Bill
Estaba temblando de los nervios, justo en el lado de la pared de la cama, sin atreverme a mirar hacia fuera. Quería que todo mi mundo se redujera a esa esquina, y que nada pudiera entrar o salir de él. Estaba abatido, y desorientado.
En parte aún seguía enfadado con él pero su enfado se triplicaba al mío, y tenía todo el derecho a desaparecer. La verdad es que yo me habría puesto mucho peor en su caso. Muchísimo peor. Bueno, nada más hay que ver como me he puesto por lo de la orgía…
Intentaba respirar profundamente y me apartaba las lágrimas constantemente de las mejillas. A veces no podía evitar sentir el sabor salado en la comisura de mis labios.
No podía ni dormir.
La puerta se abrió de golpe. Me giré, y con el corazón a mil por hora pude ver la silueta de Tom adentrarse en la cabaña. Cerró tras de si y empezó quitarse las zapatillas. Yo sólo le observaba atento, intentando secarme las lágrimas de nuevo. Se acercó a mi cama con un paso lento.
-¿Tom?
-Sigo enfadado. Simplemente… quiero dormir aquí. Mañana volveremos a hablar.
No pude más que asentir mientras notaba la manta separase de mi cuerpo porque Tom la había levantado para poderse meter él. Me estiré mirándolo y nos aguantamos la mirada unos instantes. Me acerqué mucho a él, temeroso de que me apartara de golpe, pero este simplemente continuó con la mirada fija en mis ojos. Enterré la cabeza en su pecho y este puso su mano en mi pelo, me lo acarició suavemente hasta que me quedé dormido. Yo sabía que él no iba a dormir en toda la noche. Ayer mismo nos habíamos quedado dormidos en esta misma posición, y qué distinto estaba todo ahora de entonces. Esta noche Tom no intentaba hacerme sentir mejor con frases alentadoras sobre nuestro futuro. No, esta noche Tom estaba callado, dando pie a que todas aquellas inseguridades volvieran a mostrarse.
Esto era una puñetera pesadilla.
Los rayos de luz me desvelaron y tuve que abrir los ojos en el momento en que empezó a ser demasiado molesto. Poco a poco recuperaba la visión y el sentido. Noté unos brazos rodearme y vi que se trataba de Tom. Parece que durante la noche habíamos adoptado la postura de la cuchara, y yo tenía mi espalda recostada en su pecho, mientras él me rodeaba. Casi siempre nos despertábamos en esa postura.
Miré mi móvil que estaba cerca de mi alcance y cuando intenté darle a un par de teclas éste no respondió. ¿Hacía cuanto que me había quedado sin batería?
-Son las 9, aún puedes dormir un poco más. – la voz impasible de Tom me sobresaltó. Me giré bruscamente y lo vi, con los ojos aún un poco rojos, y unas ojeras terribles de no haber dormido absolutamente nada.
La imagen era bastante devastadora y no pude más que coger mucho aire de la impresión, y tener que soltarlo poco a poco mientras asimilaba el presente.
Anoche había sido una mala noche. Después del mejor concierto de mi vida, todo se había ido a la mierda en cuestión de un par de horas.
-¿Porqué no duermes tú un poco y te despierto a las 11? Yo me voy a ir a duchar ya. Igual si no estoy cerca consigues dormir un poco. – mi comentario hizo que se riera de lado, con ironía. Después se encogió de hombros y miró a otra parte.
-Probaré.
Me levanté con cuidado y Tom deshizo muy rápidamente el abrazo. Me apartó casi como aun trapo y se giró hacia la pared. Se tapó entero y yo e fui a las ventanas a intentar taparlas con las cortinas, haciendo que entrara la menos luz posible. Cogí toda la ropa que iba a usar y me metí dentro del baño.
Me quité el maquillaje corrido, que debería haberme quitado por la noche y después me metí en la ducha. Esperaba salir de ahí y ver a Tom feliz y contento, y darme cuenta que todo lo que había pasado en realidad era una pesadilla, pero sabía que no era así. Ni siquiera la fantasía me hacía sentir mejor, porque era como intentar premiarme a mi mismo por una fechoría.
