Nos quedamos en silencio un rato y de pronto recordé algo. Una sonrisa traviesa se me dibujo en los labios inmediatamente. Bill se percató y me miró desconfiado.
-¿Qué estás pensando? –dijo precavido, alzando una ceja y mirándome con algo de miedo.
Saqué mi mano de su rodilla y le cogí de los tobillos, estirándole las piernas, y pegándole un tirón de manera que quedara estirado en su cama. Bill se encogió asustado.
-¿Qué haces?
Me coloqué a cuatro patas encima suyo y le susurré lentamente.
-Me estaba acordando de lo que decías en sueños… -no se porque actuaba de ese modo pero no podía evitarlo. Era divertido, era emocionante, era el inicio de un juego perverso.
Me acerqué cuidadosamente al rostro de Bill y observe todos y cada uno de sus rasgos, perfectos, finos, jodida y atrayentemente femeninos. Le acaricié una mejilla con la mano.
-¿Qué… qué he dicho? – hablaba con dificultades, con la respiración agitadísima, golpeándome en la nariz.
Sonreí y le agarré la cara con una sola mano, obligándole a mirarme fijamente, y me acercaba peligrosamente a su deseo. Después me estiré encima suyo juntando nuestros cuerpos totalmente y quitándole todas las posibilidades de escapar puse mi otra mano de manera que le fuera imposible levantarse.
-Pues sencillo… Querías que te besara… - le hablaba a veinte centímetros de distancia, los suficientes como para ver su reacción. Hoy el moreno moriría de un ataque al corazón. – Bill, ¿Quieres que te bese? – le pregunté, provocándole. Ya te tengo en mis manos. Tú solo dime que sí. Dímelo…
Me acerqué un poco más y le puse la mano en el corazón.
-¿Ves? Lo tienes a mil por hora como mínimo. Yo te pongo más nervioso que cualquier otra cosa… Va Bill, dímelo… Dime de nuevo ese “bésame”.
Ya no le veía nada más que la boca si miraba hacia abajo y sus ojos si mirada de frente. Estaba realmente cerca, tanto que si sacara la lengua le rozaría los labios.
-Yo… Bésa…
-¿Uhmm? –le incitaba a seguir hablando. ¡Vamos Bill, dilo! ¡Di que quieres que te bese! Yo cada vez aproximaba más nuestras bocas, para que cuando me dijera que sí enseguida tuviera lo que quería… Digo, lo que Bill quería. Noté como algo iba creciendo debajo de mi ombligo y creo que al moreno le estaba pasando lo mismo.
-Bésame…
¡PIPIPIPIPIPIPIPIPIIIII!
Un sonido y una cosa vibrando en mi pantalón rompieron todo el momento. Como si me hubieran dado una hostia en toda la cara, volví en mí. De nuevo me di cuenta de lo que estaba haciendo.
Bill también parecía haber salido del trance. Bill… Bill me miraba con la respiración parada.
Me levanté de pronto de un salto. Rompiendo nuestro contacto totalmente. No me podía creer lo que estaba a punto de pasar. No… No.
-Bill… esto…
-Calla, no digas nada. -dijo con voz pesada. Parecía que me entendía mejor de lo que creía. - creo que te han enviado un sms o algo ¿no? –dijo señalándome el pantalón.
-¡Ah, sí! – dije. Ya no me acordaba. Busqué con desgana mi móvil entre mis largos bolsillos. Tardé en encontrarlo por el nerviosismo y mi tembleque de manos. Miré de quién era: “Mario”. ¡Hostia! ¡Si era Mario!
-¿Quién es? –oí de Bill. Lo miré con una sonrisa repentina que se me borró en cuanto vi la postura del moreno. Había apoyado la espalda en la pared, y tenía las piernas dobladas. En una de ellas tenía un brazo reposado, y el otro brazo fue usado para dirigirse un cigarro a la boca que justo acababa de encender. Joder, qué calor. ¡Tom, reacciona!
La sonrisa me volvió a aparecer en cuanto recordé el sms de nuevo.
-¡Es uno de mis dos mejores amigos! ¡Es Mario!
-¿Aquellos que son pareja?
-Joder, qué memoria tienes. ¡Sí! ¡Esos mismos!
-¿Y qué te dice…? –me decía con desgana.
Lo abrí.
