Me quedé estático durante unos instantes. Tenía los ojos abiertos y una ola de frio me invadió el cuerpo.
-Mierda… - susurré casi en un tono casi inaudible.
¡Joder! ¡Joder! ¡Y más JODER! Me levanté tan deprisa que casi me volví a caer y me pegué a la pared de inmediato intentando por todos los medios no perder mi escaso equilibrio, que por lo que estos días me ha demostrado, ¡no tenía!
-¿Oye, habéis odio algo? –formuló desde dentro, Erika, extrañada.
-No. – la voz alta y clara de Tom retumbó en mis oídos. Había hablado secamente, sin un ápice de sentimiento en la palabra.
Me maldecí por haberme querido asomar y me largué sin siquiera mirar atrás, murmurando palabras malsonantes. Eso sí, me encogí tanto que caminaba de cuclillas, que nada más me faltaba que me vieran después de todos mis intentos de pasar desapercibido, y a más que me pillaran totalmente manchado de un marrón feísimo que no combinaba en nada con mi ropa.
¡Es que arg! ¡¿Sólo me pasa a mí esto o qué?! ¡Hay que tener mala suerte!
Me metí en el bosque espeso para que nadie me viera e intenté guiarme por mi sentido de la orientación.
Mal, nunca he tenido orientación. Pero aún así me metí después de dudarlo apenas medio segundo.
Prácticamente empecé a correr de una manera descomunal, estirando mis largas piernas todo lo posible sin saber siquiera hacia dónde se encontraba mi cabaña. Una vez alcancé una distancia prudente de lo que era el campamento bajé mi velocidad y empecé a caminar, a paso lento, analizando todo lo que acababa de suceder en apenas unos minutos.
¿Tanto me estaba volviendo loco como para espiarle?
-Creo que sí…- me contesté a mi mismo en voz alta.
Llevaba unas dos horas dando vueltas en círculos y aún no sabía dónde me había metido. Dónde estaba la salida, o dónde estaba siquiera el norte.
Miraba a todas partes y tenía la puñetera sensación de que por ahí ya había pasado al menos tres veces en lo que llevaba de hora, y que aún me quedaban un par de veces más por pasar, porque aunque pensara “no, por este camino no iré que ya he ido antes” ¡eran todos iguales y ya no sabía cual camino escoger! Era estresante, y por si fuera poco todo el barro se me estaba secando y me pesaba la ropa toneladas. Mi pelo se estaba ondulando por momentos y endureciendo, llenándose de polvo de arena seca y mojada.
Mis botas ya estaban para tirar, y de hecho el resto de mi ropa también.
-Y ahora qué coño hago… - me estaba entrando el pánico, ahora ya no me importaba salir en medio de la gente y que me vieran salpicado de barro hasta la coronilla, ahora, lo haría todo simplemente por llegar a mi preciada ducha, ¡pero ya no sabía volver!
Empecé a buscar soluciones, desesperado.
A ver, Bill, piensa, ¡técnicas de supervivencia!
¿No hicimos algo de esto en la primeria o en la secundaria? Arg, no me acordaría si así fuera.
Joder Bill… Piensa, piensa.
De pronto se me iluminó el rostro.
Sin pensarlo si quiera (ojalá lo hubiera hecho), alcé la mano y me puse un dedo en la boca, chupándolo, de manera que quedara mojado de mi saliva. Una vez hecho esto, lo alcé por encima de mi cabeza y esperé paciente.
-Mierda… Que esto era para saber de dónde venía el aire.
Retiré el dedo enseguida, avergonzado de mi mismo por ser tan ¿poco culto? El caso, que acababa de hacer una gilipollez.
Decidí sentarme en el suelo (nuevo error, ahora se me habrían llenado los pantalones húmedos de más arena y hojas secas) y empecé a meditar.
-¡Ah! ¡Es verdad! ¡Dicen que el sol sale por el este! –ni dos segundos estuve sentado que me levanté y me coloqué una mano sobre los ojos, haciendo de visera y buscando al sol, que se encontraba medianamente alto, ya que serían las cuatro y pico de la tarde. – Espera, ¿O era por el oeste? Oh dios… ¡No me lo puedo creer!
Esta vez me estiré sin importarme una mierda qué es lo que podría haber debajo de mí, hojas, más barro, gusanos, serpientes… y cerré los ojos fuertemente.
