Tom
Llevaba un día inquieto. No había visto a Bill ni por la mañana ni por la tarde y eso me preocupaba. ¿Le había pasado algo? Aunque la chica pelirroja me había asegurado tanto por el medio día, como por la noche que estaba bien… Algo me escamaba. Eran ya las diez pasadas y no tenía noticia.
Jamás en la vida me había preocupado tanto por alguien. Creo que ni por Andreas ni Mario, pero ahora parecía que realmente me importaba. Sentía que seríamos grandes amigos. Tengo que empezar a cambiar el chip de ir buscando a cada año algún ligue con el que follar siempre y el hecho de tener alguien con quien charlar… Era idóneo. Pero parece que mi conversador anda desaparecido.
Sin quererlo casi, mis pasos se dirigían hacia la cabaña de Bill.
Poco a poco estaba más cerca y mi segundo cigarrillo se había acabado. La putada de esto es que como son las cabañas nuevas no sabía muy bien aún como llegar y aunque no me perdiese, lo mismo estaba yendo por el camino más largo sin enterarme siquiera.
Por a poco los números de las cabañas me fueron indicando el camino hasta que hallé la más alejada. La de él.
Y lo encontré a él. Estaba una vez más de espaldas a mí, fumando y mirando hacia arriba. La oscuridad me permitía ver lo justo pero al menos su figura, y la luz de su cigarro me eran visibles.
Vi como Bill miraba a la penumbra, casi rozando el horizonte que separaba la tierra de mí noche. Yo sin duda, habría estado contemplando las estrellas.
De pronto, justo cuando le iba a hablar vi que acababa el cigarrillo y que lo tiraba. Después busco algo en su bolsillo.
El sonidito de las teclas de su móvil fue lo único que escuché, hasta que la persona de al otro lado de la línea contesto y él tuvo que responder.
-Ashley… No ya, ya lo sé. ¿Es que sabes que me ha pasado? Que me he dormido, estaba muy cansado… Ya sabes. -¿Ya sabes? ¿Qué había pasado? - Y cuando me he despertado ya había pasado la hora de cenar. - silencio. - Ajá… Y bueno, te llamaba porque… Nono, estoy bien, tranquila. Enserio, me he rayado un poco y eso pero… - ¿Rayado? -Ya estoy bien. Pero que te llamaba por si ¿Tom te ha vuelto a preguntar por mí?
¿Qué? ¡¿Tom ha dicho?! El pulso se me acelero. ¿Cómo? ¿Ahora era él el que preguntaba por mí? ¿La pelirroja se lo había contado…? Joder, habré quedado como un puto gilipollas enamorado.
-Sí, sí que he preguntado por ti. –no sé cómo tuve el valor de decirle algo así, algo tan insinuante. Algo que mostraba que realmente mostraba la importancia hacia su persona. Hay muchas maneras de saludar, de hacerte notar, y sin embargo había escogido la peor de todas. No solo que afirmaba lo que la pelirroja decía de mí, sino que lo secundaba.
Bill giró su cabeza hacia mí, sorprendido. Y en cuanto intercambiamos las miradas volví a sentir ese pellizco que había dejado de influenciar en mí. De nuevo me había vuelto a poner nervioso con su presencia.
-Esto… Ash… Después te llamo. - y sin darle tiempo a contestar a la pobre, colgó el móvil. Mientras lo guardaba en su bolsillo noté que no salía de su asombro. Que no había forma alguna que nuestros ojos dejaran de soltar chispas a nuestro contacto. - ¿Qué-que haces aquí?
¿Qué hago aquí? Eso me llevo preguntando todo el camino. ¿Qué coño me pasaba por la cabeza como para quitarme horas de sueño y desperdiciarlas en un puto chaval con complejo de Jack Skeleton? ¿Qué sustancia misteriosa aguardaba Bill en su interior para haberme hechizado de esta jodida manera? ¡Sí joder! ¡Me ha hechizado coño! ¡Qué lo ví el miércoles por primera vez, joder! Sólo estamos a domingo y ya lo voy a buscar a su cabaña porque no lo he visto en todo el día. Como si me doliera saber que no he sabido nada de él.