“Putoooom! Espero que no te hayas olvidado de nosotros. Aunque por lo que dijiste no te gusta mucho el campamento, así que no te nos habrás quitado de la mente ni un momento ¿verdad? (; ¡El lunes venos a buscar a Düsseldorf que nos vamos contigo eh! Andy y yo lo estamos pasando de puta madre de crucero. ¡Ya tenemos ganas de verte! ¡Adiós Putoom! ¡Te queremos! No te rías de nuestros jetos… ¬_¬”
¿De sus jetos? ¿Qué jetos? De pronto vi una foto adjunta con el mensaje. Le di enseguida.
-jajajajajajajaja – en la foto salían ambos totalmente de verano con el mar de fondo. Pero ambos llevaban unas gafas de sol enormes que les cubrían casi toda la cara. – ¡Putos maricones! ¡Bill! ¡El lunes los conocerás! ¡Dicen que se vienen al campamento! Ya casi ni me acordaba.
-Anda, que bien. –me dijo más soso que él solo.
-Sisi, ya veo que alegría hay en el ambiente… - a mí se me había subido la adrenalina de golpe y no me importaba nada más que el hecho de que iba a ver a mis marioconcetes personales dentro de poco.
-Oye, son las nueve… Me voy a dar una ducha de agua fría. Nos vemos en la cena. – Bill parecía decaído del todo.
-Oye Bill… ¿Estás bien? – se me oscureció el rosto en cuanto recordé los momentos pasados. No sé qué coño me había pasado. Se me había ido de las manos todo el tema. Todo. Y lo peor es que en un principio lo podía haber parado pero, no pude. Más bien, no… no quise.
-Sí, de puta madre. ¿Te vas? – se levantó y apagó el cigarro con los dedos, más tarde lo dejó encima del escritorio.
Me encaminé hacia él que ya se estaba metiendo en el cuarto de baño y lo cogí del brazo, obligándole a que me mirara.
-A ver, dime ahora mismo que coño te pasa. –Y le miré fijamente.
Me miró serio y pensativo durante unos segundos que se me hicieron jodidamente eternos y después, estalló.
-Tú. Tú eres lo que me pasa. Que no se qué coño me pasa contigo, que me… me dan ganas de saltar de un puto acantilado cada vez que te tengo delante de lo nervioso que me pones, que llevo una puta semana intentando descifrar que es esto que me pasa. ¡¿Porque me cuesta tanto dormir cuando pienso en ti?! Y lo peor de todo es que parece que me estés utilizando, porque a veces te comportas como si te pasara lo mismo que a mí, pero otras veces justo todo lo contrario. ¿Qué ha estado a punto de pasar Tom? ¡QUÉ! ¡¿LO HAS HECHO PARA REÍRTE DE MÍ?! ¡PUES RÍETE!
Me quedé callado sin poder responderle.
-Vete.
-Pero…
-Tom, vete.
Bill
Volvía a estar de nuevo en el comedor. Observando de lejos el rostro de Tom, triste y apagado. Ahora me sentía como una mierda al haberle tratado así pero me he sentido tan humillado… No solo con él, sino conmigo mismo. Es muy jodido de explicar.
Más de una vez se volteaba a mirarme y parecía que me suplicara con la mirada. ¿Pero qué me suplicaba? ¿Perdón? ¿Perdón por qué? Yo no estaba tan seguro de que me hubiera desagradado la escena de mi cama pero… ¡ARG!
-¿Bill te pasa algo? –oí a Georg.
Le miré a él y luego miré a mi plato. Lo aparté de mí.
-No tengo hambre. - ¡Como me gustaría poder explicarle lo de esta tarde! ¡Pero no podía con Ash delante! Y sobre todo, por mis remordimientos.
Aunque de pronto, el Bill egoísta que todos conocemos se mostró, y se le encendió la bombillita del mal.
Saqué por debajo de la mesa mi móvil y escribí.
“Georg… Me he enfadado con Tom…”
Cuando le di a enviar miré fijamente a Georg, rezando porque no le diera por decir en voz alta que había recibido un mensaje y que era mío. Y justo como yo quería, simplemente sacó el móvil a un nivel bajo y me miró interrogante. Me puse un dedo en la boca como diciéndole “Shh, no digas nada”. Este obedeció y prosiguió a leerlo.
