-Mierda… Yo quería prepararme un café caliente… - maldijo en voz alta. Miré a mi alrededor y efectivamente encontré un rincón con una mesa grande empotrada en la pared, una nevera pequeña, y una cafetera enorme.
-Joder, qué bien lo tenéis montado. – dije mientras me apoderaba de la mitad del sofá. Busqué a Dawn al no obtener respuesta y la vi rebuscando en vete tú a saber qué armarios que había por todas partes. Abría puertas y las cerraba por doquier.
-Diablos, no encuentro las puñeteras mantas. – portazo tras portazo, avanzaba entre los armarios.
-¿Te ayudo? – dije, poniéndome en pie sin pensar. La vi asentir y me puse a mirar dentro de un armario chiquitín que había justo a mi lado. Tuve una gran sorpresa cuando al abrirlo, me encontré con algo que no creería ver. – Oh dios mío. Dawn, si no encuentras mantas, no habrá demasiado problema con el substitutivo que he encontrado… - dije, cogiendo un par de botellas de dentro del armario - ¡Tequila! – dije, con una sonrisa pintada en la cara.
Dawn me miró muy parada y sorprendida, y después se rió.
-Hostias, creo que me dijeron que esas son botellas confiscadas de los menores. – dijo, acercándose a mi y cogiendo una de ellas. La inspeccionó a fondo y luego se frotó la frente. – La verdad es que me vendría de putisima madre un trago ahora…
Nada más oír eso fui en busca de un par de vasos pero no fui capaz de encontrar más que tazas de café.
-¿A morro? Es que no encuentro vasos normales, y mucho menos de chupitos.
-Vale pero espera, vamos a mi habitación. Si entran los profesores igual me cae una bronca del siglo. En mi habitación te puedes esconder junto con la botella dentro del baño. Yo fingiré que no me encontraba bien o algo… - casi hablaba sola mientras salía de ahí con la botella de Tequila prácticamente entera, en la mano.
Vale Ash, analiza la situación. Te estás yendo con la ex de Bill, la profesora buenorra de historia, con una botella de alcohol que os beberéis a palo seco, y a su habitación… ¡FLIPA! Aunque lo de “la ex de Bill” es lo que me tira más para atrás, pero… Él me ha dado el consentimiento, ¿no?
Subimos un piso hacia arriba y nos encontramos con un largo corredor de puertas blancas, y justo al final a la derecha Dawn encontró su cuarto y lo abrió con llaves. De nuevo, me dejó pasar a mi primero y cerró la puerta tras de nosotras.
La habitación era muy normal, había un armario, una cama, y aunque había poca luz, se intuía un televisor.
-Joder, os ponen tele y todo. ¡Ya lo creo que debí de haber estudiado magisterio!
Dawn se metió dentro del baño y de ahí sacó un vaso, que parece que quería usar como cenicero. Después se sentó en el borde de la cama de costado, y se apoyó en la pared, dejando una pierna doblada encima del colchón, y la otra colgando casi tocando el suelo.
Yo me senté lo más próxima a ella, de indio, en el otro lado de la cama.
La vi encenderse un cigarro y pedirme que abriera la botella mientras tenía el mechero en la mano.
-Oye, esto no puede salir de aquí. Si se enteran de que me he puesto a beber a escondidas con una alumna… Me cortan en rodajas. – dijo, riéndose y mostrándome una hilera de preciosos y bonitos dientes blancos como perlas.
-Soy una tumba. – y le pegué un trago rápido al tequila, para ir abriendo el paladar. – BBBBBRRRR – dije, sacudiendo mucho la cabeza. – Uh, quema un poco. – le tendí la botella y ella me pasó el cigarrillo. Maaadre mía como se estaba poniendo la cosa.
Bill
La situación el comedor estaba mejorando. Llevábamos casi media hora y fuera la cosa no parecía que apaciguara ni un poco así que Algunos profesores estaban asignando a algunos de los alumnos mayores, como yo, para que entretuviéramos a los niños con linternas, apartando las mesas y haciendo círculos en el suelo mientras contábamos historias.