No salí del baño hasta después de dos horas. Había estado bajo el chorro del agua por lo menos una hora entera y no me atrevía a salir a la realidad.
Cuando estuve cambiado y arreglado del todo, salí de ahí.
Me encontré con un Tom dormido completamente. Me entraron ganas de llorar otra vez, no soportaba la situación. Con algo de miedo me acerqué y le besé muy rápido en los labios.
Este se sobresaltó de golpe y cuando pudo mirar fijamente a algo siendo completamente consciente, ese algo fui yo. Pero me miró con bastante frialdad. Se dio una ducha fría y en menos de un cuarto de hora, me estaba ayudando con las maletas.
Avanzamos en silencio hasta el triangulo de los edificios principales y ya vimos al bus ahí, preparado para devolverme a mi mundo.
Recordé perfectamente el día que nos conocimos y un escalofrío me recubrió el cuerpo cuando juntos, nos metimos en el maletero a colocar las maleta. Ambos compartimos una mirada cómplice, pero no se mencionó nada. Simplemente volvimos a salir.
Aún no había casi nadie porque imaginaba que todos estarían aprovechando al máximo los minutos que les quedaban en ese paraíso apartado.
Aun faltaba media hora para salir y Tom y yo no nos decíamos nada. Tenía ganas de meterme en el bus y esperar ahí dentro. Desaparecer ya, desear que pasara un tiempo y que todo volviera a estar como antes. Invitar a Tom a casa, que él me invitara a la suya. Estar todo el día juntos otra vez, pero sin ningún problema.
-Oye… Creo que me voy a meter en el bus ya. – yo sabía que él también se quería ir. Esto estaba siendo demasiado incómodo. El silencio era sepulcral y odiaba vernos así. No podía. Si Tom necesitaba tiempo, yo se lo daba ya mismo, y así cuanto antes, todo volvería a estar como siempre.
Me miró largo y tendido unos instantes y después asintió.
-Oye, no llevo el móvil encima. Apúntate el mío pero no me llames hasta dentro de tres o cuatro días. Necesito pensar.
-Mi móvil lleva sin batería días. Y está en el maletero. – Tom simplemente asintió y me indicó con un gesto que le siguiera. Lo hice así hasta que acabamos dentro de la oficina de su padre. No había nadie. Sentí un portazo fuerte tras de mí, y el sonido del seguro.
Me giré sorprendido y lo siguiente que vi fue a Tom abalanzándose sobre mi. Me besó con fuerza y con ansias y yo al principio no sabía ni cómo reaccionar. No tardé ni cinco segundos en corresponderle igual. Odiaba esto, lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba… Necesitaba recuperar al antiguo Tom, pero algo en él se había quebrado y yo era el culpable de ello.
Intenté seducirle con sexo, y empecé a bajar mis labios por su cuerpo. Le lamí el cuello entero pero empezaba a ver como este se retorcía ante la idea.
Yo hacía caso omiso a sus pequeñas quejas y empecé a levantarle la camiseta.
-Bill, para. - Yo seguía sin escucharle y al ver que me estaba cerrando el acceso a su camiseta, bajé las manos y le empecé a desabrochar el cinturón. – Bill, joder.
-Tom yo sólo quiero que estés bien conmigo. – intenté ponerle voz sensual mientras me empezaba desnudar yo. - ¿No me lo quieres hacer?
-No, no quiero. – y antes de que me acabara de bajar el pantalón, Tom ya me lo estaba volviendo a colocar en su sitio. – Deja de hacer el imbécil.
Esta vez intenté meter la mano directamente dentro de su pantalón, y se la empecé a acariciar. Me decepcionó mucho ver que la tenía blanda y flácida. Ahí no había emoción ni nada. Realmente Tom no quería hacer nada. En cuanto notó que se la había cogido me apartó de sopetón con un golpe que me propinó entre las costillas, a mano abierta y yo me di contra el pico de la mesa.