“¿Qué ha pasado…?” Me contestó.
“Pues no lo sé, iba todo bien. Y bueno, he empezado a tontear conmigo y yo me he dejado llevar y… Creo que me ha utilizado. ¡Pero por otro lado creo que él está igual que yo!”
“¿Y si lo hablas con él…?”
“No lo reconocería… Es muy macho… Pero eso no es lo peor.”
“¿Qué hay peor?”
“Darse cuenta que sí estoy enamorado de él. Georg… ¡¡Me he enamorado!!”
Sábado - 11/07/09
Bill
No sé vosotros lo que pensáis pero personalmente para mí, la vida es bastante curiosa. Tú puedes ver como todo te va sobre ruedas, todo va bien, no hay ningún fallo que estropee esa maquinaria que hay dentro de ti y que te hace sonreír sin falsedad, de hecho te dan ganas de reír a todas horas. ¿Nunca os ha pasado? Y ¡es una sensación fabulosa!
Y piensas que jamás se acaba, porque todo es tan sencillamente sencillo que es imposible que cese. ¿Qué podría estropear la maquinaria de un reloj de arena? De hecho no creo que ni tan solo se le pueda llamar maquinaria… No tiene ningún tipo de complejidad ¿me equivoco?
No tiene complejidad tener amigos, tener unos estudios, tener motivación, tener novia… Bueno, tener novia si puede ser complicado, pero saber conservarla no tanto. De hecho todo es perfecto. Pero… Siempre hay un pero.
Llegan cosas que sin haberlo previsto en ningún momento te desmontan tu pequeño castillo de arena preciosamente cuidado, dejándotelo deformado, con muchas esquinas sin encajar, y con puentes que unen torres con otras totalmente derruidos.
Y eso me había pasado a mí, una gran ola había tirado abajo todo eso que había ido construyendo poco a poco.
Y a más de la forma más ¿estúpida? ¿Esa era la palabra? Quién sabe. El amor no tiene adjetivo. Arg… Se me hace raro y ridículo hablar del amor. ¡Yo no me podía enamorar! ¡Era algo que no iba conmigo! Siempre me había quejado de él. ¿Por qué? Porque solo te emboba y te aleja de esas cosas importantes, sólo hace que te despistes del resto del mundo bajando la categoría de importancia de las personas que te rodean hasta llegar al punto en que no te importan, y lo único que haces es atribuir esos puntos a la persona de la cual te has enamorado. ¡Como si hubiera estado contigo desde la infancia! ¡O como si se tratara de una persona que se ha dejado la piel por ti! ¡No! ¡De hecho solo es un puto gilipollas que se lo tiene muy creído! ¡No te puedes enamorar!
Después sólo haces tonterías que ni tú entiendes. Cada día que pasa me doy más cuenta de por qué no me pude frenar cuando estuve con Ash. Quizás porque era él el que estaba en mi cabeza todo el rato, afirmando incluso que en realidad era con él con quien quería follar. Quizás el calentón acumulado de todas esas sensaciones juntas era el por qué. Quien sabe. También, como ya había supuesto, por aquello que sentía que perdía mi… ¿hombría? Vale, tengo escasa. Pero algo tengo.
¡Y para colmo la estaba perdiendo! ¡Y todo por enamorarme! ¡Gente, no os enamoréis!
Joder ¿Se nota mucho que hablo del estúpido y engreído de Tom?
Ya… me lo imaginaba. Hoy hace tres días del miércoles. Tiene huevos. Sí, ya lo creo que tiene huevos, porque no sé de dónde saqué tantas agallas para decirle todo aquello a la cara.
Cada vez que recuerdo lo sucedido me entran ganas de taparme, o esconderme de todo el mundo detrás de cualquier arbusto o árbol. Aquel día me había puesto tan nervioso… ¡Me había sentido tan humillado! Se me acerca, se me pone a tres putos centímetros, me hace estremecer vivo y después… Me deja tirado. ¡Es que soy gilipollas! ¿Cómo me dejo manejar tanto?
Joder llevo repitiéndome lo mismo desde que salió de mi cabaña con la cabeza gacha. Gesto que por cierto hasta día de hoy no había desaparecido de su rostro.
