Igualmente ahora mi cabeza andaba en otro sitio en concreto, por mucho que me lo niegue, y el resto de cosas me eran casi casi, indiferentes.
-A ver Bill, tenemos malas noticias. – mi cara de horror fue inminente. ¿Qué? ¿Qué pasaba? ¡Por dios dímelo ya! – se me ha olvidado comentarte que la mejor manera para hacerte el piercing es insensibilizándote la zona, vamos como siempre.-vale, creo que eso lo sabe un tonto- Pero resulta que como me lo enseñaron a mí era con un pequeño líquido que te adormece la zona. Pero se me ha olvidado comprarlo antes de irnos porque el de prácticas ya se me había acabado. Así que, podemos hacerlo de dos maneras, a lo primitivo… O directamente.
Mi rostro se tornó pálido en cero coma. Eso sí que era algo que no podía soportar… El dolor. O dios, ¡pensé que un poco si me dormiría! Joder joder, que siempre voy a s los sitios más pijos para hacerme los tattos y los piercings y ni me entero de que me lo hacen por la anestesia y todo eso… Jodeer.
-¡¿Di-di-dididirectamente?!- chillé de puro estrés. ¿¡Pero qué dice!? ¿¡Está loca?! -¿Qué… Qué quieres decir con eso?
-Puueess… Que sin nada con lo que dormirte, sería hacerte el agujero a palo seco, por decirlo de algún modo. Simplemente pasarte la aguja, lo más rápido posible para que el dolor dure menos y eso…-lo decía no muy segura de sí misma.
Joder, joder, jodeeer…
-¿Y cuál habías dicho que era la otra posibilidad…?
-Pues a ver… Cuando antes he dicho “a lo primitivo”, me refería a que hay más formas de dormir una parte del cuerpo. Y hay una pues que es muy típica. Tú tranquilo, que excepto por lo de insensibilizar la zona lo tengo todo controlado. He traído un montón de piercings para que escojas el que más te guste – Ashley tiene mucha pasta. - y la aguja está totalmente desinfectada, es nueva de hecho y muy cara. Tengo de todo. Enserio, tranquilo, no eres al primero que le hago un piercing.
Dudé. Oh, joder, ya lo creo que dudé. Como respuesta me tapé la cara con las manos y suspiré.
-Rápido, vamos. ¡Ya! O moriré. - mi voz sonaba medio entre cordada por los nervios y la inseguridad. ¡Yo realmente que lo quería! Joder, esto era demasiado.
-Está bien. ¿Te duermo la zona verdad?
-Ajá… -contesté sin pensármelo. Oí un par de pasos y ruidos raros. De nuevo volví a oír pasos hacia mi dirección. Después, silencio.
-¡AAAHHHH!- grité al instante. -¿¡Qué coño has hecho!? – me incorporé destapándome los ojos y la miré. Estaba sentada en un taburete justo en el lado izquierdo de la cama, donde me tenía que hacer el piercing.
-¿No me has dicho que te duerma? – contestó sin comprender.
-Si… Peepeero… ¿Qué haces? ¿Con qué lo estás haciendo al final?
-Pues me explicaron que si dejas que un hielo entero se deshaga en una zona, esa zona después está totalmente muerta. No sientes nada hasta que se desadormece del todo.
La miré sorprendida. Después mi vista se dirigió a su mano, donde sostenía un gran cubito de hielo que le mojaba los dedos y empezaba a gotear un poco.
-Voy otra vez ¿vale?
Suspiré ruidosamente.
Asentí mientras me volvía a estirar.
Volví a notar el frio contacto del agua congelada en mi pecho. Aguanté la respiración sin necesidad y empecé a mover las manos sin poder evitarlo. ¡¡MADRE MÍA QUE FRIO QUE ESTABA!!
-WUUAAAAAA – notaba un dolor punzante atacarme mi calor corporal. Una sensación extrañísima se me expandía por todo el cuerpo haciéndome que lo mueva sin control.
Después noté como poco a poco esa sensación de frio desaparecía convirtiéndose en un calor tan intenso que quemaba. ¡AGGR! ¡Me estaba quemando! Y es que no cesaba… no cesaba… La puta sensación no desaparecía.
Empecé a apretar aún más las sabanas en cuento mis manos se calmaron un poco, mientras oía la cantarina risa de Ash en mi oído.
-¡No hace puta gracia! –exclamé con esfuerzo. Apretaba la mandíbula tanto cómo podía, como si eso evitara que me doliera.
-Pues yo me lo estoy pasando en grande… -dijo contenta.
¡Cinco minutos de reloj tardó en deshacerse todo el hielo! Aunque, he de reconocer que al final de todo ni lo sentía. Lo que cuando me tocaba en el pezón lo notaba muy duro. Como si esa parte de mi cuerpo no me perteneciera. Como si en vez de tocarme a mí, estaba tocando a Ash. Qué extraña sensación. Como cuando te cortas la circulación de un dedo y este se vuelve amarillo, frío, y duro.
-Vale, ¿sientes algo? ¿Notas que te lo estoy tocando? – dijo sutilmente. Já, parecía que volviéramos a empezar a jugar.
¿A jugar? ¡Joder, necesitaba jugar! ¡Ya lo creo que sí! Estaba en un momento crucial. No sabía como seguirle la conversación, si lo cortaba ya no pasaría nada.
-Emm… No, no lo noto.- de nuevo el instinto dominador apareció en mí. Había decido jugar.
Ash lo notó. Y lo peor es que no lo pude evitar. ¡Necesitaba acción! Con Dawn era todo muy fácil. A ver, me refiero que el ser una pareja, no necesitaba más que ir a por ella y ya está. No había ese momento de cacería ni nada así. Y a veces tenía la sensación de que necesitaba más. Yo adoro a mi chica, pero igual quería “cambiar de aires”.
La cara de Ash se volvió en una sonrisa. Mal, mal, error. Ella también quiere jugar.
-Pues vaya lastima ¿no? – puta Ash. Una pequeña sensación se apoderó de mi estomago. Una sensación punzante y jodidamente placentera que me hacía unas ligeras cosquillas. ¿Sería el morbo? Sí. No podía ser otra cosa.
-Bueno… aún tengo el otro. -dije mientras me volvía a levantar, apoyándome en uno de mis codos. El otro brazo se estiraba para coger su mano y dirigirla a mi pecho, después me dirigí cintura de Ash.
Mientras, nuestras narices se juntaron. De nuevo la respiración de Ash se cortó.
Y yo estaba empezando a asumir que estar con Dawn era malo. A ver, sobre todo para mi escasa hombría, porque llevábamos juntos más de medio año y empezaba a necesitar algo más que eso. Lamentablemente empezaba a pensar que era así. Y si Ash se presta, yo no tengo ningún inconveniente. Aunque en el fondo sé que estoy haciendo algo realmente malo.
-¿De… de-d verdad qui-quiquieres? – su tartamudeo fue adorable. Estaba nerviosa, y eso me llenó a mí de seguridad.
Como llegaba a disfrutar del momento. No sabría como describir todo lo que me estaba pasando por la cabeza en esos momentos. Culpabilidad lo más. Y placer lo segundo. Es que, dios ¿he dicho ya que me encanta jugar? Vale, sí ya me callo. ¡Pero es que sobre todo si todo lleva a alguna parte! La monotonía de mi relación empezaba a crearme demasiadas comeduras de olla.
En el fondo Bill, sabes que todo esto es porque quien más sueles jugar últimamente es con… Tom.
Y no lo podía permitir. Bajo ningún concepto. ¡Yo era heterosexual, joder! ¡Y lo podía demostrar! ¡No me van los tíos! ¡Y menos los que tienen complejo de rapero y dios del mundo!
¡Y repito! ¡Lo puedo demostrar! ¡Bill, NO ERES GAY!
Y besé a Ash.
Primero no me correspondía, pero en ningún momento dejé de intentarlo. Luego la animaba acariciándole la cintura y aproximándomela a mí. Ella posó su otra mano en mi mejilla, y me la acariciaba mientras nos besábamos, mientras que con la otra me apretó el pecho sensualmente. He de decir que eso de besarla no es que fuera lo mejor que he hecho en la vida, de hecho tampoco es que me entusiasmara mucho, pero no me desagradaba tampoco. No sé, era Ash. Mi mejor amiga. No había sentimiento en medio. Esto es como hacerlo por aburrimiento.
Poco a poco se fue poniendo encima de mí a cuatro patas mientras yo me erguía completamente. Llegó un momento que ella se erguía conmigo y acabó sentándose en mis piernas. Bueno, mejor dicho, en lo que hay entre mis piernas.
Nos besábamos suciamente, con descaro, sin una pizca de romanticismo. Bueno, por lo menos por mi parte. Y eso quería decir que si ella no me seguía se acababa la juerga, asique no se si tenía ganas de mimitos o cosas de estas, poco me importaba.
Le subí la camiseta poco a poco alzando mis manos por sus costados y acariciándole.
Hubo un momento que noté como se le erizaba la piel y se le ponía de gallina.
-Bill… Tengo miedo. - me susurró al oído mientras yo le devoraba el suyo.
-Shh… Tranquila, yo no te haré nada malo. Ya lo sabes. - mi voz se aterciopeló sola. Necesitaba darle buenas vibraciones. Necesitaba que ella también se entregara un poco. Acción, acción, necesito acción. Algo que me libere de mi mente. ¡Ya! Hetero, hetero, hetero.
Yo también tengo miedo Ash… Pero no tiene nada que ver con esto… Va más allá de cualquier cosa… Es llegar a cuestionarse cosas… Cosas imposibles.
Su camiseta llegó al suelo mientras yo la soltaba lentamente, creando tensión, y sensualidad al mismo tiempo. Sus manos se paseaban por todo mi cuerpo e incluso el pezón dormido. Ahora ya empezaba a sentir un poco. Vaya, ahora que lo pienso, es una buena excusa.
-Ash…
-Hmm?
-Quiero volver a sentir el pezón… - dije sin más. Mientras le tocaba su precioso pelo, como si de un perro se tratase.
Me miró, tan roja que hasta se me antojaba graciosísima. Me mordí el labio para que se diera cuenta que realmente lo necesitaba, lo quería…
Me volvió a besar mientras nos volvíamos a estirar en su cama. Sentía su lengua, bastante hábil, pelearse con la mía. Cómo cambiábamos de posición la cabeza para amoldarnos perfectamente. Notaba sus pechos, aún cubiertos por el sujetador, rozar el mío y me estaba encendiendo… ¡Bien! Soy hetero, soy hetero.
Su boca abandonó la mía y fue bajando, por el cuello y mi pecho hasta que se colocó en la zona justa. Me besó, me succionó, me lamió… Me mordió.
-Uhhggmm… - ¡La madre que la trajo, que bien lo hacía coño! Me salió un gemido medio queja. ¡Y sólo era con el pezón! No me quiero imaginar cómo debe de ser en sexo oral. Me moría de solo pensarlo.
Pero había algo que me inquietaba… Algo que no recordaba…
Algo que ignoré.
Mi mano se paseó una vez por su espalda hasta toparse con su cierre de sujetador. Casi sin pensarlo, porque si lo pensaba acabaría no haciéndolo, se lo desabroché. Quité la presión que le ejercía esa prenda y la tiré al suelo.
Ash dejó su trabajo al ver que la empujaba debajo de mí.
Ahora estaba yo a cuatro patas encima de ella. Mi pelo caía en cascada y ella me lo apartó un poco de la cara. La volví a besar descaradamente. Pero entonces sentí sus manos que me apartaban un poco.
La miré sin comprender.
-Bill… Antes de nada. ¿No debo hacerme ilusiones, verdad? Contéstame con sinceridad por favor, yo te prometo que no lo dejamos a medias. Es sólo… Dímelo.
Sentí como una bofetada en la cara. Salí momentáneamente del trance en el que me había sumergido. Un trance en el que razonaba realmente lo que pasaba sin importarme en absoluto. Pero que al haber alguien en el exterior que me lo recordara, me jodía.
-Ash… Yo… Lo siento. Lo siento. No, no te hagas ilusiones. Estoy pasando por una situación muy pero que muy rara en mi vida, y a más a más creo que me estoy cansando de Dawn… ¡Joder! Lo siento Ash. Te estoy utilizando. - había vuelto en mí en un segundo. Me fui alejando de ella poco a poco. Aunque en realidad no quería, pero sí debía. Seguía habiendo algo ahí que me lo impedía. ¡No me lo podía montar con Ash! Y ya no era por Dawn. Lo de ella ya lo pensaría más tarde.
Pero de repente algo me captó la boca. Volví al mundo real y volví a sentir los labios de Ashley en los míos. Espera, ¿me había perdido algo? ¿Por qué sigue?
-Bill, es igual. Me estoy dando cuenta que esto lo llevo esperando… Mil años. No voy a ser yo la que va a decir que no. Me da igual que me utilices. Yo… Realmente ya no te quiero. Pero un polvo contigo… Me lo debo de hace mucho tiempo.
Mi boca llego al suelo. ¿Perdón?
-¿Tú que eres? ¿del palo Follamigos? –dije divertido.
-Bueno… esa es decisión tuya.
-Suena bien.
Hablaba y hablaba y no notaba lo mucho que la cagaba.
Decidí dejar de pensar en ello y de nuevo nuestros cuerpos se rozaron en toda su totalidad. Note sus abultaciones en mi pecho y me sentir raro. Bien, pero raro. No tenía nada que ver con el pecho de Tom. Ayer, mientras jugábamos con los niños lo sentí en mi espalda mientras me ayudaba con el tema del pañuelo. Estaba plano y cuadrado, pero me abrazaba con una fuerza. Y en cambio con Ash… Era tan frágil. Bueno, con ella, con Dawn… Con una chica vamos.
…
Ya empezamos.
¡No!¡No!¡NO!
-Ash… No puedo más… Acabemos.
Y sin dejarle tiempo a responderme le acaricié la cadera y fui quitándole todo el resto de ropa que le quedaba. Le toqué la ingle y metí mis manos entre sus piernas abriéndoselas para mí. Estaba mojada. Bastante. Sonreí.
Busqué en los pantalones, que pronto estarían en el suelo, un condón. Lo abrí con la boca y me lo puse.
Poco a poco me fui introduciendo en ella. Fue un movimiento bastante automático, puesto que el hacerlo con ella me sentía raro.
-Uummmhh… –oí de su boca. Ese gemido me hizo estremecer. Incluso me ponía.
Me moví lentamente apretando ligeramente hasta que mi pelvis tocó su ingle. Madre mía, había entrado toda…
Me empecé a mover poco a poco intentando no hacerle daño, pero a medida que ella me acompañaba más deprisa iba yo. El ritmo aumentaba y sus gemidos eran notorios. Mi fuerza crecía y hacía las embestidas más bastas y secas. Notando como se volvía loca. Como me apretaba en la espalda, como sus uñas delineaban mi espalda de rojo hasta llegar al principio de mi culo, donde se hallaban sus piernas, rodeándome la cintura, facilitándome el trabajo.
Este, era mi terreno. Y jamás conocería otro.
La mordí en el cuello y mientras estaba casi llegando al clímax.
En cuanto acabé caí encima de ella, aún sin salir.
Nuestras respiraciones eran rápidas y muy agitadas. El latido de su corazón retumbaba tanto que llegaba hasta mis oídos.
Ash me besó por última vez antes de yo me levantase a coger mi ropa.
Estaba aturdido. No me podía creer lo que acaba de hacer. Una vez acabado se me antojaba tan lejano e irreal… Y sin embargo ahí estaba, desnuda sobre su cama respirando agitadamente por mi culpa, por mi bestialidad. Por mis ganas de dominio que había perdido estos días por culpa de Tom.
-Vo-vo-voy a darme una pequeña ducha… - mi voz sonaba entrecortada.
¡Lo había hecho con Ash! ¡DIOS! Vale, le he puesto los cuernos a Dawn. Se los he puesto. ¿¡Porque de repente ahora todo tiene el triple de importancia?! ¿¡Porque antes, aún habiéndolo pensado me daba igual?! ¡¡SOY GILIPOLLAS!!
Estaba arreglando un poco la habitación de Ash mientras ella también se duchaba. No habíamos dicho nada en todo el rato. Dejé su ropa sucia en el cesto que se tenía que llevar cada cuatro días a la lavandería general y me senté en la cama.
Vi en una esquina un bol lleno de agua con algún que otro resto de hielo flotante. Así que ahí estaba el hielo que me había utilizado para dormirme y hacerme el piercing.
Por cierto, el piercing.
-¡Ash! –grité.
-Sí si, ya salgo. –oí.
-Nono, es simplemente… -apareció con el pelo en una coleta, bastante mojado por eso, y con una ropa totalmente nueva. – El piering. –dije sin más.
-¡Hostia! ¡Es verdad! –dijo chasqueando los dedos. Bueno, al menos el ambiente se había relajado un poco. - Si quieres lo volvemos a intentar… Queda un poco de hielo en la nevera portátil que nos dieron.
-Emm… Valep. Pero al final llegará Georg y se quedara flipand…
………………
¡OH DIOS MIO!
-¡¡GEORG!! –dijimos ambos al unísono. ¡¡La madre que me trajo!! Ambos teníamos la mano en la boca y los ojos súper abiertos.
-¡¿Qué sabías que Georg estaba enamorado de mi?! - ¿Qué? ¿Qué ella lo sabía?
-¡Claro! ¡Soy su mejor amigo! ¡La pregunta es ¿cómo lo sabes tú?!
-¡Pues me lo dijo ayer!
-¿¡Ayer?!
-¡Sí! ¡Se me declaro…!
-¿¡Que se te declaro?! ¿¡Cómo?!
-Puuees… ¡Me besó…!
-¿¡QUÉ TE BESÓ?! ¿¡Y porque no me lo has dicho?!
-¡Es lo que llevo intentado decirte desde primera hora!
-¡¡Joder, joder, joder, joder, jodeeeeer…!!!
-La hemos cagado.
-Ashley... ¡No te imaginas cuanto! ¡Lleva enamorado de ti desde que te vio por primera vez! ¡Y yo estuve ahí para verificarlo! ¡Primero de bachillerato Ash! ¡Primero! ¡Jodeeer! Y no solo le jodí bastante cuando supo que te habías enamorado de mí, sino que ahora encima nos lo montamos... Por favor, que alguien me pegue un tiro.
Ahí estaba eso que se me escapaba. Georg. Joder, vale, podía ser mal novio, y ponerle los cuernos a Dawn, pero eso era algo mío… ¡Pero joderle de esta manera a mi mejor amigo! No podía. Y sin embargo, no sólo lo había hecho si no que ni se me había pasado por la cabeza.
Me senté de nuevo en la cama y me tapé la cara. Respiré hondo, y cuando pensé que me iba a morir ahogado solté todo el aire.
Necesito fumar… Necesito un piti… Un puto piti.
-Ash… Vale, dejemos lo del piercing para otro día ¿ok? Ahora, explícame con pelos y señales que pasó ayer, cómo ocurrió todo. Y porqué estabais tan mal. - todo esto se lo dije mirando al suelo, mientras me frotaba las sienes buscando la manera de solucionar toda esta mierda que se me había montado en nada y menos. ¡Y todo por demostrarme a mi mismo que soy hetero…!
Los pasos de Ash se dirigieron hacia mí y se sentó a mi lado.
-Pues, Ayer por la tarde, cuando tú estabas a saber dónde… - estaba pasándolo de puta madre con Tom. - nos pusimos a recordar viejos tiempos mientras nos sentábamos al lado del rio. Por cierto, se me ha olvidado decir que estábamos inspeccionando un poco el campamento.
>>Nos habíamos sentado en la hierba a tomar un poco el aire y empezamos a hablar de las primeras veces que nos vimos, de cómo nos hicimos amigos… No sé, todo iba genial, yo como mínimo me lo estaba pasando bien y parecía que él también.
>>Bueno, he de confesar que se le notaba algo nervioso. Movía las manos muchísimo y no me sostenía la mirada más de dos segundos seguidos, pero no me pareció raro, puesto que lo lleva haciendo dese siempre. Nunca imaginé que sería porque estaba enamorado de mí. Bueno vale, puede que un poco.
>>Empezamos a hablar un poco de los amores de la escuela, y todas esas ñoñerías y al final salió el tema de los amores de instituto. Yo bueno, le conté el mío. Y aunque ya se lo sabía… No sé, no me supo mal contárselo. Ahora me arrepiento, porque esa cara que llevaba desde luego no era de ilusión. Creo que está claro que hablábamos de ti.
>>Después le pregunté a él. “¿Y a ti quién te gustó en bachillerato?” Esa pregunta se la dije mil veces. Pero siempre me decía muy encogido en sí mismo “Nadie…” pero se le notaba en la voz que no. ¿Sabes ese tono que se te pone en la voz cuando recuerdas un algo que te duele pero que al mismo tiempo te hace sentir esas putas mariposas en el estomago que no te dejan vivir? ¿Que por mucho que te niegues ese algo está ahí… Y tu voz te lo delata?
No contesté.
-Pues insistí tanto que hasta me puse encima de él. Empecé a hacerle cosquillas a punta pala amenazándole que no pararía hasta que me lo contase y entonces me cogió bien fuerte de las muñecas y gritó: “¡Vale! ¡Vale! ¡Pero para yaaa!” lo decía entre carcajada y carcajada y enseguida se me puso cara de felicidad.
>>En cambio, Georg me miró serio. Con una mirada baja, pero serio. Cerró los ojos y respiró notoriamente. Los latidos de su corazón sonaban a dos mil quilómetros a la redonda y hasta yo me estaba poniendo nerviosa sin saber quién era.
>>Vi que me ponía la mano en la mejilla y me observaba con cara de maravillado, como un caballero mirando a la doncella que ha rescatado por fin de las manos del malvado. Tartamudeó un par de veces antes de conseguir decir algo en claro.
>>”Te-te te quiero” soltó sin más. Yo me había quedado paradísima… Yo ¡No me lo esperaba! Tanto que cuando se me lanzó a los labios ni tan solo me moví. Creo que hasta se pensó que le correspondía porque acentuó el beso más y más. Hasta que me abrazó por la espalda posesivamente, atrayéndome hacia él.
>>Cuando le dije que yo… No le correspondía, se pensó que le había utilizado. Aparte de que estaba dolido ya en sí. Lo curioso es que hubo una época en la que me enamoré de él. Hace mucho tiempo. Justo cuando estuvimos mal tú y yo porque me rechazaste. Él en cambio estuvo a mi lado y bueno, me enamoré un poco. Después me di cuenta que sólo te intentaba reemplazar y en cuanto volviste, se me pasó.
Escuchaba atento.
-Le confesé a Georg ese amor pasajero que sentí por él y bueno, se enfadó. Se enfadó porque no se lo conté en su momento. Después volvimos hasta la cabaña en total silencio y ¡¡Joder, no sabía qué hacer!! Y por eso te llamé… No quería quedarme a solas con él otra vez.
No fui a comer. Sintiéndolo mucho por Ash le dije que pasara más tiempo con Georg y que lo solucionaran. Pero que no le dijera nada de lo que había pasado. En realidad, ni yo mismo sabía muy bien que había pasado.
Necesitaba pensar. Necesitaba solucionarlo todo. El tema de Dawn era prácticamente principal. Decirle que me había follado a Ashley era la excusa genial para dejarlo con ella, pero… Aun que nuestra vida fuese monótona, sabía que si lo dejábamos, dejaríamos de llevarnos bien. Y no podía. No podía perder a Dawn. Era la única persona en este mundo a la que había llegado a querer de una manera más especial y si ahora se alejaba de mí… Me daba algo. Ella era especial por encima de todo.
Y me sentía mal por haberla traicionado. Me sentía fatal. Pero muy a mi pesar lo que peor llevaba ahora era Georg.
Joder, estaba vez sí que la había cagado.
Mi mejor amigo, de toda la vida, desde párvulos, desde siempre. Aún recuerdo el brillo de sus ojos cuando me hablaba de Ash, cuando se le iluminaba el rostro al pensar en ella. Yo había mancillado todo eso. Yo… No merecía que fuésemos amigos.
¡Pero la había cagado mucho por culpa mía! ¡Solo mía! ¡Si yo no hubiese querido esto no habría pasado! Yo tenía que demostrarme a mi mismo que soy hetero. ¿Alguien ve eso normal? ¿Qué demostrar ni que demostrar? ¿A mí mismo? ¡Eso de demostrar es a alguien! ¡Lo otro es quererse engañar! ¿Engañarme? ¿Me estoy engañando? No… No… ¿Verdad que no?
Ya no sé ni que pensar.
Miré la hora. Deben de estar en el comedor. Joder, Dawn se preocupara de no verme allí y Tom… Oh Dios, Tom. ¡Yo quería verle hoy! ¡Pero por mi gilipollez he conseguido no moverme de mi cabaña!
De pronto el móvil se movió encima del escritorio. El ruido infernal que te saca de tu mundo se oía a dos pasos de mi distancia.
-Será Dawn… - pensé en voz alta.
Pero cuando vi que era Ash… Me quedé parado. ¿Ashley? ¿Y ahora que quería?
Por unos instantes me quedé petrificado, ¿¡Se lo habría contado todo a Georg?! Mierda, mierda, mierda, mierdaaa… Estuve a punto de no cogérselo.
Pero algo me decía que lo hiciera y…
-¿Hola?
-¡Bill! – oí.
-¡Ashley! –dije sin entender. ¿Y ahora porque estaba tan atacada?
-Bill… Me acaba de pasar una cosa súper rara. - ¿cosa súper rara? No entendía nada. Un cosquilleo se me subió por la boca del estómago. Un presentimiento.
-¿Dónde estás? –pregunté.
-En el comedor… - ¿En el comedor? Ay dios ¿Por qué estoy nervioso?
-Pues resulta que se me acaba de acercar un chico muy alto, como mínimo a mi comparación, pero bueno, más o menos tan alto como tú, y me ha preguntado por ti.
El corazón me dio un golpe.
-¡¿Qué te ha preguntado por mí?! ¡¿Cómo era el chico?!
-Pues tenía una gorra y una coleta que le sujetaba las rastas… Y… Emm… No sé qué más decirte para que sepas quién es… Emm… Es rapero. ¡Ah, hostia! ¡Ya caigo! ¡Es uno de los profesores que el otro día nos presentaron!
Mi pulso se aceleró a mil por hora y ya no podía ir a más. Todo lo que esta mañana había ocurrido ahora no tenía sentido alguno. ¡Tom había preguntado por mí! ¡Por mí!
-Pero a ver, explícame todo todo lo que habéis dicho… -joder, parezco una vez más una chica enamorada.
-Pues estaba justo dejando la bandeja en mi sitio y de repente noto que alguien me toca en el hombro. Me giro y veo al chico este. Que por cierto esta buenísimo. – je…je… - y me quedo como una gilipollas mirándole. Y me dice: “oye ¿tú eres la amiga de Bill verdad?”. ¡Y yo flipándolo! Y le digo: “sí ¿por?” y me contesta “No nada, es que no ha venido a comer. ¿Le ha pasado algo?” Y yo con los ojos súper abiertos. ¡Estaba nerviosa! Le he contestado que no, que estabas bien y que no sabía porque no habías venido. Y se ha largado giñándome un ojo. ¡Bill! ¡¿Cómo se llamaba?! ¡Tengo que saberlo todo de él!
-Joder, que rápido te has olvidado de mí – dije sin pensar. ¿Hola? ¿Me estaba poniendo celoso? Ni que Tom fuese mío ¡Pero ay Dios! ¡Había preguntado por miii! ¡Por miiiii! ¡Estoy que no me lo creo, joder! – Se llama Tom. ¿Pero no te ha dicho nada mas? ¿Ni porque preguntaba ni nada? – ¡¡necesitaba saberlo todo todo!!
-No no, No ha dicho nada más. ¡Y por cierto! ¡No es que me haya olvidado! Ni mucho menos, claro… Es solo que, ¡Necesito algo con lo que distraerme! ¡Es muy fuerte lo que ha pasado, eehh! – pero su voz sonó a diversión, como si no le importase. Me sentí mejor. Mucho mejor. Al menos Ash, que estaba a mi lado, no le vía el fin del mundo como solución al problema. – Por cierto ¿de qué lo conoces? –de repente oí un sonido agudo del palo “ooohhhh” – no me jodas que es gay.
-Jajajajajajaja – se me estaban liberando todas las tensiones. ¡Ay, como te quiero Ash!
-Como sea gay… Me da un chungo. ¡Qué está muy bueno! Por cierto, no tendrá que ver con eso que te está pasando ¿verdad? Eso que me has dicho esta mañana. No será que ahora tú eres gay y os moláis entre los dos.
Me callé de golpe.
-No me jodas que he acertado.
-¿Queeé? Nonono… Olvida el tema. Es sólo que nos conocimos hace poco, porque me llevó las maletas hasta mi cabaña y bueno, no sé, es muy simpático, compartimos muchos gustos, somos amigos y eso. No tiene nada que ver. En serio. - Yo actor. ¡De verdad que sí, que yo actor!
-Bueno. Está bien, pero ¡Preséntamelo! – ni flipes, guapa.