Bill
Se volvió a abrir la puerta y mi cabeza se giró enseguida. Esta vez no pude contenerme sólo observando y dejé a Georg con los niños, levantándome enseguida para ver cómo estaba Tom.
Llegué y aún así tuve que esperarme a saliera de la cocina donde estaban dejando todos los trastos que estaban intentando rescatar del malísimo tiempo de fuera.
-Oye, ¿tenéis que volver a salir? – dije, casi tan preocupado como cuando mi madre me veía jugar fuera en el jardín y estaba lloviendo. Era un miedo estúpido porque como máximo me iba a resfriar, pero ya era una idea que me desagradaba.
Lo observé de arriba a bajo, estaba muy empapado y con trapos de cocina se intentaba secar la cara y el pelo. Estábamos saliendo fuera y me contestó.
-No no, menos mal. Aún queda toda la estructura del escenario con las tablas de madera y el soporte de metal, pero eso lo dejaremos ahí porque no se estropeará. – se puso a mirar el comedor, e hizo un repaso general de todo. - ¿Cómo ha ido todo por aquí? ¿Algún desmadre? Ningún niño ha tenido miedo de los relámpagos ni nada de eso, ¿no? – lo miré risueño, sabiendo que en el fondo, aunque a Tom no le gustara este sitio, se preocupaba y mucho. Tenía esa madera de profesor, y sobre todo de niños pequeños.
-No no, todo ha estado bien. – después me fije con toda la camiseta empapada hasta arriba, que iba goteando allá por donde pisara. No me lo pensé dos veces y le cedí la sudadera que llevaba encima. Habíamos tantos ahí dentro que aunque sí refrescaba un poco, se notaba el calor humano y no me hacía mucha falta. – Ten por dios, quítate eso antes de que te resfríes.
-Madre mía, hablas como mi padre cuando era pequeño. – se escurrió la camiseta ahí mismo, y se dispuso a quitársela. ¿pero qué coño? ¿Ahí en medio? No pude evitar mirar a todas partes y las chicas de instituto se hacían golpes las unas a las otras para que se fijaran en él. Me cago en la puta, ¡que es mío!
Cuando me giré a decirle algo, me quedé mudo. Ya lo había visto cientos de veces sin camiseta, pero todas y cada una de ellas me acaba dejando mudo. Tenía la camiseta entre sus manos y hacía fuerza con sus brazos estrujándola, haciendo que todo el agua cayera al suelo. Tenía todo el torso empapado y aunque estábamos a oscuras, las luces de las linternas (que más de una usaba para alumbrarle directamente), hacía que le brillara todo. Después se pasó la prenda por el cuerpo intentando eliminar toda el agua posible de su torso. Volví a la realidad.
-Tom por dios, date prisa que te están haciendo un repaso por todas partes. – Le tendí la sudadera bien alto, intentando taparle al máximo. Este simplemente se rió y la cogió de un tirón, con un aire bastante de burla.
-Oh vamos, ¿no quieres que nadie me vea? – se la estaba poniendo muy poco a poco.
-Joder Tom, no me hagas esto. Pues no, no quiero. – su risa burlona me estaba poniendo enfermo, por un lado porque quería que se pusiera de una vez la sudadera, y por otro porque rezaba por poder quitársela a mordiscos.
Se la acabó poniendo y luego me guiño un ojo.
-¿Contento, baby?
Asentí duramente y luego sentí un escalofrió. Mierda, parece que sí que me era necesaria esa sudadera. Pero bueno daba igual, prefería que la tuviera Tom antes de que incubara algo. Me froté los brazos para darme calor e intenté encaminarme a donde estaba antes, trayéndome a Tom conmigo. Pero este me paró en seco.
-Oye oye, ¿tienes frio? – me miró, con el ceño fruncido.
-¿Eh? Ah, no no… No te preocupes. – él supo que mentía.
-Oye esto es ridículo, te voy a devolver la sudadera.
-Que no que no, quédatela. – insistí, parándole las manos que ya se las iba a llevar a la sudadera, para quitársela.
