Capitulo 21

4970 Words
-¡Joder! ¡No te cuesta tanto! – y la figura de Tom dio tres pasos adelante, los suficientes como para que su cuerpo sobresaliese totalmente de la cabaña. Abrí los ojos y me quedé petrificado, anonadado, sin saber qué hacer. Las piernas se me habían quedado en el sitio y se me habían ido todas las fuerzas para escapar. Simplemente pedí en voz baja que no se girara, pero por desgracia la cara de Georg me delató sin querer. En cuanto Tom avanzó hacia delante, el bajista se mordió el labio y frunció mucho el ceño como diciendo, “mierda…” y Tom se dio cuenta de que algo no iba bien, así que miró hacia un lado, y luego hacia el otro… hacia mí. Tom cambió de postura y toda la energía que había recuperado en dos segundos se le fue como si el viento se lo arrastrara con igual de facilidad que a una hoja seca. Me miró antes de soltar: -Bill… - de nuevo dejó que el silencio jugara con la velocidad de los latidos de mi corazón antes de seguir hablando. -¡Bill, escúchame, ¿vale?! –y por unos instantes no puede quitarle los ojos de encima… no podía. Me acordé de pronto del mal atuendo que llevaba encima y quise esconderme bajo tierra. -Tom. –sentencié, y con eso me bastó para que se callara, sin atreverse a decirme nada – estoy aquí para acompañar a Georg – y este me miró un tanto raro, como diciendo “si hombre, ahora si no?” pero no le presté mucha atención – no voy ha hablar de nada más. Y por lo que parece, ya lo habéis medio admitido en el grupo. Yo… me voy. Joder, esto parecía una puta telenovela. ¡Y no me gustan las telenovelas! ¿Dónde estaba la acción y el terror? Esas series te vuelven tonto del todo. No puedo dejar que mi vida se convierta en algo así. Me di media vuelta, y sin acabarme de creer todo lo que estaba pasando cogí aire y me fui por donde había venido, pero sin antes sentir como alguien me agarraba de la mano y me sacaba de mi camino. Georg me dio un abrazo amistoso en el que yo quedaba justo de frente a Tom. Este se había erguido y había deshecho la idea de seguir intentado hablar conmigo, tal y como yo quería. Bueno, no sé si yo quería eso… Quizás solo le he dicho todo aquello para que lo siguiera intentando. -Que sepas que no te guardo rencor por haberme dejado solo, maricona reprimida, que con esto ya estas sufriendo bastante. – me dijo amigablemente el castaño, justo antes de pellizcarme la barriga, único momento en que dejé de aguantarle la mirada al chico de las rastas. -Auch… -me quejé, sonriendo a mi mejor amigo. – bububueno… aahora siiisii que me vovovoy… -intenté sonar sereno y tranquilo pero el tartamudeo de mi boca me delató. Esperé a que amos entraran en la cabaña para volver a la mía, y observé atento como el castaño entraba dentro, con el pulso un poco alterado, y con un ligero tembleque en las manos. Por otro lado, volví a fijarme en Tom, que no había parado de sostenerme la mirada ni un instante y este iba cerrando la puerta poco a poco. -Eres un cabezota Bill… - y justo cuando le iba a responder, sacando unas fuerzas de flaqueza que creí inexistentes… …me cerró la puerta en todas mis narices. Fin Flashback Sí, el medio día y la mitad de la tarde del jueves fue bastante… entretenida. Recuerdo como llegué a mi cabaña, deambulando como un puñetero fantasma, cansado de vagar por la eternidad sin nada nuevo. Pero esta vez, era por demasiadas cosas que yo desconocía. Los intentos en vano de intentar evitar a Tom por todas las maneras se fueron a la mierda al día siguiente, aunque como mínimo me conseguí quedar firme y fiel a mis deseos; no hablar con él sobre lo del miércoles. Me duché y estuve bajo el agua caliente al menos una hora de reloj. Me había sentado en el suelo, cuyos azulejos ya no