-Aunque descubriera dónde está el norte no me serviría de mucho. El campamento podría estar perfectamente hacia el sud y yo sin saberlo. - hablaba a la nada y sentía que me estaba volviendo loco. ¡Y sólo llevaba perdido unas dos y medía! No me quería ver dentro de otra hora más.
Me encantaría volver de dónde he venido. pero si como mínimo supiera de dónde he venido sería estupendo…
¡ARG! ¡MATARÉ A ALGUIEN COMO NO SALGA DE AQUÍ! ¡Joder, me entraban ganas de llorar y todo!
De repente un sonido bastante estridente salió de alguna parte. Y seguidamente una vibración me hizo sobresáltame en mi bolsillo. Me tapé la boca y ahogué un grito que más tarde tuve que soltar.
-¡MI MÓVIL! ¿CÓMO NO ME HE ACORDADO DE ÉL? – enseguida me incorporé y busqué entre mis bolsillos ese milagro resurgido y olvidado por mi memoria y miré enseguida quién era. -¡GEORG! ¡Estoy salvado! – le di a la tecla de descolgar.
-¿Bill…?
-¡¡GEORG!! ¡¡Oh Dios mío, te quiero te quiero te quieroooo!!
-Em esto… disculpe. Creo que me he equivocado. -¡Pero será gilipollas!
-Jajaja ¡Georg! ¡No me cuelgues anda!
-¿Pero se puede saber dónde estás?
-Eso me gustaría saber yo.
Y una vez más, como cuando hablo con alguien por teléfono, empecé a dar vueltas, a caminar, a no estar parado y punto. Y era una costumbre un tanto rara pero no podía estar quieto mientras me llamaban por teléfono. Lo peor es que seguro que me acabaría adentrando más en la espesura del bosque y acabaría muerto y congelado del todo ya que las noches aquí eran casi peor que ir desnudo por Berlín en pleno invierno.
-Pero a ver… ¿Qué ha pasado?
-¡Ya te lo explicaré! ¡Primero ayúdame a salir del puto bosque! – grité, cansado de estar solo en medio de la nada, de lo verde, ¡de lo algo!
-¿Y cómo quieres que te ayude a salir si no sabes ni dónde estás?
-Ai joder Georg… Me estoy estresando. Mira, tengo una idea, yo sigo dando vueltas a ver si encuentro el campamento de nuevo. ¡De qué te ríes! – la risa al otro lado de la línea era estresante y me estaba sacando de mis casillas. -¡Georg, esto no es gracioso!
-Hombre… Aburrido tampoco es. - dijo entre risillas.
-A ver, cállate y préstame atención.
-Sí, señor.- soltó teatrero.
-Ve a la cabaña y búscame ropa de recambio y una graaaan botella de agua, ¡ah! Y mis pinturas, a ver si puedo hacerme un apaño o algo. Y no te olvides de mi espejo que está en el baño. – espero que esté tomando nota de todo ello porque como encuentre la salida y vea que no tiene todo eso a mano le mandaré de nuevo a buscarlo. - y cuando lo tengas me vuelves a llamar, si no, yo ya te habré llamado antes para decirte que he conseguido salir del bosque.
Ni yo mismo me podía creer que hubiera ingeniado todo esto yo solo en un abrir y cerrar de ojos. ¡Casi no me había dado tiempo a pensarlo! Imagino que el hecho de pasar la noche aquí hacía que las neuronas me funcionaran mejor.
-Em… esta bien.
Agudicé la vista por enésima vez en esta siguiente hora después de la llamada de Georg para ver qué veía de fondo. Y por un instante creí que me iba a poner a llorar de alegría. ¡¿Era eso un edificio?!
Cogí aire y salí disparado cogiendo toda la velocidad de la que me vi capaz y cuando llegué doblé las rodillas y me dejé caer al lado de esa pared que gracias a dios era la del comedor… ¡Menos mal!
Me puse detrás sin despegarme y me dediqué a llamar a Georg que no tardó nada en cogérmelo. Eran las seis de la tarde y tenía la sensación de que eran las seis de dos semanas después de lo lento que se me había pasado.