-Pues… Me he preocupado. Cómo no has venido en todo el día… - menuda escusa barata. En realidad, no era tan escusa, realmente me preocupaba, pero… No era el único factor en estos momentos los que hacían que fuera a rondarle.
Lo peor es que parecía como en una de esas típicas películas románticas en las que el chico hace escapadas furtivas en la noche para ver a la chica que le había prendado nada más verla.
Esto parecía, como esa primera escapada que siempre se recuerda. Esa que queda en la memoria y se cita más tarde, cuando el novio y la novia se han peleado, y uno de los dos, menciona mientras se ahoga en lágrimas. Intentado que el recuerdo de los buenos momentos, donde todo era inocente y casi espontáneo, trajera de nuevo la felicidad a la pareja rota.
-Ah… Pues, estoy bien, en serio. – su voz sonaba más suave de lo habitual y eso no era muy alentador.
-Sí pues eso no es lo que le has dicho a la chica pelirroja ahora mismo… - ataqué mientras me sentaba a su lado. Sintiendo la tierra y las hojas del suelo en mi mano.
-Ya bueno, es que… No sé, es difícil de explicar. Aún no me aclaro ni yo. Dejemos el tema, enserio.
-Oh vamos, a lo mejor te ayudo. – sentía deseos de saber que pasaba por esa cabeza suya. Lo mismo ni siquiera era tan grave como lo pintaba con su voz. Lo mismo era una gilipollez.
-Que no enserio, cuando me aclare… Ya te lo explicaré. – noté que estaba mintiendo claramente, pero aunque quería saber qué demonios le había hecho faltar todo el día decidí que era mejor dejar el tema. Igualmente ya se lo sonsacaría algún día de estos.
Un silencio se apoderó de la situación. Mierda, odio los silencios incómodos.
-Tom…
-¿Uhm?
-¿Por qué estás trabajando aquí? En el campamento… ¿Qué quieres ser de mayor?
Me quedé petrificado. ¿Esto es como cuando preguntas por los gustos de música y esas cosas? Pues vaya.
-Pues, trabajo aquí porque me obliga mi padre emocionalmente. El pobre está enamorado de este campamento y bueno… He venido todos los años como alumno y a partir de los quince como profesor. Este año no tenía pensado venir pero en el último momento pasaron cosas y bueno… Aquí estoy – y creo que no me arrepiento.
-Vaya… ¿Y cómo que le gusta tanto a tu padre?
-Puess, no lo sé… Sólo sé que hace treinta años que pisó estas tierras y no se ha podido separar.- veía como Bill asentía, mientras se rodeaba las piernas con los brazos, pegadas a su cuerpo. – Y bueno… ¿Qué quiero ser de mayor? Buena pregunta, nn el fondo, y como el resto del mundo diría yo, me gustaría ser músico. Me encanta tocar la guitarra.
-Vaya… Uno de mis sueños también es ese. Pero yo no sé tocar la guitarra. Bueno, de hecho solo se cantar… Mal, pero cantar. -dijo avergonzándose.
-¿Mal? ¿Por qué dices eso? A ver, cántame algo.
-¿¡Qué!? Nonononoo.
-¡Vaaa! Venga baby.
Se cayó.
-Pues tócame tú la guitarra.
-¡Eh! ¡No es justo, mi guitarra no la tengo a mano!
-Aaaaa… Se siente. –dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Puñetero Bill… Me hacía gracia. Realmente se comportaba como un niño pequeño. ¿Su mente aún no se había desarrollado suficiente o qué? Igualmente, era jodidamente encantador.
-Que sepas que me debes una sesión de canto. Y si me gusta como cantas, será una sesión de canto intensiva – intenté sonar amenazante suave. Y lo notó. Se rió divertido y asintió con la cabeza mientras se relamía el labio.
-Lo mismo te digo a ti, eh - me señaló con el dedo índice y lo aproximó hasta tocarme el pecho y hacer fuerza, me tambaleé un poco, teatrero. – Nah… Igualmente lo que yo quiero llegar a ser es actor. Me gustaría salir en la gran pantalla y que la gente dijese mi nombre mientras camino por la alfombra roja... –madre mía. No sabía que tenía esto de ser una diva tan subido a la cabeza. Aunque bueno, ¿qué esperaba?