-No mejor, vamos en un sprin hacia el edificio de profesores, que ahí yo tengo mi habitación, aunque no la use. Igual hay ropa vieja o le puedo pillar algo a mi padre, aunque no me haga mucha gracia. – dijo, muy serio. Aunque de pronto le cambió la cara. – ¿Y sabes qué más podemos hacer…? – y me guiñó un ojo.
De pronto la respiración se me cortó y nada más que pude poner cara de travieso y niño salvaje. Oh joder, claro que sabía que podíamos hacer. Asomé la lengua entre mis dientes y asentí lentamente. Le hice señales a Georg de lejos de que nos pirábamos y este simplemente asintió, riéndose. Miré por el comedor pero no vi a Ashley, ¿dónde debe de estar?
Tom fue a hablar con su padre y este le dejó las llaves de su cuarto y después se vino conmigo. Cogimos uno de los paraguas que habían usado, aunque no habían sido demasiado efectivos y salimos corriendo debajo de él. El edificio de las habitaciones no estaba lejos así que en menos de un minuto ya estábamos en la puerta, abriéndola.
Dejamos el paraguas en el suelo y Tom me indicó que me fuera al final del pasillo, y que esperara enfrente a la penúltima habitación, que esa era la suya. Mientras él, entraba en la habitación de su padre y pillaba las otras llaves.
Se acercó poco a poco a mí, e incluso antes de siquiera intentar entrar, ya me estaba besando febrilmente. Me agarró los muslos y me empotró contra la puerta, después, aguantándome con una sola mano, abría su puerta y nos metía dentro.
Me tiró encima de la cama y no tardó en quitarse la sudadera. Otra vez me quedaba embobado mirándole los abdominales.
-¿Te he dicho alguna vez las ganas que tengo de untarte chocolate ahí y limpiarlo con la lengua? – dije, mientras me erguía un poco, y le pegaba un lametón casto y húmedo.
-Humm… - gruñó. – Cuando quieras.
Ashley
Las dos estábamos sólo en bragas y nos devorábamos la una a la otra, era increíble lo bien que estaba respondiendo Dawn, y me hizo incluso plantearme el hecho si realmente yo estaba celosa de Bill pero porque él estaba con Dawn, y no al revés.
Se dejaba hacer todo y yo estaba dominando todo el rato. Le paseaba mi lengua por todas partes y ella sólo me pedía más.
-Mañana será divertido acordarnos de esto… - le dije, prácticamente besándola, labios con labios. La vi soltar una sonrisa traviesa y después se tapó la cara.
-No dejes que llegue mañana. – no sé porqué, pero esa frase me inundó el pecho. Era como si en un par de palabras ella me estuviera encomendando a mí una misión. El peso recaía sobre mí al igual que su confianza. Me estaba pidiendo que este momento fuera eterno. La separé las manos de su rostro y luego la besé dulcemente.
Abandoné sus labios y fui descendiendo poco a poco por su cuello, dando mordiscos. Bajé y bajé hasta encontrarme de nuevo con sus pechos, con algún que otro chupetón que tenían pinta de permanecer ahí al menos una semana. Le mordí ligeramente un pezón y esta gruñó de gusto.
Continué bajando y bajando y lamí la parte central de su barriga hasta llegar al ombligo.
-No sé cómo hacer que mañana no llegue nunca, pero si puedo hacer que recuerdes este momento para siempre. – le puse las manos en ambos lados de su ropa interior y se la fui quitando poco a poco. La respiración entrecortada de Dawn hacía que acelerara más las cosas y cuando conseguí retirar la prenda, la tiré al suelo. La observé atentamente. – Madre mía, te lo hacía mil veces… - y sin esperar respuesta a eso, le fui separando las piernas y tirando de ella con rudeza hacia mí.
Pasé un dedo por su zona y estaba completamente empapada. Con sólo el tacto, Dawn empezaba retorcerse. Jamás en la vida había hecho lo que estaba haciendo ahora, pero no debía de ser muy difícil, ¿no?
Me acerqué lentamente y sin pensármelo mucho le pegué un lengüetazo que hizo expirar a Dawn fuertemente, mientras apretaba las sábanas cerrando sus puños.