estaban fríos del rato que llevaba cayendo agua caliente, y dejé que las gotas me empaparan del todo, mientras cerraba los ojos e intentaba no pensar en nada. Pero me era imposible, la voz y la cara de Tom me volvían loco. Sí joder, totalmente loco. El jueves no fui a cenar, y me inventé una excusa muy mala a Georg para decirle que me había resfriado un poco y que hasta el viernes no aparecería por el comedor. No quería salir, y me puse a dibujar como un loco. El resultado fue un gran fajo de hojas de dibujos de la misma persona. ¿Qué de quién? Joder, es tan obvio… Tom, Tom, Tom, Tom, Tom. Pero mientras dibujaba pensaba en qué coño podía decirle el día que nos toque hablar. ¿Porque algún día deberíamos hablarlo, no? Igualmente, necesitaba aclararme primero para poder tener la mente ordenada a la hora de querer hablar con él, pero es que no quería sonar tan evidente… ¡No podía presentarme delante suyo y decirle “Tom me he enamorado, sí, lo sé, es estúpido pero es así y por eso no quiero que juegues a este juego”! Quedaría tan mal… Sería tan jodidamente ridículo. Se echaría a reír como un condenado y yo encima tendría que tragármelo todo. Porque cada vez estoy más seguro que a él no le pasa lo mismo ni de lejos. Joder, si yo pudiera meterme en su mente o algo. ¿Pero qué digo? Ni que fuera el genio de la lámpara. -¡Bill! –oí de lejos. Alcé la cabeza enseguida y me encontré con la radiante sonrisa de mi niña Ash, junto con Georg. Ahora que lo pensaba, Ash se estaba transformando un poco. Ya no era tan ruda como siempre, y ya no tenía esas salidas tan poco… femeninas. La verdad es que no me hacía mucha gracia que cambiase pero bueno, ya se verá. -¡Hola! –saludé feliz. Ambos se sentaron a mi lado y la pequeña sombra que se había sumido encima de mí, al recordar todo lo que aún me quedaba por solucionar dejó de ser tan entristecedora. Pero aún así, había tantas cosas por mejor y que podrían acabar mal... Esto me asusta un montón. Tom Llevaba unos días horribles. Las ojeras se me marcaban en la cara de lo poco que había dormido, no dejaba de darle vueltas a lo sucedido en la cabaña de Bill. Y lo peor es que siempre pensaba en lo mismo “¿Cómo me puse encima de Bill de ese modo? ¿Porqué no me supe detener?” y siempre obtenía la misma respuesta, “aunque lo hubiera intentado, no habría podido” ¡¿Pero por qué?! -Que alguien me pegue un tiro… - solté en voz baja, mientras escondía la cabeza entre mis brazos cruzados sobre la mesa del comedor. La imagen de mi chico de la acetona, el jueves pasado se repetía sin cesar, y ya me estaba cansando. Recuerdo como en vano había intentado sonsacarle información a Georg sobre Bill en los momentos que hacíamos descansos y como este sólo me contestaba que lo buscara y que yo hablara con él. ¡Qué lo busque yo! ¡¡Pero si no se deja!! Pero nn el caso de que consiguiera entablar conversación con Bill, ¿qué coño le decía? ¡No tenía ni pies ni cabeza esta situación! Un sonido un tanto agudo resonó por todo el comedor y me hizo achinar los ojos y querer taparme las orejas de lo molesto que era. Dos segundos más tarde cesó el sonido y miré en dirección de donde provenía. Vi a mi padre subido en una de las mesas con un gran ¿megáfono? -¿Pero qué coño lleva en la boca? –dije casi de una forma inaudible. Con una ceja alzada miré expectante a ver qué nos contaba. -¡Hola a todos! – las cabezas de todo el mundo se fueron girando en dirección de mi padre y esperábamos, pacientes, para saber que quería contar – Hoy, como cada año, es el día en que todos, y repito, todos, a excepción de quién se encuentre mal o tengo excusas de peso, vamos al lago y nos bañamos. Es decir, que la actividad general, para cada grupo es ir al lago. Hostia… ¡no