-Georg joder, tú no lo estás viviendo. ¡No es tan fácil estar saliendo con la tía más espectacular de toda la universidad que está buenísima y que de repente tengas a un tío en tu cabeza todo el puto día! ¡Jamás me había pasado esto! ¡Jamás me había emparanollado tanto con alguien! ¿Qué me pasa Georg? Por dios, necesito algo de ayuda.
-¿Pensar en alguien todo el día? Mm… Interesante. ¿Te pones nervioso cuando lo ves?
-Emm… ajá.- me costaba hasta decir que sí.
-Entiendo. ¿Tartamudeas a su lado?
-Yes.
-¿Le buscas constante mente?
-¡Ya te he dicho que sí joder!
-Vale vale… Bueno, mi resultado del análisis dice que… Estás enamorado.
-¿¡QUÉ?!
-Jajajajaj
-Lo estás flipando mucho. ¡De ninguna de las maneras!
-Va hombre, ¡que no es nada malo! ¡Yo me alegro! Joder, pensé que nunca te fijarías en alguien de verdad. Iré a Tom y le daré las gracias.
-¡Ni se te ocurra abrir tu bocaza!
-Jajajajaj… Me alegra que me lo hayas contado.
Tom
Vale, de nuevo me estoy rayando. No he tenido suficiente esta noche con no pegar ojo sino que encima ahora no hago otra cosa que darle vueltas al tema. ¡Llevo la misma chaqueta de ayer y aun habiendo pasado una noche entera sigue oliendo a Bill! Esto me estaba poniendo de mala hostia.
Me levanté de golpe y salí afuera a fumar. Aún quedaba una hora entera para que empezara mi primera clase. Hoy me tocaban los mayores y después de los mayores, otra vez el grupo de Anna, antes justo de comer. Que preciosidad de niña. Me alegro que cada vez hable más.
Me senté en las escaleras de un edificio que era el dormitorio de los profesores (a excepción del mío, ya que decidí quedarme mejor con mi cabaña) y saqué un cigarro. El último del paquete, por cierto.
Le prendí fuego y empecé a saborear el filtro y a sentir el humo.
Me había perdido tanto en mi mundo que no noté la figura que se había sentado a mi lado hacía escasos segundos. No tuve noción de él hasta que no oí que pronunció mi nombre, o para él, mi sinónimo.
-Hijo.
Volteé la cabeza para encontrarme con mi padre, observando con detenimiento el horizonte que desde aquí apenas dejaba ver mucho de lo espléndido que era el bosque. Pero lo mejor que había era el lago, que a horas del crespúsculo era increíble ver como se iba el sol. Y tan grande que era el lago que el sol se ponía justo en el extremo y salía por el otro extremo, dando la oportunidad de que el sol muriera siempre por el agua. Que la sangre quedara esparcida en forma de reflejo de si mismo, un reflejo que se movía por las pequeñas hondas.
-Hola… -dije desanimado. Estaba muerto. Sí, esas eran las palabras. No había dormido y no estaba yo para hacer las putas clases.
-¿Te pasa algo? Te noto raro últimamente, como si a cada vez que estás solo le des vueltas a un tema constantemente. Como ahora.
No. No me pasaba nada, ¿vale? Nada, Na-da. ¡Nada!
-No…
Mi padre me miró serio durante unos instantes que se me hicieron eternos. Finalmente, robándome mi cigarro, asintió mientras se tragaba la última calada y lo tiraba al suelo.
-No fumes, es malo. – dijo pisando la colilla, apagándola.
Me reí del comentario. Mi padre podría llegar a ser gracioso y todo. Qué dejara de fumar dice… Iluso.
De nuevo un silencio, no incómodo se apoderó de nosotros.
-Cada vez va mejor el campamento, eehh… -dije para cambiar de tema.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, medio viejo y cansado. Pero fuerte y consciente al mismo tiempo.
-Pues sí. A más que lo del grupo de mayores… Me ha gustado. Realmente ellos no hacen mucho aquí, pero entre tanto niño pequeño ya es agradable ver a alguien que te entiende cuando le hablas. - me hizo gracia el comentario. Tenía razón en todo. Pero el grupo de mayores me traía a la mente a…
Bill.
