Capitulo 10

4816 Words
Soplaba un notorio pero tranquilo viento, y la luz del sol se reflejaba en una pequeña mesa que había pegada a la pared, como un escritorio, con un taburete y todo. En la pared reposaba una gran carpeta, llevaba ahí desde que llegué pero jamás había reparado en ella. Supongo que era a esto a lo que se refería Dawn cuando nos dijo que los lienzos y todas esas cosas ya nos las darían ellos. Me levanté de la cama y me aproximé a cogerla. Dentro habían tres hojas de tamaño metro por setenta, e incluso una cuadra y un cartabón de tamaños parecidos se hallaban entre estas hojas. Y detrás de la carpeta un lienzo del mismo tamaño. Y bueno, el caballete que nos hicieron comprar al principio de curso también estaba situado a pocos centímetros. Decidido, después de dormir un rato saldré a hacer los trabajos que tenía asignados. Me levanté, sin necesidad de despertar ni nada, puesto que al ser una siesta el cuerpo ya se me despertaba solo. Miré a mi reloj de muñeca y la hora marcaba a las 7 y media de la tarde. Joder. Pues si que había dormido. Igual sí podría haber puesto una alarma. Estúpido Bill. Me desperecé y estiré los brazos arriba, un bostezo se me escapó de entre los labios y al ponerme en pié me coloqué bien la ropa que se me había descolocado. Por unos instantes sentí el frío típico por haber salido del trance en el que estaba, y me froté los brazos con las manos, pero enseguida se me pasó. Me encaminé al baño. -¡La madre que me…! - ¡Pero qué pintas llevabas! Madre míaa… Tenía que peinarme antes de salir si no quería que me “pegasen por la calle”… También debía de repasar el maquillaje, lo llevaba todo corrido. Supongo que el tiempo de experiencia crea velocidad y en un cuarto de hora ya estaba más que listo. Cogí mi libreta de apuntes y miré todo aquello que debía de hacer de trabajo: Un trabajo sobre la historia de la montaña o del lago. (Cuenta para la asignatura de Historia) Un dibujo de un compañero a tamaño metro por setenta, utilizando todas las técnicas que conoces aplicando pinturas acrílicas. (Cuenta para la asignatura de dibujo Artístico) Dibujar el mismo edificio en tres perspectivas diferentes a tamaño DIN A2 Hacer un relato de al menos veinte páginas, inventado. (Cuenta para lengua alemana) Hacer otro relato de unas diez páginas, en lengua extranjera. (Cuenta para lengua extranjera) Ufff… Madre míaa… ¡Cinco trabajos! Que estamos en verano. Un poco de piedad macho. Bueno a ver, empecemos por lo que menos me gusta… Emm, sí, definitivamente dibujo técnico lo odio. Mejor empiezo por eso y así me lo quito de encima. Me cargué la gran carpeta donde dentro estaban los folios que deberían partir por la mitad para tener las láminas A2, y en una mochila metí todas las herramientas necesarias para dibujar. Cuando abrí la puerta lo primero que pensé fue en Tom. Él estaría por ahí. Joder. Debía buscar un sitio en el que no me pude encontrar… Aunque bueno, su padre es el jefe de todo. ¿Qué no debes de conocer de todo el campamento? Nada. Seguramente debe de estar aquí un mínimo de dos veces al año. Se lo debe de conocer todo. Bueno, entonces vaya donde vaya habrá las mismas posibilidades que me vea así que… Sólo piensa en algo fácil de dibujar. Emmm… ¿La fachada del comedor? Si. ¿Por qué no? Me las ingenié para llevar de una sola vez todo lo necesario. Incluyendo el caballete. Lo instalé todo y mi lápiz empezó a hacer un ligero esbozo que después debería perfeccionar a trazo limpio y recto. Mientras, no debería pensar en que me lo encontraré… No… No… ¿No? Tomás La clase con los pequeños ya había terminado, después de comer me había tocado con