-¿Es que yo no te valgo? –dijo muy fríamente.
-¿Podemos dejar el tema de la orgía? ¡No es ni de lejos el tema importante! – me dieron ganas de apalear la cama, porque Bill como siempre se ponía en plan acaparador de atención. ¿Porqué mierdas estaba siendo así?
-¿Porqué no me contestas a la pregunta? – Bill me pegó un pequeño empujón, con una fuerza de mierda, intentando que le prestara más atención, y empecé a contar hasta diez mentalmente. -¡¡TOM!! ¿¡Me quieres contestar!?
-¡Bill, por el amor de Dios! ¡Si no me valieras hace siglos que te habría dejado! ¡Eres un tío, Bill! ¡¿No entiendes lo difícil que es para mí?! ¡Y aun así seguimos juntos, joder! ¡Claro que me vales! ¡Era… una proposición tonta! – me giré para no verle la cara. Estaba empezando a disculparme y no me daba la gana. Y a demás no habíamos tocado el tema importante, y él parecía que no pensaba sacarlo. – No pienso volver a hablar de esto Bill, mi enfado no va por ahí y ya has tenido suerte de que te conteste estas mierdas.
Hubo un silencio que me hizo replantearme salir por la puerta. Si Bill no pensaba hablar de esas cosas más valía que me fuera de ahí, y dejar que se pudriera ahí dentro.
-¿Ha sido el codazo? – dijo Bill dubitativo. Ante eso no pude más que intentar calmarme y respiré lo más hondo que pude.
-Mira, mejor cállate. Dime una cosa y me piraré después. ¿Aún quieres a Dawn? – me giré lentamente, y pude ver el cambio de su expresión casi en cámara lenta. Primero se había quedado estático, pero luego empezó a abrir los ojos como con impresión. Esperé a que contestara, y cada segundo que tardaba en hacerlo se iba clavando en mi pecho dolorosamente. ¿Tan pillado estás Tom? ¿Tan cogido por los huevos te tiene?
-No… Yo, jamás he llegado a quererla. – parecía que estaba buscando unas palabras que no sabía cómo decir. – A ver, sí, claro que sí la he querido… Pero no como… a ti. – esa última parte la hizo señalándome vagamente, pero sin atreverse a mirarme. – Le he tenido mucho aprecio y cariño, pero ella siempre supo que no estaba enamorado.
Bu-bum Bu-bum
Ha dicho enamorado. ¿Está enamorado de mí? El pulso se me empezó a acelerar mucho y sentí que toda la fortaleza que estaba creando con firmeza se desmoronaba a la mínima de cambio. Como si toda una estructura de fuerte roca, se destruyera por el susurro de un pequeño ángel. Mierda tío… Mierda.
Tom, serénate.
-¿Y porqué mierdas te has puesto así? ¡Deberías haberte alegrado por ella! – de hecho, con ella ha sido con la única que he hablado bien en toda la noche. En cuanto ha aparecido por el comedor he ido a ver cómo estaba y le he dado un abrazo. La pelirroja estaba bastante mal pero se ha alegrado de que le apoyara de esa forma. Le he preguntado un poco qué tal, y me ha dado un par de detalles. Me parecía genial que Ashley se lo hubiera montado con Dawn, era una pasada, joder.
-Pues no… Porque no me lo esperaba. ¡Creí que todo se iba a quedar en una fantasía de Ashley! ¡En mi vida me habría imaginado a Dawn con una chica! Aparte joder, Tom, que la ha emborrachado tio.
-Y dale. ¿No quieres ver la realidad o qué te pasa? – Bill me estaba exasperando. – Ashley no la ha querido emborrachar. Han sacado la botella y Ashley se habrá lanzado cuando ha podido. La jugada le ha salido bien, pero no lo ha hecho a propósito.
-Oh venga va, como si el resultado de una borrachera pocas veces fuera por otro camino. Era evidente que si le daba de beber iba a tener más posibilidades. Que no es tonta.
-Bueno Bill, ¿Y qué? Ella te pidió permiso. Y a ti Dawn ya no te importa, ¿no? ¡¿Porqué entonces te comportas así?! Como muchísimo podrías haber apartado a Ashley después, en el comedor por ejemplo, y haberle dicho algo en plan “joder, tía, mira que usar el truco del alcohol…” ¡¡Y ya está!! ¡Las dos intentan olvidarse de ti y tú encima te pones en plan celoso! Venga hombre, no me jodas. ¿¡No ves que a Dawn debes de haberle jodido la vida?! – Bill me escuchaba pero no parecía procesar demasiado. O Quizás lo contrario, quizás escuchaba absolutamente todo lo que le estaba diciendo pero no sabía ni qué responderme. Quizás porque sabía que yo tenía toda la razón.