me acordaba! Es verdad. Miré en dirección a la mesa de bueno… de quién va a ser, de Bill, y observé la cara de incredulidad de los tres amigos. Ellos también estarían por ahí ¿no? Hombre, no estaría mal observar a ver qué tal el día. Podría ser bastante divertido. Ahora que no tenía a Anna tanto encima, seguramente me podría meter en el agua libremente sin estar tan encima de ella. -Así que a las doce os quiero ver a todos con los bañadores. Pero un cuarto de hora antes, que estén aquí los grupos de los niños pequeños y de los adolescentes. Los mayores también habéis de ir, pero por vuestra cuenta. Y va, no os inventéis excusas… -dijo como si hablara la voz de la experiencia – es muy divertido. Y con eso finalizó la mini charla. Tardó a penas nada en bajar de un salto, que para la edad que ya tenía no estaba nada mal y se volvió a sentar en la mesa donde estábamos todos los profesores. Cruzamos miradas durante un instante y eso me hizo rememorar otra charla que tuve con él, ayer viernes por la tarde. La verdad es que me quedé muy impresionado con ello. Flash Back Estaba recogiendo todos los balones de fútbol que me habían dejado todos chicos de “mayor edad” tirados por el campo de futbol, enrabiado por haberles dicho que no los dejaran por ahí y no haberme hecho caso. Pero también estaba planeando cómo sonsacarle a Georg información sobre Bill. Ayer me quedé impresionado por lo bien que tocaba el bajo, y la verdad es que ya formaba parte del grupo, y se estaba integrando mucho con Erika y Gustav, sobre todo con este último, que hacían buenas migas y barajaban ideas diferentes sobre diferentes melodías y compases que según ellos les irían bien a algunas canciones. Lo cierto era que una vez lo probábamos sí que resultaba efectivo y le daba buenos toques a canciones a las que les faltaba algo. Había sido un gran acierto, pero eso no quitaba que él fuera mi puerta directa hacia Bill. ¡Aunque parecía cerrada con llave! Arg, otra vez con lo mismo. Bill, Bill y más Bill… Debo empezar a cuestionarme un par de cosas. -Pareces entretenido… -una voz detrás mío me sobresaltó. Pegué un pequeño salto y de que poco no salgo disparado. Me volteé enseguida con el puño en alto a ver a quién debía partirle la boca por gilipollas y en cuanto reconocí el rostro de mi padre me paré en seco, sorprendido. Baje la mano con lentitud mientras veía una sonrisilla en su boca. -Ah… Eres tú. - por dos segundos creí que era … Oh, joder, creí que era Bill. -¿A quién esperabas? – me preguntó divertido. Cerré los ojos y decidí no contestarle esa tan acertada pregunta, mientras seguía con mi condenada tarea. Pero por mucho que avanzara dos pasos la figura que había detrás mío avanzaba lo mismo y en la misma dirección, en otras palabras; no me iba a dejar ir. -¿Qué quieres? – le pregunté, cansado de que me siguiera allá donde iba. -¿Eh? Ah, sí sí… Nada, sólo quería hablar contigo un poco y eso… - y de golpe vi como se sentaba en la hierba que esa mañana me había dedicado a segar a primerísima hora, mientras todo el mundo dormía. Se sentó y se estiró con las manos tras la cabeza, que le servían de apoyo. ¿Esperaba que yo también me sentase? Pero el rato pasaba y este no decía nada, así que no tuve otro remedio que copiarle y estirarme a su lado, esperando a ver qué me quería decir. Últimamente lo veía poco, y estaba un poco distante. Y no es que me preocupara, de hecho me la sudaba un rato largo, pero era raro. Mi viejo era muy entrometido en todo, y el hecho de que se aleje de todo durante un temporada nunca era algo “bueno”. -Oye ¿Te lo estás pasando bien? -¿Qué pregunta es esa, papa? -Es que cada vez me acuerdo más de que tú no querías venir ni arrastras hasta aquí