el grupo de mayores. Estos si se conocían bastante entre sí y me era más fácil. Alguna vez tuve que llamar atención la a alguna chica que se quedó parada sin hacer nada pero por lo demás… Había ido bien. Pero a las siete y medía le tocaba a Gus estar con ellos mientras que a mí me tocaba tiempo libre, hasta la hora de la cena. Estaba aburridísimo… ¿Qué coño hacía yo ahora? No podía ir a mi cabaña porque me moría del asco sin saber qué hacer. No podía ensayar porque ni Erika ni Gus podían. No podía tocar la guitarra porque ayer me la dejó en la cabaña de Gus y una vez más, él no estaba para devolvérmela. ¡No podía hacer nada! Espera. Sí podía… ¿Para qué me había traído yo mi portátil, mi DVD y todas mis cosas, eh? Ala, ya sabía que hacer. Cogí el camino más o menos largo, puesto que ver una peli realmente no era el plan que más quisiera hacer, asíque mientras llegaba, pasaba un poco el tiempo. De fondo se vio el edificio del comedor. Bueno, digamos la zona donde están los edificios importantes. El comedor, la oficina de mi padre, la sala de juegos de interior, el edificio donde dormían todos los profesores, (a excepción mía). Me estaba aproximando, y vi una figura intrusa entre tanta pared. Una figura alta y delgada, movía su brazo de arriba abajo. ¿Un estudiante dibujando? ¿Pero que hace en medio del monte con un caballete? ¿La peña está loca o qué? De pronto recordé que mi padre ya nos había dicho que los mayores eran de arte, y que andarían de aquí para allí con los dibujos, y que no les molestamos. Y eso iba a hacer. Pero cuanto más me aproximaba más se me ponía el bello de punta. Esa figura... ese perfil, ese pelo, ese culo. Oh dios. Era Bill. Estaba seguro. Pero había algo diferente en él. Su pelo. Era como siempre pero… Lo llevaba recogido en una coleta. Una medianamente alta y graciosa coleta, ya más de eso una gorra, negra, para que no le diera el sol en la cara. Algunos mechones de pelo se le asomaban por detrás de las orejas y se fundían con el que no había sido recogido, el del largo flequillo. Fruncía y se relamía los labios mientras utilizaba con avidez un lápiz desgastado. Se lo colocaba delante de él y hacía medidas con este y después las plasmaba en el gran folio. Daba un par de pasos hacia atrás, se ponía las manos en la cintura y ladeaba la cabeza, mirando su dibujo y sonriendo con felicidad. Parecía que le estaba quedando de su agrado. De pronto cogió el dibujo y una carpeta que había en el suelo y se sentó en forma de indio. Justo prácticamente de espaldas a mí, y colocó la carpeta encima de sus piernas, y el dibujo encima de esta. Se había improvisado un soporte con ella. Vi que de un bolso sacaba unas grandes herramientas de dibujo, reglas con formas triangulares. También buscaba más lápices. Vale, a ver, Tom. Bill está a diez metros de ti, está a dos segundos de que puedas saludarle… No, no, no, no. ¿Si? ¡Joder! A ver, tenía dos opciones. O ir por otro camino para evitar por todos los medios encontrármelo o… Decirle algo. Quizás toda esta obsesión que tenía era una señal. Una señal de… ¿De qué era buen chaval? ¡¿Pero qué estás pensando en Tom?! ¡¿Qué señal ni que mierdas?! Estoy flipando conmigo mismo. Joder, ahora enserio ¿¡Qué hago!? Dioooossss… Vale, sí. Ya sé. Hablo con él, si vuelve a pasar lo mismo del otro día le digo que tengo novia y que paso de jueguecitos de maricones y que si quiere que seamos amigos guay, y si no pues nada. Aunque bueno… Es él el que dice que tiene novia ¿no? Tsé. Este con novia. Pues no tiene fe. Apuesto a que es fea de la hostia. ¡Pero es verdad! ¡Que tiene novia! ¿Entonces porque me estoy comiendo tanto el