-Ya ves. Y que lo digas. Ha sido una gran idea lo de los mayores. – Bill, Bill, Bill, otra vez Bill.
-Pues sí, y de hecho creo que te he visto un par de veces hablando con un chico. Así como… Con el pelo largo y n***o. Bastante, por no decir muy alto, que va oscurillo, que se maquilla…
… Bill, sí.
-Ahh, seh. Ya sé quién dices. -Joder ¿no había más gente con la que había hablado en este tiempo o que? -¿Por qué lo preguntas?
-Nono, por nada. Es sólo… me hace gracia que te hagas amigos de los nuevos.
-Lo raro es que no lo hayas confundido con una chica. El otro día, Gustav me dijo lo mismo pero lo primero que me dijo es “¿quién es esa chica que…?”. – recuerdo la escena perfectamente. También recuerdo que no le respondí, y que lo único parecido a una respuesta que obtuvo fue “¿a qué hora quedamos para tocar con el grupo?” No recuerdo que día fue, pero solo sé que estaba de mal humor.
Pero mi padre ni se inmutó.
-¿Ah sí? Y, bueno… ¿Có-cómo se llama?
-Pues, Bill - ¿Y a este qué coño le había dado ahora? ¿Qué más le da quien es Bill? Ni que ahora le importaran mucho mis amistades o con quien hablase o dejase de hablar.
De pronto su rostro quedó mudo. Se quedó mirando al infinito como si un fantasma le hubiese pasado por a través suyo y se hubiese quedado paralizado.
-¿Papa? ¿Qué coño haces? – le pasé la mano por delante de los ojos y la moví de un lado a otro a ver si reaccionaba.
-¿Qué-qué? – dijo como saliendo de un trance. Vaya, parece que si había funcionado mi técnica. ¿Pero que le había dado? ¿Por qué se había quedado parado? –No esto, nada. ¡Me acabo de acabar de acordar de una cosa que como no la haga me matan! Te tengo que dejar ¿vale? – y casi sin darme tiempo a reaccionar ya se iba, con paso rápido y agitado, camino de a saber dónde.
-Pero que hombre tan raro.
-Ouuaahhh – ¡qué sueño! Acaba de finalizar la clase con los mayores y ahora tenía una única hora con los niños pequeños, así que ya tenía pensado más o menos que tenía que decirles.
La obra de teatro.
¡Hostia! La obra de teatro… ¿Cómo me despisto tanto?
¡Joder, que al final ayer no decidimos ninguna obra! ¡Por culpa de Bill se me fue la cabeza en otras cosas y al final no pensé en la historia para representar!
Llegué al comedor y vi que estaba vacío. Vale, perfecto. Era un sitio idóneo para que los niños me escucharan y no estuvieran más pendientes de un árbol que de mí, que suele pasar.
Vi a un par de las cocineras y les saludé feliz mientras cogía las mesas y las esparcía por el recinto, dejando el centro al descubierto, y dejando espacio suficiente para que los niños me observaran sentados en forma de indio y cupieran perfectamente.
Salí del establecimiento y fui en busca de ellos, que como siempre, los traía Erik justo en el campo de básquet.
Se cogieron todos de la mano y en una fila me fueron siguiendo hasta que de nuevo volvimos a pisar el suelo del comedor, tan aborrecedor y monótono como siempre.
-Vaale… Que todo el mundo se siente. – y sorprendentemente, todos se sentaron, incluso Anna, que fue lo más sorprendentemente de todo. Su vestido, que de nuevo volvía a ser verde, se esparció por el recién fregado suelo. – Bueno, hoy solo estaremos una hora juntos porque después justo nos tocará ir a comer ¿vale? – les asentía con la cabeza mientras hablaba y eso hizo que asintieran ellos también. Lo que no sé es si de verdad entendían lo que yo había dicho o solo me imitaban sin darle importancia alguna a mis palabas anteriormente dichas.