y bueno… Ahora me siento mal, porque por problemas de última hora, hayas acabado aquí. -Esto… - me quedé cayado un rato, sin saberle que decir. – estoy bien, lo que pasa es que este campamento me lo sé demasiado de memoria. Papa, hacemos todos los años lo mismo, y bueno, el hecho de volver a venir por aquí y pensar que me toca hacerlo durante muchos veranos más… Me pone de los nervios, yo no soporto lo monótono, y este caso era una excepción por ti, pero yo ya sabía que me acabaría cansando y que llegaría un momento en que explotaría y acabaría soltando algo como lo que te dije en su momento. -Ajá… - asintió sin agregarle nada más. -Pero tú llevas aquí treinta años, en los que el negocio era del abuelo y que más tarde pasó a ser tuyo y aún… Aún no me puedo creer que no te hayas cansado. Enserio, se que las primeras veces son geniales pero tío… Llega un momento en que ver siempre lo mismo raya, ¿no crees? Escuché una sonrisita por su parte que me daban ganas de saber qué era eso que tanto le gustaba de ese monótono lugar, y aunque no me apetecía estar ahí con mi padre ya que tenía más cosas que hacer, no quise levantarme e irme, no, esta vez quería escuchar. Pero el rato pasaba y mi padre parecía que no tenía intención de decir nada al respecto, y yo me estaba empezando a impacientar. -Va, explícame que tiene este lugar de maravilloso, y no me digas las vistas porque yo las veo igual que tú y también se hacen pesadas. -Jajaja… No, realmente estoy aquí porque estoy encadenado con mi pasado. -Como si me hablaras en chino… Explícate mejor, anda. -Pues es muy simple Tom, aquí conocí a tu madre. El corazón me dio un latido y después paró. Aguanté la respiración ese espacio de tiempo que me había durado la sorpresa y después respiré sonoramente. Mi madre… ¿Qué sabía yo de ella? Casi nada. Cuando pensaba en ella solo veía una sombra negra que ni tan solo tenía nombre. Se me hacía raro pensar en ella, puesto que jamás en la vida la había visto y jamás vería… Era algo que no sé porque, lo sabía a ciencia cierta, muchas veces le había preguntado por su paradero y mi padre jamás me sabía responder. No sé si porque realmente no lo sabía o simplemente porque no me lo quería decir. Y aun, a mis diecinueve años seguía sin saber porque no me quería hablar de ella. Y tantas veces lo había intentado que al cavo de los años se me hacía una idea absurda volver a intentar sacarle algo. Así que llevaba más de tres años sin sacar el tema. Y hoy… hoy había descubierto una información mínima sobre ella. Se conocieron aquí. -¿Puedo preguntarte cómo os conocisteis o me mandarás a la mierda? – me atreví a preguntarle. Imaginaba que no me lo iba a contar, así que ya estaba preparando las manos para hacerme un impulso que me hiciera levantar del suelo y así poder salir del círculo cercano de mi padre y seguir recogiendo los balones. Pero me sorprendí, porque esta vez, no fue así. -Pues fue como la típica historia de adolescentes enamorados. Ya sabes, yo era monitor del campamento y para aquel entonces venían chicas y chicos de todas las edades y bueno, yo tenía veinte años y estaba igual de alto y guapo que tú y las tenía a todas detrás. Ya sabes… - me dijo como si ya entendiese yo del tema. Solté una sonrisilla cómplice que se esfumó apenas en dos segundos, para evitar cualquier interrupción posible y con mi silencio le indiqué que continuara el relato. -Imagínate, yo estaba siempre pululando por ahí, con los críos por arriba y por abajo y una vez me crucé con… Bueno, la mujer más guapa que pudieras imaginarte nunca. Era… como una diosa. – el tono de su voz se tornó soñador y mi expresión fue de una triste sonrisa que añoraba el no haberla podido ver nunca, pero que