tarro? ¿Porque coño coqueteó conmigo el otro día? Mejor voy. Será mejor que me vaya. No puedo ir, no puedo ir, al final me moriré por ser el hombre con más preguntas en la cabeza del mundo y sufriré un ataque de estrés. Vale, si no voy me quedaré con las preguntas en la cabeza… Y eso no evita mi muerte… Así que esa frase no tiene sentido. Joder, joder, y más joder. Sin darme cuenta ya iba en su dirección. Miraba al suelo y apretaba los puños con nerviosismo. El sonido de alguna que otra hoja muerta que era pisada por mis zapatos era lo único que se oía más fuerte que el sonido de los latidos de mi corazón. Sí, estoy nervioso. Estoy muy nervioso. Estaba a menos de un metro y sentí que me iba a ahogar. ¡¿Pero qué me pasó?! Me agaché con sumo cuidado a sus espaldas y di gracias de que el sol viniera justo de cara y no le creara ninguna sombra que delatara mi posición. Estaba a un centímetro de poder tocarle el cuello con la nariz. Vi que estaba escuchando música y me permitió el hecho de aproximarme más. Podía ver por encima de su hombro el dibujo. Un montón de líneas perfectamente dibujadas hacían honor al comedor. -Joder… Parece una foto. Bill se sobresaltó y se quitó los cascos de inmediato. Joder, solo a mí se me ocurre hablar. Su cabeza giró en mi dirección y noté que me miraba. Y digo noté porque mis ojos estaban dirección al suelo, impidiendo por todos los medios que no se cruzaran con los suyos. Hubo un silencio incómodo que se propagó al menos cinco, duros, estresantes e infinitos segundos. Bill se había quedado todo pillado y me miraba desconcertado. Y no era para menos. -Hola – dije sentándome a su lado. -¿Qué quieres? – de puta madre, empezamos con la bordería. Tom, sé amable. -Pues nada… Ver qué hacías. ¿Puedo? Me observaba en silencio mientras yo esperaba con la respiración completamente congelada. También jugaba con la tierra del suelo, cogía un puñado y lo soltaba, cogía otro puñado, y lo soltaba… No, desde luego no estaba precisamente lo que se dice tranquilo. -¿Para qué si mañana vas a pasar de mí olímpicamente? Como ayer, vamos. Qué pasa, esto es del palo un día sí, un día no, un día sí otro día no… ¿no? Lo siento, pero paso de tener amigos como tú. Pensé que podíamos acabar llevándonos bien, pero por lo que parece más raro que un perro verde. Tss… Habló. En fin. Al menos ha dicho amigo. ¿Por qué estoy obsesionado con el hecho de que quiero que vaya detrás de mí? Parece que quiera que le mole. -No, es sólo… Ayer estaba liado. Tuve que estar mucho con el grupo de los críticos y el de los mayores y después tuve que ir a por mi padre que me tenía que dar unas cosas… Bueno, que ayer no podía estar por nadie. Lo siento. De verdad. – improvisé como más bien pude. Pero después me sentí gilipollas. Madre mía, le conoció de un puto día y ya me pedía exigencias. Esto, definitivamente, no era normal. Le vi dubitativo pero al final simplemente asentándose con la cabeza. -All Right. – pero aún diciéndome que no había problema por estar con él se distanció mentalmente de mí y posó toda su concentración de nuevo en el dibujo. Pero tío, no pases de mí. De pronto me entró la curiosidad. Ahora ya estaba más tranquilo y lo único que debía hacer era relajar más el ambiente y extraer el tema, dejar que el momento fuese menos tenso. Le pregunté. -¿Oye, porque estás dibujando el comedor? Lo digo porque hay sitios más bonitos de dibujar que el antro este. A más… Que dibujar un edificio no debe de ser muy… ¿entretenido? Oí que se reía. -Es un trabajo de clase. Estoy obligado a hacer del mismo sitio tres vistas diferentes. Y bueno, el comedor es lo más sencillo de todo así