Georg apenas tardó cinco minutos en llegar a dónde yo estaba puesto que se hallaba cerca de mí y por suerte tenía todo lo que le había pedido, pero antes de nada me tiré encima suyo y le di un gran abrazo, que muy a pesar de no entender nada, Georg me correspondió.
-Ehh ehh… ¿Se puede saber qué coño te ha pasado para perderte entre tanto árbol? Que eres de ciudad chaval.
Transporté mi mente a unas horas atrás y reviví en un segundo todo lo que había visto desde la ventana, que aunque no había sido mucho, era suficiente. En otras palabras, era a Tom. Tom molesto, rayado, con rabia y desconcertado… Dándole muchas vueltas a un mismo tema que no sabía cuál era, pero que algo me decía que tenía que ver un poco conmigo. Y ese algo realmente no sabría decir que es pero quizás no sea una intuición repentina, sino que simplemente me gustaría que fuese así. Sí, más que nada podría decir que es eso lo que me pasa.
Tenía en mi mente la mirada perdida del chico de las rastas, y el fruncimiento de labios cada vez que arrugaba la frente mientras tocaba la guitarra, no demasiado concentrado.
-Pues… Joder Georg, ¡es patético! Y te vas a reír cuando te lo cuente pero… Antes de nada, pásame el agua. –él, que su rostro era de expectación total tornó su expresión por una de resignación, mientras me pasaba lo que le había pedido.
Miré a todos lados para asegurarme de que no había nadie a mi alrededor y me quité la camiseta y los pantalones totalmente hechos mierda y los dejé en el suelo.
Después cogí la gran botella de agua y hice un movimiento que también me recordó al innombrable, que muy a mi pesar, era más nombrado que mi propio nombre; me tiré todo su contenido encima, pero sobre todo por el pelo me eché casi la mitad, dejándome el resto para zonas como las manos o los pies que no podría cubrir con la ropa que me había traído mi amigo.
El cual me miraba como si me hubiera vuelto loco de repente.
Cogí el neceser y busqué, entre mil cosas que habían dentro, uno de mis peines pequeños y nada más encontrarlo empecé a cepillarme y prácticamente todo el barro fue desapareciendo.
Yo sabía que el pelo no me quedaría como siempre y que iría con el pelo ondulado hasta que llegase a mi cabaña pero bueno… Algo era algo, y no me podía quejar. Al fin y al cavo soy yo el listo que se ha puesto a hacer de espía y que ha acabado por los suelos.
Seguidamente cogí los jeans y la camisa limpia y me los puse. Lo último que me faltaba era maquillarme, que en un segundo cogí de nuevo el neceser y saqué el mini espejo y las herramientas necesarias de pintura que tan bien me conocía.
En un abrir y cerrar de ojos ya estaba mediocremente listo y ya podía volver a pisar el campamento sin que me tiraran piedras.
Lo guardé todo bien guardado y en una mano puse la ropa sucia, bien apartada de mi cuerpo y empezamos a andar rumbo hacia mi ducha caliente donde me pasaría al menos dos horas.
Por unos instantes creí que a Georg se le había olvidado el tema y estuvimos un rato caminando en silencio hasta que, inevitablemente, me preguntó.
-¿Me vas a contar ya que ha pasado o no? –soltó, haciéndose notar un poco la bordería del rato que llevaba esperando.
-Sí…
-Pues venga. –suspiré resignado y me preparé para contarle algo breve que durase lo mínimo para que se riera lo antes posible, haciéndome caer sobre el orgullo que ya estaba por los suelos, y así, antes acabara de descojonarse de mi cara.
-Pues es que estaba caminando tan tranquilo cuando, bueno… he oído una música y me he querido acercar a ver qué pasaba y esto… Me he encontrado que eran Tom y su grupo que tocaban en una cabaña cualquiera y… Al caso, quería mirar un rato a Tom y la única ventana que no estaba llena de chicas con el mismo fin que el mío era una que estaba rodeada de fango, y bueno, ya te puedes imaginar el resto. Me he caído y he salido dirección a saber dónde porque pensaba que me habían pillado.
Georg me miró con los ojos abiertos y con una mueca que mostraba claramente que se estaba aguantando la risa a más no poder. ¡Tanto que se había puesto la mano en la boca para evitar descojonarse!
-Anda… Ríete… Te lo permito.
-jajajajajajajajajajajajajajaja
Negué con resignación y esperé paciente a que cesara de reír.
