Domingo - 5 /07/09
Bill
Algo me golpeó en la cara. No había malicia ni nada por el estilo, de hecho ni me había hecho daño, pero me había golpeado. ¿Qué coño pasaba aquí?
Abrí los ojos para liberarme del oscuro n***o en que me hallaba y miré a mi alrededor.
-¡Buenos días!
La voz de p**o de Ashley acababa de sonar en un universo totalmente paralelo a este. Bueno… Quizás es que aún estaba demasiado dormido como para saber cuál era el mundo real.
-Uuhhmmm… -ronroneé. Me froté los ojos y me saqué las pocas legañas que tenía. ¿Qué hacia ella en mi cabaña? – Ash… ¿Qué hora es…? – sólo se me ocurrió preguntarle eso.
Su cuerpo se encontraba encima de mí, justo a gatas, con las manos apoyadas al lado de mi cabeza. Observé cómo desapoyaba una y miraba en su muñeca su reloj, mientras deshacía esa postura sentándose a un lado.
-Las diez de la mañana. –dijo como si nada. Aún feliz.
Arrugué el entrecejo. Bueno, tampoco no era tan pronto ¿no? Me incorporé y bostecé mientras apretaba los puños y la fuerza que había perdido durante la noche volvía a mí. Miré a mi alrededor.
Hostias, si no es mi cabaña… Es la de ellos. Hablando de ellos, ¿y Georg? Di un par de repasadas a mi entorno pero no había ni rastro de mi amigo castaño.
-Bill… -Ash captó de nuevo mi atención, un tono lastimero era ahora el que destacaba en ella. – Ya sé que te debo una explicación…
Vale, otra vez me había vuelto a perder. Primero, ¿Qué hacía en la cabaña de Georg y Ash? ¿Qué explicación ni que pollas?
Ah… Vale. Ya me acuerdo.
Flash back (Día anterior)
Caminaba y de lejos el perfil de Tom se distinguía perfectamente. Llevábamos un buen rato intentando hablar pero siempre había algún niño que lo molestaba. Estábamos a bastante distancia pero aún así intentaba comunicarme con él. Yo le decía con las manos que se acercara, pero él siempre me contestaba con gestos, que no podía. “Vente” le leía en sus labios. ¿Que fuera? ¿Está loco? Está en medio de una clase… No puedo… Bueno, vale, sí puedo, ya nos lo dijeron, pero, joder qué corte.
Respiré hondo y bajé la cabeza. Metí mis manos en los bolsillos delanteros y me aproximé hacia el grupo. El pelo alborotado de Anna se distinguía entre el resto y nada más verla puse cara de asco. Maldita niña… Siempre encima de él.
La sonrisa de Tom se ensanchó cuando me vio venir. Yo iba encogido conmigo mismo, avanzando con lentitud, y al verle, sonreí sin poder evitarlo. Lo comenzaba a asumir, este chico era “contagioso”.
-Menos mal, hasta que te has decido venir han pasado mil años -dijo mientras me daba un suave golpe de puño en el brazo, a modo de saludo supongo.
-Ya bueno… Es que me da vergüenza y eso… -dije, con un tono de voz no demasiado audíble. No estaba seguro siquiera de querer que lo oyera él.
-¿Que te da vergüenza? – vale, lo ha oído… - ¿El qué? ¿Estar con un par de críos? –señaló al grupo de niños que jugaban.- ¡doce! –gritó de pronto, me asusté. ¿Doce había dicho? ¿A qué viene ese número?
Miré atento a qué jugaban. Era el juego aquel en que un grupo se separa en otros dos y los niños se han de poner un número cada uno. Entonces se coloca cada grupo a un lado del campo de juego adueñándose de la mitad de este. Y el que marcaba la mitad de ambos campos era el que no jugaba, en este caso, Tom. Y en su mano levantaba un pañuelo. Entonces decía en voz alta el número que quería (A eso venía el doce, ¿no?). Y el niño de cada grupo que tuviera ese número salía en busca de ese pañuelo. El que fuese el primero en cogerlo debería volver de nuevo a su campo con el resto de compañeros y el que se hubiera quedado con ganas de cogerlo debería ir tras su contrincante y cogerlo antes de que este llegase a la línia. Si lo cogía él, se quedaba el pañuelo y sumaban un punto, y si no lo conseguía el niño que lo cogió apuntaría el punto para su equipo. Era el juego del pañuelo, de toda la vida. Había jugado muchas veces de pequeño en las clases de educación física en mi colegio.
Dos niños salieron disparados y cuando llegaron a Tom este soltó el pañuelo. El niño con el pelo más corto, que aparte llevaba unas gafas enormes, consiguió cogerlo y se fue pitando para su sitio. El otro no le pilló.
-¿Me respondes? – insistió Tom divertido.
-Esto… Sísí… No-no me da vergüenza estar con los niños… Es que, ¡No sé!
-¿Entonces es por mí? – preguntó sensualmente. Esta mañana también habíamos hablado de esa manera. Me estaba acostumbrando, era divertido, pero era... No sé cómo explicarlo, me ponía nervioso y todo. Me sentía dominado en cada instante… Como si yo fuese una chica.
-¿Qué? No no. Es solo… ¡Ay no sé! ¡Déjalo estar! -dije, estresado.
Tom se empezó a descojonar vivo y yo cada vez estaba más nervioso. En verdad no pinto nada aquí. No pinto nada de nada. Será mejor que me vaya.
-Bill, ahora hazlo tú. Vamos coge tú el pañuelo.
Le miré de sopetón. ¿He oído bien? ¡Está loco!
-¿¡Qué?! Nonononono…
-Sisisisi… - decía mientras me cogía del brazo y me ponía delante de él.
Posó su pecho en mi espalda mientras me mantenía quieto cogiéndome de la cintura para que no me fuera.
Buena táctica, ya que me había dejado completamente petrificado. Dios mío… Notaba cada uno de sus músculos en mi espalda, y joder… Qué músculos, coño.
Con el otro brazo agarraba mi muñeca y la mantenía medio alta, con el pañuelo.
-Vamos, di un número. - me susurró al oído.
-¿Qué…? Ehh… Esto… - estaba temblando. ¡Yo no quería hacer esto! – Pupupuueess eel… ¡El veintitrés!
Nadie se movió. ¡Eh! ¡¿Qué pasa?! ¿Lo digo yo y nadie me hace caso o qué? Puñeteros niños.
-Baby… No hay tantos niños por grupo. -dijo divertido.
…
¡Dios! ¡Es verdad! ¿¡Como soy tan gilipollas?!
- ¿Por qué estás tan nervioso…? – volvió a susurrarme en el oído. Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero.
-Nonono… No, no estoy nenenervioso… - dije intentando guardar la compostura.
-Seguro -dijo irónicamente mientras me apretaba más a él por la cintura.
-AAhhh… -jadeé. Concéntrate, concéntrate. - ¡El tres! - Seguro que ese sí que estaba.
De pronto dos niños más salieron en busca del pañuelo. Mi pulsó se aceleró más si cabía. ¿Cuándo tenía que soltar el pañuelo? ¿Cuándo el niño lo haya cogido o antes? ¿Y si lo suelto demasiado tarde y el crío cuando lo intente coger tira pero yo no lo he soltado y se cae? ¿Y si lo dejo demasiado pronto, se cae al suelo y los niños han de recogerlo y al final al que lo coge lo pillan por haberse tenido que agachar y perder tiempo? Y sí… ¡Joder! ¡Yo no estoy hecho para esto!
Y se acercaban a mí cada vez más.
Sin pensarlo, cerré los ojos y solté el pañuelo.
Cuando los volví a abrir el sonido de aplausos sonaba en un lado del campo mientras que en el otro se oían quejas.
-¡Muy bien! –oí tras de mí. Miré hacia atrás, encontrándome con el rostro de Tom a dos centímetros, sonriente. De hecho estaba más cerca aún. Nuestras narices se tocaron en cuanto me giré.
Me soltó de pronto. Nervioso. Y él no era el único… Jo-der…
Intenté concentrarme en otra cosa y observé atento como el grupo de ganadores vitoreaban. Entonces, ¿lo había hecho bien?
-¡Toma! –solté al aire.
Mientras, Tom se reía de mi comportamiento, intentado no mencionar lo antes ocurrido. Qué cerca habíamos llegado a estar…
-Actúas como un niño pequeño. Y lo digo por experiencia, ehh. ¿Quieres que te demos una galleta por haberlo hecho tan bien? –dijo mofándose.
-Ja, ja.- le saqué la lengua.
-Va, ahora tú solo. Seguro que si no te toco no te pones tan nervioso. – sus cejas se movían de arriba abajo.
-¿Perdón? – exclamé indignado. -¡Yo no estaba nervioso por ti!
-Ajá… ¿Entonces, sí estabas nervioso? –comentó con una ceja alzada.
Mierda. Me había pillado.
-Que te den.
La tarde pasaba de puta madre. Me lo estaba pasando en grande, habíamos hecho muchos juegos ya que era sábado y no se hacía muchas cosas educativas que digamos.
La risa era el principal componente de esa tarde y su mirada en cada uno de nuestros movimientos era la guinda del plato.
A más de que antes de venir a ver a Tom, por petición suya por cierto, había estado pasando un buen rato con Dawn. Ayer estuvo enfadada, y con razón, ¿Qué clase de novio soy? Y bueno, tenía que disculparme. Me sentía feliz de que ella estuviera en mi vida y no quería que se fuera… Al final, hablando y hablando hemos acabados sin ropa y tirados en mi cama.
Había sido de puta madre, y el hecho de estar ahora con Tom, divirtiéndome en su clase era lo mejor que podía pasarme. Y no había nada que lo pudiera estropear.
Ahora Tom estaba jugando ha fútbol con los críos.
En un principio no iba a ser así, y sólo iban a jugar los niños. Incluso Tom había estado pensando un juego en el que no tuviera que participar él, pero le salió mal la jugada.
Cuando mandó a un chico y a una chica hacer grupos, estos se quedaron en uno lleno de niños, y el otro lleno de niñas. No había nadie del otro sexo en ningún grupo.
Entonces, Anna, se acercó a Tom y le preguntó que si quería jugar con ellas. Y bueno… Tom desgraciadamente no pudo decirle que no.
Iban ganando porque prácticamente lo hacía todo él. Y cada vez que marcaba un gol le aplaudía. En uno de sus numerosos goles empecé a aplaudir, pero enseguida paré al ver como Tom cogía a Anna y le daba besos en la mejilla. Este me miró sorprendido y yo tuve que disimular. Creo que no se lo creyó.
Más de una vez me sorprendí viendo como ¿Jörg?, bueno, el padre de Tom, se quedaba mirando en mi dirección y entornaba la mirada. En un momento de casi pánico al pensar que se había muerto de pie porque no cambiaba de posición, le saludé. Este salió de trance y me devolvió el saludo con una mirada nerviosa.
Qué raro era este hombre ¿no?
Bueno, no le di mucha importancia.
Al fin y al cabo me lo estaba llegando a pasar tan bien, que no quería que se acabara la tarde. No quería que se acabara la clase… No quería.
De pronto, y dándome un susto de muerte, mi bolsillo empezó a vibrar. Tal fue el salto que pegué que me levanté de golpe del suelo.
Mi móvil pedía atención. Alguien me estaba llamando.
Cuando miré quién era mi cara se transformó en dos sentimientos, en uno felicidad por esa persona, y el segundo de medio odio por el inoportunismo.
Lo cogí.
-¡Ashley! – saludé mientras intentaba que sonara esa felicidad creíble.
-Bill… - dijo en un tono extraño.- Esto… Hace mucho tiempo que no nos vemos… - ¿cómo? ¿hola? ¿Qué dice esta mujer? ¡Pero si nos vemos todos los días! – estoy aquí con Georg y bueno… ¿Te vienes un rato con nosotros? - ¿Pero qué le pasaba a esta?
Miré en dirección al campo de fútbol. Tom se movía de aquí para allí más feliz que yo qué sé, y no quería dejar de observarle. Sí, lo admito del todo. Aunque sólo hayan pasado cuatro días desde que lo vi por primera vez he de decir que tiene una puta sonrisa de muerte. A ver, qué voy a hacerle… Lo tengo superado. O eso creo, vamos.
Ahora, de aquí no pasa el asunto. Nanai Nanai.
-Pero es que… -Tom, diversión, sonrisa. Tom, diversión, sonrisa. Tom, diversión, sonrisa. ¿Quién sería capaz de irse?
-Por favor Bill, tengo ganas de verte. - exclamó de tono meloso.
Ai Dios… A esta le pasa algo.
Miré de nuevo en dirección a él y puse gesto lastimero. Dudaba. Sí, estaba dudando. Era evidentísimo que a Ash le ocurría algo, y como buen amigo que soy no podía decirle que no, pero joder, no sabía qué hacer.
Miré al suelo mientras me rascaba la frente en posición de pensar.
-¡Tiempo!-oí de fondo.
Volví mi vista al frente y observé como Tom cogía la pelota del suelo y se acercaba a mí. Qué gracioso.
-¿Pasa algo? –me dijo preocupado, ya llegando a mi posición.
-Nono… Bueno, no lo sé. Es Ash. Que quiere que quede con ella – puse cara de circunstancias y él arrugó el entrecejo.
-¿Tú te quieres ir…?
-¡Eh! ¡Que sigo al teléfono eh!- ahora Ash era la que me hablaba.
-Pues quiero ver qué le pasa a mi amiga. - dije mientras intentaba disimular. Pero al mismo tiempo negaba con la cabeza como haciéndole entender que ¡NO! Definitivamente no quería ir.
“¿Quieres que me ponga yo y le digo que te he raptado?” llegué a leer de sus labios mientras me sacaba la lengua y me levantaba el dedo pulgar como diciendo “ok?”.
No pude evitar reírme. Me encantaba Tom.
Pero negué con la cabeza de nuevo. Esta vez resignado.
-Ash, ¿Dónde estáis? Ahora voy ¿vale?
Tom me miró desde una mirada baja y después dijo adiós con la mano mientras volvía al campo de juego. Hasta que no se paró, no dejé de observar como caminaba lentamente hasta reunirse con los niños, viendo sus movimientos, sus pasos, sus gestos.
Llegué al punto al que me dijeron que estaban ella y Georg; su cabaña. Al entrar pude ver mucho silencio, casi demasiado.
Georg estaba en su cama con el bajo. ¿Se había traído el bajo?
Y Ashley estaba en la misma postura, solo que lo que había entre sus manos era un bloc y un lápiz. Supongo que es lo que tienen las bellas artes.
En cuanto escucharon la puerta abrirse me miraron ambos, a Ash se le transformó la cara en un segundo. Sonrió plenamente mientras venía y me abrazaba fuerte.
-¡Bill! Si que has tardado ¿no? – ¿que había tardado? Pero si he venido lo antes posible para saber si era tan urgente lo que pasaba como para a ver dejado a Tom de lado.
-Emm… Esto… ¿A si? – no sabía ya ni que decir. Sabía que pasaba algo pero no sabía el qué. Y tenía que descubrirlo.
Estuve toda la puñetera tarde intentado que me explicara lo que le pasaba pero lo único que hacía era sacarme temas absurdos y sin una pizca de importancia. Lo peor de todo es que si que pasaba algo, y por descubrirlo y estar a su lado estaba perdiéndome una tarde con Tom. Sí, es una obsesión, ¿algún problema?
¡Joder! ¡Yo quería irme! ¡Pero no podía! ¡No podía!
Por la noche, a la hora de cenar estuvimos en completo silencio en la mesa. Quizás porque yo, era el único que había hablado en toda la tarde o al que le habían hablado, y ahora estaba ocupado mirando hacia otra mesa. Observaba como un chico con rastas le daba de comer a la puñetera niña. Yo miraba atentamente como enrollaba los espaguetis en el tenedor y los metía en la boca de Anna.
¡Pero qué puta suert…! ¿Suerte? ¿Iba a decir yo eso?
Joder, joder, joder…
Sin pensarlo apoyé mi codo en la mesa y la mejilla en mi mano, como si intentase acomodarme mejor, para verle.
-¿Qué miras? – me preguntó Georg, rompiendo tanto el silencio de la mesa, como el que llevaba él mismo toda la tarde. Si Ash había recitado la biblia entera, Georg no había dicho ni una mísera palabra.
Sacudí la cabeza y le miré. Entorné los ojos, como si me costara centrar la vista y entonces hablé. Como si acabara de salir de un trance.
-Eh… No nada. Sólo estaba pensando.
-¡Pues yo también había pensado algo! – soltó Ash con toda la comida en la boca. Vi de repente como un poco de salsa de tomate se le escapa por la comisura de su boca hacia abajo.
Cogí, sin pensármelo, una servilleta y la limpié.
-A ver, sorpréndenos – Georg otra vez. Pero su voz sonaba cansada, y enfadada al mismo tiempo.
Ash lo miró desde una mirada baja, con medio reproche y vergüenza.
-Pues… ¿Bill, te quieres venir a dormir?
Casi me atraganto. ¿Sorry? ¿Perdón? ¿Que ha dicho qué? A esta le pasa algo. Hostia que si le pasa algo.
-A ver, Ash, no me jodas, explícame de una puta vez que te pasa ¿vale?
La vi suspirar fuertemente antes de mirarme fijamente.
-¡Nada! ¡Nada, joder! ¡Na-da!
Me callé y la miré sorprendido. Era la primera vez que se ponía tan histérica. Escondió la cabeza, avergonzada. Oí un pequeño “lo siento” lejano y distante, salir de su boca.
-Está bien. Iré a dormir– mencioné, abatido finalmente.
Cuando salimos del comedor noté la fija mirada de dos individuos encima de mí. Dawn y Tom. Y digo noté cuando quiero decir que yo no les miraba, puesto que si saludaba a Dawn no le podía dar un saludo amistoso como el que le mandaría a Tom, pero si le mandaba uno cariñoso, Tom se daría cuenta y habrían dos posibilidades, uno, que me pillase con Dawn, o dios, que malinterpretara la situación…
Cuando salí de allí le mandé un sms a Dawn, pero a él… A él nada, puesto que no sabía como contactar con Tom… Mierda.
Fin Fash back
-¡Ajáaaaaaa! – exclamé pegando un bote y señalándola. -¡¿Ves como si tenías algo que explicarme?! – Esta vez me puse de pié y la seguí señalando - ¿Lo ves? ¿lo ves? ¿Lo veess? – ¡Estaba feliz! ¡Por fin me lo iba ha explicaar!
Oí la preciosa y musical risita de Ashley mientras se ponía también de pié, aunque no a mi nivel está claro.
-Sí, bueno… Que no se te suba mucho a la cabeza. Es que ayer tenía que… Disimular.
-¿Disimular?
-Sí, ahora te cuento. Pero antes de nada… Bill, ¿cuándo quieres que hagamos aquello que me llevas pidiendo tooodoo el puto tercer trimestre? Lo digo porque lo tengo todo preparado.
La miré interrogante. ¿De qué me hablaba? Vale, esta mañana no estaba muy perceptivo, eh. ¿Algo que llevo todo el tercer trimestre pidiéndole? No caía.
Ahora mismo lo único que tenía en mi cabeza, y muuuy pero que muuuy a mi pesar, era Tom. Hoy tenía que verle si o si, sobre todo cuando hoy no he ido a desayunar y ayer no me pude despedir de él… A más, el domingo es el día de fiesta ¿no? Hoy no tiene ni clases ni mierdas. Hoy si lo puedo ver sin ninguna Anna de por medio ¿no?
Vale, pero aún sigo sin saber qué es eso que me dice Ash.
-No sé qué quieres decir… - Y entonces, como si de un flash de luz se tratara, me vino a la cabeza aquello que me decía. No me lo podía creer. Abrí los ojos desmesuradamente. -¿¡E… Ee… enserio!? ¿No es broma, verdad? –le dije casi sin creérmelo. Esta volvió a ensanchar su sonrisa.
-¿Cómo quieres que sea broma? Te dije que en verano te lo haría y así es. Estamos en verano y me he traído todo lo necesario para poder hacértelo.
La boca me llegó al suelo. Dios mío, dios mío, dios miiioooo.
Salté al cuerpo de Ash y la rodeé dándole el achuchón más ahogador que jamás le había dado. La levanté en el aire y todo.
-¡Wuuaaa! ¡Gracias gracias graciiaaass! – no sabía que más decir, estaba atascadísimo. Estaba de los nervios, estaba a punto de darme un ataque. ¡Ya casi se me había olvidado!
-¡Bill! ¡Bill! ¡BILL! ¡Que me ahogas coño! –oí una voz que salía de una cabecita pelirroja que se encontraba tapada entre mis brazos y mi pecho. Entonces sentí la presión de unas manos que me apartaban el cuerpo de Ash del mío. Entonces la solté por fin. -¡Uuuufffff! ¡Menos mal! Ya pensé que me iba a morir. - dijo teatrera.
-Joder, Ash. Gracias, de verdad. ¿Quieres que te pague? Te pago ¿ehh? Te lo prometo.
-¡Alaaa! Qué dices exagerado. Que no, que no. A mí con un favor s****l me sobro. - dijo coqueta y juguetona al mismo tiempo.
Alcé la ceja y la miré divertido y sorprendido al mismo tiempo. ¿Enserio había dicho eso? Aunque fuera en coña, ¿enserio lo ha dicho?
Já. Conmigo no se pueden hacer estas cosas… Siempre acaban mal… Juju.
Decidí seguirle el juego.
Me acerqué y le rocé la barbilla con los dedos mientras mi otra mano le reseguía la espalda de arriba abajo, tocándole únicamente con las uñas. Me había puesto peligrosamente cerca de su boca. Debo admitir, que no me desagradaba la situación pero, Ash… No sé, se me hacía extraño. Aunque últimamente, lo que no sea extraño en mi vida.
-¿Seguro que con que te folle te sirve? – dije basto, bajito, con sensualidad y con posesión en las palabras, como si Ash me perteneciera. Por dios, si ya lo digo yo, que seré actor de grande. ¡Y Dios! ¡Cómo me gustan estos jugos, coño!
Noté el claro aumento de su respiración chocando en mi rostro. Empezó a expirar e inspirar por la boca y todo y el nerviosismo le hacía temblar.
Me hacía gracia la situación y decidí acercarme un poco más. Nuestros labios se hallaban a menos de un centímetro literalmente hablando. Me sentía bien. Por fin me sentía el dueño de una situación. Cuando estaba con Tom era, diferente. El dueño era él. Y no estaba acostumbrado. Y con Dawn era tan fácil todo.
-Bi…Bill… No me hagas esto… - noté la voz de Ash con una cierta… Humedad, por así decirlo, pero humedad refiriéndose a que estaba sollozando casi. – Sobre todo si lo que dices, realmente no va a suceder. - me separé un poco de ella y la miré a los ojos.
Vale, me había pasado. Había olvidado por unos instantes que ella había estado enamorada de mí. Pero joder, estos días me he sentido tan cohibido al lado de Tom… Con Tom al lado no puedo ser tan… Yo. No sé cómo explicarlo. Tan dominante. Me siento pequeño, me siento el dominado. Aunque algunas veces yo sobresalgo por encima suyo.
Ahora con Ash estaba realmente disfrutando del momento y sin darme cuenta la había cagado. Y mucho. ¡Pero joder! ¡Realmente que estaba disfrutando el momento!
-Ash, enamorarse es lo peor que puedes hacer en esta vida. Porque si no te hubieras enamorado de mí en su momento y yo no estuviera con Dawn… Quizás si se podía llevar a cabo. Porque a mí, el sexo sin compromiso, me es igual. De hecho, me gusta, porque pasas un buen rato y no tienes nada de qué preocuparte. - ¿de verdad estaba yo diciendo esto?- En cambio, cuando te enamoras es como si te sintieses utilizado al hacer eso. Cuando en realidad no tiene nada que ver.
-¿En serio serías capaz de hacerlo? –no me dejó acabar mi discurso.
-¿El qué? ¿Hacerlo contigo? – Emm ¿Sí?
-Sí… - ¿Sería capaz?
-Capaz sí. – vaya, pues sí. Pero hay una tercera persona que me lo impide. Y no es Dawn. Confío en que algún día te enteres de quién es, porque esta historia… Se está alargando demasiado… pensé. De pronto la imagen de Georg me vino a la mente. ¿Cuándo cojones se piensa declarar?
Decidí separarme un poco.
-No no. Espera, no te separes. Es mucho más divertido si te hablo a dos centímetros de tu boca. Y no me siento utilizada, te lo juro. ¿A qué mola más? Es más sensual, y no hay terceras intenciones. –iba acercándoseme mientras me hablaba. Joder con Ash. ¿Había cambiado de parecer en un segundo o qué?
Sonreía a dos segundos de rozar sus labios con los míos.
-Está bien…
-Bueno, ¿quieres que lo hagamos sí o no?
Ahora sí que me separé de ella en un segundo.
-¡Sí! ¡Por supuesto que sí! ¿Pero… Cómo lo hacemos?
-Déjamelo a mí.
-¿Va a doler mucho…?
-Dios mío Bill. No me puedo creer que estés preguntándome eso.
-Vale, ya lo sé, ¡siempre que voy a hacer esto lo pregunto! Y eso que ya he pasado por la experiencia pero, ¡Joder no sé! Siempre me pongo nervioso en el último momento y hay vences incluso en que me quiero tirar atrás. Dios, si no llega a ser por Georg no llego a tener los otros dos.
Me encontraba tumbado en la cama de Ashley, boca arriba.
Estaba desnudo de cintura para arriba y tenía la piel de gallina. No hacía frío pero el nerviosismo me transformaba totalmente. Apretaba fuertemente las sábanas y aún ni habíamos empezado. Veía a la pelirroja moverse de un sitio para otro y mi cuello se estaba cansando de alzarse cada dos por tres e intentar saber qué cojones estaba haciendo y porqué no venía.
El sudor frío se había instalado en mi espalda y parecía que no me quería abandonar. Mi pulso estaba acelerado. Mucho. Casi tanto como cuando estoy con T… … Con… Joder, vale, sí. ¡Con Tom! ¡Oh dios! Un día de estos iré al psicólogo a ver qué coño me pasa. Esto no me puede estar pasando de verdad… Qué difícil es todo. Yo… Yo… ¿Enserio me está pasando esto? Pero la pregunta en realidad es ¿qué es esto? Jamás en la vida me había pasado algo por el estilo.
¿Estar pensando en alguien cada dos minutos? Nunca.
Era algo totalmente nuevo, y eso… Me asustaba. Realmente no me lo quería creer. Muchas veces saldría corriendo nada más verlo y otras pararía el tiempo simplemente para poder observarle eternamente. Y aunque me joda admitirlo… Sí, me llama la atención, es ¿Diferente al resto?
Sí… Supongo.
A veces siento que me quiero meter en un agujero, para pensar, para averiguar qué pasa. Joder, ¡que no hace nada que lo conozco y ya parezco un obseso!
No sé. De verdad que no lo sé.
¡Oh dios que frustrante es no poder saber que coño pasa por tu mente como para no querer ni dormir por las noches, porque sabes que ese día, por ejemplo, no habéis hablado! O cuando la sonrisa de tu rostro es imposible de borrar por mucho que busques situaciones tristes. ¿Y porque sonríes? Porque él te ha sonreído. Por que habéis pasado una puñetera tarde genial como unos colegas de toda la vida.
Pero ese es el problema ¿colegas? ¿Amigos? ¿De verdad…?
¡Bill! ¡Qué coño estas pensando!
¡Por supuesto que sí! ¡A-mi-gos!
De nuevo mi vista se volvió hacia Ash. Necesitaba distraerme. Ya. Algo con lo que poder centrarme. Vale, sí. Por fin tendría lo anhelado en todo este tiempo.
Me iba a hacer un piercing. Mi tercer piercing para ser más exactos. Pero esta vez era diferente, porque no iba a ser en un sitio totalmente profesional y perfectamente pagado sino que me lo haría Ash.
El verano pasado la muchacha estudió unos módulos de tres meses y se sacó la licencia de hacer piercings y dice que este verano tenía pensado sacarse el de tattoos pero por lo que parece tendrá que esperar. Porque estando en el campamento…
Al caso, llevaba todo el curso pensando en hacerme un nuevo piercing y en el tercer trimestre se me ocurrió el sitio perfecto: en el pezón. Dawn tuvo cierta culpa en escoger el sitio, pero bueno… La verdad es que me gusta mucho y claro, Ashley ya tenía los estudios… Así que se lo pedí a ella. De hecho más que pedírselo estuve casi todo el tercer trimestre pidiéndole de rodillas que me hiciera el puñetero piercing. Excepto estas últimas semanas que con todo lo del campamento se me había olvidado.
Igualmente ahora mi cabeza andaba en otro sitio en concreto, por mucho que me lo niegue, y el resto de cosas me eran casi casi, indiferentes.