Mi cabaña se desdifuminaba del fondo y se nos hacía más nítida a los ojos según nos acercábamos. Joder. Poco a poco nos aproximábamos y al cabo de cuatro segundos ya estábamos parados uno en frente del otro, mirando al suelo.
-Esto… Bueno, nos vemos ahora en el comedor ¿no? – me dijo, inseguro.
-Bueno, eso si me miras y no pasas de mí – vale, lo admito, aún le tengo un poco de rencor. Me había jodido que pasara tanto de mí… Y aunque ahora nos hemos “re reconciliado” seguía sin fiarme mucho. ¿Quién sabe? Lo mismo me sorprendí y todo.
Tom entusiasmadamente.
-Por supuesto que te saludaré. No, muchachos.
Mi bandeja volvió a pasar por encima de la barra metálica. Pero esta vez no era como las demás. Esta vez... Era distinta. Esta vez no estaba tranquilo. Estaba realmente nervioso. El menú era realmente asqueroso ese día pero no me importaba. Estaba más bien pendiente de cómo me las apañaría para coger mi bandeja y que no se me cayera por la mierda pulso que tenía. Llegué al extremo de la barra y respire hondo. La agarré por los bordes con fuerza, como si fuese lo más sagrado del mundo y la elevé en el aire girándome y encontrándome de pleno la mesa de los profesores.
Tom me miró sonriente.
O dios… O dios… Se me va a caer, se me caerá ¡Se me va a caer la bandeja! La tenía tan sujeta que no sabía cuál era la realidad y cuál era mi imaginación.
Tenía la sensación de que me iba a dar un ataque.
Sonreí tímidamente. Creo que hasta se me iluminó la mirada.
Tom se tocó el piercing con la lengua mientras observaba mis movimientos de torpedos en los que en vano conseguía guardar la compostura.
Cómo se mofaba de mí el muy cabronazo… No pude evitar sonreír una vez que mi rostro salió de su campo de visión, y sólo me veía la espalda.
Avancé y llegué a la tan mal situada última mesa, y me sentí.
-¡Hola! – saludé radiante.
-Joder Bill, Qué felicidad llevas encima. - Soltó Georg.
La sonrisa se me ensanchó mientras me encogía de hombros, sin saber qué contestar exactamente.
Pero me enseñó a cambiar el rostro.
Nuevo mensaje.
Le di a mostrar.
“Bill… Otra vez no me ha saludado…”
Mierda.
¡Amanecer!
¡Cómo la lío de esta manera!