-Te pega… -dije giñándole un ojo –sobre todo de actor porno. De ese sadomasoquista gay que le mola que le peten por atrás… Dios, yo tengo dos amigos que pagarían el doble si es suficiente por ir a verte.- dios, ¡y hasta yo! Hasta yo. Bill me pellizcó en el brazo, medio enfadado y medio pasota, como si no le importara. - Ahora enserio, yo haría cola de un día antes para verte en la gran pantalla. - que pelota llego a ser. Valió la pena por ver sonreír a Bill.
-Gracias… -dijo desde una mirada baja.
Eso de no tener de qué hablar me sacaba de mis casillas, porque cuando se decía algo enseguida se acababa y estabas más tiempo en pensar lo siguiente que en dialogarlo. Joder, pensé que sería más fácil hablar con él. De pronto se me ocurrió un tema que sacar.
-Oye, pues ahora que lo pienso… Como tú quieres ser actor ¿Te importaría ayudarme a escoger qué obra hacer con los niños? He de decirla mañana y aún no se cual decirles. - vale, lo sé. Es un tema gilipollas pero ¡En serio! ¡Me bloqueo con Bill delante!
-¿Una obra…? – parecía haberse alegrado de pronto, poniendo una dulce y risueña sonrisa que casi me vuelve ¿loco? – Pues, no sé, ve a lo fácil si son niños pequeños. Busca cualquier cuento de estos de Disney o… Quizás, el típico de toda la vida, Romeo y Julieta. Aunque claro, yo la primera vez que representé esa obra ya tenía once años. Y tus niños sólo tienen seis… Pero lo mismo la puedes adaptar aún más. La verdad es que adoro esa historia.
¿Romeo y Julieta? ¿Este hombre se piensa que soy un profesional o algo?
-¿Algo más fácil?
-Pues y yo que se… ¿Los tres cerditos? – me reí de puro gusto.
-Bueno… Ya veré.
De nuevo el silencio se apoderó de nosotros, pero esta vez ya no me importó. Su mirada y la mía estaban fijas en la otra. Sin movernos, viendo como la dirección de sus pupilas cambiaba a una velocidad increíble al intentar mirar los dos ojos al mismo tiempo.
Pero me sonreía y yo le sonreía a él. Me sentía jodidamente raro. Raro de verdad. Vi como sus brazos se posaban encima de sus piernas recogidas y como apoyaba la barbilla sin apartar la vista de mí.
¿Por qué no decíamos nada ninguno de los dos? ¿Por qué seguíamos manteniendo este jodido contacto visual que tanto me gustaba y me molestaba al mismo tiempo? Ahora… Ahora que me había acostumbrado a mirarle… Creo que la había cagado. Algo me decía que si le miraba, no cesaría hasta que él apartara la mirada, hasta que sea él el que interrumpa la comunicación no verbal que manteníamos.
-Yo, em… Creo que me tengo que ir. - y su mirada se desvió hacia otro lado. ¿Enserio he sido yo quien ha roto el momento? ¿Enserio he sido capaz?
¡Pues claro que sí Tom! ¡Ni que te intimidara un escuchimizado como este! ¡Tom! ¡Eres un hombre! ¡Un hombre al que se la soplan los otros hombres! ¡Así que, Bill, fuera! ¡Bill caca! Se levantó de golpe y no pude evitar seguirle con la vista. ¡Tonto! ¡Bill te da igual! ¡No importa! ¡Ca-ca!
-Esto… Yo igual. A más empieza a hacer un bastante frío.- me saludó con la mano y no sé por qué le tendí la mía.
Él, sin saber que hacer muy bien me la estrecho. Y como un acto involuntario, lo acerqué a mí y le di un abrazo amistoso. Como esos que les doy a Andy o a Mario.