Mientras, los profesores salían con paraguas a intentar rescatar todos los equipos técnicos de fuera, que se ve que eran muy caros y con la pedrada se iban a destrozar.
Anna estaba en mi regazo, Tom me la había encasquetado específicamente porque sabía que sólo yo podía pasarme por un sustituto de él, y la pobre niña estaba entrando en pánico, así que la tenía sentada entre mis piernas, con la espalda apoyada en mi pecho, mientras intentaba distraer el resto de chicos.
Les expliqué situaciones graciosas de mi vida pero cada vez que oía la puerta de entrada, deseaba que fuera Tom diciendo que no tenían que volver a salir. No es que me preocupara de que le pasara algo malo porque no podía pasarle nada, pero simplemente quería tenerlo cerca de mí, donde yo pudiera saber como estaba.
-Oye, hoy has estado increíble, tío. – una voz grabe se puso a mi lado, y yo me sobresalté. Me giré de sopetón y pude ver que era Georg el que se había acomodado en el suelo. Me hubiera gustado verme la cara porque imagino que habría estado entre incredulidad y mucho amor contenido que no sabía como liberar sin volver a agobiarlo. – La verdad es que imaginaba que te quedarías mudo en el escenario y que Tom o yo te hubiéramos tenido que rescatar cantando nosotros en vez de tú.
-Ya lo creo, ya. Yo pensaba lo mismo, pero toda la charla de antes sobre un reconocimiento mundial, y toda esa mierda del famoseo, me ha dado el empujón para mostrarme un poco. Ya me conoces, que soy bastante… ¿Social? – esa no era la palabra, pero él ya sabía que me molaban ese tipo de estilo de vida.
-No si ya, no hace falta que lo jures. - De pronto se volvió a abrir la puerta y miré como entraban completamente empapados Tom y su padre, les seguían Erika y Erik pero en cuanto dejaron un par de cosas dentro de la cocina, salieron disparados de nuevo hacia fuera. Se me debió de notar el nerviosismo porque Georg enseguida intentó sacarme el único tema que me hacía no pensar en Tom… Hablar de Tom. - ¿Cómo lo lleváis? Bueno em… Esta conversación es rara pero… Ya me entiendes… - me dio un par de codazos entre las costillas que de qué poco no le daba a la niña, y me guiñó un ojo un par de veces.
Me puse rojo como un tomate y miré a ver si los niños seguían absortos en una tertulia que se habían creado ellos solos, hablando de cosas sin sentidos unos con ellos. Perfecto, parecen prácticamente abducidos, no se enteraran de nada.
-Sí, tío. – dije, mordiéndome el labio. – El domingo por la noche. – especifiqué.
-Sí, yo soy el de abajo… - primero me miró con cara rara.
-¿El de abaj…? Aaahhh.. AAAHHH… Aaaaaaaammmm… - dijo, asintiendo lento y profundamente. Me estaba partiendo el culo de verlo. Se estaba poniendo rojo.
-Y me lo imaginaba peor, la verdad. – solté, como si fuera un comentario de “¿Y qué conclusión sacamos de todo esto?”, pues he ahí la respuesta.
-¿Y sólo el domingo o…?
-La verdad es que he perdido la cuenta. – dije, sinceramente. Georg esbozó una gran sonrisa y me estrujó fuertemente con un brazo.
-Serás mamon… - bien bien, poco a poco iba recuperando a mi mejor amigo, y no había cosa en el mundo que me emocionara más. Creo que hablando con él ya casi ni oía la puerta abrirse y cerrarse, casi ni me fijaba en si Tom volvía para quedarse hasta que amainara la tormenta.
30 /07/09
Ashley
Una hora de tormenta.
Tres cuartos de hora bebiendo tequila. ¡Ay, mamita!