aun así la echaba de menos, y sólo de imaginármela se me aceleraba el corazón. – Era tan hermosa que deslumbraba la vista, y oh dios… La intentaba buscar a todas horas, y no la podía sacar de mi cabeza. -¿Te enamoraste a primera vista? -Ya lo creo que sí. Pero me costó muchísimo darme cuenta de ello, puesto que jamás en la vida me había enamorado antes y claro… Yo creía que sólo era un encaprichamiento, ya que ella se me resistía bastante y eso me gustaba mucho. -joder, mi padre era como yo macho. -¿Y cómo te diste cuenta que realmente estabas pillado? -Uff… - fue su primera respuesta, antes de añadir – pues la verdad es que no estoy del todo seguro, solo sé que bueno… El hecho de que me quedara embobado nada más verla y el hecho de que la buscaba a todas horas, eran unas grandes pistas. Porque cuando una mujer “normal” por llámarlas de alguna manera, se me resistía demasiado tiempo pues acababa desistiendo y me iba a por la siguiente, pero aquella vez... Aquella vez no podía, era como una fuerza superior a mí. - se reía mientras recordaba el pasado, seguramente burlándose de él a horas de ahora – la de tonterías que llegaba a hacer para que se riera conmigo y poderla ver reír… O la de veces que no podía controlar mis impulsos y la empotraba contra una pared y la intentaba besar… Aunque después recibía una hostia bastante grande, lo único en lo que podía pensar más tarde, era en lo cerca que habíamos llegado a estar. El corazón me latía a mil por hora. ¿Joder, porque todo esto que me está explicando me suena tanto? Una serie de recuerdos de esta semana se me cruzó por la mente, como cuando estás a punto de morir y dicen “he visto pasar mi vida por delante de mis ojos”. Pues algo así. Joder, no me puedo creer lo que estoy oyendo. -Bueno, las última semanas de campamento estuvimos saliendo y después de que finalizara nos fuimos viendo gradualmente hasta que bueno… Se quedó preñada y pasaron cosas. De nuevo sus labios permanecieron cerrados sin querer contarme más información. -¡Joder, explícame de una puñetera vez qué pasó! ¡Tengo derecho a saber quién es mi madre y porque no está cada día a mi lado! – me levanté enfadado con los puños cerrados, apretando mucho, casi tanto como para poderme hacer sangre. -Tom, ya hemos hablado de esto muchas veces. -¡Pues yo no me creo que te pidiera que me llevara fuera de su alcance! ¡No me creo que mi madre no me quisiera! -Tom. -… -Sigue recogiendo pelotas, no sé ni por qué he acercado. Y dicho esto dio media vuelta, y desapareció por donde había venido. Fin Flashback El resto del día no estuve muy fino. Si ya había estado el día anterior muy mosca por culpa de un moreno delgaducho y ayer lo estaba aún peor por culpa tanto de este como de mi padre. Y es que aunque intentara pasar de todo lo que me rodeaba e intentara concentrarme únicamente en mi guitarra, no podía, simplemente no podía, y me era todo demasiado superior para dónde yo llegaba. Bill Hacía un calor de la hostia y la temperatura era perfecta para darse un baño. En pocos sitios de Alemania se podía conseguir esa temperatura y realmente era estupenda. Avanzábamos los dos en dirección al lago cuando empezamos a ver a muchísima gente por sus alrededores. Todos tenían el bañador puesto, o como yo, una camiseta que más tarde habría de quitarme. Las toallas reposaban en nuestros hombros o en bolsas como era en caso de Georg. Cuando Jörg nos comunicó que íbamos a ir al lago me ha entró el pánico, primero porque yo tengo miedo escénico, pero que aunque sabiendo que no tenía que actuar ni nada por el estilo, estaba seguro que más de uno se me quedaría mirando, por raro o por amariconado, como ya me pasaba en la uni… O como ya pude comprobar, en el