Pero cuando me di cuenta, me quedé petrificado. ¿¡Enserio estaba abrazando a Bill?! Tenía el cuerpo delgado y Bill entre mis brazos. Otra vez. Como ayer. O dios, como disfruté poniéndolo nervioso y susurrándole cosas al oído… Noté incluso como se le erizaba la piel del cuello en cuento le hablé. Y ahora lo estaba rodeando entero con mis brazos. Y él me rodeaba a mí… Él me correspondía.
Olí su pelo y sonreí. Me recordaba al perfume ese de chica que usan todas antes de una cita pero con él era diferente. No era ese olor tan ácido que desprendían y te destapaban las fosas nasales de un golpe. Era más bien suave y dulce.
De pronto noté como empezaba a tiritar.
Lo siguiente fue totalmente fuera mi consentimiento. Supongo que yo andaba bajo el influjo de un marionetista que me controlaba desde algún punto que nunca sabré, porque… Me separé silenciosamente y me bajé la cremallera de mi chaqueta. Cogí los brazos de Bill y me entrelazó las manos en mi baja espalda de nuevo, pero esta vez por debajo de la chaqueta. Dándole calor corporal mío. Lo abracé mucho más rodeándolo con mis brazos y mi chaqueta y lo acabé de tapar con ella.
-¿Mejor…? - ¿¡MEJOR!? ¡¿CÓMO QUE MEJOR?! ¿¡TOM, TU ERES GILIPOLLAS O QUE?! ¡¡SOLO A MÍ SE ME OCURRE HACER ESTO!!
-Sí… - noté como acomodaba su barbilla entre mi cuello y mi hombro. Noté su nariz cerca de mi oreja. Qué fría estaba.
Lunes - 6 /07 /09
Bill
-Bill…
-¿Hum…?
-Bill…
-¿Qué…?
-¡Bill! ¡Despierta!
Abrí los ojos de repente, asustado, turbado, sobresaltado.
-¡Bill! ¡No me puedo creer que te hayas quedado dormido en medio del desayuno! ¡Un poco más y se te cae la cabeza a los cereales! –la voz de Georg retumbó en mi cabeza como el sonido de una campana repiqueteando contra el duro acero.
Sentí vértigo por un momento y casi noté que me caía al suelo sin siquiera haberme movido. Tuve que mirar a un punto fijo durante un par de segundos hasta que todo dejó de moverse y mi vista quedó centrada y sin mareos.
-Oh… Mierda. -me dolía la cabeza horrores. No sé qué coño me pasaba pero lo único que quería era dormir. Notaba un latido que me golpeaba en la sien. ¿Porqué estaba tan cansado? ¿Qué había ocurrido?
Intenté visualizar en mi memoria un par de horas anteriores en las que seguramente me estaría levantado y duchándome para poder ir a desayudar… Nada. Yo quería dormir y nada más. Un flashback me inundó por completo en cuanto la puerta del comedor se abrió.
Tom.
Hacía frio. Ayer por la noche hacía frio. Y Tom… Tom me abrazó. Y yo… Yo le abracé con todas mis fuerzas. ¿Por qué? Buena pregunta.
La figura del chico con rastas avanzaba sin siquiera coger nada para comer. Se sentó en su sitio y se rascó los ojos. Tenía unas ojeras bastante notorias.
Bostezaba cada dos por tres, por lo que a consecuencia, bostecé yo. Joder, es cierto de que los bostezos se pegan.
De pronto caí en un detalle importante.
¿Él…? ¿Él… tampoco había podido dormir?
Hostia, Ahora ya sé porque coño tengo tanto sueño.
¡No he pegado ojo!
Esta noche… Dios, esta noche. Yo tenía el olor de Tom por todas partes, por cada rincón, por cualquier lugar. Tenía su esencia en cada poro de mi piel y si cerraba los ojos lo único que notaba era que las sabanas que me cubrían del frio, eran en realidad, sus brazos y su chaqueta.
A veces me jodía abrir los ojos y descubrir que en realidad, mi almohada no era su hombro y que mi colchón no era su cuerpo.
¡Me suicidaré!
¿¡Y porque Tom no se ha dignado a girar la cabeza hasta mí sitio y saludarme?! ¡Al menos con un movimiento de cabeza o algo!