De pronto noté un tirón de mi pantalón. Bajé la mirada sorprendido y extrañado y me encontré al rostro de enormes ojos verdes. ¿Quién era si no que Anna? Con una mano me señaló al suelo, como si quisiera que me sentase.
Joder, que lista era la cría.
-Bueno, entonces, como iba diciendo, solo tenemos una hora – me iba apoyando lentamente en el suelo y vi divertido, como algunos niños que estaban más atrás asomaban las cabezas entre sus compañeros para verme mejor, y como al final, resignados, se limitaban a levantarse y ponerse unos pasos más adelante, formando una circunferencia finalmente, en el que todo el mundo me vía perfectamente. – Bueno… Como ya sabéis, y aunque seguramente nadie se acuerde, tenéis que representar una obra de teatro pequeña y simple para final del campamento, y tenemos solo tres semanas para hacerla asique… ¡Nos tenemos que poner las pilas! – vi el rostro iluminado de las niñas que se tapaban las bocas escondiendo su asombro y como finalmente se reían, felices. También vi las reacciones de los niños, con pesadez y desgana por el tema.
-¿Qué obra aremos? – una vocecilla fina se oyó de fondo. Era una de las gemelas.
Buena pregunta. Sí señor.
-Puees, estuve dándole muchas vueltas al tema – y al que no es este tema, también. - y bueno - ¡piensa una obra, vamos, en un segundo, lo primero que se te venga a la mente! – esto… es muy conocida y… eehh.. -¡Vamos Tom! ¡Usa eso que todo el mundo llama cerebro! - ¡Sí! La conocéis todos es… - ¿Es? – Romeo y Julieta. - ¡¿Romeo y Julieta?!
Vale, esta vez me he lucido. ¡No solo ayer dije que esta historia estaba casi prohibida, sino que la dijo Bill! ¿Y qué hago yo? ¡La digo! ¡Ahora tendré que adaptarla un poco a la edad de los críos! Joder.
-wuuuuuuaaaaaaa – las niñas botaban de alegría y los niños bufaban sonoramente.
-¿Entonces, habrá beso? – otra voz de niña salió por los finales.
-Eh... ¿Beso? – pero si sois críos. ¿Qué coño ven los niños de hoy en día en la tele? -¿Queréis beso? –muchas niñas asintieron enérgicamente pidiéndomelo – bueno a ver, que levanten la mano todos aquellos que quieran un beso – A votaciones ¿no?
Todas las niñas alzaron su mano y desde luego que los niños la escondieron. Era realmente divertido, de toda la vida las niñas siempre han sido más ñoñas, y los chicos…Bueno, donde hubiera un buen Acction Man que se apartaran el resto de cosas.
-Vale, pero antes de nada. ¿Todos queréis hacer la obra?
Hubieron rostros de todo tipo. Un par que no estaban seguros, otros que negaron en rotundo y unos cuantos que dijeron que sí enseguida. Entre ellos estaban Anna. Me sorprendí mucho, pero le sonreí tan ampliamente que me abrazó la pierna.
-Vale, entonces, de momento son… Anna, Julia, Eva, Marlene, Hayley… ¿Chicos? Vamos, quiero algún chico. - ninguno decía nada. - ¡Oh vamos! ¡Al menos cuatro chicos por dios!
Como si tuviesen magia mis palabras, cuatro chicos levantaron la mano, temerosos.
-¡Genial! Pues ahora tenemos a Mike, a Daniel, a Helm, y Bruno…
Bill
Sus brazos era lo único que sentía y deseaba sentir. No sé porque, pero el frío se me pasó de golpe. El calor del cuerpo de Tom era tan jodidamente cómodo que sentí que me dormiría apoyado en su cuello, dejando que mi respiración le acariciara la piel y notase como se le erizaba notoriamente. Le rodeé con más fuerza, con más ímpetu, con ganas de no soltarme jamás… Jamás.
Las palabras de Ash me vinieron a la cabeza como si de un golpe seco se tratase.
-¿No será que tu ahora eres gay y os moláis mutuamente?
¿De verdad me pasaba eso…? ¿Realmente me estaba volviendo gay…? ¿De verdad soy de la condición de la que me llevan acusando desde hace tantos y tantos años? ¿De la que me he negado en rotundo todas y cada una de las veces?