-AAAHHH… - dije enseguida. Tocándome en el lateral, donde había recibido el impacto puntiagudo. Tom se quedó ahí sin hacer nada.
-Te he dicho que me dejaras. – dijo sin más.
-¿Pero porqué? ¡¿De verdad no quieres ni un polvo?! – de nuevo sentía el pánico apoderarse de mi cuerpo. Otra vez las inseguridades de no ser suficiente para él volvían a atacarme fuertemente. ¿Estaría volviendo a su estado de “heterosexual”? ¿Es que acaso se acababa el verano y con eso lo que había entre nosotros? Ni siquiera el sexo hacía que se le olvidara lo que había pasado… El dolor de la situación y de mi costado me acabaron arrancando unas lágrimas que me había jurado no soltar. Pero no lo podía evitar.
-No Bill, no quiero. Ahora mismo sólo quiero que te vayas.
-¿Y porqué me has besado? – esa pregunta me estaba carcomiendo las entrañas. Tom me miró con seriedad y luego, algo cabizbajo, me acabó contestando.
-No recordaba cual había sido nuestro último beso. Aparte… Así nos decimos adiós ya. - ¿Decirnos adiós? Nada de eso, esto tenía que ser un “hasta luego”. ¿Despedimos? ¿Cómo que nos despedimos? Las fuerzas empezaban a flaquearme.
-¿No vas a pedirme perdón por el empujón? Me he hecho daño.
-Ayer me clavaste el codo en el estómago. Tuve arcadas por lo menos durante una hora después. Y tampoco me has dicho lo siento.
-Acabas de rechazarme de mala manera.
-Ahora no quiero nada tuyo. Ya te lo he dicho. Era para despedirnos.
Ante eso, me entró una ataque de ansiedad. De golpe las paredes empezaron a hacerse cada vez más y más pequeñas, haciendo que necesitara salir de ahí corriendo. Abrí la puerta y me apoyé contra el árbol más cercano, sintiendo unas ganas de vomitar inminentes. Se me había llenado el cuerpo de calor y sudor, y sólo con un poco de brisa se me acabó calmando el cuerpo. Al final me erguí e intenté respirar profundamente.
Pude ver a Tom salir de ahí apresuradamente después de unos instantes, y miró como loco a todas partes. En cuanto su vista se posó en mi, soltó aire con tranquilidad.
Me di la vuelta e intenté caminar de vuelta al bus lo más aprisa posible pero el brazo de Tom me agarró con fuerza y no me dejó continuar.
-Tres o cuatro días, Bill. – me dio un papel donde pude reconocer un número de teléfono. El suyo, claro está. Suspiré, ya ni me acordaba. Lo guardé en el bolsillo y después lo miré desafiante.
-Ya veré si te llamo. – aquello lo dije fríamente y Tom simplemente rodó los ojos, con algo de cansancio. Sabiendo que aquello no era verdad al cien por cien, pero que tenía que seguir demostrando que tenía algo de orgullo después de haberle llorado toda la noche.
-Adiós. – me dio un beso en la mejilla.
-Adiós. – me giré y desaparecí de ahí.
En menos de dos minutos me encontraba en el bus, esquivando las miradas de todo el mundo. Sabía que había pasado por al lado de Dawn, pero no quise girarme. Llegué al piso de arriba del autobús, e intenté divisar a Georg. De nuevo, estaban al final de todo y el moreno me hacía señas con las manos. Me dirigí con los pies cansados y abatidos sintiendo que me pesaban cientos de quilos. Aún no me creía que acaba de decirle adiós a Tom de esa manera.
Llegué a mi sitio y tampoco miré a Ash.
Me senté en mi sitio, me crucé de brazos e intenté ponerme a dormir.
Recé por no ponerme a llorar en sueños.
Epílogo
Es curiosa la tecnología. Cuando no está, yo estoy ahí para salvaros a todos. Pero igual la idiotez no reside en esos aparatos, si no en sus dueños, que tienen demasiadas cosas en la cabeza como para actuar con claridad.
El problema es el tiempo, o la poca organización. Igual los nervios…
¿Qué pasa cuando tienes un trabajo y no lo puedes hacer a ordenador porque está estropeado? Me usas a mí. O cuando un teclado y un programa informático no te sirven tan bien como yo para hacer gráficos sencillos o resúmenes medianamente esquemáticos y con dibujos.
Soy vuestra salvación, al mismo tiempo que un segundo plato. Pero bueno, eso es algo con lo que tengo que vivir sí o sí.
Aunque yo recuerdo cuando era joven, recién nacido casi, que eran tan escaso y difícil de ser asequible para la gente de baja clase, que prácticamente era un tesoro.
Conmigo os comunicabais. Yo he sido la base de la comunicación hasta hace 30 años.
Bueno, como veis ya he sido protagonista de estos dos tortolitos hace un par de minutos.
Pero de nuevo os hablo de la idiotez humana. Demasiadas cosas en la cabeza, demasiados nervios, demasiada mierda que digerir. ¿Sabéis? Me he caído. Estoy en el suelo. Estoy besando el puñetero suelo. Y todo porque las prisas y las ganas de acabar con ese momento incómodo han hecho que el moreno se haya equivocado, y me haya hecho resbalar, sin llegar a meterme en su bolsillo. Ya veréis el susto que se llevará cuento intente encontrarme.
¿Os pensáis que el papel puede ser tratado de ésta manera? Claro que no. ¡Ahora mismo llevo una información muy valiosa escrita en mí! Y este imbécil, me ha tirado al suelo. Ni siquiera ha comprobado sus bolsillos esperando encontrarme ahí dentro.
Nada, se ha ido sin más.
El de las rastas está encima mío, pero tampoco me ve. Tengo miedo de que no sólo me abandonen en la intemperie, si no que ahora en un descuido me pise. ¡Sólo me faltaba eso! ¡Abandonado y pisoteado!
El tiempo pasaba y el otro seguía ahí de pie. Igual es que al ser yo un papel, el tiempo pasa más lento, pero el chaval parecía como pensativo. Algo ha pasado entre estos dos, ya lo creo.
Finalmente se acabó yendo de ahí, sin mí.
No me ha ni mirado, no me ha dirigido la mirada. Se ha ido sin más, pasando por encima de mí. Por lo menos no me ha pisado.
Chicos, es de noche. Llevo aquí más de diez horas y nadie ha vuelto. Nadie me ha visto. Hasta ahora ha estado haciendo bastante calor pero han aparecido nubes negras en el cielo.
Está chispeando… Gracias a Dios que hay árboles encima mío que más o menos me van protegiendo. Mierda, la lluvia está apretando y siento cómo poco a poco me voy mojando más y más. Ya casi no tengo tinta, no tengo alma. Mi cuerpo es bastante extraño, está húmedo y si estuviera doblado en varias partes sería imposible desdoblarme. Me rompería en mil pedazos. Es la tranquilidad de estar abandonado la que me mantiene vivo.
El problema es que cada vez cae con más fuerza y empiezo a sentir que me ahogo. Me cubrirá entero y definitivamente me desharé en pedazos minúsculos. Cuando el sol evapore toda el agua yo ya no estaré ahí para que nadie pueda verme. Me habré esfumado.
El agua está muy fría. ¡Madre mía! Al final me congelará hasta los pensamientos. Vale, que alguien pida ayuda, empieza a cubrirme por muchas partes. Me estoy deshaciendo. Joder, joder. Esto no para de subir. La lluvia esta siendo muy fuerte. No llevamos ni veinte minutos y todo a mi alrededor es barro y agua. Empiezo a no poder ni pensar del frío. Me está doliendo.
Ya casi no veo el cielo. Jamás pensé que desearía seguir ahí abandonado para siempre que morir de esta forma. Pero bueno, es lo que hay.
Empieza a fallarme cada una de las esquinas. Se van doblando y se están separando de mí. Esto… Ya no lo puedo soportar, yo…
Fin Primera parte de Mit dir, in die Nacht.