Lo que me esperaba es que supiera peor, así que me fui relajando. Continué con pequeñas y profundas lengüetadas mientas la oía suspirar y gruñir una detrás de otra.
Me separé un poco y decidí meter un dedo embistiendo suavemente con él.
-Dios… - la escuché. Volví a usar mi lengua, sobre todo por el clítoris con un movimiento frenético mientras la penetraba, esta vez con dos dedos.
Estuve un rato lamiendo y paseando mi lengua por todas partes, notando que la mandíbula empezaba a doler. De pronto empecé a succionar y esta vez Dawn empezó a chillar. Dios dios dios dios. Aumenté el ritmo porque sabía que ella estaba apunto de llegar, y tanto fue así, que Dawn me apretó la cabeza contra su coño, haciendo mucha más fricción. Empezó incluso a levantar las caderas un poco, involuntariamente, y yo aproveche para introducir un tercer dedo, y a succionar más fuerte.
-No pares, no pares, no pares… - dijo entre gemidos, haciendo casi imposible de entender lo que me estaba pidiendo. Suerte que el contexto lo era todo.
Al cavo de unos instantes, Dawn se puso a chillar y luego aflojó la fuerza de su mano en mi cabeza. Peinándome el pelo lentamente, como indicando que no parara pero que bajara la velocidad. Cuando estuvo del todo, me hizo un gesto y se acurrucó un poco, respirando fuertemente y con todo el cuerpo brillante del calor.
Sonreí de puro gozo y me limpié la boca con la mano, eliminando rastros de flujo y saliva que empezaban a chorrear.
-¿Eterno? – dije mientras e levantaba y me iba al baño.
-Eterno… - oí de fondo.
Cuando llegué al baño me miré durante un instante, viéndome reflejada pero sin verme a mi misma. ¿Era Ashley de verdad la que estaba en el espejo? ¿Una Ashley que se acababa de ¿tirar? al pivonaco más brutal de toda la puñetera universidad, y del campamento ahora mismo? Sí, esa era yo…
Sonreí y negando un poco con la cabeza, me agaché a coger agua del grifo. Me la metía en la boca, hacia gárgaras y luego la escupía. Así unas tres veces hasta que de qué poco no me di contra el grifo por un respingo que pegué. Dawn me estaba tocando el culo y se había inclinado encima mío besándome la espalda.
Sonreí al notar y eso y me giré poco a poco.
Dawn me besó en cuanto estuvimos frente a frente y me subió encima del mármol de la pica. Noté sus manos metiéndose por dentro de mis bragas y prácticamente sin tantear, me metió un dedo. Tiré la cabeza hacia atrás con un gemido y finalmente me recosté sobre el cristal, cerrando los ojos y sintiendo todo lo que me estaba haciendo.
Bill
Nos habíamos metido en el baño. Mis piernas rodeaban por enésima vez las caderas de Tom mientras este me follaba contra el espejo, yo subido encima del mueble de la pica del baño. Cada embestida hacía que temblara todo el mueble de las toallas, y prácticamente cualquier cosa con patas que estuviera cerca. Cada vez me gustaba más sentir a Tom haciéndome estas cosas, la sensación que tenía no se parecía para nada a la de estar metiendo yo la polla en ningún sitio, era totalmente distinto. Era… Dios, una pasada.
Mario tenía toda la puñetera razón.
Me dedicaba a dejarme marcas por todo el cuello, y por el pecho dejando claro que ese pedazo de carne, tenía ya un dueño. Tom no hacía más que reírse de la situación.
-¿Quieres que te de más fuerte? – dijo entre dientes, como si fuera una bestia salvaje que quisiera devorarme.
-Dame más fuerte… - puse mi mano en su nuca y tiré de él mientras que con la otra mano hacía presión en su culo para que me diera más al fondo. – DIOS… - dije, sintiendo absolutamente todo y más. Estaba siendo la hostia. - ¿Cómo puedes follar tan bien?
Tom me miró directamente con una mirada socarrona.
-¿No esperabas que follara tan bien? – alzó una ceja mientras me seguía penetrando con fuerza.
-La verdad es que sí, no esperaba menos… - dije, riéndome.
De pronto, Tom cambió el semblante y se irguió un poco, parando sus movimientos. Lo miré desconcertado pero enseguida puso un dedo en mi boca, indicando que me callara. Lo vi mirar a la nada y como a prestar atención a algo. Me callé y yo también me puse a escuchar.
De pronto unas risitas y unos gemidos se escucharon al otro lado de la pared.
-¿Qué coño…? – dijo Tom, sonriendo. – Vaya baby, me da que no somos los únicos que nos lo estamos pasando bien… - puso una risa de lado y después se acercó cada vez más a la pared. – Bueh, debe de ser Erika… Creo que después de yo, es la que más pilla cacho en todo el campamento. Espera espera. – si hubiera podido atravesar la pared, lo habría hecho, porque cada vez se acercaba más y más al espejo, prácticamente tapándose la oreja de lo cerca que estaba. – La madre que la trajo… ¡Está con una tía! – y se alejó del cristal con la mano en la boca, y riéndose escandalosamente. – ¿Las oyes? ¡Son dos chicas! – Tom parecía no poder ni creérselo -¿Bill Bill, vamos y les pedimos una orgia? – la mirada se le iluminó y realmente me pareció que lo decía enserio.
-¿Estás de coña? – Por la cabeza se me pasó una imagen en la que estaban dos tías buenorras encima de Tom, y yo me dedicaba a observar cómo se lo comían entero. Oh vamos, ni de broma. De pronto escuchamos chillidos de al otro lado del cuarto, lleno de gemidos y de “no pares no pares”. La verdad es que me estaba imaginando cosas muy sucias, y eso me estaba poniendo malo. Pero después me acordaba de que era Erika, y se me cortaba todo. –A demás, por ahí parece que ya están acabando…
-Oh vamos, les picamos a la puerta sólo en ropa interior en plan “Mmm.. alguien ha pedido un par de pollas para dos princesas?” y nos las tiramos Bill. – Tom estaba delirando y yo tenía ganas de partirle la cara.
-¿Me estás diciendo que te da igual que me tire a otra tía? ¿Te da igual que me toque el culo y todo lo que quiera? ¿Me estás diciendo que te da igual que a mi me parezca bien que te tires a otra, delante mío? – me bajé del mueble y empecé a buscar mis cosas. Esto estaba siendo demasiado.
-Eh espera espera, yo no lo veo así. ¡Yo estoy viendo un rato divertido, Bill! Tú y yo nos lo montamos, ellas se lo montan, después intercambiamos un rato y después volvemos tú y yo… - pasaba olímpicamente de sus mierdas excusas que no hacían más que estropearlo más. Ya me estaba poniendo el pantalón cuando me entraron una ganas enormes de fumar. – Bill, espera joder. ¿Dónde vas? – me vio salir de la habitación, y la última vez que lo vi antes de dar un portazo fue él intentando vestirse también. Llegué al principio del pasillo, y me encendí un cigarro.
Tom
Joder joder, la he liado un montón. Empecé a buscar mi ropa desesperadamente y en cuanto encontré los calzoncillos me los puse. Después me puse los pantalones que aún seguían bastante húmedos y me dispuse a salir por la puerta.
La madre que me trajo, sólo a mí se me ocurre proponerle algo a éste, que me acababa de echar la bronca por haberme quedado sin camiseta en el comedor. Salí disparado a la puerta.
-Bill espera yo no que…- no acabé de decir la palabra porque me quedé mudo. De la puerta de al lado acababa de salir una chica con una camiseta de tirantes puesta, y unas bragas nada más. Esta me miró con los ojos abiertos, prácticamente como si hubiera visto un fantasma. – Dawn… - dije, casi sin pensar. Enseguida escuché un “¡¿Qué?!” de fondo, que anunciaba catástrofe.
Bill se acercaba a pasos agigantados con el cigarro recién encendido. De pronto vi como su rostro empezaba a crisparse por momentos.
-¿Dawn…? ¿Qué coño…? – la miraba con una cara rara. Al cabo de un instante le empezó a apartar el pelo del cuello, como si fuera un trapo sucio. Los dos vimos cómo éste estaba lleno de chupetones y pareció no gustarle nada a Bill. ¿Y ahora que mierdas le pasaba? Lo vi acercarse peligrosamente a ella y ésta simplemente se quedó tensa. Empezó a olerla y puso cara de asco. – Apestas a alcohol… - de pronto Dawn, hizo una risilla, y se tapó la boca, claramente aún estaba bajo los efectos de aquella substancia. - ¿Y con quién…? – puso cara de enfadado pero de pronto todo el mundo se volvió n***o en su rostro. Se quedó pálido y prácticamente podíamos oír sus latidos a mil por hora. Dijo una palabra que a mi también me dejó algo inquieto. - …Ashley.
Bill apartó a Dawn y casi se cae, teniéndola que coger yo. Ésta pareció algo desconcertada pero enseguida se puso a seguir a Bill que se había metido dentro de la habitación.
-¡Bill, ¿qué haces?!
-¡ASHLEY! ¡ASHLEEY!– se puso a gritar furioso, buscándola dentro. La encontramos con la cara de estar muy sobresaltada, también vistiéndose. Pero en este caso, ella había empezado por abajo, yendo prácticamente como nosotros, pero con sostén.
-Bill…- dijo enseguida. Después reaccionó a su cara. -¿Bill, qué pasa?
Bill
¿Que qué pasa? ¿Que qué pasa? ¡¡NO LO SÉ!! ¿Porqué coño me estoy poniendo tan de los nervios? Está claro que le di mi consentimiento para esto, pero… ¿así?
-¿De verdad, Ash? ¿Alcohol? – dije, señalando la botella de tequila que estaba encima de la cama. - ¡¿Has emborrachado a mi ex para tirártela?! – no pude evitarlo y le pegué un empujón, aunque tenía mil ganas de partirle la cara, pero no podía. Básicamente porque me habría podido. En aquel momento intervino Tom.
-¡EEHH! ¡EEH! – de repente me agarró de la cintura y me apartó de ella, como si fuéramos a empezar una pelea. – Más vale que ni se te ocurra intentar nada. – me dijo, con voz de cabreado.
-Tú déjame en paz. De hecho puedes aprovecharte también de Dawn que aun sigue bastante borracha y te la tiras, ya que echas tanto de menos un coño. – dije pegándole un codazo en la barriga, separándome de él, con asco. Aquellas palabras me salieron sin querer, pero estaba tan cabreado que todo lo que decía era fruto de mi odio hacia el mundo en esos momentos.
-Serás gilipollas, yo no me he aprovechado de ella. – Saltó Ashley, y me pegó una bofetada. Me giró la cara y me dejó mirando hacia mi ex, que estaba tapándose con la manta y empezando a llorar. Me olvidé del resto de la habitación y de aquellos que estaban dentro y me acerqué a ella, dándole un abrazo. Esta, se quedó tiesa, sin saber qué hacer.
-Dawn, ¿estás bien? – y la miré a los ojos, poniéndole las manos en las mejillas. Algo en mi interior sentía como si me la hubieran violado. No esperaba que Ashley usara el truco del alcohol con alguien que lo está pasando mal porque lo acaba de dejar con su ex. Dawn me miró seriamente y asintió.
-¿Pero tú eres tonto? – La mano de Ash me tiró del hombro y me obligó a mirarla. – Bill, que esto ha sido solo, te lo juro. Ni lo he planificado, ni la he obligado a nada. ¿Porqué mierdas te estás poniendo así? – Ashley me miraba desconcertada.
-Porque quedamos en que si le hacías daño, te mataba. – le solté, con voz temblorosa. No sabía muy bien porque me estaba afectando todo tanto, pero estaba con los nervios a flor de piel. – Y lo siento, pero emborracharla es caer muy bajo.
-Bill, oye al principio hablábamos de ti, ¿vale? – ahora era Dawn la que intentaba intervenir – encontramos la botella de tequila, y hacía bastante frío, así que simplemente empezamos a beber… Se me derramó el tequila encima y… - su voz se tornó de broma, y se mordió el labio mientras miraba a Ashley, que le devolvió a la sonrisa.
-Putas borrachas… - dije, soltando a Dawn. Empecé a buscar el cigarro desaparecido y de pronto lo vi en el suelo, consumiéndose. Lo agarré y me puse a fumar mientras ordenada mis pensamientos.
-Bill, si yo no hubiera querido nada, no habría dejado que pasara. – me temblaba la pierna y no paraba de sacudir el pie en un claro tipo de tik nervioso.
-No me sirven tus palabras ahora, estás borracha.
-Me la pela que no te sirvan, imbécil. – la miré, desconcertado. – Tú y yo ya no somos nada y si lo que te preocupa es la lealtad de tu amiga, plantéate un poco tu situación hace un par de semanas.
-¡Y dale! ¡Todo el mundo con lo mismo! ¡Que ya lo sé! – dije, exasperado. – No hables sin saber, vale ¿Dawn?, Ashley y yo hablamos hace un par de días sobre esto vuestro. Y me pidió permiso por la lealtad de colegas. – notaba como Ashley se estaba poniendo colorada por momentos.- y le dije que no me importaba siempre y cuando no te hiciera daño. ¡Por el amor de dios, te ha utilizado! – dije, señalándola. – Me acabas de decir que hablabais de mí. Seguro que hablabais de lo bien que follo, ¿no? ¿O igual os quejabais de mi? ¡Compartiendo penas! ¡¡Lo acabamos de dejar, por el amor de dios!! Que yo sepa, la gente de mierda se aprovecha de las chicas en esa situación porque son más fáciles. Pero es que no es sólo eso, es que la has emborrachado. – y eso último lo dije mirando a Ashley fríamente.
-¡Bill, que no hemos abierto el alcohol para poder follármela más facilmente, ¿vale?! Lo hemos abierto porque nos estábamos helando de frío y sabíamos que meternos la botella evitaría que muriéramos por congelación. ¡QUE YO NO QUERÍA QUE ESTO PASARA ASÍ, JODER!
-Debiste parar. Y no lo hiciste. – dije secamente. Me levanté y tiré la colilla al váter. Cuando quise ser consciente del resto del mundo, un portazo ensordecedor me devolvió a éste de golpe.
Salí corriendo del baño y vi que la habitación en la que estábamos seguía abierta, y corrí a la habitación de Tom, que también estaba abierta. Entré y lo busqué por todas partes pero no había rastro de él, ni del resto de su ropa. Me calcé rápidamente y me puse la camiseta.
Las dejé dentro de su habitación y salí corriendo a la calle. Me encontré con la sorpresa de que fuera, apenas estaba chispeando, haciendo que pareciera mentira, el infierno de agua y piedra que acababa de caer hacía una hora. El comedor ya tenía luz y no sólo eso, si no que de ahí venía un fuerte olor a comida. Miré la hora, y marcaba que ya eran las diez de la noche.
Entré dentro, buscando a Tom, y lo encontré bastante feliz, hablando con una chica de mi clase, pero antes de que pudiera ir y asaltarle, apareció Georg delante de mí.
-Eh tío, ¿qué coño está pasando? – Georg me cogió de los hombros y me hizo que lo mirara directamente a los ojos. – Algo muy gordo está pasando y nadie me lo vais a explicar ¿o que? Acaba de llegar Tom, hecho una furia y le he ido a preguntar qué le pasaba y me ha dicho que ni te acercaras a él, y que te preguntara a ti. Y después me ha dicho que llamara a Ashley para decirle que era la hora de cenar, y que vinieran ya. ¿Vinieran? ¿Cómo que vinieran? ¿Con quien está? – por un instante se me olvidó seguir escuchando a Georg después de la frase “Ha dicho que ni te acercaras a él”, pero su tono de desesperación después de saber que Ashley estaba con alguien en un sitio que ni sabía, me hizo sentir tan mal por él, que casi me puse a llorar ahí mismo. Lo miré fijamente.
-Ven, vamos a recoger la cena y te lo explico antes de que llegue ella. ¿La has llamado? – dije mientras Georg y yo nos dirigíamos hacia la estantería de bandejas. Por el rabillo del ojo observaba como aquella zorra seguía hablando con Tom, y éste se ría con ella, a saber de qué.
-Le he enviado un mensaje, tenía miedo de que al llamarla sonara demasiado nervioso o algo así. No me ha respondido aún. ¿La llamo…?
-No no, lo leerá, créeme. – buscamos un sitio y desgraciadamente lo más alejado de Tom era una mesa en la que jamás habíamos estado y que la vez que más próximo habíamos estado a la mesa de profesores. Y aún estando tan cerca, que podría lanzarle el tenedor y darle en un ojo, me puse mirando hacia él. No lo pude evitar. Sentía que tenía que controlarlo.
Nos sentamos y Georg suspiró fuertemente.
-¿Qué ha pasado, Bill? – su tono de pánico fue sustituido por uno muy serio y prácticamente triste. Miré el plato de comida y lo removí entero hasta que volví a fijarme en sus ojos.
-Georg, olvídate de ella. – dije muy seriamente. Jamás en la vida pensé en decirle algo así y de esa manera, pero no le veía otra posibilidad. Georg me miró extrañado. – Hace… cosa de un par de días, Ashley mencionó la gilipollez de que creía que al final acabaría siendo lesbiana. – dije casi riéndome de ello. Georg alzó una ceja.
-Ya bueno, me lo ha dicho más de una vez eso. – dijo, seriamente.
-¿Enserio? – la verdad es que no me esperaba que esto lo hubiera comentado con más gente. – El caso es que… Bueno, Tom y yo cuando nos hemos ido, nos hemos metido en el baño de su habitación en el edificio de los profesores, a… bueno, ya sabes a qué. Y de pronto oímos algo que provenía del otro lado de la pared. Y digamos que lo que oímos, era bastante parecido a lo que estábamos haciendo nosotros. Pero, eran voces femeninas.
-¿Ashley? ¿Con otra tía? – la cara de Georg era un poema. Primero le entraron ganas de reír, pero a medida que le daba vueltas volvía a caer en la cara de decepción profunda que tenía cada vez que Ashley había empezado a salir con algún chico. El pobre moreno, no había manera de que aprendiera las cosas.
-El problema con Tom ha venido porque ha sugerido hacer una orgía con las “dos chicas misteriosas” y yo me he puesto celoso, porque no sólo lo ha dicho una vez, si no que ha intentado rebatir su idea, como intentando convencerme de verdad. – a Georg le volvió a cambiar la cara de nuevo, con una mueca de risa, que intentaba asomarse entre su mal estado de ánimo.
-Puto Tom. – pinchó un poco de patatas fritas y empezó a comer, bastante a desgana.
-Salí de la habitación bastante enfadado y cuando él salió tras mi, alguien salió de la habitación de la lado. – la imagen de Dawn en ese momento, aún rondaba por mi cabeza como una peonza que no paraba de girar y girar, penetrando en mi cerebro como una puñetera excavadora. La cara de Georg se iba crispando a mediad que pasaba el tiempo. - ¿Has notado que falte alguna profesora ahora mismo? – mi cara creo que se lo dijo todo. Se quedó en shock más de 10 segundos, y yo pensé que le había dado un ataque al corazón. Después soltó una sonrisa cínica que me atravesó.
-¿Qué tal sabe tu propia mierda, Bill? – de golpe Georg había vuelvo a poner la misma expresión que estas semanas atrás, y sentí que volvía a perderlo.
-No no, ella… ella se portó bien conmigo en ese sentido. El mismo día que mencionó lo de su cambio de acera, dijo la absurda teoría de que si yo le he gustado alguna vez a alguna mujer es porque realmente le iban las tías y sumó dos y dos fijando como objetivo a Dawn para su “cacería” o como quieras llamarlo. – Este simplemente me escuchó en silencio.
-¿Porqué no me lo dijiste?