¿Maricón? ¿Gay? ¿Homosexual?
No podía ser. Sencillamente, no podía ser.
Pero por otro lado… Era la primera vez que el abrazo de alguien, sea chico o chica, me afectaba de tal manera. La primera vez que el corazón se me disparaba de esa manera al contacto de alguien.
-Yo… No sé qué pasa.
La voz asustada de Tom me sacó de mis pensamientos. ¿No sabe que pasa? Entonces, ¿él está como yo? Comparte mi mismo miedo, mis mismas dudas, mi no saber qué hacer.
Por unos instantes, me sentí bien. ¡No era el único confundido! ¡Ambos lo estábamos! ¡Ambos sentíamos que algo no estaba yendo bien! Que algo no cuadraba.
Me separé un poco de su cuerpo y lo miré directamente, a los ojos, como pocos minutos antes pero con poco espacio entre nosotros.
Si nos moviésemos un poco nuestras narices se tocarían.
Sus ojos fueron la gota que colmó el vaso y que me dio la confianza total. Estaba asustadísimo, y realmente cohibido.
-Yo… Yo tampoco sé qué coño está pasando. - dije risueño, pasándole parte de mi seguridad, y acariciándole la mejilla con la yema de mis dedos de una manera descendente. Se irguió haciendo una larga respiración, sin apartar sus ojos de los míos en ningún momento. Tragué saliva pesadamente. Por unos segundos me sentí pequeño y toda mi confianza desapareció.
De pronto me quedé quieto, estático. Su rostro se aproximó al mío pero de una manera totalmente diferente. Como si fuese algo… Automático.
-Déjame… Intentar… - ya no veía sus labios de lo cerca que estaban de mi rostro en cuanto dijo eso. Yo no sabría decir que sentía en esos momentos. El pánico rozaba la realidad y el deseo creo que le empataba. Abrí la boca instintivamente.
Noté como sus labios rozaban los míos pero no se movían. Estaban tocándose, con la boca abierta pero sin hacer ningún movimiento. Su respiración y la mía chocaban y pronto se empezaba a convertir en vaho. Pero para mí el frio ya era inexistente. Cualquier indicio de otra temperatura que no fuera el calor me sonaba hasta imposible. Pero sin embargo… Notaba que estaba temblando.
-¿Si-sigues teniendo frio? – me habló a los labios. Noté que cuando el movía los suyos, los míos eran arrastrados consigo. Tartamudeaba.
-No. Sólo… Estoy nervioso.
Y me besó. Sentí su lengua como me pedía paso, como se me insinuaba a seguir con ese verdadero juego. Nos abrazamos más si cabía y nos separamos un poco. Nuestras cabezas se acoplaban perfectamente la una a la otra, como si estuviéramos hechos con el mismo molde… como si fuésemos uno solo. Tom me tocaba el pelo y me acariciaba la mejilla como le había hecho yo anteriormente y cuando nos separábamos un poco, lo suficiente como para que pudiera verle la boca, vi me sonreía.
Estuvimos un par de momentos dándonos suaves picos sin parar, sin siquiera querer parar de sentirnos un segundo.
De repente un sonido irritante me hizo soltarme de él. Era un sonido realmente molesto, y el hecho de no saber dónde estaba y hacer lo posible por que terminase me ponía de los nervios.
-¿¿¡¡QUÉ SONIDO ES ESE??!! – chillé con todas mis fuerzas porque el sonido cada vez era peor y peor. Pero Tom solo me sonreía y se despedía con la mano.
-¡Tom! ¡¿A dónde vas?!
Pero se alejaba. Se alejaba más y más.
-¡Tom! ¡TOM!
Me erguí de repente. Mi respiración era totalmente agitada y tenía todo el cuello recubierto de sudor frío. Sudor que descendía por mi piel y me hacía poner los pelos de punta.
Mi cabaña… Mis sábanas… Mi… Jodido mundo real.
-¡Ha sido un sueñ… Pesadilla!