Llevábamos poco menos de la mitad de la botella bebida a base de trago y trago y yo ya empezaba a no ver ni dónde tenía el morro la botella, para atinar el siguiente trago. Incluso Dawn, que era mayor que yo, estaba fatal. Se estaba riendo por todo y soltaba tonterías todo el rato. Más que bebida parecía que iba fumada de la mejor maría de todo el planeta.
-A veces me pregunto qué vi en Bill… - dijo, en un momento de reflexión profunda. Reflexión de emporrada, claro.
-Yo llevo una temporada que pienso que Bill era una tapadera a mi lesbianismo. Porque sino, no le encuentro otro sentido. Bill, es una bella muchacha. - ¡Toma sinceridad! ¡Pa’ tu body!
La risa de Dawn me dejó prácticamente ensordecida ante mi comentario. No sólo le estaba haciendo gracia, si no que el alcohol es un método fantástico para hacer reír a una mujer.
-¡Y que lo digas! Incluso follaba como una mujer, casi… Me refiero, he estado con muchos tíos, y este es el que menos me ha follado como un hombre. Es mucho más…
-…Delicado. – terminé la frase por ella. – Y que lo digas. Pero ya te he dicho, a mi eso me gusta… Yo creo que a mi es quien le gusta tomar el control, y Bill parece muy controlable. – fue una mentira piadosa, no quería decirle que Bill conmigo había sido mucho más rudo, pero apuesto lo que sea a que era porque en aquellos momentos el tema de Tom estaba empezando y se estaba cuestionando su hombría. Me utilizó para sentirse más macho. Y se comportó como un macho conmigo. Aunque lo que acaba de decir ella, es tal y como me imaginaba a Bill, mucho más sumiso.
-Wuoo… Así que tú eres la dominante en una relación. – dijo, encendiéndose otro cigarro. - ¿De verdad crees que eres lesbiana? – y me miró a los ojos durante un instante que se me hizo eterno.
-Sí, yo que sé… Igual esta obsesión es solo porque quiero asegurarme. – dije, lo más serena posible, en cambio ella tenía una sonrisa pintada en la cara todo el rato, estaba claro que estaba muy necesitada de un buen trago la muchacha. – Yo que sé, yo sólo quiero olvidarme de Bill. – hice un brindis al aire y le pegué un trago increíble a la botella. – Aaaarrrggg… - qué carraspera. Qué caliente.
-Amén hermana… - dijo, chocando el puño conmigo. – que sepas que si no estuviera borracha, esta conversación sería imposible… - y casi no pudo acabar al frase de la risa que le volvió a entrar. Yo me contagiaba de ella y poco a poco veíamos como la botella iba bajando de peso, porque todo el líquido estaba metiéndose en nuestro cuerpo. – Y mañana nos vamos… ¡Vaya resssshhaaaacaa que voy a tener! – dijo, tapándose la cara.
-¡Y qué lo digas! Voy a tener que rescatar las gafas de sol… - de pronto la observé abanicarse con la mano, porque prácticamente estaba empezando a sudar por culpa del alcohol, y sin siquiera pensárselo, se quitó la sudadera, quedándose en una camiseta de tirantes.
-Oye espera, volviendo a lo de antes. –y de pronto se puso seria, pero seria borracha claro, como cuando intentas fijarte en un punto fijo en la pared, y éste se mueve porque tu sentido de la visión empieza a flojear y a hacer que todo se mueva lentamente. Pues esa cara tenía. - ¿Has hecho algo con alguna mujer? – me preguntó, robándome la botella. Primero la miró y vio que apenas quedaba un cuarto de la botella. Puso cara triste y después se encogió de hombros. Qué mal que iba la pobre…
-Nah… cuatro besos tontos. Jamás he pasado de la primera base. – Iba a continuar pero Dawn se incorporó de golpe, algo alarmada.