El jueves y el viernes intenté que se me pasaran deprisa sin tener que recurrir a hablar con Tom. El hecho de no tenerlo cerca hacía que el tiempo se quedara estancado, pero al final conseguí sobrevivir sin tener que pedirle perdón por haberle echado de mi cabaña y por haberle hecho una declaración tan jodidamente cursi. Daría lo que fuera por poder borrarla de su memoria. ¡Pero yo no debería pedirle perdón, no tenía ninguna culpa de nada! Y sin embargo me sentía mal… O simplemente lo único que quería era que volviésemos a hablar. Ay, joder… Era él el que la había cagado. A más, cagada bien cagada porque había sido él quien se me iba acercando, sin dejarme prácticamente ninguna salir de su abrazo, yo no quería aquella situación. Bueno, eso creo.
La realidad era que a cada paso que daba fuera de mi cabaña me detenía y buscaba ideas o recursos para pasármelo bien pero no conseguía encontrar ninguna distracción.
Pero de pronto me empezaron a pasar más cosas de las que me esperaba para un día normal.
Solitario y sentado en mi mesa del comedor, removiendo los inesperados y agradecidos churros con chocolate, esperaba a que llegaran mis amigos. Yo me había levantado demasiado pronto y decidí que de mientras le daría un vistazo a estos dos días pasados. Y puedo jurar que me acuerdo perfectamente de cómo los he sobrellevado. Que aún siendo pocos, han sido intensos y entretenidos.
Empecemos por el jueves…
Flashback
Vale, ¿Y ahora qué coño hago? ¡No se me ocurre anda para poder disiparme un poco joder! He de dejar de pensar en Tom. Lo que he de hacer es encontrar una manera de pensar en otra cosa.
El problema es que cada día la cosa se hacía más monótona en el puto campamento. Y sólo pensar que aún me quedaban tres semanas aquí metido, me entraban ganas de coger mis maletas y salir corriendo a pie si era necesario. Pero, por otro lado se me hacía imposible irme antes de lo obligado. Algo me decía que este campamento… Era importante.
-Oh joder Bill… deja de delirar de esta manera tan estúpida anda.
Por si fuera poco empezaba a hablar conmigo mismo. Lo que podría considerarse normal a estas alturas y preocupante al mismo tiempo. Estupendo, acabaré en un puto psiquiátrico. Aunque quizás lo necesite.
De vuelta a mi cabaña, resignado con el mundo y conmigo mismo, me cercioré de un sonido fuera totalmente de contexto. Yo iba avanzando a paso lento, con una respiración tranquila, calmada, intentando que no aumentara su velocidad a cada vez que se me presentara la posibilidad de que apareciera Tom desde algún sitio, porque nada más imaginarme volver a verle desde lo de ayer… Me entraban ganas de ¡Yo se que! ¡No sé si aguantaría la presión!
Creo que me estaba poniendo rojo por momentos de solo recordarlo. Pero el hecho de darle tantas vueltas a todo no hizo que se me pasara por alto aquel sonido.
Era... Una canción. Una canción movida, con ritmo, con buen sonido. No sabía de dónde provenía pero quería averiguarlo sin duda alguna. Empecé a tantear y agudicé todo lo que pude mi oído, lo suficiente como para que descubriese en qué dirección estaba.
Y lo cierto es que me sonaba bastante lejano… Pero no importaba. Había encontrado la solución idónea a mi problema de falta de concentración, en un tema que no fuese sobre un chico con rastas. Aunque más que nada es más un problema de demasiada concentración ¿no?
Avanzaba a paso lento, y seguramente si alguien me estuviera viendo habría dicho que soy gilipollas perdido, por ir medio encogido por la vida, por la postura que acababa de adoptar, encorvado y con las manos levantadas a un nivel de los codos, intentando centrarme al máximo en el sonido de todo aquello que hubiera a mi alrededor.
De pronto vi un montón de cabañas juntas y me interesé un poco. Quizás solo se trataba de un par de adolescentes que se habían traído la mini cadena y que tenían la música altísima.
Pensar eso me hacía ponerme algo triste ¿Tanta efusividad por una tontería como esta? ¿Y ahora qué? ¿Entraba en la cabaña en la que tuvieran la música y después… qué hacía? ¿Preguntaba qué canción era? Y claro, después me tendría que ir. Así, dejándolos a todos pasmados. Aunque no sé que me esperaba. ¿Qué iba a ser si no? Es imposible que hubiera aquí un concierto o algo por el estilo.
Igualmente no me di por vencido y seguí buscando el sonido. Total, qué más daba, ya que estaba en ello.
De pronto una cabaña destacó entre todas. No era ni por forma ni por localización, de hecho era igual al resto, no había anda de espacial en ella, y estaba más o menos situada en un sitio equidistante al resto de cabañas, de manera que no podía haber nada que la hiciera destacar. Bueno, nada si no fuera por en pequeño corro de chicas al redor de ella…
-Hostia… - me asombré- ¿Qué debe de haber dentro?
Me acerqué con disimulo, la verdad es que yo no pintaba mucho ahí en medio. Las chicas tenían una media de catorce y quince años todas. ¿El “innombrable” también les daría clases a las de su edad? No recuerdo haber estado en ninguna clase con esos alumnos.
Quizá sí. O bueno, quizás no reparaba en los alumnos cuando estaba en sus clases.
¡Arg! ¡¿Veis como uno pierde momentos de su vida por enamorarse?!
Sin que ninguna se diera cuenta me coloqué detrás suyo y alcé un poco la cabeza para mirar que era aquello que tanto les interesaba de dentro de esa cabaña, y de paso, puse la oreja para ver qué decían las chicas.
-Joder… Mira que es guapo, eh.
-Ya ves… Y está buenísimo.
-¿Tendrá novia?
-No creo, dicen que es de esos que se tiran a una y después va a por otra.
-¿A si?
-Pues qué morbazo ¿no?
-Yo, por tocarle el culo lo que sea.
-Y que lo digas.
No me podía creer que hablaran de eso. ¡Cómo se notaba que eran unas putas adolescentes con las hormonas revolucionadas! Yo no recuerdo haber sido así nunca. ¡O como mínimo eso espero!
Las chicas alzaban la cabeza por encima de la ventana y después la volvían a esconder para no ser vistas. Decidí hacer lo mismo. Fijé mi vista en lo que había dentro y entorné los ojos.
Primero lo veía todo oscuro porque mis ojos no estaban acostumbrados. Estaba dando mucho el sol fuera y hasta que no vi figuras moverse, no fui consciente de lo que podría haber dentro.
Eran personas, tres personas, con cosas en las manos y... No se distinguía mucho más.
-Hay es que joderse ¡Hasta mañana no nos dará clases! ¡Yo ya quiero verlo!
¿Cómo? ¿Dar clases? ¿Eran profesores lo de dentro?
Ahora se me aceleró el corazón y me froté bien los ojos a ver si solucionaba mi problema de ceguera momentánea. Y efectivamente, al final pude descubrirlo. Dentro estaban Erika cantando, Gustav a la batería y… Tom a la guitarra.
Aguanté la respiración mientras me duró el susto y cuando fui consciente del todo me escondí debajo de la ventana lo máximo que pude, encogiéndome sobre mi mismo totalmente.
Con un poco de disimulo salí de ahí y me fui a otra ventana que no tuviera a tres chicas cuchicheando lo bueno que estaba Tom.
Y cuando le estaba dando la primera vuelta a la cabaña me encontré con otra ventana y con otro pequeño corro de chicas adolescentes con la baba en el suelo y la mirada perdida dentro del edificio reducido de madera.
Seguí dándole la vuelta y vi una ventana libre. ¡Por fin! Pero cuando me di cuenta, me cercioré de porqué estaba libre… Era una ventana con un pedazo charco de barro a los laterales, y justo detrás se abría un gran bosque espeso que no tenía nada que ver con el paisaje que llevaba hasta el momento el campamento.
Cogí airé y lo solté sonoramente, resignándome a remangarme un poco los pantalones y a pedirle perdón a mis preciosas botas nuevas por si les pasaba algo.
Caminé de puntillas y me coloqué justo en el centro del gran charco donde había una superficie seca, puesto que había más cantidad de arena que sobre salía donde no llegaba el agua.
Lo malo es que me tenía que doblar un poco hacia un lado para mirar por la ventana, y casi ponerme de puntillas de nuevo para ver claramente.
¿Pero que estoy haciendo? Ay por favor…
Dentro seguían tocando música. ¡Así que de aquí escuchaba yo aquella canción! Fíjate… Y la verdad es que era bastante buena. ¡Me gustaba!
-A si que este debe de ser el grupo del señorito. Pues no está nada mal… - hablaba en voz alta conmigo mismo, mientras me agarraba fuerte a la madera que sobresalía de la ventana para no caerme, ya que si me soltaba, me iba derecho al barro.
Gustav estaba como siempre, y se le veía muy concentrado en la batería, movía la cabeza según el sonido de las cajas y sonreía satisfecho. Él estaba detrás de todos.
Enfrente justo de él estaba Erika, con los ojos cerrados y también muy metida en su papel, y la verdad es que no cantaba mal la tía…
Y finalmente, a la derecha de ella estaba Tom… Que esta vez estaba justo enfrente de mí pero de manera que veía su perfil… Me mordí el labio sin poder evitarlo. Me contentaré en su figura y en su expresión.
Estaba serio, más serio que nunca, incluso más que en le fiesta del primer día… Tenía la mirada perdida en algún lugar de la cabaña y sus pensamientos estaban divagando en algún de su mente lugar menos en la música. Tenía la mandíbula apretada y se le notaba la tensión.
De pronto algo pasó y todos si giraron a mirarle. Y se oyeron un par de gritos:
-¡Tom! ¡Joder, ¿otra vez?! ¡¿Qué te pasa?! ¡Debe de ser ya la décima vez que te equivocas en el poco rato que llevamos ensayando! –oí por parte de ella.
-Ya ves tío, ¡concentra te un poco, anda! –y este tono más “suave” era por parte de Gustav. Los dos se miraron resignados y negaron con la cabeza. –Está bien… Hagamos un descanso.
Me empujé y quedé derecho totalmente de nuevo en medio del círculo pantanoso. Miré al infinito y suspiré. ¿Qué le debe de pasar? Mi respiración había perdido muchísima velocidad y ahora sonaba cansada incluso, sin llegar a la rapidez que debería tener. No podía sacarme de la cabeza la expresión de Tom… Cerraba los ojos y aún así su imagen se dibujaba en mi mente con un lápiz tan afilado que marcaba cada detalle, haciendo que doliese y todo el verle tan claramente.
Volví a alzarme y agarrándome con fuerza lo vi sentado en forma de indio, con las manos entrelazadas que había convertido en un apoyo para su cabeza. Y de nuevo su rostro mostraba unos sentimientos de… ¿rabia? ¿Confusión? Joder, no sabría decir que significaba esa mirada tan… penetrante.
Me estaban entrando tantísimas ganas de entrar a y darle un abrazo… ¡Pero tantas! De hecho, era una imagen que se repetía en mi cabeza. Yo me acercaba y le tocaba en el hombro, este me miraba, primero desconcertado, pero después achinaba la mirada mientras me sonreía tristemente, yo no me podía contener y le daba un abrazo que tardaría apenas un segundo en corresponderme.
-¡Oh por dios Bill! Deja de ser tan infantil - exclamé en voz alta, a lo que me tapé la boca y me escondí de nuevo. ¡Mierda! ¿Y si se ha dado cuenta?
Joder joder… cómo la cago.
Me esperé apenas unos segundos y sin poder evitarlo volví a asomarme por esa condenada ventana, con el pulso totalmente parado con miedo de encontrarme a Tom mirando en mi dirección a ver si había alguien observándoles. Respiré tranquilo cuando vi que no había indicios de esa paranoia, pero apenas me duró el susto que ya me estaba fijándome de nuevo en la figura de Tom.
Esta vez estaba de pie y bebiendo agua de una botella que estaba por la mitad. Y entonces, de pronto se la retiró de la boca y la observó, mirando el contenido, o mejor dicho, cuánto quedaba de él.
Finalmente se lo tiró encima, todo, sin dejar gota dentro de la botella.
Me quedé pasmado, sin saber qué hacer o qué pensar.
La camiseta empezó a pegársele al cuerpo de una manera bestial, y se le empezaron a notar todos y cada uno de los músculos que tenía en su torso, escondidos bajo grandes camisetas. Mis ojos se abrieron como platos y perdí la fuerza en el cuerpo.
¿¡Qué me pasaba!? Había perdido la capacidad de pensar con lógica y entonces…
¡CHAF!
Caí en el barro.