¡He soñado que me liaba con él! No me lo puedo creer. Mi pulso era incontable y tenía unas ganas de llorar que no podía con ellas. Un suspiro después de una gran exhalación de airé resonó por toda mi cabaña. Estaba temblando. Realmente estaba temblando.
Me… Me costaba pensar con claridad.
Me vinieron a la mente los supuestos suaves y expertos labios de Tom según mi sueño. La manera en la que sus manos me tocaban y me protegían del frio, sus caricias en mi piel, su tacto áspero y suave al mismo tiempo.
Volví a respirar hondo y volví a dejarme caer en mi cama, muerto, un poco más descansado pero, hecho mierda al fin y al cavo.
En un esfuerzo, relativamente grande a mi estado, levanté mi reloj de muñeca y miré la hora, casi sin fijarme, casi sin saber porque me interesaba saber en qué hora vivía.
-La una y medía. Uhhmmm… - después de desayunar había decidido volver a dormir un poco. “Quizás después me encuentre mejor” Pensé, bastante iluso. Y tan iluso. Dios, creo que no ha funcionado para nada.
Me rasqué la cabeza y me dirigí al baño para hacerme algún que otro arreglito antes de ir a comer. Vale, que esta mañana ya me lo había currado bastante pero quién sabe si la cabezadita que acababa de pegarme me ha destrozado el pelo o no.
Abrí la puerta y casi por inercia fui a coger una bandeja. Pero estaba en mi mundo y no me fijaba en lo que hacía. Lo único que tenía en lamente era la boca y la lengua de Tom, sus manos, su torso, sus ojos… En definitiva, mi sueño.
Avanzaba por la barra metálica y vi que la comida de hoy era perfecta, había unos macarrones a la boloñesa que daban gusto de ver. Humm, comería como un rey.
Alcé la bandeja al final de la barra metálica y me dirigí hacia mi sitio. Pero había algo… Algo que se me escapaba.
Cuando me aproximé a mi mesa vi a Ashley y a Georg.
Un flashback del día anterior me vino a la cabeza en un instante y mi rostro se oscureció. Tengo que hablar con Ash, no podemos dejar así a Georg y… Dawn… Oh dios, he de hablar con Dawn.
No sé cómo, de verdad que no sé cómo lo voy a compaginar todo.
Tom
Justo acababa de poner todas las mesas en su sitio que empezaban a entrar alumnos por la puerta de entrada al comedor. Reconocí a un par de mis alumnos “mayores”. Unas chicas de unos catorce años rubias y altas, unos chicos que imitaban el estilo rapero de unos trece años… No sé, eran muy majos y enrollados todos. Estaba bien.
Una vez ya estuve en mi sitio no puede evitar girar mi cabeza en dirección de la mesa de Bill.
-Tonto… -me dije a mí mismo. ¡Joder! ¡Deja de buscarle! ¡Ya aparecerá!
Bill no estaba en su sitio, no estaba en la mesa. De hecho solo estaba la pelirroja ¿Ashley? Y el castaño creo que era Georg. Ambos hablaban poco, se miraban intercambiaban un par de palabras y bajaban la mirada a su plato, como cohibidos, como si hubiera pasado algo entre ellos. Bah, tonterías. Si no está Bill no me importa.
NO.
Y si esta Bill TAMPOCO ME IMPORTA. ¿Entendido?
-… Me cago en la puta. –maldecía en voz alta mi comportamiento. No me reconocía. Yo no habría hecho esto en mi vida. Yo no voy buscando a la gente. Yo no voy detrás de las chicas. ¡Y mucho menos de los chicos!
De nuevo el sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos. La figura esbelta de Bill se asomó por la puerta, y mi rostro se iluminó al instante.
Joder.
Iba bostezado a cada paso. Iba caminando casi como un zombie y cuando cogió la bandeja y la pasó por la barra metálica donde le iban poniendo los alimentos tampoco me miró. ¡No me miró! ¿Por qué no me ha mirado?
No te rayes, Tom. No te rayes joder.