-Un momeeeeento… Si yo he estado con Bill, quiere decir que ¿¡también soy lesbiana?! – prácticamente bizqueaba al mismo tiempo que miraba al horizonte. – Claro, porque si Bill es una bella muchacha, a mi me ha gustado una bella muchacha… - repitió el mismo adjetivo que había usado yo hacía un rato, pero parecía que se lo estaba preguntando realmente.
-JAJAJAJAJAJAJAAJJAAJJAJA- no pude evitar empezarme a reír como nunca antes. - ¡Dawn, vas demasiado borracha! – dije, tapándome la boca casi cayéndome de boca encima de ella, perdiendo el equilibrio. Me serené antes del impacto y me volví a erguir enseguida.
-Sht, no digas eso. Esto es muy serio. – frunció el ceño, mientras se aguantaba la risa, y se puso el dedo índice en la boca, indicándome que me callara. –Ui mira, a esto le quedan dos tragos… ¡O uno muy largo! – Dawn empezó a beber lo más deprisa que pudo.
-¡EEEH! ¡Déjame un poco! – fui a cogerle la botella, pero del forcejeo se le calló todo por la barbilla y el escote.
-Ups… mierda, lo siento. – dijo, mientras dejaba la botella encima de la mesita de noche. De pronto se me pasó una idea por la cabeza, y tenía que hacerla, porque aquella… era la excusa perfecta.
Me incliné poco a poco hacia ella sin mirarle a los ojos. No sé porqué lo estaba haciendo tan lentamente porque me podría apartar de un guantazo, pero parecía que eso no ocurría. Cuando el olor alcohol se hizo muy intenso saqué la lengua y le lamí la parte central del pecho, justo ese punto donde si bajaba un poco más la lengua, llegaría al canalillo. Pude notar que estaba aguantando la respiración pero yo sólo me dediqué a acomodarme. Sin dejar de lamer todo el tequila que se había derramado por encima del canalillo, pasé una pierna a cada lado de sus muslos y fui ascendiendo con la boca hasta llegar a su barbilla. Cuando el tequila hubo desaparecido de ahí fui pegando pequeños lengüetazos por la comisura de sus labios, donde aún había algo de esa mágica bebida transparente.
Decidí no pensármelo mucho más y la besé. Primero le di un beso casto y simple, pero después le puse las manos en las mejillas y la atraje un poco hacia mí. Dawn simplemente no se quejaba, pero tampoco parecía cooperar mucho. ¿Se habría dormido?
Como medida desesperada, le mordí el labio inferior y entonces abrí los ojos, viendo que ella ya los tenía fijos en mí. Alcé una ceja y después me separé de ella.
-Aún te queda un poco más de tequila aquí… - me lamí el labio superior, lo más sexy que pude, y le señalé con el dedo ese trozo de escote que no me había atrevido a lamer. - ¿Puedo…?
Dawn se dedicó a asentir lentamente, mientras notaba que esta vez, si su respiración se había quedado totalmente parada, ahora era cada vez más profunda y sonora. Puse las manos en sus caderas y fui subiéndole la camiseta hasta que dejó a plena vista un sujetador completamente n***o. Le subí la camiseta al tope y hundí prácticamente la cara entre sus pechos. Pude notar como Dawn se elevaba un poco y tiraba la cabeza hacia atrás, emitiendo un pequeño gemido.
Casi no había tequila porque ya me lo había bebido todo, pero ahora sólo me dedicaba a lamerla a ella. Le acariciaba las caderas con un poco de delicadeza, pero eso me estaba poniendo nerviosa. Ya tenía ganas de oírla chillar.
Parecía que mis gestos conseguían tener efecto ya que de golpe, se incorporó un poco haciendo que yo me separara de ella y se acabó de quitar la camiseta. Nos miramos un instante donde yo acabé sonriendo y después me besó.
Nos besamos con bastante salvajismo, usando nuestras lenguas suciamente y mordiéndonos mutuamente los labios. Las manos de Dawn me acariciaban el pelo suavemente y yo volvía a deslizar mis manos por sus caderas, elevándolas un poco.
Llegué casi sin querer al cierre del sujetador, y con un pellizco, y sin preguntar, lo acabé desabrochando. Para mi sorpresa, Dawn se separó de mi apenas para sacárselo y tirarlo al suelo junto con su camiseta.
Tuve que volver un poco en mí, me separé de ella, mirándole a los pechos directamente. No sé si era lesbiana o no, pero noté una pequeña descarga en mi parte mas íntima que me sacudió de arriba abajo. Le atraje hacia mí haciendo presión con una mano mientras que con la otra le cogí un pecho y se lo acaricié. Pasé la yema de mi pulgar por su pezón y noté como esta se lamía los labios. Llevé mi lengua hacia allí y me divertí un rato.
Los gemidos de Dawn me estaban poniendo a cien y estaba haciendo que el calor y el alcohol me volvieran irremediablemente a la cabeza.
Bill
Se volvió a abrir la puerta y mi cabeza se giró enseguida. Esta vez no pude contenerme sólo observando y dejé a Georg con los niños, levantándome enseguida para ver cómo estaba Tom.
Llegué y aún así tuve que esperarme a saliera de la cocina donde estaban dejando todos los trastos que estaban intentando rescatar del malísimo tiempo de fuera.
-Oye, ¿tenéis que volver a salir? – dije, casi tan preocupado como cuando mi madre me veía jugar fuera en el jardín y estaba lloviendo. Era un miedo estúpido porque como máximo me iba a resfriar, pero ya era una idea que me desagradaba.
Lo observé de arriba a bajo, estaba muy empapado y con trapos de cocina se intentaba secar la cara y el pelo. Estábamos saliendo fuera y me contestó.
-No no, menos mal. Aún queda toda la estructura del escenario con las tablas de madera y el soporte de metal, pero eso lo dejaremos ahí porque no se estropeará. – se puso a mirar el comedor, e hizo un repaso general de todo. - ¿Cómo ha ido todo por aquí? ¿Algún desmadre? Ningún niño ha tenido miedo de los relámpagos ni nada de eso, ¿no? – lo miré risueño, sabiendo que en el fondo, aunque a Tom no le gustara este sitio, se preocupaba y mucho. Tenía esa madera de profesor, y sobre todo de niños pequeños.
-No no, todo ha estado bien. – después me fije con toda la camiseta empapada hasta arriba, que iba goteando allá por donde pisara. No me lo pensé dos veces y le cedí la sudadera que llevaba encima. Habíamos tantos ahí dentro que aunque sí refrescaba un poco, se notaba el calor humano y no me hacía mucha falta. – Ten por dios, quítate eso antes de que te resfríes.
-Madre mía, hablas como mi padre cuando era pequeño. – se escurrió la camiseta ahí mismo, y se dispuso a quitársela. ¿pero qué coño? ¿Ahí en medio? No pude evitar mirar a todas partes y las chicas de instituto se hacían golpes las unas a las otras para que se fijaran en él. Me cago en la puta, ¡que es mío!
Cuando me giré a decirle algo, me quedé mudo. Ya lo había visto cientos de veces sin camiseta, pero todas y cada una de ellas me acaba dejando mudo. Tenía la camiseta entre sus manos y hacía fuerza con sus brazos estrujándola, haciendo que todo el agua cayera al suelo. Tenía todo el torso empapado y aunque estábamos a oscuras, las luces de las linternas (que más de una usaba para alumbrarle directamente), hacía que le brillara todo. Después se pasó la prenda por el cuerpo intentando eliminar toda el agua posible de su torso. Volví a la realidad.
-Tom por dios, date prisa que te están haciendo un repaso por todas partes. – Le tendí la sudadera bien alto, intentando taparle al máximo. Este simplemente se rió y la cogió de un tirón, con un aire bastante de burla.
-Oh vamos, ¿no quieres que nadie me vea? – se la estaba poniendo muy poco a poco.
-Joder Tom, no me hagas esto. Pues no, no quiero. – su risa burlona me estaba poniendo enfermo, por un lado porque quería que se pusiera de una vez la sudadera, y por otro porque rezaba por poder quitársela a mordiscos.
Se la acabó poniendo y luego me guiño un ojo.
-¿Contento, baby?
Asentí duramente y luego sentí un escalofrió. Mierda, parece que sí que me era necesaria esa sudadera. Pero bueno daba igual, prefería que la tuviera Tom antes de que incubara algo. Me froté los brazos para darme calor e intenté encaminarme a donde estaba antes, trayéndome a Tom conmigo. Pero este me paró en seco.
-Oye oye, ¿tienes frio? – me miró, con el ceño fruncido.
-¿Eh? Ah, no no… No te preocupes. – él supo que mentía.
-Oye esto es ridículo, te voy a devolver la sudadera.
-Que no que no, quédatela. – insistí, parándole las manos que ya se las iba a llevar a la sudadera, para quitársela.
-No mejor, vamos en un sprin hacia el edificio de profesores, que ahí yo tengo mi habitación, aunque no la use. Igual hay ropa vieja o le puedo pillar algo a mi padre, aunque no me haga mucha gracia. – dijo, muy serio. Aunque de pronto le cambió la cara. – ¿Y sabes qué más podemos hacer…? – y me guiñó un ojo.
De pronto la respiración se me cortó y nada más que pude poner cara de travieso y niño salvaje. Oh joder, claro que sabía que podíamos hacer. Asomé la lengua entre mis dientes y asentí lentamente. Le hice señales a Georg de lejos de que nos pirábamos y este simplemente asintió, riéndose. Miré por el comedor pero no vi a Ashley, ¿dónde debe de estar?
Tom fue a hablar con su padre y este le dejó las llaves de su cuarto y después se vino conmigo. Cogimos uno de los paraguas que habían usado, aunque no habían sido demasiado efectivos y salimos corriendo debajo de él. El edificio de las habitaciones no estaba lejos así que en menos de un minuto ya estábamos en la puerta, abriéndola.
Dejamos el paraguas en el suelo y Tom me indicó que me fuera al final del pasillo, y que esperara enfrente a la penúltima habitación, que esa era la suya. Mientras él, entraba en la habitación de su padre y pillaba las otras llaves.
Se acercó poco a poco a mí, e incluso antes de siquiera intentar entrar, ya me estaba besando febrilmente. Me agarró los muslos y me empotró contra la puerta, después, aguantándome con una sola mano, abría su puerta y nos metía dentro.
Me tiró encima de la cama y no tardó en quitarse la sudadera. Otra vez me quedaba embobado mirándole los abdominales.
-¿Te he dicho alguna vez las ganas que tengo de untarte chocolate ahí y limpiarlo con la lengua? – dije, mientras me erguía un poco, y le pegaba un lametón casto y húmedo.
-Humm… - gruñó. – Cuando quieras.
Ashley
Las dos estábamos sólo en bragas y nos devorábamos la una a la otra, era increíble lo bien que estaba respondiendo Dawn, y me hizo incluso plantearme el hecho si realmente yo estaba celosa de Bill pero porque él estaba con Dawn, y no al revés.
Se dejaba hacer todo y yo estaba dominando todo el rato. Le paseaba mi lengua por todas partes y ella sólo me pedía más.
-Mañana será divertido acordarnos de esto… - le dije, prácticamente besándola, labios con labios. La vi soltar una sonrisa traviesa y después se tapó la cara.
-No dejes que llegue mañana. – no sé porqué, pero esa frase me inundó el pecho. Era como si en un par de palabras ella me estuviera encomendando a mí una misión. El peso recaía sobre mí al igual que su confianza. Me estaba pidiendo que este momento fuera eterno. La separé las manos de su rostro y luego la besé dulcemente.
Abandoné sus labios y fui descendiendo poco a poco por su cuello, dando mordiscos. Bajé y bajé hasta encontrarme de nuevo con sus pechos, con algún que otro chupetón que tenían pinta de permanecer ahí al menos una semana. Le mordí ligeramente un pezón y esta gruñó de gusto.
Continué bajando y bajando y lamí la parte central de su barriga hasta llegar al ombligo.
-No sé cómo hacer que mañana no llegue nunca, pero si puedo hacer que recuerdes este momento para siempre. – le puse las manos en ambos lados de su ropa interior y se la fui quitando poco a poco. La respiración entrecortada de Dawn hacía que acelerara más las cosas y cuando conseguí retirar la prenda, la tiré al suelo. La observé atentamente. – Madre mía, te lo hacía mil veces… - y sin esperar respuesta a eso, le fui separando las piernas y tirando de ella con rudeza hacia mí.
Pasé un dedo por su zona y estaba completamente empapada. Con sólo el tacto, Dawn empezaba retorcerse. Jamás en la vida había hecho lo que estaba haciendo ahora, pero no debía de ser muy difícil, ¿no?
Me acerqué lentamente y sin pensármelo mucho le pegué un lengüetazo que hizo expirar a Dawn fuertemente, mientras apretaba las sábanas cerrando sus puños.
Lo que me esperaba es que supiera peor, así que me fui relajando. Continué con pequeñas y profundas lengüetadas mientas la oía suspirar y gruñir una detrás de otra.
Me separé un poco y decidí meter un dedo embistiendo suavemente con él.
-Dios… - la escuché. Volví a usar mi lengua, sobre todo por el clítoris con un movimiento frenético mientras la penetraba, esta vez con dos dedos.
Estuve un rato lamiendo y paseando mi lengua por todas partes, notando que la mandíbula empezaba a doler. De pronto empecé a succionar y esta vez Dawn empezó a chillar. Dios dios dios dios. Aumenté el ritmo porque sabía que ella estaba apunto de llegar, y tanto fue así, que Dawn me apretó la cabeza contra su coño, haciendo mucha más fricción. Empezó incluso a levantar las caderas un poco, involuntariamente, y yo aproveche para introducir un tercer dedo, y a succionar más fuerte.
-No pares, no pares, no pares… - dijo entre gemidos, haciendo casi imposible de entender lo que me estaba pidiendo. Suerte que el contexto lo era todo.
Al cavo de unos instantes, Dawn se puso a chillar y luego aflojó la fuerza de su mano en mi cabeza. Peinándome el pelo lentamente, como indicando que no parara pero que bajara la velocidad. Cuando estuvo del todo, me hizo un gesto y se acurrucó un poco, respirando fuertemente y con todo el cuerpo brillante del calor.
Sonreí de puro gozo y me limpié la boca con la mano, eliminando rastros de flujo y saliva que empezaban a chorrear.
-¿Eterno? – dije mientras e levantaba y me iba al baño.
-Eterno… - oí de fondo.
Cuando llegué al baño me miré durante un instante, viéndome reflejada pero sin verme a mi misma. ¿Era Ashley de verdad la que estaba en el espejo? ¿Una Ashley que se acababa de ¿tirar? al pivonaco más brutal de toda la puñetera universidad, y del campamento ahora mismo? Sí, esa era yo…
Sonreí y negando un poco con la cabeza, me agaché a coger agua del grifo. Me la metía en la boca, hacia gárgaras y luego la escupía. Así unas tres veces hasta que de qué poco no me di contra el grifo por un respingo que pegué. Dawn me estaba tocando el culo y se había inclinado encima mío besándome la espalda.
Sonrí al notar y eso y me giré poco a poco.
-Joder, de puta madre. – sabía que Georg intentaba seguir preguntando, pero estaba demasiado cohibido con el tema.