-Madre mía Bill… ¿Pero no era que estabas molesto con él por lo de ayer a la noche? – me recordó, veo que haber hablado con él esta mañana no había sido en vano al fin y al cavo. Parecía que sí se acordaba.
-Ya lo sé joder… Pero cuando he visto que era él el que tocaba… No lo he podido evitar joder, ¡no puedo hacer nada!
El silencio se cernió sobre nosotros, pero una sonrisilla salió de mi boca, puesto que recordé aquello que había oído alguna vez “cuando tienes un amigo de verdad es cuando los silencios no son incómodos” y ya lo creo que tenían razón, con Georg me sentía bien, y me alegraba de tenerlo como amigo.
Pero de pronto un pequeño pinchazo me atravesó de arriba a abajo.
Ashley…
Bill no pienses en eso, Bill no piensas en eso… Anda, sácale tema, que al final sí se hará incómodo el no mantener contacto oral por pensar demasiado en todo lo que debería decirle.
Pero parece que esta vez fue Georg el que me dijo algo.
-Oye… ¿Y son buenos tocando?
Por un momento no sabía a lo que se refería, me había derrumbado tan momentáneamente con lo de Ash que ni siquiera el hecho de que me hablara de algo relacionado con Tom me había hecho reaccionar al instante.
-¿Quiénes?
-Pues la banda de Tom… -dijo su nombre como si temiera que yo fuese a saltar a su cuello de un momento a otro.
-Ah… Pues sí, la verdad es que sí, tiene canciones bastante guapas, y Tom… Dios, toca de puta madre.
-Sí, bueno, yo creo que te gustaría Tom aunque tocase la pandereta. -soltó divertido.
-Eh… eso no es verdad. -dije avergonzado. Me sentía tan raro el poder hablar tan “abiertamente” de eso que me estaba sucediendo.
-Bueno, pero ¿Lo hacen bien no?
-Sí ¿Por?
-Es que ahora que lo has mencionado, el día que el director del campamento comentó eso de que al grupo de su hijo le hacía falta un m*****o más pues, no sé, como yo toco el bajo y eso… ¿Tú crees que… sería posible que me dejasen?
-¿Quieres entrar en el grupo? –resumí, incrédulo.
-Jej… Pues en pocas palabras, sí. -Me quedé pasmado, sin saber bien bien qué decir. – Oye, si quieres no me uno. - me dijo, al ver mi cara, que seguramente no sería muy alentadora a los planes que tenía Georg en mente, por este último comentario.
-¿Eh? Nono, únete, claro que sí. A más, es lo que esperabas ¿no? Alguien con quien compartir tu música por fin -recordé con un tono un tanto lastimero.
¿Y ahora porque cojones me había puesto así? ¡Parezco una chica embarazada con tantos jodidos cambios de humor!
Vale, es cierto que nada más mencionar que quiere unirse al grupo me ha venido a la cabeza la imagen de Tom y Georg juntos a todas horas y yo observando desde una esquina pero, joder… Ya no se qué hacer. Aunque bueno, si llegase a pasar eso tendría más posibilidades para olvidarlo ¿no? Y no debería preocuparme por ese ataque repentino de homosexualidad que me está poniendo la cabeza como un puñetero bombo.
Me fijé en la expresión de mi amigo y creo que a mí también se me dibujó una ligera sonrisilla al ver lo iluminado que tenía el rostro. Ensanchó una gran sonrisa y me apretó una mano fuertemente, como si me diera las gracias de ello.
-Bill… Acompáñame a pedírselo…
Abrí los ojos como platos y me solté enseguida. El corazón se me disparó en cuanto oí esas palabras y me separé un par de pasos de él, evitando cualquier contacto que tuviera que ver con nosotros y el acompañarle.
-¡Pero qué dices! ¡¿Estás loco?! ¡¿Pero es que no te has enterado de todo lo que te he dicho esta mañana o que?! –no, definitivamente la memoria le dura cortos plazos de tiempo – Después de lo que pasó ayer no puedo presentarme delante suyo y decir cualquier cosa sin importancia, como si no hubiera pasado nada! Georg, no podría ni decirle hola en estos momentos. ¡Mira como he acabado! ¡Lleno de barro por evitarle!