autobús. Había salido pitando para poder cerciórame de que me había traído mis pinturas anti agua, que por mucho que se mojase mi cara no se me correría a menos que yo me frotara los ojos o algo por el estilo. Y sí, en efecto y de milagro, las tenía. No dudé nada en colocarme la ración de maquillaje normal y entonces si me sentí un poco más seguro. Pero no tanto como yo quisiera. Dejamos las cosas y no pude evitar dar una ojeada al mí alrededor, conteniendo la respiración por saber quién había ahí. Vi a un par de chicas y chicos de mi clase y a bastantes niños pequeños que eran acompañados por el batería del grupo de Tom, Gustav. También vi a los otros dos profesores, Erika y Erik a lo lejos, ayudando a los chicos que cuidaba Erika. Pero… No veía a Tom, y el no saber donde estaba me estaba poniendo los pelos de punta, ¡tenía la sensación de que aparecería de algún sitio en cualquier momento y yo no estaba preparado para afrontarlo! -Bill… ¿Aún sigues nervioso? – la voz cansina de Georg me interrumpió mi pánico interno e hizo que me volteara a verle. -Es que… -intenté excusarme. -A ver… Yo creo que deberíais hablarlo. ¡Déjale una oportunidad por dios! Lleva estos dos días rayándome sobre el tema. Y mira que le he repetido mil veces que no quieres saber nada de él pero joder, creo que él está más confundido que tú, y eso que ni tan solo me ha dicho que pueda sentir ni lo más mínimo por ti. Esto son sólo deducciones de aquí tu amigo Georg. –dijo mientras se señalaba a si mismo con los pulgares. -Ya pero… -Joder Bill, ni pero ni mierdas. La situación es muy fácil ¿vale? El miércoles casi os liáis porque a Tom le dio un venazo extraño y tú te quedaste pasmado “barra” humillado porque te dejaste a la primera. Ahora no quieres hablar con él porque te sigues haciendo el duro y porque temes que haga esto no solo contigo, sino con todas las chicas con las que tontea. ¿Me equivoco? -Em… No… -Entonces piensa un poco, ¿tú crees que Tom, con todo el historial de conquistas que me confesó ayer por la mañana y que es TODO femenino iría tonteando con un chico? A ver, está claro que ahí hay algo raro. Y tú eres tan gilipollas que a la primera que demuestra un poco de flaquead hacia tu persona, cuya oportunidad era perfecta para descubrir un poco más sobre los sentimientos de ambos, te vas del camino y no puedes observar si de verdad lo que hizo fue porque realmente quería hacerlo o simplemente porque le divierte jugar contigo… Y te aseguro, que un heterosexual en potencia como es en teoría Tom, no jugaría a estos juegos con un chico. No supe ni que contestar. ¡Me había quedado pilladísimo! -Ahora, hazme caso de una vez, y si se te acerca, aguanta la respiración y espérate a que la tensión desaparezca del ambiente, así te será más fácil. Y piensa con la cabeza fría, razona, que para algo tienes cabeza. Joder Bill, pensé que te acabarías dando cuenta tú solo de todo esto y al final he tenido que ser yo… Que soy el que va peor en el amor de los dos y soy el que te está ayudando. Dijo mientras me daba un par de palmadas en el hombro. -Bueno… Dicen que uno tiene más puntos de vista si ve una situación desde fuera, y desde luego que yo estoy en el centro de la situación y no puedo pensar en frio pero… Joder, me has dejado flipando. -Pues menos mal macho. Oye ¿Y ese de ahí no es el señor aludido del que tanto hablamos? El bajista señaló a un punto detrás de mí y con el corazón a mil por hora me giré, intentando disimular para no ser muy evidente. Al ver que no había nadie en un radio de diez metros de mí, forcé más la vista en dirección de la que me hablaba Georg y descubrí, anonadado, como un chico con las rastas recogidas en una coleta un tanto graciosa sobre su cabeza ya estaba metido en el agua. Tom, había sido el primero en meterse e incitaba al resto a que siguieran sus pasos. -Oye, yo también me meto ya, ¿te vienes? – me pregunto, de sopetón. -¿Qué? ¿Ya? ¿Tan rápido? – solté, nervioso. -Oh vamos, cuanto antes entres antes dejas de estar nervioso ¿no crees? -Primero un pie… Y luego el otro… Primero avanzas un poco y… ¡ouch! ¡Dios que fría! ¡Georg, no te vayas tan lejos, cabrón! – observé como mi amigo, a apenas unos metros de mí, me saludaba con la mano divertido y con el agua por encima de las rodillas. Yo estaba peleándome con la orilla y con mi mente, haciendo todo lo posible para evitar esas miradas que sabía que iban dirigidas a mí. Hablo de los ojos curiosos pertenecientes a mis compañeros de curso, mirándome los tattoos y pensando que probablemente me crea algo que no soy por llevarlos. Sí, creo que no caía especialmente bien entre la gente de mi universidad… Sobretodo con la sección masculina. Pero igualmente, la temperatura del lago era mi mayor problema en esos momentos, y la piel se me ponía de gallina cada vez que intentaba avanzar un poco. -¡Joder Georg, está muy fría! -¡Jajajajaja! -¡Georg! ¡No hace graci…! – y de pronto me callé. La persona que se había reído no había sido él, sino… Tom. Que ni corto ni perezoso me observaba con los brazos cruzados y sonriente. Le sostuve la mirada mientras me apartaba el pelo que se me había puesto delante de la cara y después dejé de mirarle. Pero qué descarado. ¡Qué al menos disimule que me está mirando! -Vamos Bill, que el agua no mata – y esta vez si que era el castaño quien me hablaba. En cuanto cruzamos miradas le lancé una que si pudiera, lo habría asesinado. Pero entonces me di cuenta que la posición que estaba teniendo era aquella en la que parece que te van a lanzar agua. -¡¡NO!! ¡¡GEORG NI SE TE OCURRA!! – sentencié. No había nada que me molestara más que algo como eso. ¡Cómo odiaba que me mojaran en la piscina mientras pasaba frío! Y justo cuando ya iba a alzar las manos para empaparme entero sonrió, asintió, y las bajó, volviendo a meterlas en el agua. Lo miré sin entender su comportamiento y arrugué el entrecejo intentando descubrir por qué había hecho eso. Pero al ver que simplemente estaba sonriente, me relajé e intenté seguir con mi camino, luchando contra el frio y el agua. -¡TE VAS A ENTERAR! – pegué un chillido en cuanto oí esas palabras detrás de mí y entonces sentí un cuerpo mojado que me rodeaba y me alzaba. -¡¡AAAAAAAAAAAAHH!! – empecé a patalear fuertemente mientras me sentía arrastrado por un cuerpo hacia la profundidad. Y cuando llegamos a un nivel que al misterioso chico (porque no tenía tetas) ya le llegaba el agua por casi la cintura me agarré a él en forma de coala, salvándome por los pelos de morir congelado. - ¡AI DIOS! ¡AI DIOS! ¡¡No sé quién eres pero no me sueltes!! – me agarré bien a su espalda y apreté con mis piernas. Primero me quedé blanco porque al apretar las piernas mi… hombría, y la suya se habían tocado totalmente, y el hecho de pensar que podría ser Georg me estaba empezando a afectar al estomago, bueno de hecho cualquier chico de los de mi clase, o… buah, ¡yo que sé! ¡Estaba incómodo! Y él se dio cuenta, pero pareció no importarle mucho porque simplemente me cogió las piernas y me alzó un poco hacia arriba para evitar el contacto que solo a mí me había puesto nervioso. -¿No sabes quién soy…? –dijo lentamente, mientras me tiraba un poco hacia atrás al mismo tiempo que yo me resistía, ante la posibilidad de caerme, pero era tan fuerte que quedé ante su rostro. -¡¡TOM!! – y casi salté yo de encima suyo si no fuera porque él mismo me cogió bien.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD