Capitulo 18

4968 Words
-Es que… estoy un poco cansado. Te he buscado por todo el bosque y he dado mil vueltas. -menuda escusa. Hacía falta mucho más que eso para que yo me sintiese fatigado. Desde luego no hacía mucho deporte, pero hasta aquí aguantaba – No pensé que estarías foll… Bueno, montándotl… En fin, ¡con Erika! – dije, ya cansado de buscar una palabra adecuada. ¡Qué difícil se me estaba haciendo! Tom me miró incrédulo. -¿Montándomelo con Erika? ¡No hombre no, y menos con en la cabaña de Gustav! – hostias, Gustav, no me acordaba de él. Dentro de la cabaña también estaba el otro profesor. – Simplemente estábamos ensayando un poco con el grupo. -dijo señalando con el dedo pulgar hacia su espalda, hacia su guitarra. Vaya, eso lo explicaba todo. Bueno, no. ¡Todo no! -¿Y por qué os estabais besando de esa manera? –creo que la fuerza me había vuelto al cuerpo, ya no me sentía tan débil, ni mareado, ni nada por el estilo. Había recuperado tanto mi estado anterior que hasta le estaba hablando con exigencias, con un tono de voz un poco por encima de lo normal. ¿Y ahora qué coño pasaba? -Pues porque… -empezó a excusarse. Pero de pronto se paró y me miró directamente - ¿Y a ti que más te da? ¡Tú tienes novia! – me acusó. Por unos instantes pensé que me había dejado fuera de juego con esa simple frase, que aun habiendo reflexionado sobre ella de otra forma para contrarrestarle, me afectó al cavo del rato. Era cierto…Todo lo que él pudiera hacer con Erika lo podía hacer con Dawn, no podía pedirle explicaciones de nada. Pero enseguida se me ocurrió algo con lo que dejarle a él callado. -¿Y ahora a qué viene lo de mi novia? ¡Te excusas tu actos ante mí diciendo que yo hago lo mismo? Ni que fuéramos una pareja y te defendieras diciéndome “que yo también te he puesto los cuernos” –moví mis dedos haciendo ver que hacían de comillas - Yo solo te lo preguntaba porque creía que me habías dicho que no tenías novia. No por cualquier otra cosa en especial. De hecho, ahora pensándolo… ¿Por qué me has dicho lo de mi novia? ¿A caso te acuerdas muy amenudeo de ella? Estás celoso. ¿Verdad? – no sé de dónde saqué los huevos para decir todo aquello. Lo único que sé es que cuanto más decía, más alzaba la voz, y más a gusto me quedaba. ¡Aunque ni yo mismo supiera lo que estaba diciendo, y muy a pesar de liarme con mis propias palabras al hablar! Su cara era para hacerle una foto. Me empecé a reír sin darle tiempo a decir nada. ¡Madre mía, no podía aguantarme la risa! -Eh, ya vale de reírte, más quisieras tú que yo me pusiera celoso de algo como esto. A mí las relaciones me dan igual. Yo no tendría relación con nadie porque eso me quitaría la libertad de poder acostarme con quien más quisiera. Así que paso. Si yo quisiera follarte o algo por el estilo, me la sudaría mucho tu novia, es a ti a quién debería importarte. A más, tú mismo dijiste que no estabas enamorado, ¿me equivoco? Pues ale. –un silencio se apoderó de nosotros. Joder con el tío, pelea bien, ehh. Ahora ya no sabía ni qué decirle. Parecía que se había levantado con el pie izquierdo… ¡Parecía enfadado de verdad! Joder Bill, has de arreglarlo. - Bueno, ¿al final qué? ¿Te quedas o te vas? – esto último había recuperado su fuerza y su tono amistoso. ¡Oh dios! ¡Menos mal! Pude respirar tranquilo. -Sí,sí… -tardé un poco en contestar y en salir de shock – Me quedo. Realmente que me aburría mucho.- ya prácticamente no me acordaba de la conversación que había mantenido hacia una escasa hora con su padre. -Va, venga, tócame algo. Ahora ya tienes la guitarra. – Llevábamos una hora o así sentados en una piedra enorme que hacía acantilado. Tom me había enseñado uno de sus dos lugares favoritos. Este era el que iba en segundo lugar. Se había de escalar un poco y llegabas a una pequeña cima de piedra desde donde se podía ver la civilización. “Estar aquí de noche es brutal… Observar las luces de fondo en medio de la oscuridad es hipnotizante, y lo mejor es que te encuentras lo suficientemente lejos de la luz artificial como para que si miras hacia arriba, puedes ver todas las estrellas”, me había explicado, con tono soñador. Era la primera vez que le oía hablar así de algo. Con tono dulce y cuidadoso. “Pero con la luz del sol, la vista pierde mucho, otro día ya te enseñaré el otro lugar, ese sí que te gustará” me había prometido. Ahora, después de haber fumado un poco y haber hablado de todo, se me había venido a la mente la conversación del domingo a la noche. ¡Que Tom me toque la guitarra! -¿Qué? Si hombre. ¡Primero me has de cantar tú algo! – contrarrestó, hábil. Mierda. Recurrí a lo que mejor se me da. -Vaaaa… -lloriqueé. – ¡Porfa! ¡Algo cortito, algo que hayas compuesto tú! Fijo que alguna vez te has puesto a tocar la guitarra con los de tu clase. ¿A que sí? Vaaa… -observé cómo le cambiaba la expresión y cómo titubeaba. – Y después… canto algo. - ja, qué chiste. Me miró serio y después asintió con la cabeza. Le sonreí, radiante, y este apartó la mirada de mí al instante, cohibido. No pude evitar morderme el labio. Observé, atento, cómo sacaba una guitarra acústica y una eléctrica del mismo estuche. -¡Pero qué coño! – me quedé flipando. -¿Pero cómo puedes con las dos guitarras? ¿Es una doble funda o algo? ¡¡Joder!! -Jajajaja – se reía de mi reacción – sí, es una doble funda. Es que a veces toco canciones más lentas con las que la eléctrica no me es de mucha ayuda, asique ahorré para la acústica, que a más, pesa menos. Pero bueno, llevo muchos años cargando equipajes como el tuyo –me sentenció. Creo que me puse rojo. – así que estoy acostumbrado.- mientras hablaba iba sacando y colocándose la guitarra acústica, negra con detalles en blanco. Rodeé mis piernas y observé impaciente cómo tocaba las cuerdas y se aseguraba de que estaba bien afinada, cosa que no entendí puesto que representaba que la acababa de utilizar con su grupo… Lo mismo estaba nervioso. Ojalá. -A ver qué te parece, no te esperes gran cosa, eeh -me advirtió. Asentí y enseguida empecé a oír el sonido de las cuerdas en mis oídos. Tom cerraba los ojos y se sumergía en su mundo. Veía claramente como su concentración estaba al máximo, como si su alrededor no existiera, como si solo estuviéramos él, y su guitarra. Se relamía los labios, se los mordía, hacía rotar su piercing, respiraba por la boca fuertemente… ¡Dios, ver tocar a Tom era algo realmente erótico! Notaba como el calor aumentaba, y no era precisamente por que fuese verano. De hecho, a las siete de la tarde que ya eran empezaba a refrescar aquí. Por unos instantes abrió los ojos y me miró. Me pilló mirándole embobado, con mi boca se mi abierta, apunto de babear seguramente, fijándome sobretodo en sus labios, en su expresión, en sus manos fuertes y decididas… En todo él. Y cuando noté que me miraba no puede apartarle la vista de sus ojos hasta que vi que sonrió triunfante. Entonces giré la vista, incluso avergonzado. -Ja… -le oí decir, divertido. - ¿Quieres que te traiga un plato o algo para las babas? – me dijo sarcástico, y pasándose la lengua por lo dientes, triunfante. Ni me quejé. Y no me quejé porque era absurdo. ¡Porque no podría defender ni aunque quisiera joder! Simplemente le aparté la vista, medianamente enfadado, con los mofletes hinchados. – Jajajaja- se reía como un niño. Joder, qué mono. Unos instantes más tarde paró de tocar esa preciosa melodía, que aunque no la había oído nunca, me había llegado muy hondo, casi emocionándome tanto como para llorar. Sentí deseos de implorarle que no dejara de tocarla. ¡Que nunca dejara de tocar las cuerdas de esa guitarra! ¡Que parase el tiempo si hacía falta para que el momento fuese eterno! -Va, ahora te toca a ti. ¡Te toca cantar! Oh,¡Mierda! Joder joder. ¡No quiero cantar! El pulso empezaba a acelerárseme y a temblarme la voz. ¿Qué escusa le ponía? Ai mierda ¡Que nervios coño! ¿Es que para qué mierdas le dices nada, Bill? -¿Qué? Esto, es que… - la cara de Tom cambió cuanto vio que pensaba escabullirme. -¡Eh eh! ¡Ni se te ocurra ahora decirme que no, eh! ¡Vamos, no sales tu de aquí de una pieza como no me cantes algo! -Joder… Es que… ¡No tengo aquí mis canciones! Y no me las sé de memoria. ¡Yo tengo una libreta llena de canciones! Escritas por mí y eso… - Tom alzó una ceja y me miró, esperando que siguiera excusándome, más impaciente que otra cosa.. –Mira, mañana… Quedamos y te canto mis canciones. Le vi pensárselo un poco. -Está bien. Pero espero que tengas muchiiiisimas, para poder compensarme. ¡Porque cantarás hasta que te sangre la garganta! – me amenazó, riéndose. Suspiré. Joder. ¿Cómo puede un futuro actor… tener miedo escénico? Fin Flashback ¡Hoy tenía que cantarle! Ai dios mío, ¡¡QUE ME DA ALGO!! No entendía como me ponía tan nervioso en cuanto tenía que hacer algo delante de alguien. Si era espontáneo me salía perfectamente, pero si antes me tenía que concienciar, yo… Bueno, reza un poco para que no se acuerde. Agaché la cabeza y me fui pitando a mi mesa, donde hablaban animadamente Ash y Georg. Joder, me alegro que se lleven bien de nuevo, ¡pero me parece tan cruel! ¡Siempre pienso que he de decirle algo a Georg pero nunca hago nada! Me senté al lado de Ash que ya había empezado a comer su carne con patatas y ambos me saludaron con la mano. Georg me quedaba de frente y a mi espalda estaba la mesa de Tom, no quería compartir contacto visual con él. -¡Hey! Bill, hoy tampoco no has venido a desayunar tío… - me dijo Georg. -Ya, últimamente me voy a dormir muy tarde y después por la mañana estoy reventado y no tengo manera de levantarme con ganas. -exclamé llevándome a la boca mi ansiada comida. Recordar tantas cosas creo que me había hecho volver el hambre de golpe. Comía a toda velocidad y no sé porqué. Estaba nervioso, estaba aceleradísimo, no sé que me pasaba, pero quería acabar de una vez. En cambio ellos dos se lo tomaban con calma, comían y bebían con total tranquilidad y ni reparaban en mi acelerada actitud. De hecho ¡hablaban bien felices ambos! Yo... Tenía un mal presentimiento. Bueno, precisamente malo no pero, ¡Un presentimiento raro! ¡Eso sí! Al cavo de unos diez minutos vi como Georg me tocaba en el brazo y mi indicaba que girara la cabeza hacia atrás. Obedecí… Con miedo. -¡Bill! – oh oh… Esa voz, esa voz es de Tom. Me encontré con su figura a menos de medio metro de mí. - ¿Cómo quedamos hoy?- me dijo sonriente. ¡Mierda! Ese era mi presentimiento, ¡seguro! De pronto noté que una mano me apretaba en el muslo, bastante arriba y bastante fuerte. Era Ash. Oh dios, se había puesto cachonda sólo de verlo. Y lo sé porque cada vez que veíamos una película en la que salía un tío que estaba bueno me hacía eso. ¡Se ha puesto cachonda en decimas de segundo! ¡Puto Tom! ¿Pero cómo lo hace? Creo que a mí también me ha subido la temperatura. ¡Y eso que hace nada lo he visto! -Pues esto… -no sabía que contestar. Oía la risa divertida de Georg de fondo. Joder, que c*****o, que él sabe que las estoy pasando putas por culpa de Tom. -Pues podríamos… Esto… -¿Me paso por tu cabaña? –dijo como si nada. Miré a Ash avergonzado y su cara fue flipante. ¡Pero cómo se le ocurre decir semejante cosa en voz alta! ¡Parece que diga “¿en tu casa o en la mía?”