que… -Aja… - comentó asintiendo. – dibujos de puta madre. Me miró al instante, sonriente, y toda su blanca y perfecta sonrisa me iluminó. Después de repetir su gesto típico de morderse el labio inferior, cosa que casi me hace suspirar. Sí, ¡SUSPIRAR! Sácale tema, sácale tema, ¡Sácale tema, Tom! -¿Y em…serías capaz de dibujar personas? Se río con superioridad antes de decir: -Por supuesto. Es lo que mejor se me da. –dijo sacando sus manos del dibujo y posándolas en el suelo, detrás de él, creándole un soporte donde apoyarse. Se quedó en una pose chulesca. Joder, ¿esto significa que estamos empezando a jugar otra vez? Vale, mal vamos. Definitivamente, ¡Mal vamos! ¡Detener! ¡Hay que parar esto! -¿Tienes algo aquí para enseñarme? – soja, gilipollas. Con todas las letras. Bill se rió ante mi frase y alzó una ceja. -Depende de lo que quieras ver… - contestó con rin tintín. -Pues tus dibujos. -¿Acaso habías pensado en otra cosa? Por supuesto que me refería a los dibujos. Me dejé desnuda. Y sonriendo de nuevo. ¡Me había llamado salido en toda mi cara! -¿Pero los tienes o no? – dije nervioso y casi enfadado. -Que sí, tranquilo. Sólo era una broma… - pronunció mientras sacaba de su bolso un gran bloque lleno de hojas. Las del principio más arrugadas y oscuras mientras que las del final aún restaban limpias y perfectamente blancas. Me lo tendió. -Mira todo lo que quieras. Es un bloque medianamente nuevo así que los dibujos no están del todo mal… Lo miré sorprendido y lo cogí. La primera hoja estaba en blanco, pero la siguiente me dejó sin hablar. Una chica, que parecía ser pelirroja puesto que el único color que había sido utilizado era ese para el pelo, sonreía radiante. Todas y cada una de las sombras estaban perfectamente plasmadas en el dibujo, los brillos eran notorios y la expresión era perfecta. -Joodeer… - simplemente se me ocurrió decir eso. La misma chica se repetía una y otra vez. En alguna ocasión salía con un chico con el pelo castaño y liso, pero muy rara vez. La chica salía posando en todas las poses que se podían imaginar. La verdad es que era guapa. Bastante, ya más parecía que estaba buena. ¿Sería la que siempre va con él? ¿Y… y si era su novia? -Oye… ¿Esta es la chica que va siempre contigo? –pregunté suspicaz. -¿Ashley? ¡Ah! ¡Si! –contestó feliz. Mala señal. ¿Qué digo mala? ¡Es bueno! ¡Bu-e-na! ¡Tiene novia y está buena! Es bueno. ¡Sí, vale?! -¿Es esta tu novia? – preguntó mientras la señalaba en el dibujo. -¡Qué va! Me quedé parado. -¿Y por qué la dibujas tanto? -Porque me encanta, ella es mi musa, mi inspiración mi… No sé. Pero no, no es mi novia. -Ajá… Seguí pasando más páginas y más páginas y ella seguía siendo la protagonista de todos los dibujos de Bill. Salía en cada trazo, y también había veces que ponía su nombre súper bien decorado… Parecía que tuviese una obsesión con esa tan Ashley. Pero hubo un cambio inesperado. De tener una piel blanca como la nieve, la mujer que posaba para Bill se había vuelto muy morena, como latina. Enseguida la reconocí. Era su profesora. -Más de una vez me ha pedido que la dibuje – se excusó. -Yo he hablado con ella. –dije, casi sin pensarlo. -¿A si? –dijo, como interesado por el tema. - ¿Y de qué hablasteis? Medité durante unos instantes, casi no me acordaba de Dawn. En su primer momento me había impresionado muchísimo, pero después había pasado a cuarto oa quinto plano de un plumazo. Casi ni grababa la conversación. Así que dije lo más obvio. -Me la intenté ligar. La cara de Bill fue de sorpresa total. ¿Y ahora que le pasaba a este? -¿Y lo consiguiente…? -No, pero lo conseguiré. Antes de que acabe el campamento me la siga, fijo. De