-Yo de verdad que no…
-¿Y qué coño era ese abrazo? – no le dejé terminar. De pronto sentía que iba a empezar a soltar toda la mierda que estaba reteniendo, y tenía miedo que esto se fuera a las manos. Aún me dolía el codazo. -¿A qué mierdas ha venido? ¿Intentabas calmarla con tu presencia o algo así? Eres tú el que ha perturbado su paz, egocéntrico de mierda. – noté que se le crispó la cara.
-En aquel momento, sentí como si se hubieran aprovechado de ella, y nada más que quería…
-¿…Protegerla? ¿Qué eres superman? Lo siento pero Lois Lane intenta olvidarse de ti yéndose con la mujer maravilla. Supéralo.
-Tom, joder…
-¿Cuándo te has dado cuenta de que no estaba en la habitación? – dije, achinando los ojos, temiéndome la respuesta. Vi que tardó en contestar y puso la mirada gacha, fija en el suelo.
-Con… Con… Con el portazo.
-Tsk… - me lo temía. – Después soy yo el que se ciega por un par de tetas. Vaya, tú tenías cuatro delante tuyo. Está claro que aun desapareciendo la polla que te ha estado follando una semana entera sin parar, no ha servido de nada para que te distrajera.
-Tom, estaba enfadado… Estaba cegado por la rabia. Yo…
-¿Sabes? Las pocas personas en todo el campamento que saben que nos lo estamos montando ahora se piensan que te da absolutamente igual que yo intente hacerte razonar, y que a la primera de cambio me dejas tirado. Ahora se piensan que tu ex está por encima de mí. Y eso me hace pensar que es verdad. – estaba realmente celoso. Estaba claro que sí. Tenía ganas de descuartizarlo en mil pedazos.
-Eso no es verdad… - dijo, conteniendo el llanto.
-Pues no lo has sabido demostrar una mierda. – le dediqué una sonrisa muy cínica y me giré. Me dirigí hacia la puerta y abrí el pomo. Cuando empecé a salir de la cabaña noté sus pasos corriendo hacia mí.
-¡TOM, TOM! ¡¿Dónde vas?! – me tiró del brazo y me obligó a mirarle a la cara. Tenia los ojos rojos y estaba empezando a hacer pucheros.
-A mi cabaña, Bill. Necesito despejarme y pensar un poco. – pegué un tirón del brazo y me liberé de su opresión. Volví a ponerme en camino.
-¡No, Tom, por dios, quédate! – ésta vez me abrazó por la espalda, rodeándome y arañando mi pecho con sus uñas. Enterró la cabeza y empezó a hiperventilar. Notaba como poco a poco se me estaba mojando la camiseta por culpa de sus lágrimas. – Quédate… Quédate… Lo siento. – de pronto se congeló todo. ¿Qué?
-¿Qué has dicho? – dije, serio e impasible. Al menos, lo máximo impasible que podía ser. Notaba que todas las barreras iban cayendo una a una, y la única arma de Bill parecían sus suspiros. Tanta piedra para que llegue él y me desmorone prácticamente con sus ojos. Unos ojos llorosos.
-Que lo siento… Tom, perdóname… perdóname… - dejó de reprimirse el llanto y se estaba convulsionando detrás de mi espalda. – No quiero a Dawn, te lo juro. Ha sido… No sé qué ha sido. Perdóname… Tom no te vayas. Quédate conmigo.
-Bill, lo último que necesito es quedarme. – empecé a cogerle las manos pero simplemente con el fin de deshacerme de su abrazo.
-¡NO! ¡NO, TOM! Por favor… Que mañana nos despedimos. No te alejes de mí la última noche… - me cogió él las manos con tanta fuerza que no pude ni soltarme. Volvía a rodearme fuertemente y después a continuar llorando en mi espalda.
Poco a poco yo también iba poniéndome rojo, y sentía que si no me liberaba rápido de ésta tenaza, yo también me iba a poner a llorar. Pero bueno, supongo que es normal ¿no? Parece que no se ha olvidado de su ex, y aunque yo no quiera admitir que me fastidia, pues sí lo hace. Y mucho. Muchísimo.
