cualquier chica. Ayer pasé un día… Creí que me desmayaría cada vez que dirigía sus ojos a los míos. Estuvimos con su guitarra y bueno… Aunque no me atreví a cantarle nada, le prometí que le enseñaría alguna de mis creaciones. Igualmente me deleitó con su preciosa música y su dominio de la guitarra, moviendo los dedos frenéticamente y con mucha maestría. No sé porque, pero eso me había puesto bastante malo… Pero malo, de… Sí, de cachondo. Flash Back Tenía la mala leche pintada en la cara, hablar con Jörg me había puesto de los nervios, no soportaba que nadie me hablase de ese c*****o que dejó preñada y abandonada a mi madre cuando vio la oportunidad. Avanzaba y le iba dando puñetazos a los árboles, patadas a las piedras, y me mordía la mandíbula hasta notarla tensa del todo. Necesitaba algo para distraerme… ¡Necesitaba algo que me sacara ese tema de la cabeza! ¿Qué me podría distraer tanto como para olvidarme? ¿Qué me podría alejar de la realidad tanto como para no preocuparme de nada? Muchas veces me habían dicho que el amor era lo básico en esta vida, que era lo que te hacía sentirte libre y fuera de tensiones, que el estar con la persona a la que amas es lo que te hace disiparte del resto del mundo y borrarte todas y cada una de tus preocupaciones… Pero para que eso pase, has de tener a ese alguien. Y aun teniendo ese alguien hay que estar enamorado, y yo podía tener tantos “alguien” como quisiese que no encontraba la persona perfecta. Ni siquiera mi Dawn me llenaba de esa manera. -Tom…- exclamé en voz alta, pero bajito. Mis ojos se abrieron como platos. ¡¿Enserio he dicho lo que acabo de decir?! ¡No me lo puedo creer! ¡Pero si ni tan solo estaba pensando en él! Joder, mira que me han dicho veces que cuando alguien te gusta a veces dices su nombre en voz alta aunque no venga a cuento pero… Vale sí, lo prometí, he de averiguar si me gusta o no. He de hacerlo. ¡He de encontrar a Tom! Aún así, las seis de la tarde se aproximaban rápidamente y no había indicios de ninguna rasta por la espesura del bosque. Lo mismo lo que había pensado antes era cierto ¿Y si está con una chica? ¡No me puedo creer que sea tan mujeriego! Bueno, en realidad no se de qué me sorprendo. Se le notaba a leguas. Siempre diciendo lo super “cool” y genial que es con las tías, cómo le van todas detrás. Vale sí, eran indirectas directísimas de su “muy creída hombría” pero, quería creer que no tenía ninguna chica con la que follar mientras no está conmigo… Que si se pone cachondo después de un abrazo no se dedique a buscar números en su agenda. Que se haga una paja como hice yo… Argg… Recordar la escena en la que no había forma humana de que se me bajara la erección era como una tortura. Después del abrazo y de estar dando vueltas en mi cama sin poder dormir y pensando cada momento en cómo de duros tenía los brazos y el abdomen pues… Se me había creado otro pequeño problema. ¡Estuve incluso tentado de llamar a Dawn en medio de la noche! Pero me pareció muy cruel, bueno es que es muy cruel, aparte que era tardísimo. Y si me daba una ducha de agua fría era peor porque después me congelaría por el frío de la cabaña y no dormiría ni aunque me chutara un frasco de somníferos. Así que tuve que recurrir al antiguo y eficaz método, un par o tres de veces. ¡Cómo me jodió! Y quiero… quiero que el también pase por lo mismo que yo. Quiero que también se mate a pajas pensando en mí. ¡No quiero que tenga chicas detrás! ¡Tom va a por mí, y por nadie más! De pronto se abrió la espesura del bosque y vi una cabaña a lo lejos de las que salían tres personas. Tres figuras adolescentes. Me fijé más, y lo primero que vi y que no pude evitar, fue observar que una de esas personas era… Él. Tom. Noté como el corazón se me aceleraba a mil por hora. Ese era un signo de enamoramiento ¿no? Sí, supongo que sí. Llevaba una gran funda de guitarra a la espalda, con su guitarra dentro, supongo. Y detrás de él había una chica que también lucía en la cabeza unas largas y recogidas rastas. Vaya, si era Erika. Y justo detrás, cerrando la puerta desde dentro se despedía de