momento no ha habido nadie que se haya librado de mis encantos – dije seguro de mí mismo. – Nadie. –comentario. ¿Soy yo o estoy dando indirectas? -Eso ya lo veremos. -¿Enserio? -Dawn es la mujer más difícil que puede existir en esta tierra. A más tiene novio. ¿Amanecer? ¿Quién hablaba de Dawn? …Vale, sí. Hablábamos de ella. Volvía a intentar conectar con el contexto del diálogo. -Eso me dijo ella… Y que estaba muy enamorada de su novio. Bah… Yo lo veo una gilipollez enamorarse. La pobre al final acabará mal. Bueno no, acabará en mi cama, y después sí, acabará malañadí sonriendo. Es el precio que hay que pagar por enamorarse. -Yo tampoco creo en el amor. -¿Pero no tenías novia? Se río ante ese comentario. -Si. La quiero mucho, pero no estoy enamorado. –una sonrisa se me dibujó en el rostro. -Claro que no, ella es chica. Y tú llevas escrito en la cara “me gustan las pollas” así que, como ya dije, te enamorarás de mí antes de dejar a tu novia y entonces la dejarás para ir a por mí. Ya te digo que no se me resiste nadie. … ¿¡Pero que estoy diciendo!? Jodeeer… Pero he de admitir que este juego mola. ¡Dios! ¡Tiene cara de puta! ¡De chuparla bien! ¡Cara de pedir que le follen fuerte! Buah… En realidad, este juego no está tan mal. -Pero cómo te lo tienes tan creído, chaval – dijo dándome un pequeño pellizco en el brazo desnudo. -¡Auch! – me quejé. Este sólo sacó la lengua, como reproche. – Vamos hombre, va medio en coña. Es que me recuerdas a unos amigos míos. Que bueno, los dos son gays y están juntos. No sé, muchos de tus gestos me recuerdan a ellos. Así que tómatelo con humor, ¿vale? No es por ofender ni nada. De hecho son mis mejores amigos, asíque no te sientas mal si te llamo maricón de repente o cosas de estas… - dije amigablemente. En cierto punto era una especie de excusa por mi inexplicable comportamiento en contra de todos mis años de reinado heterosexual, pero por otro lado, era verdad. Se comportaba sobre todo como Mario, que era el más femenino de los dos. Simplemente suspiré con cansancio y negado mirando al suelo. -Cómo quieras…- dijo resignado. Vi que volvió a coger su bloque de entre mis manos. Enseguida las retiradas. No quería el mínimo contacto inocente, ni mierdas de estas. Si había fricción la creaba YO. -Bueeeno… ¿Y si te digo que dibujes ahora a alguien, o sea, ya, serías capaz? Meditó durante unos instantes. -Emm… Sí, supongo que sí. Sonreí. -Dibújame. – solté de pronto. El tono me había salido imperativo y sensual al mismo tiempo. Tenía la sensación de que esa escena… Ya la había visto yo en algún sitio. -¿En serio? ¿Ahora? -Ahora. Titubeó mientras movía los labios de un lado a otro. ¿Estaría nervioso? Me estaba empezando a caer realmente bien… Era auténtico. Y hasta le sobraba personalidad, era como realmente él quería ser. No le importaba lo que le dijeran los demás. Y eso era un puto a su favor. Ahora, aún he de descubrir el “un punto a su favor” de ¿qué? ¿De futuro amigo? -Pero… Es que no sé si me saldrá bien. - se disculpó. Yo reí. Era adorable. -No importa. Inténtalo.- no sé porque estaba tan emocionada, pero me apetecía. Realmente me apetecía que me dibujase. - Va, diez centavos como tengo que ponerme. ¿De perfil? ¿Mirando hacia algún sitio en concreto? ¿Mirándote a ti? –solté. Se remojaba los labios con nerviosismo. Vi que volvió a buscar algo en el bolso y sacó una especie de trozo de tela y lo desenrolló. De ahí salen millones de lápices de diferentes tonalidades y grosores. -Sólo te dibujaré la cara, ¿vale? Así que… Sí, mejor ponte mirándome a mí. Asentí y me puse un poquito más lejos, no mucho, quizás medio metro. Giré un poco la cara pero le miré a él, dirigiéndole una mirada baja, penetrante. Seguía pensando que esa escena me era familiar… Me sonaba de algo. Seguía sentado con las piernas cruzadas, y encima de estas tenía la gran carpeta que le servía de soporte, donde colocó el bloque de dibujos. Pasó la mano por encima para limpiarlo, cosa que no entendía. Ya estaba limpio, ¿no? Miró la hoja y después me miró a mí. Cogió uno de los lápices y le sacó punta. Hizo trazos rápidos y bastos en un momento. Miraba hacia mi dirección y hacia el folio en menos de dos segundos. Su vista hacía cortos recorridos de un sitio a otro, y pocas veces se quedaba fijo en uno de los dos. Hacia cosas más raras… No borraba nada de nada, y todo le estaba quedado lleno de líneas sin sentido. Entonces, si cogió la goma e hizo dos simples pasadas donde borró un par de esos confusos trazos. Cambió de lápiz. Los trazos comenzaban a ser más céntricos en un sitio y no tan generalizados. La pena es que desde donde estaba yo no se podía distinguir mucho más. Esta vez lo miré a él. Ahora no apartaba la vista de su creación, y podía ver perfectamente cómo fruncía los labios, cómo pestañeaba, cómo se apartaba el pelo que le molestaba la vista, cómo se rascaba la nariz cuando le picaba, cómo… Cómo todo. Justo en ese momento se fijó en mi dirección y compartimos miradas. Esta vez, ya no me produjo ningún escalofrío inesperado. Sólo... Bien estar. Me gustaba que me mirara. Me sostenía la mirada mientras me estudiaba el rostro. A veces me sonreía y escondía la cara con la carpeta. -Joder, que vergüenza… -repetía sin parar. -Vamos… que yo quiero ver ese Dios griego que te estará quedando. Me miró sorprendido y travieso. -Si pues no será gracias al modelo… -Por supuesto que sí. Se empezó a reír escandalosamente. Se me pegó su risa. No sé que tenía ese sonido que se me pegaba, se me contagioba. Me daban ganas de reír a mí. Era realmente extraño… Me gustaba. Me encantaba. No se cuanto tiempo había pasado, pero para mí había pasado un segundo. El tiempo pasaba y no había movido ni un músculo. Pero joder, era divertidísimo ver la cara de esfuerzo de Bill. Me estaba descojonando por dentro. A veces se enfadaba y pegaba patadas al suelo. Otras, tiraba el lápiz. Y otras incluso hacían el gesto de querer cargar el papel. -Eres brutalmente gracioso. Un día grabaré en vídeo tus caras y las pondré en “repeat” cada vez que me aburra. Dios, será buenísimo. – ese era otro de mis comentarios inesperados, que hacían súper pasajero el tiempo. Y Bill también se reía de ellos. Aunque la mayoría fueron comentarios sobre él. -Pues yo quiero ver a tu novia. – había soltado yo en un momento de silencio demasiado prolongado. Su primera respuesta fue una pequeña expiración de aire acompañada de un ligero ruido que se asemejaba al de una risa. -Dudo que la llegues a ver sabiendo que es ella. Me quede a cuadros. A putos cuadros. ¿Qué coño había dicho? Por favor, que alguien rebobine, que no me había entrado de una mierda. -¿Eiiing? – dije sin más. -jajajajaja Nada nada… Inflé mofletes, e inmediatamente oí de su voz “¡Que no te muevas Tom!” Respire hondo. Llevaba repitiendo esa frase todo el puto rato. Pero bueno… Lo podía soportar. Tom podía con todo. -¿Querrás quedarte el dibujo o me lo quedo yo? – me preguntó de pronto. Meditación. -Ése quédate lo tú. Cuando me hagas el dibujo a lo currado, me lo quedaráé yo. –solté, segurísimo de mis palabras. -¿Cuándo haga qué? –dijo sátiro. -Ya lo tienes oído. – mi sonrisa de suficiencia estaba perfectamente delineada en mi cara. -Seh… Y de paso te compro un collar en forma de corazón y te pinto desnudo, en un sofá antes de que se hunda el barco ¿no? Abrí los ojos. ¡Ahora ya sabía de que me sonaba esa escena! ¡TITÁNICO! La puta película que me hizo tragarme Erika el año pasado, y el otro, y el otro… ¡La madre que lo parió! ¡Que yo estaba haciendo de chica! ¡No no no no no! ¡Eso si que no! -Si bueno… Más quisieras tú ser DiCaprio. Bueno, ¿te queda mucho? –dije molesto. Cuanto antes dejara el papel de Rose, mejor que mejor. Hizo un garabato rapidísimo en una esquina y lo giró hacia mí. -No, de hecho… ¡Voilá! Mi boca llegó al suelo. Parecía que me estaba mirando en un espejo en blanco y n***o. Las sombras, las arrugas, los brillos… Todo. Todo estaba en el dibujo. Era perfecto. Era una foto prácticamente. -Bill… Está increíble. -No todo el mérito es mío… - cuando pronunció esa frase, él mismo abrió los ojos desmesuradamente. ¿Enserio había dicho eso? Imposible- Ahora si te tenía agarrado de los huevos. -Acabarás enamoradísimo de mí… Ya te digo que eres gay. Me miró con la boca abierta, indignado, pero cuando iba a contestarme, de repente le sonó el móvil. Cerré los ojos con rabia. Y después me maldije, por tonto. ¿Qué más da si le llaman y me interrumpen el momento? Vale, así no queda muy bien. Se lo colocó en la oreja con un gesto que no dejaba a ninguna “Paris Hilton” indiferente. - ¿Hola? - ¿What? ¿Qué había dicho? ¿Qué idioma era ese? - ¡Ah! ¡Ashley! ¿Qué, qué? ¿Dónde estáis? ¿En mi cabaña? ¿Por qué? – el silencio se propagó unos instantes.- ¿Enserio ya es casi la hora de cenar? – ese comentario me hizo mirar instintivamente el reloj. ¡Ostia! ¡Las nueve! – Vale, ahora llevo todas mis cosas a mi cabaña. Vosotros id yendo al comedor. Lo mismo nos encontramos y todo en el camino. Guardadme sitio. – dos segundos después había colgado y seguidamente guardó el móvil en su bolsillo. Le miré interrogante. ¿Se iba? ¿Sin más? Dos segundos después reparó en mí. -Ah… Esto… Mis amigos me han llamado. Dicen que me guardan un sitio en el comedor que casi es hora de comer. Aunque bueno… No sé qué sitio me van a coger si nuestras mesas son las de atrás de todas. Nadie me robará el sitio. No sé porque coño nos ha tocado tan atrás. -Ya bueno, misterios de la vida. -Bueno, pueeess… ¿Me ayudas? -¿Con qué? -Con las cosas. El caballete, o la carpeta… No sé, Lo que quieras. Es que antes me las he tenido que ingeniar de mala manera para poder traerlo todo hasta aquí sin morir en el intento. Asentí. -Sí, claro. Factura Observé como con una sola mano cogía el enormísimo caballete y se lo ponía en la espalda. Como si nada. Como si ese pesado caballete tuviera el peso de una almohada. Me quedé mirándole. Embobado. Miraba como contoneaba su cuerpo mientras caminaba, hacia delante. Como alguna que otra rasta se balanceaba y como las arrugas de la espalda de su camiseta cambiaban de sentido cada vez que daba un paso. De pronto se paró en seco y miró a los lados. Luego miró hacia atrás, desconcertado. -¿Factura? ¿Qué coño haces? Te has quedado ahí parado De pronto volví en mí. Agité la cabeza y como si fuese un movimiento automático cogí la carpeta y mi bolso con todas las cosas ya dentro. ¿Qué me había pasado…? El camino se hizo muy silencioso. Con mucha tensión. A veces sacábamos tema pero enseguida se acababa. Y aunque el camino hacia mi cabaña no fuera largo se me hizo eterno, pero al mismo tiempo sin ganas de que acabara. Pero acabó. Mi cabaña se desdifuminaba del fondo y se nos hacía más nítida a los ojos según nos acercábamos. Joder. Poco a poco nos aproximábamos y al cabo de cuatro segundos ya estábamos parados uno en frente del otro, mirando al suelo.
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