-Joder… - mi labio fue mordido por mis dientes. Solo pensar que algo raro pasaba conmigo y con mis sentimientos, me escamaba la piel. No puedo. No puedo.
-¿Qué te pasa? –preguntó Georg.
Georg.
Oh dios, ¡Georg! Me cago en la puta.
-Joder… - repetí. Mis manos me taparon la cara, como queriendo no ser descubierto por el fantasma de la conciencia, para no encontrarme con pepito grillo de cara y que me saliera sola mi confesión. Esa confesión que me era imposible desvelar. Pero si no se lo decía, él… ¡Pero no podía decírselo! ¡Me mataría!
-¿Joder? A ver, ¿Qué coño te pasa? ¡Admite que te pasa algo! A mí no me lo puedes ocultar. - que listo era el jodido. Aunque he de admitir que yo siempre he sido como un puñetero libro abierto, en el que con la portada y el título ya sabes la introducción, el nudo y el desenlace.
-Yo… esto… No he podido dormir porque em… Bueeeno… - Bill, piensa algo rápido. ¡Lo que sea!
-Joder tío, yo tampoco he podido dormir.
-¡Pues porque…! –me callé -…
Espera. Para el carro. ¿Qué él tampoco? Un segundo, ¿no se supone que debería preguntarme porque no he dormido? ¡¿Pero qué clase de amigo es este que pasa de los problemas de los demás?! Bueno Bill, aprovecha la oportunidad.
-¿Y cómo es que no as dormido? - ¿Ves Georg? ¡Eso deberías haber hecho tú! ¡Preguntarme! ¡Ahora me indigno! Vale, Bill, cálmate.
-Joder, ya sé que debería habértelo explicado hace un montón porque pasó el sábado, pero… es que Ash… No se te salía de encima ni un minuto y ayer desapareciste todo el día y no sabía cómo hacer para que pudiéramos hablar.
-Georg, al grano.
-Sísí… El caso es que… Joder Bill. No sabes lo que me ha costado. Yo… ¡Fuaa!¡Que me he declarado a Ash por fin!
Toma hostia.
-Esto… ¿Ah sí? – mi faceta de futuro actor saltó a la luz.
-Sí… -su voz cansada y derrotada mostró perfectamente que, el experimento de declaración no había salido a su gusto. Y yo, aunque ya supiera la historia, me puse nervioso. Georg, ¡tantos años intentado que un simple “te quiero” saliera de sus labios y por fin lo había hecho!
-¿Y cómo pasó?
-Bueno, los detalles de donde y cómo, no importan, solo sé que estaba súper nervioso… ¡Estaba a solas con ella y dios! Creo que jamás en la vida había tartamudeado tanto. ¡Creí que me iba a morir, tío! De pronto empezamos a decir quiénes habían sido nuestros amores y ella, bueno, Empezó a hablar de ti… Y joder, me entraron los celos. Después me preguntó quien había en mi lista de amores y fua, ¡en ese momento creí que me iba a dar una taquicardia! No se lo quise contar. Me obligó haciéndome cosquillas pero bueno, con su mirada me bastaba para rendirme.
>>Y cuando respiré bien hondo yo solo sé que le había dicho te quiero y que… Joder, ¡La estaba besando!
Contuve el aire. Vale, ya sabía que iba a pasar pero desde punto de vista de Georg era diferente. Y me hacía sentir más nervioso y culpable al mismo tiempo.
-Por un momento pensé que me correspondía y la abracé. Te juro que pude sentir el cielo en mis manos. Pero pronto vi que simplemente se había quedado flipando. Qué gilipollas soy… ¿Cómo una chica como Ash se iba a fijar en mí? Ya lo sé Bill, soy un puto iluso.
-Ehh ehh… Para quieto. Nadie ha dicho que no le puedas gustar a ella. O que no le hayas gustado. Incluso que no le puedas gustar en un futuro. Desde luego si te dejas vencer si que no pasará nunca. - no sé de dónde saqué las fuerzas y las agallas para decirle eso teniendo tal “secreto” a mis espaldas pero ¡no podía verle destrozado! ¡No más de lo que ya estaba!