Observaba atento como avanzaba lentamente con la bandeja en mano, caminando a su sito, y hubo un segundo en que su rostro cambió. Ahora se había tornado triste y melancólico. Algo debería haberle pasado por la mente. ¿Algo cómo lo de ayer? ¡Sí! ¡Eso que no me quiso contar! ¡Eso que hizo hacerle faltar tanto!
¿Pero qué coño es?
El tacto de algo inesperado bajo mi codo me sacó de mis pensamientos de nuevo.
Miré hacia ese lugar y vi una libreta roja, casi sin estrenar.
-¡Hostias! – exclamé alterado. ¡La puta obra de teatro! ¡He de escribirla para esta tarde! ¡¡Oh dios!!
Eran las cuatro de la tarde y ya había escrito la mitad de la historia. Hasta las seis tenía libre y justo a esa hora me tocaban los criajos otra vez. Pero tenía que tener ya el guión preparado para hacerles una pequeña introducción de lo que tendrán que hacer y aunque me quedaran aún dos horas… Un guión, por muy adaptado que esté no es que fuese fácil escribirlo.
Estaba concentradísimo, mordiendo el bolígrafo y mirando a la infinidad blanca del folio de papel que recién había sacado nuevo. A un lado un fajo de unos cinco papeles escritos a letra grande y desordenada aguardaban las palabras ya preparadas para ser interpretadas.
Desde luego había cambiado prácticamente todo el argumento.
-Toc toc, ¿se puede? – la voz de alguien hizo girarme a ver de quién se trataba.
-¡Bill! – de nuevo, la figura delgada del moreno apareció de la nada dejándome perplejo. Yo estaba sentado en el pié de un árbol, apoyado en este y al mirarle desde abajo se le veía… Dios… Con las hojas de fondo, verdes y vivas, con el movimiento de su pelo por el poco aire que corría, con la luz medio tapada por esas mismas hojas. Parecía un espejismo. De hecho, durante unos segundos dudé si de verdad era real o no… - ¡cla-claro! Si…sisiéntate aquí. - señalé el suelo justo a mi lado involuntariamente.
Me sonrió.
-¿Qué haces? – mi vista se posó de nuevo en el folio y se me pasó la inesperada alegría de golpe.
-Escribir el puto guión. ¡Que al final, por tu culpa, he cogido Romeo y Julieta!
-¡Oohhh! ¡¿Enserio.?! – los ojos se le iluminaron y me alumbraron como si de estrellas se tratasen. Bueno, más que estrellas… Como agujeros negros. Porque, de nuevo, me había embelesado y creía que no podía escapar, me tragaban... Me embaucaban.
Tom, reacciona joder. ¡Ten un poco de amor propio!
-Sí. - me calmé y intenté serenarme. Bill es un gran colega, y vais a pasar una tarde normal, como las anteriores ¿Vale Tom? – el caso es que ayer no puede dormir, y bueno… No pensé en ninguna historia. Y esta mañana cuando me he dado cuenta, no sabía cual decir y sin quererlo he dicho Romeo y Julieta.
Bill me miraba sorprendido. Me sentí intimidado.
-Yo tampoco.
-¿Cómo?
-Es decir… - salió de su empanada mental y negó con la cabeza rápidamente – que yo tampoco he podido dormir.
¿Ah no?
-¿Ah no? – no me contuve de preguntarle. Por un segundo me lo imaginé dando vueltas en el colchón, pensando en todo lo que había pasado. Ese abrazo tan raro que nos dimos, ese momento que compartimos, ese momento claramente activo en mi memoria. ¿Qué casualidad que esa escena sea la que mejor recuerde de toda la jornada, verdad? El resto del día de ayer, apenas eran imágenes difusas y difuminadas - ¿Y cómo que no has podido dormir?
-Pues… -se puso nervioso de golpe y empezó a tocarse la manos.
-Ya se, has pensado en mí toda la noche – dije chulesco. Rompiendo un poco el frío del momento, el estrés y la tensión que sin querer se había formado. Aunque detrás de mi faceta, había los verdaderos sentimientos que no me dejaban dormir a mí: “Dime que si has pensado en mí” – Tss, no puedes ni dormir por mi culpa, ehh.