-Oh Vamos Bill… Vamos en un segundo y ni siquiera tendrás que hablar tú, ¡pero si voy contigo me siento más seguro! Entiéndelo, no he hablado en mi vida con ellos, y aquel día que vino Tom a buscarte a la hora de comer no cuenta. – se me puso roja la cara de sólo acordarme de aquel día.
-Que no Georg, que no. No puedo… A más, ¿no pretenderás que vaya con estas pintas, no? Aún he de alisarme el pelo y ducharme, y pintarme bien, y escoger mejor la ropa – señalé esto último mientas contaba con los dedos todas las tareas que me tocaba hacer antes de poder salir “a la calle” libremente.
-Oh Bill, que vas bien así. ¡Te lo pido por favor! ¡Acompáñame! – casi se me puse de rodias delante de mí y yo tuve que desviar la vista para asegurarnos de que no estaba mirando nadie a quién tuviera que sobornar más tarde para que no dijera lo rastrero que puede llegar a ser Georg a veces. Y lo jodidamente convincente que era.
-Joder… Es que…
-Va Bill, ¡ya verás que cara se le pondrá a Tom cuando te vea, no sabrá ni qué decir! Lo mejor que puedes hacer es plantarte delante de él y mostrarte totalmente indiferente, como si no te importara una mierda todo lo que pueda haber pasado, y así quedarás como un puto rey.
Me quedé mirando mientras notaba como mi pecho subía y bajaba acompasado con mi respiración, meditando en silencio la posibilidad de ver a Tom tan pronto… Dios, era algo inimaginable. A más si ya me dolía el pecho de sólo verlo desde la ventana, yo… No sabría cómo me quedaría después de hablar (o ver como hablan) con Georg y Tom.
Me puse las manos en la cara y me la tapé, me encogí y me froté los ojos, con bastante cuidado por eso, no podía ir con todo el maquillaje corrido.
-Uf… Te voy a matar. Vámonos antes de que me arrepienta.
Caminaba con la cabeza gacha sin decir nada, intentando aguantar mi nerviosismo y mis ganas de salir corriendo. En más de una ocasión le había apretado la mano a Georg intentado encontrar el apoyo incondicional que me daba y más de una vez nos habíamos parado en medio del camino para que me volviera la respiración que tanto me costaba conseguir.
-Bill… no seas tonto, que no es para tanto… A más, ya te he dicho que hablaré yo, tú no has de decir ni hola ¿vale? Ni le mires a los ojos. De hecho, ni tan solo sabemos si es él quién nos va a abrir la puerta ¿no? Me has dicho antes que en el grupo también están los otros dos profesores ¿no? Lo mismo es Gustav quién nos abre…
De pronto caí en esa posibilidad, que ni tan solo se me había pasado por la cabeza en todo lo que llevábamos de rato caminando.
Asentí y emprendí yo el camino esta vez, y Georg el que me seguía, ya que yo sabía dónde estaban las cabañas de antes.
Apenas tardamos diez minutos en llegar, y cuando estuvimos a dos metros sentí que los pies me pesaban como el plomo, y que a cada paso que daba y que más me aproximaba más me pesaban y más me costaba andar. Esta vez sentí que me costaba sentir la sangre circular por mi cuerpo y podría jurar que me estaba quedando blanco por momentos. La percepción de los sentidos se me había incrementado de los nervios que sentía y estaba al tanto de todo lo que pasaba, de hecho me sentía como en una burbuja, totalmente vulnerable, pero desde donde me sentía el controlador de todo.
Subimos los peldaños de la cabaña y el sonido de las pisotadas retumbaba en mis oídos como si fuesen campanadas y yo fuera el campanero que está apenas a dos centímetros de ese gran metal que produce sonidos. Era como si contara los segundos que me quedaban de vida… ¡me iba a ahogar ahí mismo!
-Bill… Voy a llamar ¿val…? Joder Bill, pareces un muerto. – le miré serio con los ojos abiertos concentrado en mi respiración y negué con la cabeza, haciéndole ver que no se preocupara por mí. Después, con mucho esfuerzo, moví las manos indicándole que llamara.
Observé atento como el puño de Georg se iba cerrando y se iba alzando a una altura del pecho. Se iba preparando y se estaba empezando a balancear hacia atrás para más tarde encaminarse hacia delante chocando con la madera.