-De hecho, me confesó que si le gusté durante un tiempo. Y eso me jodió mucho.
¡Es verdad! A Ash le había gustado Georg, me lo dijo ayer.
-¿Y por qué te fastidió? –premio a la pregunta tonta de la mañana.
-¡Pues porque no me lo dijo en su momento! ¡Ahora ya no me sirven palabras de pasado!
-Vale, tiene lógica… - ¡Bill, despierta ya!
-Y joder, me rayé mucho y no quise hablar con ella. La evitaba y ella simplemente me llamaba desde la lejanía pidiéndome un segundo para hablar. Pero yo, estaba destrozado coño. Por fin, cuando nos quedamos solos, ayer a la hora de comer, me pidió perdón. Y lo hablamos. - ¿A la hora de comer? ¿Pero esta mujer en qué mundo vive? Que acabábamos de foll… Dios, ¿no tiene corazón esta tía o qué? - Aunque al principio estaba rara, y distante, como si sintiera mal. -ohh, cuidado, ¿Cuánto aguantó? ¿Media hora en hablar con él tan campante? - Pero bueno, lo hablamos un poco. Aunque no quedó del todo resuelto la verdad.
El silencio se cernió durante unos segundos. Mi cabeza procesaba la información recibida. Quizás yo pudiera hacer lo mismo, como si no hubiese pasado nada. Pasar del tema ¿no? No tenía porqué enterarse.
-Por cierto. No vinisteis ninguno de los dos a desayunar, y a la hora de comer no se te vio el pelo. ¿Qué te pasaba? ¡Ah! ¡Por cierto! Apareció uno de los profesores y preguntó por ti, ese que tiene rastas… Aunque bueno, ya vi que Ash te llamó inmediatamente.
¡Pum pum! ¡Pum pum! De nuevo la noticia de Tom. Otra vez se me llena la cabeza de las puñeteras dudas, y de todo lo que haga que la cordura desaparezca. De nuevo la conciencia, ese pequeño Pepito Grillo. ¡De nuevo Tom! ¡De nuevo TOM!
No sabía decir cuento tiempo estuvimos así solo puedo decir que para mí…
No fue el suficiente.
-Tío te has puesto blanco. - lo miré atónito. Mierda. – Oye ¿de qué lo conoces? Más de una vez te he visto con él ¿Sois colegas o algo? – Georg hablaba como si nada. Como si el hecho de hablar de él no fuese nada importante, nada en lo que poder perder la respiración, nada en lo que notar que el pulso se te escapa de los límites. ¿Porqué yo no podía hacer eso?
-Yo… Sí bueno… Nos conocimos el primer día. - estaba tartamudeando. Y si no, estaba a punto de hacerlo. Miré en dirección del chico citado y vi que removía un plato de cereales sin probar bocado. ¿En qué momento se había levantado a cogerlos?
Los removía y los miraba embobados, con la vista perdida entre tanta leche. Y de pronto…
¡Pum!
Sus ojos y los míos volvieron a coincidir una vez más. Y esta vez no era producto de mi imaginación, esta vez no estaba dando vueltas en mi cama imaginándome sus ojos perfectamente delineados en la oscuridad de mi cabaña. Sí, ya ha dicho que no he podido dormir.
Se nos paró la respiración a ambos en cuanto nuestras miradas se dieron cuenta que se miraban entre sí. A él se lo noté porque cogió aire de pronto y no vi señal alguna de que lo soltase. Y durante unos segundos me quedé observando el momento del suspiro. Del “está respirando, aún no se ha muerto”, como cuando ves a alguien fumar y esperas impaciente el momento en que suelta el humo por la boca después de inhalarlo del cigarro y parece que nunca va a ocurrir.
Respiró cuando le saludé con una sonrisa. Observé cómo me sonrió el también soltando todo el aire. Después ambos cambiamos la dirección de nuestros ojos. Parecía que la pared era más interesante. Me mordí los labios sin quererlo.
-¡Bill! ¡Te has vuelto a empanar! – Georg de nuevo. Pero esta vez giró la cabeza en dirección a dónde yo miraba antes. Y lo vio. Se dio cuenta que nos habíamos quedado mirando. -¿Pero qué…? ¿Qué estabas haciendo hace medio segundo Bill? ¡Te has quedado estático mientras lo mirabas! Cuéntamelo, ahora. ¿Qué pasa con el tío de las rastas?
-Tom… - le rectifiqué.
-Bueno, Tom, como sea. ¿Qué tienes con él?
-¡Eh! Parece que lo digas como si tuviésemos algo entre los dos de verdad.
-Quién sabe.
Me callé y respiré hondo.
Oh dios ¿se lo digo? Se lo merece ¿no? De hecho, él es más mejor amigo mío que Ash. Hemos estado juntos desde siempre y cada vez que me pasaba algo se lo contaba. Siempre me ha dado consejos, pero ¡Y si esta vez no lo acepta? ¿Y si lo ve más abominable que yo? ¿Qué pasaría si yo le confieso a Georg que siento algo raro hacia… un chico? ¿Qué me diría? ¿Se enfadaría conmigo? Lo vería repulsivo. ¡Un chico con un chico! ¿Imposible, no? Y sobre todo… Yo, con un chico. Yo, que he defendido mi heterosexualidad por encima de todo. Vale, pongamos que lo acepta, ¿cabe la posibilidad que deje de querer ser tan amigo mío, no? Los típicos chicos que se piensan que al tener un amigo gay no lo pueden tener cerca porque se acabará enamorando de ellos… No, Georg, no es así.
-¿Me lo vas a contar o que? – tic tac, tic tac, tic tac, tic tac…
-Yo… - Bill, lánzate. Necesitas hablar con alguien. Y encima que le has fastidiado mucho a Georg, ¿no le vas a contar esto? –Tío, no sé qué me pasa.
-Oh oh… Eso suena chungo. Explícame amigo. – dijo dándome una palmada en el hombro, atravesando toda la mesa, teatrero. Me sentí mejor durante un segundo. Solo un segundo.
-Georg yo… No sé qué coño pasa… No sé qué me hace sentirme así.
-¿Así? ¿Así como?
-Pues que desde el miércoles que lo conozco no hago otra cosa que buscarle, que encontrar razones para hablar con él. No hago más que mirar a todas partes para saber si esta cerca. ¡Y lo único que hago es pensar en él! – me estaba poniendo de los nervios. ¡Decirlo en voz alta era más difícil que pensarlo! ¡Estaba empezando a chillar y todo!
Vi la cara de Georg. Y cerré mis ojos.
Oh mierda, se lo había tomado mal. Seguro.
Me entraron unas ganas espantosas de ponerme a llorar, de salir corriendo, de buscar una máquina del tiempo y volver a atrás en él. ¡De que nunca hubiera pasado nada de esto! ¡No soy gay! ¡No lo soy! No…
De pronto la risa de Georg me llegó a los oídos llenándome la mente de incoherencia. ¿Y ahora que le hacía gracia? ¿Le hacía gracia verme sufrir? ¡Que estoy en crisis emocional!
-No me puedo creer lo que estoy oyendo. - Georg estaba casi feliz. Como eufórico. Le faltaba subirse a la mesa y morirse a carcajadas.
-¡Eh! ¡Yo no le veo la gracia! – estaba indignadísimo.
-¿Y te estás rayando por eso? – la simplicidad de sus palabras me dejó atónito. Sin alentó.
-Pues sí. ¡Georg! ¡Es un chico! ¡No puedo perder la cabeza por un chico!–dije casi señalando a Tom, para que se viera claro.
-Ya, ¿y? ¿No sabes lo que quiere decir la palabra gay? Hay muchos gays en este mundo eh, no es nada malo hombre. Vale sí, entiendo que estés confundido. Joder, para no estarlo, pero no le des tanta importancia. Lo mismo te inclinas más para los chicos.
Sus palabras se metían por las orejas y se quedaban clavadas en mi cerebro. La información era como cuchillos. Y a cada palabra más se clavaban. “Gay, confundido, no tiene importancia, inclinar más para los chicos…”
¿Sería eso cierto?