-Bill…
-Por favor, Tom.
Yo quería salir huyendo pero tenía toda la razón. No íbamos a volver a vernos al menos en un tiempo ya que teníamos que decidir cómo quedar en algún punto entre Berlín y Düsseldorf, y ésta iba a ser la última noche y la última mañana que me iba a despertar con él a mi lado. Era muy difícil negarme. Pero el orgullo estaba haciendo de las suyas. Y cada vez que recordaba la experiencia de hacía unas horas, se me revolvía el estómago y me hervía la sangre.
Me giré poco a poco y me quedé mirándolo. Le temblaba el labio inferior y se lo mordía irremediablemente para intentar cesar su nerviosismo. Le negué con la cabeza y suspiró sonoramente. Lo vi alejarse de mi y meterse en la cabaña. A los pocos segundos la luz se apagó.
No me moví de ahí en al menos media hora. No podía, el cuerpo no me dejaba avanzar. No podía ni girarme y ponerme a mirar en otra dirección. No, algo en mí sabía yo debía meterme ahí dentro y dejar la mierda para mañana. La mierda para cuando estemos separados. Ya tendré tiempo de analizar las cosas cuando no estuviéramos juntos, ¿no?
Pero tampoco podía entrar y estar como si nada. No podía meterme en su cama y empezar a besarle para acabar echando un último polvo. No, no podía. No podía mirarle a la cara. Pero tampoco quería mirar a nadie más.
Estaba dolido, mucho. Pero… Bill estaba ahí, llorando, y esperando a que llegara.
Bill
Estaba temblando de los nervios, justo en el lado de la pared de la cama, sin atreverme a mirar hacia fuera. Quería que todo mi mundo se redujera a esa esquina, y que nada pudiera entrar o salir de él. Estaba abatido, y desorientado.
En parte aún seguía enfadado con él pero su enfado se triplicaba al mío, y tenía todo el derecho a desaparecer. La verdad es que yo me habría puesto mucho peor en su caso. Muchísimo peor. Bueno, nada más hay que ver como me he puesto por lo de la orgía…
Intentaba respirar profundamente y me apartaba las lágrimas constantemente de las mejillas. A veces no podía evitar sentir el sabor salado en la comisura de mis labios.
No podía ni dormir.
La puerta se abrió de golpe. Me giré, y con el corazón a mil por hora pude ver la silueta de Tom adentrarse en la cabaña. Cerró tras de si y empezó quitarse las zapatillas. Yo sólo le observaba atento, intentando secarme las lágrimas de nuevo. Se acercó a mi cama con un paso lento.
-¿Tom?
-Sigo enfadado. Simplemente… quiero dormir aquí. Mañana volveremos a hablar.
No pude más que asentir mientras notaba la manta separase de mi cuerpo porque Tom la había levantado para poderse meter él. Me estiré mirándolo y nos aguantamos la mirada unos instantes. Me acerqué mucho a él, temeroso de que me apartara de golpe, pero este simplemente continuó con la mirada fija en mis ojos. Enterré la cabeza en su pecho y este puso su mano en mi pelo, me lo acarició suavemente hasta que me quedé dormido. Yo sabía que él no iba a dormir en toda la noche. Ayer mismo nos habíamos quedado dormidos en esta misma posición, y qué distinto estaba todo ahora de entonces. Esta noche Tom no intentaba hacerme sentir mejor con frases alentadoras sobre nuestro futuro. No, esta noche Tom estaba callado, dando pie a que todas aquellas inseguridades volvieran a mostrarse.
Esto era una puñetera pesadilla.
Los rayos de luz me desvelaron y tuve que abrir los ojos en el momento en que empezó a ser demasiado molesto. Poco a poco recuperaba la visión y el sentido. Noté unos brazos rodearme y vi que se trataba de Tom. Parece que durante la noche habíamos adoptado la postura de la cuchara, y yo tenía mi espalda recostada en su pecho, mientras él me rodeaba. Casi siempre nos despertábamos en esa postura.
Miré mi móvil que estaba cerca de mi alcance y cuando intenté darle a un par de teclas éste no respondió. ¿Hacía cuanto que me había quedado sin batería?
-Son las 9, aún puedes dormir un poco más. – la voz impasible de Tom me sobresaltó. Me giré bruscamente y lo vi, con los ojos aún un poco rojos, y unas ojeras terribles de no haber dormido absolutamente nada.
La imagen era bastante devastadora y no pude más que coger mucho aire de la impresión, y tener que soltarlo poco a poco mientras asimilaba el presente.
Anoche había sido una mala noche. Después del mejor concierto de mi vida, todo se había ido a la mierda en cuestión de un par de horas.
-¿Porqué no duermes tú un poco y te despierto a las 11? Yo me voy a ir a duchar ya. Igual si no estoy cerca consigues dormir un poco. – mi comentario hizo que se riera de lado, con ironía. Después se encogió de hombros y miró a otra parte.
-Probaré.
Me levanté con cuidado y Tom deshizo muy rápidamente el abrazo. Me apartó casi como aun trapo y se giró hacia la pared. Se tapó entero y yo e fui a las ventanas a intentar taparlas con las cortinas, haciendo que entrara la menos luz posible. Cogí toda la ropa que iba a usar y me metí dentro del baño.
Me quité el maquillaje corrido, que debería haberme quitado por la noche y después me metí en la ducha. Esperaba salir de ahí y ver a Tom feliz y contento, y darme cuenta que todo lo que había pasado en realidad era una pesadilla, pero sabía que no era así. Ni siquiera la fantasía me hacía sentir mejor, porque era como intentar premiarme a mi mismo por una fechoría.
No salí del baño hasta después de dos horas. Había estado bajo el chorro del agua por lo menos una hora entera y no me atrevía a salir a la realidad.
Cuando estuve cambiado y arreglado del todo, salí de ahí.
Me encontré con un Tom dormido completamente. Me entraron ganas de llorar otra vez, no soportaba la situación. Con algo de miedo me acerqué y le besé muy rápido en los labios.
Este se sobresaltó de golpe y cuando pudo mirar fijamente a algo siendo completamente consciente, ese algo fui yo. Pero me miró con bastante frialdad. Se dio una ducha fría y en menos de un cuarto de hora, me estaba ayudando con las maletas.
Avanzamos en silencio hasta el triangulo de los edificios principales y ya vimos al bus ahí, preparado para devolverme a mi mundo.
Recordé perfectamente el día que nos conocimos y un escalofrío me recubrió el cuerpo cuando juntos, nos metimos en el maletero a colocar las maleta. Ambos compartimos una mirada cómplice, pero no se mencionó nada. Simplemente volvimos a salir.
Aún no había casi nadie porque imaginaba que todos estarían aprovechando al máximo los minutos que les quedaban en ese paraíso apartado.
Aun faltaba media hora para salir y Tom y yo no nos decíamos nada. Tenía ganas de meterme en el bus y esperar ahí dentro. Desaparecer ya, desear que pasara un tiempo y que todo volviera a estar como antes. Invitar a Tom a casa, que él me invitara a la suya. Estar todo el día juntos otra vez, pero sin ningún problema.
-Oye… Creo que me voy a meter en el bus ya. – yo sabía que él también se quería ir. Esto estaba siendo demasiado incómodo. El silencio era sepulcral y odiaba vernos así. No podía. Si Tom necesitaba tiempo, yo se lo daba ya mismo, y así cuanto antes, todo volvería a estar como siempre.
Me miró largo y tendido unos instantes y después asintió.
-Oye, no llevo el móvil encima. Apúntate el mío pero no me llames hasta dentro de tres o cuatro días. Necesito pensar.
-Mi móvil lleva sin batería días. Y está en el maletero. – Tom simplemente asintió y me indicó con un gesto que le siguiera. Lo hice así hasta que acabamos dentro de la oficina de su padre. No había nadie. Sentí un portazo fuerte tras de mí, y el sonido del seguro.
Me giré sorprendido y lo siguiente que vi fue a Tom abalanzándose sobre mi. Me besó con fuerza y con ansias y yo al principio no sabía ni cómo reaccionar. No tardé ni cinco segundos en corresponderle igual. Odiaba esto, lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba… Necesitaba recuperar al antiguo Tom, pero algo en él se había quebrado y yo era el culpable de ello.
Intenté seducirle con sexo, y empecé a bajar mis labios por su cuerpo. Le lamí el cuello entero pero empezaba a ver como este se retorcía ante la idea.
Yo hacía caso omiso a sus pequeñas quejas y empecé a levantarle la camiseta.
-Bill, para. - Yo seguía sin escucharle y al ver que me estaba cerrando el acceso a su camiseta, bajé las manos y le empecé a desabrochar el cinturón. – Bill, joder.
-Tom yo sólo quiero que estés bien conmigo. – intenté ponerle voz sensual mientras me empezaba desnudar yo. - ¿No me lo quieres hacer?
-No, no quiero. – y antes de que me acabara de bajar el pantalón, Tom ya me lo estaba volviendo a colocar en su sitio. – Deja de hacer el imbécil.
Esta vez intenté meter la mano directamente dentro de su pantalón, y se la empecé a acariciar. Me decepcionó mucho ver que la tenía blanda y flácida. Ahí no había emoción ni nada. Realmente Tom no quería hacer nada. En cuanto notó que se la había cogido me apartó de sopetón con un golpe que me propinó entre las costillas, a mano abierta y yo me di contra el pico de la mesa.
-AAAHHH… - dije enseguida. Tocándome en el lateral, donde había recibido el impacto puntiagudo. Tom se quedó ahí sin hacer nada.
-Te he dicho que me dejaras. – dijo sin más.
-¿Pero porqué? ¡¿De verdad no quieres ni un polvo?! – de nuevo sentía el pánico apoderarse de mi cuerpo. Otra vez las inseguridades de no ser suficiente para él volvían a atacarme fuertemente. ¿Estaría volviendo a su estado de “heterosexual”? ¿Es que acaso se acababa el verano y con eso lo que había entre nosotros? Ni siquiera el sexo hacía que se le olvidara lo que había pasado… El dolor de la situación y de mi costado me acabaron arrancando unas lágrimas que me había jurado no soltar. Pero no lo podía evitar.
-No Bill, no quiero. Ahora mismo sólo quiero que te vayas.
-¿Y porqué me has besado? – esa pregunta me estaba carcomiendo las entrañas. Tom me miró con seriedad y luego, algo cabizbajo, me acabó contestando.
-No recordaba cual había sido nuestro último beso. Aparte… Así nos decimos adiós ya. - ¿Decirnos adiós? Nada de eso, esto tenía que ser un “hasta luego”. ¿Despedimos? ¿Cómo que nos despedimos? Las fuerzas empezaban a flaquearme.
-¿No vas a pedirme perdón por el empujón? Me he hecho daño.
-Ayer me clavaste el codo en el estómago. Tuve arcadas por lo menos durante una hora después. Y tampoco me has dicho lo siento.
-Acabas de rechazarme de mala manera.
-Ahora no quiero nada tuyo. Ya te lo he dicho. Era para despedirnos.
Ante eso, me entró una ataque de ansiedad. De golpe las paredes empezaron a hacerse cada vez más y más pequeñas, haciendo que necesitara salir de ahí corriendo. Abrí la puerta y me apoyé contra el árbol más cercano, sintiendo unas ganas de vomitar inminentes. Se me había llenado el cuerpo de calor y sudor, y sólo con un poco de brisa se me acabó calmando el cuerpo. Al final me erguí e intenté respirar profundamente.
Pude ver a Tom salir de ahí apresuradamente después de unos instantes, y miró como loco a todas partes. En cuanto su vista se posó en mi, soltó aire con tranquilidad.
Me di la vuelta e intenté caminar de vuelta al bus lo más aprisa posible pero el brazo de Tom me agarró con fuerza y no me dejó continuar.
-Tres o cuatro días, Bill. – me dio un papel donde pude reconocer un número de teléfono. El suyo, claro está. Suspiré, ya ni me acordaba. Lo guardé en el bolsillo y después lo miré desafiante.
-Ya veré si te llamo. – aquello lo dije fríamente y Tom simplemente rodó los ojos, con algo de cansancio. Sabiendo que aquello no era verdad al cien por cien, pero que tenía que seguir demostrando que tenía algo de orgullo después de haberle llorado toda la noche.
-Adiós. – me dio un beso en la mejilla.
-Adiós. – me giré y desaparecí de ahí.
En menos de dos minutos me encontraba en el bus, esquivando las miradas de todo el mundo. Sabía que había pasado por al lado de Dawn, pero no quise girarme. Llegué al piso de arriba del autobús, e intenté divisar a Georg. De nuevo, estaban al final de todo y el moreno me hacía señas con las manos. Me dirigí con los pies cansados y abatidos sintiendo que me pesaban cientos de quilos. Aún no me creía que acaba de decirle adiós a Tom de esa manera.
Llegué a mi sitio y tampoco miré a Ash.
Me senté en mi sitio, me crucé de brazos e intenté ponerme a dormir.
Recé por no ponerme a llorar en sueños.