“toc… toc… toc…”
El corazón se me había parado o simplemente era el tiempo que le había dado por quedarse congelado. Sólo sé que en un momento de pánico me aparté de la puerta y me puse pegado a la pared.
Georg me miró incrédulo y cuándo iba a decir mi nombre alguien abrió la puerta. Pero fue un chasco para mí encontrar que en el lado de la puerta en la que me había colocado no me quedaba tapado por esta a la hora de abrirse. Pero recé con todas mis fuerzas para que la persona que había abierto no diera un paso adelante y me viera, porque por el momento, seguía dentro en la cabaña, mirando seguramente con ojos curiosos a Georg, la persona que había llamado.
Entonces me sentí tan pequeño… Tan frágil. ¿Cómo es posible que me haya dejado dominar por el pánico? ¡Bill! ¡Acabas de dejar a Georg solo!
-¿Sí? – la voz masculina y muy presente en mi memoria de Tom hizo que cerrara los ojos de inmediato, fuertemente, maldiciéndome por ser tan jodidamente cobarde.
Georg me miró alarmado pero disimuló enseguida mi paradero y simplemente miró al suelo mientras hablaba.
-Esto… Me llamo Georg – no sé si Tom se acuerda de su nombre o no. - y bueno… He oído que tienes un grupo.
El silencio de Tom mientras Georg intentaba explicarse me estaba poniendo de los nervios, ¡Por dios, dile algo! ¡¿No ves que se está intentado explicar?! No sé si el que sufría más era Georg o yo, ahora que yo ya estaba “fuera de peligro” creo que estaba sufriendo más por Georg que por otra cosa…
-Ajá… -joder, seguía igual de borde que antes, puede que más y todo.
-Y bueno, es que yo… Me estaba preguntando si me dejabais entrar y eso… Hacedme una prueba si queréis por si no estoy a la altura eh, enserio, pero bueno, como soy bajista he pensado que a lo mejor os iba bien eso de tener otra persona en el grupo y me han dicho que sois bastante buenos y me encantaría intentarlo. –ahora parecía que mi amigo castaño lo había soltado todo de un tirón.
Los segundos que se tiraba por costumbre Tom para contestar, se me estaban haciendo más eternos que el rato había estado perdido por ahí, que ahora se me parecía una situación totalmente lejana y sin ningún tipo de sentido.
-Hombre… Pues no es mala idea. - solté todo el aire que había estado reteniendo durante los momentos de tensión y se pudo disimular por el mismo suspiro que dio Georg, que ya podía respirar a gusto.
-¡Genial! ¡Mil gracias! ¿Cuándo me puedo unir? – dijo expectante, y radiante.
-Ahora mism… - de pronto se cayó. ¡¿Y ahora qué le pasaba?! - Has dicho que te llamas Georg… -la voz de Tom empezó a tomar un tono un tanto alto para el que llevaba hasta ahora y eso me puso los pelos de punta.
-Sí… - dijo este temeroso.
-¿¡Tú eres el amigo de Bill verdad?! ¡Sí, claro que sí, siempre coméis juntos! ¡Tú eres Georg!
Y entonces todo se paró.
Mi corazón dejó de latir durante un tiempo que no llegué a calcular, pero haber oído mi nombre en la boca de Tom con un cambio tan repentino de voz me estaba costando la vida. ¡Ha dicho mi nombre! ¡Está preguntando por mí!
-Sí… - repitió, como si de una pista de CD en repeat se tratara.
-Déjame hablar con Bill, llévame a dónde está él, ¡Tengo que hablar con él!
Georg se quedó estático y me dedicó una mirada fugaz que esperé que Tom no notase. Yo negué con la cabeza rotundamente, casi sin pensar en lo que estaba pasando. ¡Necesitaba huir de ahí!
-Esto… Bill no quiere hablar contigo. -dijo, aún poniendo en duda sus propias palabras, puesto que ni yo mismo daba las órdenes a ciencia cierta de lo que pensaba.
-¿Pero has hablado con él de lo que yo digo? ¡Déjame hablar con él! ¡Convéncele! Arg, no me atrevo a ir yo para que me mande a la mierda en un momento.
De nuevo negaba en rotundo aguantándome un par de lágrimas traicioneras sin sentido que se me derramaban por la cara.
-De verdad que no quiere hablar contigo…