! Oh dios, que me muero aquí mismo. -Pues… esto… -Va tío, decídete. Recuerda que me debes algo. – y me guiñó un ojo. ¡Será posible! Creo que Tom notaba que me estaba poniendo nervoso, y no sólo eso, sino que encima hacía todo esto adrede. Que cabrón ¡Cuando le pille lo mato! -Vale… Pásate por mi cabaña cuando quieras. - joder, me ha quedado muy de puta ¿no? Tom sonrió de lado, seductor. -Ok, perfecto. – me dijo haciéndome un pequeño y corto rozamiento en mi barbilla con el dedo índice. Noté como la mano de Ash volvía a apretarme y como se volvía a aflojar, pero casi me quedé sin circulación cuando Tom dijo: - Bueno, adiós… ¿Era Georg verdad? –Supongo que Georg asintió, pero lo que estaba seguro es que después se dieron la mano. Mis ojos no podían apartarse de los de él. Era como una especie de droga. – y… adiós preciosa. –y le guiñó el ojo a la pelirroja antes de desaparecer casi como el humo. ¿PERDON? ¡¿Qué acababa de hacer?! Me giré a Georg y ambos teníamos la misma expresión. -¿Pero que se ha creído este hombre? – dijimos lo mismo al unísono. Después negamos con la cabeza, viendo como Ash seguía en su mundo, flipando con lo que MI Tom le había dicho. Tom La cabaña de Bill cada vez estaba más cerca, y yo me acercaba a pasos agigantados hasta ella, me moría de ganas de escuchar a Bill cantar. Me puse enfrente de la puerta y sin llamar ni nada saqué la llave que había robado de la cabaña de mi padre, donde estaban todas las copias de todas las llaves. Abrí sigilosamente y cuando ya me hallaba dentro me encontré con una sorpresa. Bill… Bill estaba durmiendo. Estaba estirado en su cama, con un montón de papeles por encima de él y un montón de lápices esparcidos. ¿Qué se supone que hace? ¡Que habíamos quedado! ¡Ya eran las cuatro y media macho! Me senté en el borde de la cama y lo observe en silencio un momento. Estaba precioso, respiraba lentamente y se le hinchaba el pecho, después al expirar volvía a bajársele para volver a subirle más tarde. Abrazaba su cuerpo con los brazos y movía un poco los pies. Daban ganas de coger una manta y taparle. De pronto reparé en todos los papeles de su alrededor. Cogí un par y vi, sorprendido que todo eran poesías. -Vaya… Sus canciones. -susurré. Después me di cuenta que había hablado y me tapé la boca con la mano inmediatamente. Bill arrugó el ceño un instante. Después ya volvió a dormirse, tranquilo. Uff… Miré un par de títulos y me de diqué a leerlas un poco por encima. Aunque bueno, eso solo al principio, después todas y cada una de sus palabras, me embaucaron completamente. Sus letras… Dios, ¡Qué buenas eran! Tenían sentimiento, tenían voz… No hacía falta que nadie les pusiera música porque ya decían ellas solas qué melodía tenían, ya cantaban las letras por sí mismas. De hecho, leerlas era como viajar en un profundo sueño, como si ya las hubiera oído en alguna parte antes. Sólo tenía que concentrarme bien y acordarme de la melodía de todas. Cogí una hoja y un lápiz y empecé a ponerles acordes. Lo bueno de saberse todos y cada uno de los sonidos de cada acorde era esto, componer una canción sin necesidad de tu guitarra. Me senté en el suelo, cerca de la puerta de entrada al baño y empecé a hacer volar mi imaginación, y una especie de recuerdos difuminados en un sueño. -Humm… -oí de fondo. Eran las seis y media, llevaba dos horas estudiando las canciones, llevaba dos horas viendo a Bill dormir, llevaba viviendo una de las mejores dos horas de mi vida. ¡Aquellas canciones eran una puta obra de arte! ¡Te sumergían de que manera y te embaucaban hasta poderte matar! Miré en dirección a la voz y vi a Bill cómo decía algo sin moverse de la cama. ¿Estaría hablando en sueños? Me levanté de mi posición y me acerqué a él. Bill cambiaba de posición cada dos por tres. Parecía nervioso. -Tom… - oí decirle. De pronto el corazón empezó a funcionarme muy deprisa y deseé no despertar a Bill con mis propios latidos. Diablos, se debían de oír hasta en la luna. ¿Ha dicho mi nombre realmente? -Dime… -no me retuve de decírselo. Había sonado hasta desesperado. -Tom… Besm… -¿Qué? –no entendía lo que decía. ¡Oh Tom!, vuelve a las canciones por dios, no te dejes embaucar por un pobre muchacho en el séptimo cielo. -Bésame… Alto ahí. ¡¿Qué ha dicho?! Me acerqué muchísimo y puse mi oreja cerca de su boca por si volvía a hablar pero estuvo un rato largo respirando únicamente. Creo que se me había parado el corazón. Si antes se escuchaba en prácticamente otro planeta, ahora ni yo mismo llegaba a siguiera a atinar con algo que me dijera que ese órgano seguía funcionando. No notaba nada, estaba… En shock. Y de nuevo me temblaba el pulso como tantas otras veces y cómo no, por culpa de la misma persona… Bill. El puñetero Bill. El condenado me tenía… ¿Hipnotizado? No, yo diría que mucho más que eso. -Bill, despiértate… - ya estaba cansado de esperar coño. ¡Eran las 7, me cago en la puta! – Bill… Llevas mucho tiempo durmiendo ya. - le empezaba a tambalear y tambalear pero hasta que no me puse a saltar encima de su cama ni se inmutó. -¡BILL!-estallé. -¡AAAAAAAAAAH! –chilló del susto. Me empecé a reír yo solo - ¡¿QUÉ PASA?! – dijo mirando a todos lados, asustado. Sonreí, contento. - ¡TOM! ¿Qué haces aquí? – me dijo señalándome, aún dentro de shock, supongo. -¿Cómo que qué hago aquí? – dejé de saltar y me senté a su lado en la cama. -¡Que habíamos quedado gilipollas! – le dije sin más. Vi como abría los ojos y cómo se tapa la boca con las manos. Parece que no se acordaba. -¡COÑO! Mierda, tienes razón, ¡Joder, perdona! ¡Me había quedado dormido revisando las canciones para cuand…! ¿Y mis canciones? – se paró en seco, y después de mirar por toda la cama su rostro pareció evolucionar hasta parecer que realmente estaba alarmándose. -¿¡Dónde están?! – que gracioso. Se levantó y empezó a buscarlas por todas partes. Mientras, yo me ponía las manos en la nuca y me estiraba en su cama. -Son realmente increíbles. Y ahora me las cantarás todas. Tooodaaaas. Bill se giró hacia mí al oírme decir eso. -¿Las has cogido tú…? – dijo con miedo y casi con vergüenza. -Yes. –contesté sin más. Señalé al rincón donde había estado con mis partituras y se cercó. Al ver una gran montaña de papeles respiró hondo y las cogió del suelo. -Así que… ¿Te han gustado? – sonrió entrecortado, acercándose de nuevo a su cama, queriéndose sentar de nuevo. 
Sin pensármelo mucho, me quité las zapatillas y me puse sentado en forma de indio. Este hizo lo mismo y se sentó enfrente mío, con la cabeza gacha y un leve rubor en sus mejillas, por la vergüenza supongo. -Son brutales. Va, cántamelas… Llevo desde las cuatro y media aquí, así que llevas dos horas y media de retraso. – dije bromista. -¿¡Desde las cuatro y media!? – me dijo atónito. - ¿Y qué has hecho tanto tiempo? ¿Cómo has podido entrar? – le enseñé la copia de seguridad al instante. – Ya veo… Pero igualmente, ¿Qué has hecho hasta ahora? -Pues… verte dormir, componer un poco, leerme tus canciones… Cosas de estas. – dije sin más, alegre. -Uhm… -¿Sabes qué? -¿Qué? -Hablas en sueños… - alcé una ceja y ensanché una sonrisa sin llegar a mostrar mis dientes. Era una sonrisa pícara de niño pequeño, pero con otras intenciones más adultas. Bill me miró fijamente, sin podérselo creer. -¿Que qué? ¿Y… qué digo? -Pues… Querías algo. -El..el… ¿el qué? Medité unos instantes. -Te lo diré después. Y Bill calló como si se lo hubiera mandado, prácticamente como si fuera una orden. Creo que no quiere ni saberlo. Esto iba a ser divertido. -Va Bill… No es tan difícil. Empieza a cantar, vamos. - delante de mí estaba el moreno con la cabeza cabizbaja mirando directamente hacia las sabanas, respirando fuertemente y con el pulso a mil por hora. Estaba realmente nervioso. Estaba sudando a chorretones y creo que le dolía el estomago de la manera en la que se lo apretaba fuertemente. -¿Qué te pasa? –dije aproximándome a él. Baje mi cabeza a su nivel y con mi mano le levanté la barbilla. La imagen que vi me chocó mucho, y tiré la cabeza hacia atrás. Bill tenía los ojos acuosos y se mordía el labio fuertemente casi tanto que empezaba a dejarse marca. -Tom… Tengo miedo escénico. No puedo, no puedo… ¡Me pongo muy nervioso! Creo que me voy a poner a llorar… - balbuceó. Yo le miré, sorprendido. -Pero que dices hombre, ¿No era que querías ser actor? Bill se tapó la cara con las manos y respiró hondo, con pesadez, sonoramente. Parecía que le había dolido y todo. -Sí joder, ¡Qué trauma! ¡No me puedo creer que tenga miedo escénico y quiera ser actor! – dijo con la mano en el pecho, oprimiéndoselo, y aguantando las ganas de llorar. –Nunca lograré mi sueño… Lo sé. -¡Qué dices! ¿Tú eres tonto? Claro que lo conseguirás. Lo único que tienes que hacer es salir en público más veces. -¡Qué dices! ¡Tu sí que estás tonto! Pero si a mí me cuesta hasta ensayar. Cuando hacía obras de teatro de pequeño era lo peor, y lo que más me gustaba hacer… Joder, es ¡Inexplicable! -Apuesto que te pones más nervioso con otras cosas. No puede ser que te pongas tan nervioso por algo así, y a más cuando solo estoy yo de público. -dije sin poder creérmelo. -Pues va a ser que sí. No hay nada que me ponga más nervioso. -Mentira. El lunes, cuando estábamos con los niños y te tenía que dar un beso estabas como un tomate. ¡Ahí sí que tenías vergüenza! – solté. Bill calló y yo sonreí triunfante, - Yo te pongo más nervioso que cualquier otra cosa. – afirmé, seguro de mi mismo. -N..no. -reprochó. -Sí, y te lo puedo demostrar cuando quiera. – Tom, vuelve a la cabaña, al momento real, a Bill intentando cantar. - ¡Pero bueno! ¡Ahora no joder, que ahora me has de cantar! - Bill me miró de nuevo y cogió aire, le cual tardó mucho en soltar. Entonces empezó a respirar entrecortada mente. – va, yo escojo una canción y tú la cantas ¿sí? – Asintió con los ojos cerrados. Empecé a revisar de nuevo los papeles por encima y saqué una canción al azar, me habían gustado todas tanto que no podría escoger. –Emm… 1000 Meere. –Buah, esa es brutal. Mi muchacho moreno la cogió en sus manos y vi que de repente el papel tenía Parkinson. Me entraron unas ganas tremendas de reír pero me aguanté, pobrecillo. Lo que si hice fue colocarme una mano encima de una de sus rodillas, dándole confianza. Me miró y volvió a asentir. Cogió aire, y empezó a cantar. Se me paró la respiración. -Die Straßen leer, ich dreh mich um Die Nacht hat mich verloren Ein kalter Wind ... – cantaba con los ojos cerrados para no verme supongo, pero eso no me importaba. Lo único que ahora me importaba era la voz de Bill... Oh dios mío, era preciosa. Era suave, era melodiosa, era tranquilizadora... Si tuviera una madre con la que poder comparar la tranquilidad que me estaba dando la voz de Bill, haría esa comparación sin dudarlo. De pronto, me sentía protegido, calentito, y acompañado. No sapría llegar a describir del todo las sensaciones, pero de nuevo, estaba reviviendo un sueño. El mejor sueño de mi vida. El moreno tenía una de esas voces que no te ves con corazón de interrumpir, que prácticamente sería un delito. Te penetraba en los oídos como si se tratase de algo totalmente mágico. ¡Era genial oír a Bill cantar! Noté que se acercaba al estribillo… - Wir müssen nur noch 1.000 Meere weit Durch 1.000 dunkle Jahre ohne Zeit 1.000 Sterne ziehen vorbei Wir müssen nur noch 1.000 Meere weit Noch 1.000-mal durch die Unendlichkeit. Dann sind wir endlich frei... -Bill... Lo haces perfecto. Va, cántame ahora otra. Em... – va Tom, piensa rápido antes de que se rompa esta magia. - ¡Spring nicht! ¡Esa es increíble, Bill! Y sin decir nada la buscó entre todos los papeles y se la puso frente a sus ojos, la acarició con los dedos y de nuevo su voz resonó en toda la cabaña, volviéndome a dejar el corazón parado. -Über den Dächern ist es so kalt und so still, Ich schweig deinen Namen weil Du ihn jetzt nicht hören willst Der Abgrund der Stadt verschlingt jede Träne die fällt Da unten ist nichts mehr was Dich hier oben noch hält... – la letra de esta canción me hacía estremecer. Era preciosa y daba la terrible sensación de que Bill, en algún momento de su vida de verdad hubiera tenido ganas de saltar alguna vez desde un sitio muy alto, precipitándose al vacío. - Ich schrei in die Nacht für Dich, lass mich nicht im Stich. Spring nicht. Die Lichter fangen Dich nicht sie betrügen Dich, Spring nicht. Erinner Dich, an Dich und mich, Die Welt da unten zählt nicht. Bitte spring nicht... – de pronto me di cuenta de algo increíble. La música que le había puesto a esta canción, concordaba prácticamente a la perfección con lo que Bill estaba cantando. Esa idea me hizo estremecer. -Joder Bill… Qué pasada. Qué bien cantas. No sé ni qué decir. Bueno sí, que tienes unas pedazo de letras, increíbles. ¿Estás seguro que no quieres ser cantante en vez de actor? Este sonrió y se sorbió la nariz un poco. Parecía que casi estaba a punto de llorar de nuevo, aunque ya se estaba recuperando cada vez más. -¿Quieres intentarlo con otra? – lo mismo ahora le gustaba y todo. Pareció dudar pero en el último momento acepto. -Pero esta vez… Escojo yo. – sentenció. Yo sonreí de acuerdo y simplemente le señalé todas las hojas que habían esparcidas por las sabanas desechas y le permití que cogiera la que quisiera. -Ésta es la que más les gustaba a Ash y a Georg. -¿Cuál es? –pero no me dio tiempo a seguir hablando que ya empezó a cantar. -Das Fernster öffnet sich nicht mehr, Hier drin ist's voll von dir und mehr, Und vor mir geht die, letzte Kerze aus. Ich warte schon ne Ewigkeit, Endlich ist es jetzt so weit und draußen ziehn die schwarzen Wolken auf... – ya sabía cuál era. Ciertamente esta era la que más me había impactado de todas. El estribillo era sin duda alguna, la mejor parte - Ich muss durch den Monsun... Hinter die Welt, Ans Ende der Zeit Bis kein Regen mehr fällt Gegen den Sturm Am Abgrund entlang Und wenn ich nicht mehr kann Denke ich daran Irgendwann laufen wir zusammen Weil uns einfach nichts mehr halten kann Durch den Monsun Dann wird alles gut... Dann wird alles gut... Alles gut... Estaba callado, sin saber qué decir. Tenía la piel de gallina y nada que saliera de mi boca podría compararse con lo que había salido de la suya. Ni un alago, piropo, cumplido... nada. Aquello era un momento irrompible. -Tom... Di algo, anda. – me decía nervioso Bill, apretándome la mano que yo le había puesto sobre su rodilla, pidiéndome soporte. -Qué quieres que te diga. Yo... Joder Bill. Me siento ridículo a tu lado ahora. Bill abrió la boca a la par que los ojos y se levantó un poco. -¡Pero qué dices! No digas gilipolleces. -Va enserio. Quiero grabar estas canciones. Cuando salgamos del campamento iremos a un estudio profesional y les diremos de grabarte. -¿Nos seguiremos viendo después del campamento? – me dijo sorprendido. Y yo de pronto, caí en lo mismo. ¿Después del campamento que pasará? -Pues... supongo... No sé. – dije algo pensativo, mirando a la nada. Nos quedamos en silencio un rato y de pronto recordé algo. Una sonrisa traviesa se me dibujo en los labios inmediatamente. Bill se percató y me miró desconfiado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD