Capitulo 74

4564 Words
Seguimos con un par de canciones más como Letze Tag, y Schei, pero finalmente le tocó el turno a la joya de la corona. Sin duda, todos habíamos dicho que la mejor se tenía que dejar para al final. Bueno, la última antes de la sorpresa. Y habíamos estado completamente de acuerdo que la última tenía que ser Durch den Monsun. Esta era de él, de su propia cosecha y sin duda no sólo era lo mejor que tenía Bill en si mismo, si no que era lo mejor que tenía el nuevo grupo llamado Tokio Hotel. La verdad es que sonaba bien y todo. Tokio Hotel. Si con el resto de canciones habíamos tenido una acogida brutal, con esta podíamos flipar de lo que estaba llegando a gustar. La gente no se la sabía porque era la primera vez que la oía, pero se notaba como intentaban entonar las partes del estribillo que les empezaban a sonar de haberlas repetido antes. Y esta vez, aun siendo una canción escrita por él mismo, se sentía libre de cantarla, de mostrarse. No como en Spring Nicht o en Rette mich, que se lo notaba muchísimo que estaba bastante intranquilo de lo que estaba haciendo. Él se meneaba por todo el escenario, y como era pequeño tenía que evitarnos a nosotros, a los cables y a todo lo que hubiera por medio. Pero lo estaba haciendo de tal manera que parecía que había nacido para esto. Prácticamente bailaba y pedaleaba con los pies al ritmo de la música. Se le podía ver la expresión en la cara de que estaba sintiendo todas y cada una de las palabras que decía, y no sólo eso, hacía que las sintiera el resto del público. Finalmente la canción acabó y con ello un aplauso ensordecedor que nos llenó de emoción a todos. Bill iba a empezar a despedirse pero enseguida oímos como todo el puñetero público estaba pidiendo un bis. Incluso algunos decían directamente “Durch den Monsun” entre gritos. Nos miramos entre todos y no dudamos en volver a empezar de nuevo, donde esta vez, mucha más gente empezaba a tararear la música junto con Bill, incluso algunos ya podían cantar el estribillo a la perfección. Bill tenía los ojos vidriosos y la cara roja como un tomate. Sabía que estaba empezando a emocionarse y eso me emocionaba a mí aún más. ¡Qué puñetera pasada, joder! Cuando acabó la canción finalmente, me acerqué al moreno y le puse una mano en la espalda y le hice señas a Gustav para que bajara de la batería. Este se puso a mi lado y me cogió de la cintura. Georg repitió el gesto y se puso al lado de Bill. Los cuatro nos pusimos a hacer reverencias mientras el público nos aplaudía. Nos empezamos a separar y el bajista fue el primero en abandonar el escenario, seguido muy próximo de Gustav, dejándonos a solas en el escenario. Pero no tardaron en volver, esta vez con dos taburetes y mi guitarra acústica. Colocamos los taburetes en el centro del escenario y mientras Bill se acomodaba el micro yo me dedicaba a enchufar la guitarra a los amplificadores. -Bueno, esta es una última sorpresa, algo bastante más cursi y como podéis ver, en acústico. Es una canción que compusimos una tarde, y bueno, la queríamos compartir con todos. – dijo Bill, sin atreverse a mirar a nadie más que al suelo, o de refilón a Ashley, simplemente buscándola, porque hacía un buen rato que había desaparecido de la primera fila. Nos quedamos en silencio, y la luz de los focos pasó a ser tan tenue, que parecía que estaban apagados. Empecé con el punteo y lenta pero progresivamente volvimos estar iluminados, pero esta vez con un tono azul que era perfecto para la canción. La verdad es que no sabía qué opiniones esperar de esta canción, pero no era algo que me acabara de preocupar porque mañana mismo se acababa el campamento, y no volvería a ver a nadie más de los que estaban ahí, más allá de los profesores, que bueno, ya eran mayorcitos para saber qué deben o no juzgar en una persona. Mierda tío, me siento como un gay reprimido que piensa que tiene todo el derecho del mundo a salir del armario porque estamos en pleno siglo XXI y la gente debería dejar de ser tan retrógrada. A ver, que en cierta medida es así, pero no soy gay, a mí me gusta Bill, punto. Bueno Tom, suda de lo que estás pensando porque te harás la picha un lío con los acordes. Ashley ¡Vaya mierda, justo mi madre me tenía que llamar en Durch den Monsun! Menos mal que han hecho un bis… Pero joder, ahora era imposible avanzar hasta donde estaba antes. ¿Cómo coño es posible que se hayan revolucionado tanto las muchachas? ¡Pero si conocen a Bill desde hace un montón! Vale que ya tenía un pequeño séquito de zorras, pero ¿y el otro resto? ¿Dónde ha quedado lo de Diva maricona? En fin, la hipocresía de las niñas pijas de papá y su puta madre. El concierto se acababa y estaban tocando una canción en acústico que no había oído jamás. El punteo de la guitarra ya era increíble pero más lo fue cuando Bill empezó a cantar. Una oleada de sentimientos se apoderaron de mí, dejándome muda. La letra sin duda hablaba de una conexión enorme entre dos personas. Si la canción era nueva, probablemente la letra era de Bill, ¿pero hacia quién iba? Para Dawn fijo que no… Igual iba hacia Georg, en plan muy buenos amigos que jamás se separarán. ¿No era una letra muy profunda para ser dirigida a Tom? Pero claro, no sé que mierdas me estaba planteando, esa canción no podía ir para nadie más que para el de las rastas. Podías ver cada mirada que le dedicaba mientras sujetaba el micro gentilmente, dejando a la vista sus cuidadas uñas. Vaya cojones de hacerlo así, delante de todo el mundo. Estaba empezando a dejar de pensar, y a escuchar la melodía simplemente, y a detenerme en todas y cada una de las palabras. Era una canción increíblemente bonita, y se me estaba erizando el bello de todo el cuerpo. Una parte de mí estaba chillando por dentro por no ser la protagonista de esas letras, pero por otro lado veía a Bill tan absorto en Tom, que sentía hasta vergüenza de estar mirando algo tan íntimo. Me gustaba que Bill fuera tan feliz, y que por primera vez en su vida, sí sienta realmente algo por alguien. De pronto, algo me sacó de mis pensamientos. -Perdón. – una chica, con una voz un tanto temblorosa, había pasado por mi lado, apartando abruptamente a todo el mundo, incluyéndome a mí. Miré con mucho desconcierto a la chica que ya estaba de espaldas a mí, huyendo de ahí, y tuve un mal presentimiento. La empecé a seguir instintivamente y podía ver como paseaba sus manos por su rostro. ¿Estaría llorando…? De pronto, aceleró aún más el paso y pude verla de cuerpo completo, ya saliendo de la multitud. El color caramelo de su piel, era inconfundible incluso a la luz de la luna. Mierda, era Dawn. No sé porqué, pero la volví a perseguir aún sabiendo que era ella. Aún sabiendo qué es lo que pasaba, aún sabiendo que la persona por la que estaba llorando, casi me había estado apunto de hacer llorar a mí hacía unos instantes. Estaba acelerando el paso y a mí me estaba empezando a costar seguirle el ritmo con normalidad. ¿Pero porque corría? Tuve que apretar el paso yo también, ya que empezaba a ser cada vez más y más oscuro, y empezaba a difuminarse su figura. De pronto escuché un golpe y la vi desplomarse en el suelo. -¡Dawn!- grité sin pensar, abalanzándome sobre ella, y con la intención de ayudarle a levantarse. Cuando estuve a su altura esta se había incorporado con las piernas dobladas, y la cabeza enterrada entre los brazos cruzados, temblando tanto que parecía que se estuviera congelando en pleno Polo norte. Le puse un brazo en la espalda, con miedo de que me rechazara enseguida, pero esta continuó llorando, metida en su mundo. – Eh… Dawn, ¿te has hecho daño? – le dije, sentándome a su lado. De pronto, desenterró la cabeza con lentitud, y el ceño fruncido. Me miró atentamente y luego, con la voz casi en un susurro ahogado dijo algo. -¿Ashley…? – se intentó quitar un par de lágrimas de las mejillas de paso que intentaba limpiarse los ojos. Después de asegurarse de que era yo, volvió a intentar desaparecer del mundo, pero esta vez tapándose la cara con las manos. – Lo que me faltaba… Ante ese comentario me quedé bastante en shock. ¿Qué coño…? ¿Y ahora porque me decía esto? Vale sí, yo era la zorra que llevaba rondando a su novio desde siempre, y la puta que se lo consiguió tirar cuando estaban aún juntos pero… ¿Tanto rencor? Vale sí, me merezco su desprecio. No sé qué coño pretendía… -Ya, oye… Es que te he visto salir corriendo del concierto, y no he podido evitarlo. -¿No es evidente por lo que he salido de ahí? – dijo mostrando su cara de incredulidad, roja y empapada por las lágrimas. - ¿Y porqué coño me has seguido? – la última vez que hablé con ella también lloraba, y yo intentaba ser simpática, igual que ahora, pero esta vez, la morena parecía que me odiaba, y no era para menos. -Pues, no lo sé la verdad… - me sinceré. Estaba claro que no tenía ni zorra de porqué me había ido en su “rescate”, por decirlo de alguna manera, aunque supongo que en el fondo, algo intuía… Vi como se intentaba incorporar y yo me levanté enseguida para tenderle mi mano, y ayudarla. Primero me miró con algo de desdén, pero luego simplemente asintió y aceptó mi ayuda, no demasiado segura de lo que estaba haciendo. Se encaminó en el sentido opuesto al concierto, y empezó a caminar. Al principio cojeaba un poco, así que de nuevo me puse a seguirla por miedo a que le pasara otra vez algo, y pudiera sufrir una caída peor. Me miró de refilón, y me preguntó con la mirada que qué hacía. Yo simplemente me encogí de hombros, y sonreí tristemente, intentando excusarme. Esta simplemente segó con la cabeza mientras que también se le escapaba una pequeña sonrisa. Era extraño, porque al mismo tiempo seguía secándose las lágrimas. Parecía un alma en pena. Y yo una especie de guardián. Llegamos a la zona de los edificios donde estaban los tres del comedor, las habitaciones de los profesores, y un edificio que era exactamente igual que el del comedor exteriormente, pero que por dentro había canastas, porterías, y cosas para divertirse en el caso de que a fuera no se pudiera. En el centro de los tres, había una explanada chiquitina, con un par de bancos, y las dos nos sentamos en uno de ellos. La verdad es que me sentía como una intrusa, y eso era raro. Por primera vez, me fijé en el atuendo de Dawn. Ella llevaba una sudadera gris, bastante ancha, y unos vaqueros ceñidos que me sentdificio que ervaba una sudadera gris, bastante ancha, y unos de ellos. La verdad es que me sentdificio que erñidos medio rotos por las rodillas. Finalmente, unas zapatillas deportivas. Aún así, el pelo lo llevaba suelto y liso. Estaba realmente rara, ya que normalmente iba siempre muy ajustada, con tops coloridos y faldas claritas. Era como una muñeca Barbie, pero hoy… Parecía que iba al gimnasio. Lo peor es que me estaba gustando mucho más así, que de costumbre. -Hoy vas… diferente. – estuve buscando durante unos instantes, la palabra correcta, porque decirle algo así a una chica en ese estado, podía ser horrible. Incluso yo, que no soy demasiado femenina me lo podría tomar a mal. Ésta dejó de fijarse en el cielo, o en la nada, y se miró los brazos, con una sonrisa cínica en el rostro. ¿Qué estaría pensando? -Ya bueno, ya sabes las nuevas tendencias de Bill… - rió, con dureza. Después empezó a negar con la cabeza y sacó un paquete de tabaco del bolsillo central del pantalón. ¿Desde cuando fumaba? – Ríete si quieres. -¿Cómo? ¿Te has vestido así por Bill? – dije, incrédula. Esta me ofreció un cigarro y no dudé en coger uno. De pronto, la llama del mechero me hipnotizó, ya que era lo único que brillaba sin contar el concierto de fondo, que ahora sólo tenía un par de CD’s puestos, mientras el resto bailaba tranquilamente. El sonido de fondo era medianamente lejano, pero si parábamos atención aún podíamos reconocer las canciones que estaban sonando. -Sí tía, no sé… Soy gilipollas. – dijo pegándole una calada intensa al cigarro. Esta vez, la punta quemándose de este, brillaba para nosotras dándole un poco de encanto rojizo, entre todo este azul tan frío. Y mierda, empezaba a refrescar cada vez más. Miré un momento al cielo, y las estrellas que antes se veían increíbles sobre nosotros, ahora estaban tapadas por nubes. Vaya, parece que va llover. -Dawn, yo… Lo siento mucho. – ese vómito de palabras me salió sin siquiera pensarlo. Hubo un silencio donde pude identificar un sonido leve, como de suspiro que provenía de ella. Supo enseguida porqué le estaba pidiendo perdón, aunque yo sabía que no iba a servir de nada. -Era Bill el que me tenía que dar esas disculpas. – dijo secamente. – tú no me debías nada, a quien deberías pedir perdón es a ti misma, por permitirte tirarte a alguien que ya estaba ocupado. -Yo lo vi antes… - dije, como quien no quiere la cosa. No pudimos evitar reírnos las dos, y las cosas se calmaron un poco. -Yo creo que Bill es demasiado poco convencional como para tener una relación estándar, por eso veo que le va el rollo alumno-profesor… - dijo, mientras señalaba a la masa de gente lejana. -Y que lo digas. Tendría que haberme metido a magisterio o algo. – mencioné, entre risas. De pronto me puse muy seria. – Quiero que sepas, que no lo pude evitar. Se me pasó mil veces por la cabeza pararlo, pero… Yo no sabía si eso podría repetirse en un futuro. Y bueno, no hace falta ser un genio para darse cuenta que estaba muy pillada de Bill… -De verdad, déjalo. No quiero volver a oír hablar del tema. – su voz sonaba cansada, abatida, como si llevara un peso encima, enorme. Y no era para menos, la verdad. – Ya que insistes en quedarte… Háblame de Georg. Ese es otro que se le veía años luz que estaba loco por ti. ¿Qué le pasa? ¿Porqué no te gusta? Yo creo que es un chico muy atractivo. Y no lo digo por decir. La verdad es que la pregunta me vino tan de sopetón, que me quedé muda en un instante. Cogí aire mientras aprovechaba el tiempo para pensar y sólo se me ocurrió lo obvio y más fácil. -Porque nunca me ha llamado la atención. – dije, sin más. – Mentira, hubo una época en la que me enfadé mucho con Bill y Georg estuvo a mi lado y pensé que me había enamorado, pero en cuanto volvió Bill a estar bien conmigo, se me pasó. Lo quiero mucho y eso, y siempre querré que esté a mi lado, pero realmente, jamás lo he visto como nada más. Aquello fue una manera de defenderme de mi tristeza por Bill o algo así. Una distracción. Me gusta su manera de ser, pero no tiene las cualidades para estar conmigo, por decirlo de alguna manera. Sí que igual podría tirármelo y eso, pero, me sabría mal hacerlo si él me quiere y yo no se lo devuelvo. – un pinchazo me atravesó el corazón, porque yo misma había vivido esa experiencia. -Uh… Yo también he oído ese “crack” de ahí dentro…- y con la mano que sujetaba el cigarro, me dio dos golpecitos con los dedos, justo en el centro del pecho, tirando hacia el corazón. No pude más que soltar aire, entre una risa forzada. -Ya bueno… De todas maneras, Georg es demasiado macho para mi gusto. – un aire helado, me dejó la piel de gallina, que aún estando debajo de una chaqueta, se estremecía del frío. Jooder… -¿Demasiado macho…? – dijo riéndose. Después de eso, incluso llegó a sacar una gran carcajada, que hizo que yo misma me riera de ello. - ¿Qué diablos quieres decir con eso? – dijo, entre suspiros finales. Si tú supieras… -Yo que sé. De pronto, mi respuesta casi se quedó ensordecida o más bien tapada por el ruido de un trueno escandalosamente sonoro. ¡Coño! No nos dio tiempo casi ni a chillar del susto que empezaron a caer gotarrones alrededor nuestro. Nos levantamos enseguida del banco y fuimos corriendo al edificio más cercano. Justo era el edificio de las habitaciones de los profesores. Dawn sacó las llaves enseguida, y abrió la puerta con rapidez. Aquella acción no había durado ni un minuto y ya estábamos empapadas de arriba abajo. ¡Qué locura de lluvia! ¡Eran gotas enormes y parecía prácticamente una ducha a presión o algo así! Nos metimos dentro y cuando estábamos apunto de volver a cerrar oímos un ruido muy fuerte de fuera. Pero esta vez no fue momentáneo como el trueno de antes, para nada. Era causado por los golpes del granizo chocando contra el suelo. -Me cago en la puta… - dijimos, casi al unísono, mirando a todas partes del exterior. El repiqueteo del granizo contra el suelo, era realmente alarmante. Se salíamos fuera, seguro que de los golpes nos quedábamos tontas. -Dios, yo debería ayudar a todos los alumnos, - Dawn no se lo pensó ni un segundo y salió a fuera. Puse cara de pánico y alargué el brazo tanto y tan rápido, que la pillé al vuelo. – AAAAAHHH – no supe si era por el dolor la lluvia o porque la había pillado desprevenida. -¿Estás tonta? Tranquilízate. – le señalé el edificio del comedor, con bastante gente en la puerta. – mira, ya se están encargando, será mejor que nos esperemos a que cese la lluvia o vas a resultar herida por intentar hacerte la heroína. Por si fuera poco, el aire empezaba a soplar en nuestra dirección y el agua estaba entrando dentro del edificio. Las dos nos apresuramos a cerrar con fuerza y a consecuencia dimos un gran portazo. Nos apoyamos, contra la puerta y cuando nos cercioramos de que estaba bien cerrada fue cuando nos separamos. -Joder, qué frío que está haciendo… - dije, frotándome los brazos, intentando darme calor a mi misma. A su vez, Dawn estaba haciendo lo mismo mientras que pensaba en algo. -Oye, vayamos a la sala de profesores, ahí creo que hay mantas y un par de sofás. – la miré sorprendida. La sala de profesores siempre me había parecido ese lugar prohibido al que nunca un alumno podría poner los pies, y que por lo menos debían de tener ahí dentro miles de cosas importantes. Cierto es, que la sala del campamento no tendría nada que ver con la de la universidad por ejemplo, donde igual están todos los archivos de exámenes y cosas así. Qué privilegio, madre mía. Me dediqué a seguirla, y no pude evitar bajar la mirada a su culo, que aunque estuviera medio tapado por la sudadera, se podía ver como se contoneaba a cada paso que daba. Madre mía. Llegó a la puerta y la abrió, quedándose ella fuera, y haciendo señales para que yo pasara primero. Le sonreí ampliamente y seguí sus instrucciones. Cerró detrás de mí e intentó abrir una luz, pero parecía que se había ido en todo el edificio. -Mierda… Yo quería prepararme un café caliente… - maldijo en voz alta. Miré a mi alrededor y efectivamente encontré un rincón con una mesa grande empotrada en la pared, una nevera pequeña, y una cafetera enorme. -Joder, qué bien lo tenéis montado. – dije mientras me apoderaba de la mitad del sofá. Busqué a Dawn al no obtener respuesta y la vi rebuscando en vete tú a saber qué armarios que había por todas partes. Abría puertas y las cerraba por doquier. -Diablos, no encuentro las puñeteras mantas. – portazo tras portazo, avanzaba entre los armarios. -¿Te ayudo? – dije, poniéndome en pie sin pensar. La vi asentir y me puse a mirar dentro de un armario chiquitín que había justo a mi lado. Tuve una gran sorpresa cuando al abrirlo, me encontré con algo que no creería ver. – Oh dios mío. Dawn, si no encuentras mantas, no habrá demasiado problema con el substitutivo que he encontrado… - dije, cogiendo un par de botellas de dentro del armario - ¡Tequila! – dije, con una sonrisa pintada en la cara. Dawn me miró muy parada y sorprendida, y después se rió. -Hostias, creo que me dijeron que esas son botellas confiscadas de los menores. – dijo, acercándose a mi y cogiendo una de ellas. La inspeccionó a fondo y luego se frotó la frente. – La verdad es que me vendría de putisima madre un trago ahora… Nada más oír eso fui en busca de un par de vasos pero no fui capaz de encontrar más que tazas de café. -¿A morro? Es que no encuentro vasos normales, y mucho menos de chupitos. -Vale pero espera, vamos a mi habitación. Si entran los profesores igual me cae una bronca del siglo. En mi habitación te puedes esconder junto con la botella dentro del baño. Yo fingiré que no me encontraba bien o algo… - casi hablaba sola mientras salía de ahí con la botella de Tequila prácticamente entera, en la mano. Vale Ash, analiza la situación. Te estás yendo con la ex de Bill, la profesora buenorra de historia, con una botella de alcohol que os beberéis a palo seco, y a su habitación… ¡FLIPA! Aunque lo de “la ex de Bill” es lo que me tira más para atrás, pero… Él me ha dado el consentimiento, ¿no? Subimos un piso hacia arriba y nos encontramos con un largo corredor de puertas blancas, y justo al final a la derecha Dawn encontró su cuarto y lo abrió con llaves. De nuevo, me dejó pasar a mi primero y cerró la puerta tras de nosotras. La habitación era muy normal, había un armario, una cama, y aunque había poca luz, se intuía un televisor. -Joder, os ponen tele y todo. ¡Ya lo creo que debí de haber estudiado magisterio! Dawn se metió dentro del baño y de ahí sacó un vaso, que parece que quería usar como cenicero. Después se sentó en el borde de la cama de costado, y se apoyó en la pared, dejando una pierna doblada encima del colchón, y la otra colgando casi tocando el suelo. Yo me senté lo más próxima a ella, de indio, en el otro lado de la cama. La vi encenderse un cigarro y pedirme que abriera la botella mientras tenía el mechero en la mano. -Oye, esto no puede salir de aquí. Si se enteran de que me he puesto a beber a escondidas con una alumna… Me cortan en rodajas. – dijo, riéndose y mostrándome una hilera de preciosos y bonitos dientes blancos como perlas. -Soy una tumba. – y le pegué un trago rápido al tequila, para ir abriendo el paladar. – BBBBBRRRR – dije, sacudiendo mucho la cabeza. – Uh, quema un poco. – le tendí la botella y ella me pasó el cigarrillo. Maaadre mía como se estaba poniendo la cosa. Bill La situación el comedor estaba mejorando. Llevábamos casi media hora y fuera la cosa no parecía que apaciguara ni un poco así que Algunos profesores estaban asignando a algunos de los alumnos mayores, como yo, para que entretuviéramos a los niños con linternas, apartando las mesas y haciendo círculos en el suelo mientras contábamos historias. Mientras, los profesores salían con paraguas a intentar rescatar todos los equipos técnicos de fuera, que se ve que eran muy caros y con la pedrada se iban a destrozar. Anna estaba en mi regazo, Tom me la había encasquetado específicamente porque sabía que sólo yo podía pasarme por un sustituto de él, y la pobre niña estaba entrando en pánico, así que la tenía sentada entre mis piernas, con la espalda apoyada en mi pecho, mientras intentaba distraer el resto de chicos. Les expliqué situaciones graciosas de mi vida pero cada vez que oía la puerta de entrada, deseaba que fuera Tom diciendo que no tenían que volver a salir. No es que me preocupara de que le pasara algo malo porque no podía pasarle nada, pero simplemente quería tenerlo cerca de mí, donde yo pudiera saber como estaba. -Oye, hoy has estado increíble, tío. – una voz grabe se puso a mi lado, y yo me sobresalté. Me giré de sopetón y pude ver que era Georg el que se había acomodado en el suelo. Me hubiera gustado verme la cara porque imagino que habría estado entre incredulidad y mucho amor contenido que no sabía como liberar sin volver a agobiarlo. – La verdad es que imaginaba que te quedarías mudo en el escenario y que Tom o yo te hubiéramos tenido que rescatar cantando nosotros en vez de tú. -Ya lo creo, ya. Yo pensaba lo mismo, pero toda la charla de antes sobre un reconocimiento mundial, y toda esa mierda del famoseo, me ha dado el empujón para mostrarme un poco. Ya me conoces, que soy bastante… ¿Social? – esa no era la palabra, pero él ya sabía que me molaban ese tipo de estilo de vida. -No si ya, no hace falta que lo jures. - De pronto se volvió a abrir la puerta y miré como entraban completamente empapados Tom y su padre, les seguían Erika y Erik pero en cuanto dejaron un par de cosas dentro de la cocina, salieron disparados de nuevo hacia fuera. Se me debió de notar el nerviosismo porque Georg enseguida intentó sacarme el único tema que me hacía no pensar en Tom… Hablar de Tom. - ¿Cómo lo lleváis? Bueno em… Esta conversación es rara pero… Ya me entiendes… - me dio un par de codazos entre las costillas que de qué poco no le daba a la niña, y me guiñó un ojo un par de veces. Me puse rojo como un tomate y miré a ver si los niños seguían absortos en una tertulia que se habían creado ellos solos, hablando de cosas sin sentidos unos con ellos. Perfecto, parecen prácticamente abducidos, no se enteraran de nada. -Sí, tío. – dije, mordiéndome el labio. – El domingo por la noche. – especifiqué. -Joder, de puta madre. – sabía que Georg intentaba seguir preguntando, pero estaba demasiado cohibido con el tema.
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