Abrió los ojos tanto que pensé que le saldrían de las orbitas.
-¡¿Qué?! Nonononono… - dijo mirando al suelo.
¿No?
¿Por qué soy al único que le afecta esta historia? ¡Porque coño soy el único de los dos que si piensa constantemente en el contrario? ¡Porque no puedo estar tan tranquilo como él? ¿Por qué parezco una niña enamorada?
¿Enamorado? ¡Esa palabra no existe en mi vocabulario!
-Ya… Claro. - dije aún guardando la compostura. No pude evitar hacerle un guiño.
-Bueno a ver, ¿y qué tal llevas el guión?
¡Coño! ¡El guión! ¡Casi me olvido!
-Pueees, a ver, la verdad es que he cambiado prácticamente toda la historia. Ten en cuenta que tienen entre seis y siete años, no puedo traumarles con el final de la historia.
Bill se rió por el comentario. Y sin quererlo yo también sonreí. Era contagioso, jodida y placenteramente contagioso.
-Me parece bien.
-Bueno, entonces lo que he pensado es que haré la historia pues a lo típico, un chico y una chica que se ven en un baile y que se e… ena-ena-enamoran – me costó muchísimo decir la palabra con Bill delante de mí. - a primera vista y bueno… Se besan y esas cosas y descubren que sus familias son enemigas. Pero bueno, aunque Julieta estuviera comprometida con Paris hace ver a los padres que está e…enamorada de otro y bueno… Los padres los entienden y acaban bien.
La boca de Bill llegó al suelo.
-¡Pero si no tiene nada que ver! – exclamó indignado.
-¡Ya lo sé! ¡Pero no puedo ponerles que se matan en el final y tooooda la historia que hay detrás de la principal! Que si Benvolio, que si Mercurio… Dónde vas. Eso es mucho lio. A más he decidido que como el año pasado, muchos no querían hacer la obra, pues que daré a escoger quien quiera hacerla. Y claro, sobrarían muchos personajes.
Bill me miró serio. Parecía un bulldog. Daban ganas de tocarle las mejillas con los dedos a ver si cambiaba de expresión.
-Vaa… Apóyame. Encima que pongo tu historia. -le puse unos leves pucheros que le hicieron sonreír al instante. – Ayúdame.
Me miró con el rostro bajo y finalmente suspiró asintiendo.
-Está bien. ¿Por dónde te has quedado? –dijo cogiendo mis hojas ya escritas. Fue mirando un poco por encima y justo cuando fui a contestarle a su pregunta saltó: - ¿Un beso? ¿Cómo que un beso? – dijo extrañado. -¿Pero no era que tenían 6 años, Tom?
Que agudo. Él también lo ve raro.
-Sí, bueno, el caso es que esta mañana mientras preguntaba, todas las chicas querían que hubiera beso. Y claro, como hay mas chicas que chicos en la clase ha habido una pequeña votación y el pueblo ha dado su palabra. La mayoría ha decidido beso.
-Madre mía, a saber que ven en la tele.
Mi expresión era indescriptible. ¡Ha dicho lo mismo que yo he pensado esta mañana! ¿Por qué cada vez me sorprendes más Bill?
-Pues me he quedado en que Julieta le dice a su padre que no quiere a Paris.
-Ahá -mientras asintió con la cabeza. De pronto me miró medio alterado -¡Espera! ¿Ya sabes quiénes serán los personajes importantes? – preguntó expectante.
-Ah pues, la verdad es que no.
Abrió la boca indignado.
-Joder Tom. - negó con la cabeza divertido – Te olvidas de lo importante – el tono de burla de sus palabras me hacia reír.
-Puees, supongo que Julieta será Anna porque vamos, nadie es más mona que ella.
El rostro de Bill fue flipante. Vi como lentamente bajaba la cabeza, me miraba fijamente y levantaba la deja derecha notoriamente. Se me quedó mirando unos segundos que no supe que decir.
-Anna no.
-¿Cómo que no? –exclamé inmediatamente.
-Pues porque no y punto.
-Dame un motivo.
-Es gilipollas. Me odia.