ellos Gustav, el otro profesor, rubio y con el pelo muy corto. Aún no había tenido el gusto de poder hablar con él pero… Parecía la mar de majo. Y me recordaba a ese estilo de amigo como Georg… Quizás ellos dos se llevarían bien. Estuve a nada de enderezar mi paso hasta ellos cuando de pronto vi como Erika cogía la mano de Tom y la estrechaba con la suya, alzándola en el aire y balanceándola, jugando. Alcé una ceja observando los movimientos, con total desaprobación. Vaya, esto también parece un signo de algo. Pero de ese algo que no quiero. ¡Se folla a Erika! ¡Seguro! Y vaya, esto es otro signo de enamoramiento ¿no? ¿Estoy celoso? Se podría decir que sí. ¡Joder, se supone que no me puede afectar! ¡No! ¡No puede! He de resistirme por mucho que… ¡¿LA ESTA BESANDO?! Sí, lo está haciendo. Cojonudo. O sea, ¿ayer me da un beso y hoy se olvida totalmente? Bueno, ya sé que fue un puto pico sin importancia y que a más totalmente obligado, pero… ¿No se ha rayado ni un poquito? ¿Nada de nada? ¿Por qué solo me importó a mí? ¡Arg! ¡No me puedo creer que le esté metiendo mano por debajo de la camiseta en medio del bosque! ¡Tom, no te dejes sobar el culo de esa manera! La rabia me aumentaba en segundos. En décimas de segundo. ¡En milésimas de segundo! ¡¡No es justo!! Mierda, sí es justo. Bueno, igual la expresión no es así del todo, porque en veradad, yo hago lo mismo. Representa que tengo novia. Nono, nada de representa, yo TENGO novia. A más es que no podía apartar la mirada de encima. ¡Es como cuando estas viendo algo asqueroso y te acercas más para verlo! ¿Quizás es que sólo me quiero hacer notar? ¡Buena idea! ¡Bill, haz algo para que note que estás aquí! Vale ¿Y qué hago? Me iba apoyando en un árbol mientras iba pensado las posibles posibilidades. Podría fingir un desmayo, quizás le da por hacerme el boca bo… ¡NO! Bueno, ¿Sí? ¡Ag! ¡Bill, piensa menos con la polla, por Dios! Podría hacer ver que no le veo y paso por delante. Hombre, no es mala idea. Aunque podría ir en plan ”interrumpiendo” diciendo que los niños le buscan. ¿Qué cruel, no? Ja, mejor. ¡Por mujeriego y utilizador! Vale a ver, ¿Cómo me acerco? ¿Cóm…? -¡AAAAHHHH! – grité. Lo primero que noté fue que no encontraba mi sujeción por ningún lado. ¡El tronco del árbol había desaparecido! ¡Juro que estaba ahí! ¡Antes estaba! Y lo siguiente que recuerdo es un gran dolor en mi trasero. -auuu… -me quejé, tocándomelo y dándole un pequeño masaje. Pero noté algo raro mientras me sobaba el culo. Algo no iba bien. No será que… Enseguida me miré las manos, alertado. -¡Mierda! ¡Me he roto una uña, joder! – grité casi sin ser consciente de mi alrededor. ¡Joder! ¡Mi manicura, coño! Entonces me di cuenta. Volteé la cabeza y me encontré a dos personas mirando en mi dirección. Dos rostros totalmente distintos con unas reacciones totalmente distintas. Primero la miré a ella y vi en su mirada una gran expresión de sorpresa y unas ganas de reír que no podría con ellas, y en Tom vi… Vi que quería salir por patas ya mismo. ¿Tan poco se alegraba de verme? Ah, se me olvidada… Que hasta hace medio minuto estaba muy ocupado. Le miré directamente y después volví a mirar a mi uña. Joder, se me había partido del todo. Oí unos pasos acercarse pisando las pocas hojas del suelo y sonreí satisfecho. Ja, fijo que es Tom. No ha tardado nada en venir a buscarme. -¿Necesitas ayuda?- esa voz me desconcentró del todo. Miré inmediatamente a la persona que me hablaba. Por un momento me faltó voz con la que hablar. Me quedé atónito al cruzar miradas con Erika por primera vez en todo lo que llevaba de campamento. Tenía los ojos muy bonitos y una piel fina. Las rastas eran oscuras pero por las puntas ya las tenía cada vez más claritas de lo largo que tenía ya el pelo. -¿Estás bien? –me dijo al ver que no le respondía. Asentí mientras observaba como se acercaba Tom, mirando al suelo, a paso lento, y con las manos en los bolsillos. Ella al ver que medio medio ya le había respondido con mi movimiento de cabeza se alejó un poco y sonrió. -¿Cómo te llamas? –parecía hasta simpática. Aunque nunca se sabe cómo es una persona hasta tratarla bien, incluso habiendo sido grandes amigos te pueden llegar a sorprender de qué manera… -Bill –otra voz contestó por mí. - ¿Dejándote caer por aquí? – dijo chistoso Tom. Erika empezó a reírse de una manera escandalosa, y yo simplemente le alcé la deja y esbocé una media sonrisa que no me devolvió. El ambiente se había vuelto tenso del todo. -Si bueno… Te estaba buscando. - frunció el entrecejo sin entender. - me aburría mucho. –me excusé. Pero igualmente este seguía sorprendido. Creo que el beso que nos dimos no le gustó. Y como si una espina se me hubiera atragantado en la garganta empecé a sentir pinchazos por todos lados, y unas ganas terribles de dar la vuelta y dejarle con ella de nuevo. ¿No le había gustado el beso…? Recuerdo lo radiante que estaba en cuanto no separamos, ese rubor de mejillas que se le había dibujado en el rostro mientras hablaba entrecortándose y cómo le costaba mirarme a mí de nuevo. Era imposible que no le hubiera gustado… ¿Y si lo que pasa es que él está igual que yo? ¡Lo mismo tampoco acepta que pueda haber algo en medio de ambos! Quizás está enfadado consigo mismo porque le gustó demasiado, aun habiendo sido una mierda beso. Vaya… No somos tan diferentes. Aunque claro, todo esto son suposiciones Bill, no te emociones antes de tiempo. -¿Ya os conocíais vosotros dos? – exclamó Erika señalándonos a ambos con los dedos. Nosotros nos miramos a los ojos fijamente. Iba a responder algo cuando de pronto sonó un móvil. Erika lo buscó en sus bolsillos. - ¡Mierda! ¡Ya son las seis! Joder, menos mal que me pongo la alarma que si no… Bueno, ¡me voy! Que tengo clases. Tom asintió y lo siguiente que vi fue Erika volviéndole a comer los morros. Yo me quedé estático, sin poder mover ni un musculo, como antes, como cuando le metía mano tan descaradamente. Y Tom parecía que no le importara nada que yo estuviese delante. Parecía que esta sonreía. ¿Lo hace para provocarme? ¿Para ponerme celoso? ¡Pues no lo conseguirá! ¡No! No… ¿vale? ¡¡OH DIOS ACABAD YA!! ¡QUE OS DARÁ TIEMPO HA HACER UNA PELI PORNO HA ESTE PASO! No pude evitarlo y desvié la mirada a otro lado. Creo que hasta estuve aguantando la respiración hasta que no se separaron y ella me saludara con la mano, despidiéndose. El cuerpo se me había quedado destrozado. No sé porque pero me sentía cansado, e incluso dentro de todo el remolino de sensaciones que habían en mí, una de ellas era que me sentía humillado… Respiré bien fuerte antes de decirle, a mi posible, y muy a mi pesar, enamorado, “adiós”. Me giré y volví para andar el camino andado hasta mi aburrida y solitaria cabaña. -¿Pero no era que me buscabas? ¿Ahora por qué te vas? – se me cortó la respiración y contuve el aire de nuevo, y esta vez por prácticamente el mismo motivo: Tom. Me giré y le vi medio sonriente y con las manos en los bolsillos de nuevo. Parecía que había cambiado la expresión totalmente. Antes parecía hasta molesto de mirarme, ahora… Parecía como cuando estábamos en un día normal. Volví a respirar y no me estuve de responderle la sonrisa. Quizás por no quedar mal o quizás porque realmente lo quería, pero después me arrepentí. ¡Dios vuelvo a estar hecho un lío! Ayer a la noche parecía tan jodidamente fácil. ¡Lo único que tenía que hacer era mirarle en un punto de vista subjetivo, y punto! Simplemente dejarme llevar por la situación. Ahora… ¡Ahora lo único que tengo es miedo! ¡Miedo de descubrir el porqué de ese dolor de estómago que me ha dado cuando he visto que se besaban estos dos! A más… ¡Miedo a descubrir que realmente podría estar enamorándome de él! Me asusta pensar que es posible que realmente lo único que quiere de mí, es que yo también esté en su larga lista de ligues veraniegos. Y no quiero vivir esa sensación tan horrible de estar colado por alguien que no quiere saber nada de ti después de un poco de jugueteo esporádico. Enamorarse de alguien y no ser correspondido. ¿Pude haber algo peor? De momento me duele imaginarlo… No quiero ni vivirlo. De verdad que no quiero.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD